31 oct. 2013

La cueva del Aspio: un poco de historiografía


El 11 de septiembre de 2013, con la publicación de la resolución de subvenciones para la realización de actuaciones arqueológicas, junto a la aprobación de la continuidad del Proyecto Mauranus, vio la luz un pequeño proyecto hermano: el proyecto de intervención arqueológica en la Cueva del Aspio. En él, un equipo interdisciplinar compuesto por Miriam Cubas, Jesús Tapia, Diego GárateInés López, Luis Teira, José Ángel HierroEnrique Gutiérrez, Carlos Duarte y el abajo firmante, armados con un pequeña subvención otorgada por la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria (a la cual debemos agradecer el permiso concedido para dar a conocer parte de resultados de la intervención), se dispuso a adentrarse en esta cavidad con el fin de comenzar a arrojar una explicación sobre las ocupaciones y usos que de ella se han hecho desde el Paleolítico hasta la Edad Media. 



No obstante, antes de entrar en las novedades, vamos a dedicar esta entrada a presentaros el Aspio con la esperanza de incentivar vuestra curiosidad y, por qué no, vuestra intriga.

La Cueva del Aspio se ubica en el mismo borde de la sierra de Hornijo, por encima de los Pandillos, en las proximidades de los pueblos de Valle y Vegacorredor (Ruesga), justo en la margen derecha del valle medio del río Asón.

Las primeras noticias sobre su existencia proceden del Grupo de Exploraciones Subterráneas del Club Montañés de Barcelona (G.E.S.) quienes, en torno a 1961, exploraron 400 m de la cueva. Dos años más tarde es visitada por el Grupo Juvenil de Espeleología (G.J.E.) de la O.J.E. y por la Asociación Espeleológica Ramaliega (A.E.R.). La exploración completa de la parte hoy conocida es realizada en 1964 por el A.E.R y el G.E.S. (Anónimo 1964: 27-28. Mugnier 1969: 124). En 1970 J.M del Moral de la Campa hace las primeras referencias hacia la existencia de materiales arqueológicos, concretamente cerámica prehistórica (Moral 1980-1981: 31-32).

Según recogen Serna et alii (1994) fue usada repetidas veces por los miembros de la O.J.E. como zona para la realización de torneos de velocidad contrarreloj lo que, muy posiblemente, ha conllevado la fragmentación y dispersión de parte de los materiales arqueológicos.

Boca de la cueva del Aspio
A finales del siglo XX fue visitada por los miembros del C.A.E.A.P. y del A.E.R. hallándose diversos materiales arqueológicos y paneles de arte esquemático abstracto que fueron publicados en 1994 (Serna et alii). Distinguieron cinco zonas de interés:

El Vestíbulo.  Se trata de una zona donde erosión derivada del agua ha dejado a la vista niveles fértiles desde el punto de vista arqueológico. Así, en la zona derecha, se cita “un nivel arcilloso, de color terroso, que a veces llega a alcanzar los 25 cm de potencia, muy rico en evidencias, con abundantísimo sílex, restos paleontológicos y cantos de arenisca”. (Serna et alii 1994: 371).


En esta área se han documentado 63 piezas en sílex (raspadores, buriles, lascas…), dos percutores de arenisca, un disco calizo, 2 esquirlas óseas, restos de cabra, 4 galbos de cerámica a mano, 3 galbos de cerámica a torno y los restos de una jarra oxidante con asa de cinta (Serna et alii 1994: 371-374).

Aquí parece localizarse la ocupación más antigua, la cual puede remontarse hasta el Paleolítico, siguiendo en uso en época medieval como prueba la citada jarra.
  
Vestíbulo (Foto: E. Gutiérrez Cuenca)
Primer depósito. Se ubica al fondo del vestíbulo, a 60 m de la boca y en su parte centro-izquierda. Su suelo grisáceo presenta un abundante número de carbones, esquirlas de hueso así como cerámica a mano entre la que destacan los restos de una orza con decoración plástica y digitaciones características de la Edad del Bronce en Cantabria (Serna et alii 1994: 374).

Segundo depósito. Se sitúa a 20 m del primer depósito y a 80 m de la boca, en una acumulación de bloques pétreos en cuya superficie aparecen restos cerámicos y óseos de cronología aún por definir (Serna et alii 1994: 374-375).

Tercer depósito. Lo podemos localizar a 120 m de la boca, en una zona de enormes bloques que colmatan parte de la galería. Todos los materiales se encontraron dispersos en un área de 40 m2  junto a una rampa sita en la pared izquierda. En total han documentaron 44 objetos destacando la presencia de varias vasijas de cerámica a mano casi competas, un vasija de cerámica “celtibérica” pintada o el conjunto de 8 peines de telar de madera expuesto actualmente en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (Serna et alii: 375-385). 

Las piezas de este depósito apuntan hacia una cronología centrada en la Edad del Hierro, en la cual incide nuevamente las noticias sobre la existencia de una hoja de puñal documentada en las proximidades (Smith y Muñoz 2010).



Croquis de la cueva del Aspio según Serna et alii 1994
Las pinturas.  Se han dado a conocer un total de cinco paneles localizados a unos 175 m de la boca. Todos se caracterizan por estar realizados con pintura negra carbonosa y por dar forma a motivos de tendencia esquemático-abstracta (Serna et alii 1994: 385). Este tipo de motivos han sido fechados hasta ahora en momentos inciertos que van desde la Edad del Hierro hasta la Edad Media.

Con el Proyecto arqueológico Cueva del Aspio queremos dar comienzo a un estudio integral de la cavidad, centrándonos en esta campaña de 2013 en las labores topográficas, el estudio del arte, la prospección intensiva y la excavación del vestíbulo y del depósito 3.

El trabajo, por la situación de la cueva, está siendo duro. El equipo por el momento aguanta y los resultados están siendo reveladores, aunque ésta es ya otra historia que iremos contando a partir de la semana que viene.


Bibliografía

  • Anónimo (1964): Espeleólogos barceloneses en los montes cantábricos. Karst, 0: 27-28.
  • Moral Campa, J.M. del (1980-1981): Cuevas de Ramales y Ruesga que merecen especial atención. Memorias de la A.C.D.P.S. 1980-1981: 31-32.
  • Mugnier. C.L. (1969): El Karst de la Región del Asón y su evolución morfológica. Cuadernos de Espeleología 4.
  • Serna Gancedo, A.; Malpelo García, B.; Muñoz Fernández, E.; Bohigas Roldán, R.; Smith, P. y García Alonso, M. (1994): La cueva del Aspio (Ruesga, Cantabria): Avance al estudio del yacimiento. Homenaje al Dr. Joaquín González Echegaray. Museo y Centro de Investigación de Altamira. Monografías nº 17: 369-396.
  • Smith, P. y Muñoz, E. (2010): Las cuevas de la Edad del Hierro en Cantabria. En Serna Gancedo, M.L.; Martínez Velasco, A. y Fernández Acebo, V. (coords.): CASTROS Y CASTRA EN CANTABRIA. Fortificaciones desde los orígenes de la Edad del Hierro a las guerras con Roma. Catálogo, revisión y puesta al día. ACANTO: 676-693.








30 oct. 2013

Visita obligada

Como un problema logístico no nos permitió excavar en Riocueva el domingo, Helena y yo aprovechamos para girar visita a la cueva del Aspio (Ruesga), donde se lleva a cabo una actuación arqueológica dirigida por Rafa Bolado, colaborador del Proyecto Mauranus. En realidad, era una visita obligada en el sentido amplio del concepto... teníamos que visitar la cueva porque también nosotros colaboramos con su proyecto y la queríamos visitar porque tiene un yacimiento de la Edad del Hierro bastante espectacular. Aunque casi no llegamos vivos a la cueva por el infernal ritmo impuesto en la subida, y además nos "obligaron" a trabajar para ganarnos la comida, fue una jornada agradable. No sé si tendremos oportunidad de repetir, Riocueva ocupa nuestro tiempo, pero si pudiéramos, repetiríamos.

Como el propio Rafa Bolado se ha comprometido a contar aquí las peripecias de su equipo en el Aspio, no voy a desvelar ningún "secreto", ¡faltaría más! Me limito de momento a compartir una galería fotográfica de la jornada para ir abriendo boca.

El ascenso a la cueva tiene mucha pendiente en algunos tramos
Por suerte, hay zonas más llanas y francamente bonitas
El paisaje en algunos puntos de la subida es fascinante
La boca de la cueva, desde el exterior
La boca de la cueva, desde el interior
El sondeo más próximo a la boca de la cueva
Un paseo subterráneo para familiarizarnos con la cueva
Explicaciones previas antes de excavar un poco en el depósito de la Edad del Hierro
Manos a la obra... queda mucho trabajo por delante
Poco a poco, conseguimos darle un empujoncito a la excavación
Con un yacimiento así, cualquiera se resiste a meter el paletín...
Verdaderamente irresistible (Foto: Rafa Bolado)
Con la cámara de fotos estoy más cómodo que con el paletín, lo reconozco (Foto: Rafa Bolado)

27 oct. 2013

Vive deprisa, muere joven... y dejarán tu bonito cadáver en una cueva (1)

Uno de los aspectos más llamativos de las cuevas naturales con uso sepulcral en época visigoda es, sin duda, el de las edades de los muertos depositados en su interior. En todos los casos en los que se ha estudiado ese tema, esas edades han resultado estar, en su gran mayoría, por debajo de los 35-40 años. Es decir, no hay, salvo contadas excepciones, ni adultos maduros (entre 40 y 60 años) ni ancianos. Y eso es una característica que creo que hay que tener muy en cuenta a la hora de estudiar estos yacimientos tan peculiares, máxime cuando supone una de las grandes diferencias tanto con los cementerios de la época (ss. VII-VIII d. de C.) como con las cuevas sepulcrales de la Prehistoria Reciente; el otro momento (en realidad, varios) en el que las cavernas se usaron como lugar de enterramiento.

En los tres casos cántabros en los que se han realizado estudios antropológicos sobre los muertos de los siglos VII-VIII d. de C. inhumados en cueva (La Garma, Las Penas y Riocueva, aunque en esta última sólo de forma parcial), éstas han sido sus edades:

- Las de los 5 individuos de La Garma: 1 niño de alrededor de 12 años, 1 subadulto de unos 14 años, 2 subadultos de entre 18 y 20 años y 1 subadulto de edad indeterminada (Etxeberria y Herrasti, inédito)

- Las de los 13 de Las Penas: 1 feto en avanzado estado de gestación o neonato, 1 niño de entre 1 y 2 años, 1 niño de 3 años, 1 niño de 4 años, 1 niño de entre 6 y 10 años, 4 subadultos de entre 18 y 20 años, 1 subadulto de unos 20 años, 2 subadultos o adultos jóvenes de entre 17 y 25 años y 1 adulto joven de entre 25 y 35 años (Carnicero Cáceres, 2006)

- Y las de los 4 de Riocueva: 1 niño de menos de 1 año, 1 niño de entre 2 y 3 años, un niño de entre 6 y 11 años y un niño o subadulto de entre 12 y 18 años (Carnicero Cáceres, inédito)

En el caso de Riocueva hay que apuntar que, pese a tratarse de resultados parciales (porque, como los lectores del blog saben bien, se está excavando allí en estos momentos), lo que vamos viendo este año no difiere de lo conocido en 2012: más niños y jóvenes. Y parece que sólo eso.
 
Restos de uno de los individuos depositados en la Galería Inferior de La Garma

 
 Sólo existen, que sepamos, otros dos estudios semejantes sobre otras tantas cuevas sepulcrales de época visigoda en otras zonas de la península Ibérica: los de Cueva Foradada (Huesca) y Cueva Larga (Palencia).

Para la primera, recojo literalmente las palabras de I. Barandiarán (1973, 45-46), citando el estudio antropológico preliminar (y único hasta la fecha, por lo que parece) de J. M. Basabe:

"El Dr. Basabe calcula en La Foradada un número de individuos mayor de dieciocho e inferior a treinta y seis (...) En una pirámide de edades, el mayor número posible de individuos representados sería: un feto, dos o tres recién nacidos, siete menores de 5 años, cinco menores de 10 años, diez juveniles y trece adultos o subadultos (...) Por lo que toca al número de mandíbulas y fragmentos craneales, las 2/3 partes son infantiles. En lo referente al esqueleto postcraneal, la población adolescente y juvenil es dominante; le siguen en número los adultos. No hay ancianos. Existe un fragmento de cráneo de individuo que pasa de los 30 años; dos adultos, de 20 a 25; y un individuo, de unos 25 a 30, de constitución robusta. Llama la atención el escaso desgaste de la dentición en todas las edades; expresión probable del régimen eminentemente cárneo o poco vegetariano (...) El total de la población, según cálculos aproximados que el material óseo nos proporciona, oscilaría entre los veinticinco y los treinta individuos. Más bien menos que más."

Resumiendo: mayoría abrumadora de niños y jóvenes y ausencia absoluta de ancianos (y estoy por apostar algo a que en el grupo de subadultos y/o adultos, estos últimos se incluirían mayoritariamente en el rango de los "adultos jóvenes").

En el caso de Cueva Larga, la tónica se mantiene, pero con algunos cambios significativos que la diferencian de las demás. El principal, la presencia indudable de "adultos maduros", aunque en una proporción más baja de lo que sería esperable en un cementerio "normal". El número mínimo de individuos en este yacimiento se cifró, a partir de los rangos de edad presentes, en 31. Esas edades son las siguientes: 3 niños de menos de 1 año, 2 niños de entre 1 y 3 años, 2 niños de entre 3 y 7 años, 2 niños de entre 7 y 10 años, 7 niños o subadultos de entre 10 y 15 años, 7 subadultos de entre 15 y 20 años, 4 adultos jóvenes de entre 20 y 30 años, 2 adultos jóvenes o adultos maduros de entre 30 y 50 años y 2 adultos maduros o individuos seniles de más de 50 años.

En los otros dos casos en los que conozco alguna referencia a las edades de los inhumados en cuevas, aquéllas son muy vagas y nada precisas, aunque certifican la presencia de niños. Así, el conjunto funerario de El Juyo (González Echegaray, 1966) parece que estaba formado por una mujer adulta (de edad indeterminada) y tres niños, mientras que en Los Goros (Palol, 1957) se constata la presencia de dos hombres y una mujer (de edades indeterminadas) y de un joven de entre 15 y 18 años.
 
Restos humanos en la cueva de Las Penas
 
En este punto de la entrada, imagino que "la pregunta" ya ha asomado a la mente de más de un lector: ¿por qué? ¿Por qué esa media de edad tan joven? ¿Por qué esa ausencia casi total de adultos maduros y absoluta de individuos seniles? ¿Por qué esa diferencia con las necrópolis "normales"? Existirían varias explicaciones posibles, aunque a mí la que más me convence, desde hace ya unos años, es sólo una. Para dar pie a la siguiente (y creo que última) entrada de esta mini-serie, donde se expondrá con cierto detalle, voy a volver a utilizar las palabras de I. Barandiarán sobre Cueva Foradada (Barandiarán, 1976: 46):

"La pirámide de edades establecida -con un demasiado notable predominio de los niños y jóvenes sobre los adultos y de las mujeres sobre los hombres- no parece corresponder a las habituales proporciones de mortandad de la época. No resulta normal un cementerio corriente en tales circunstancias: es sumamente difícil llegar a la cueva y, una vez ante su boca, muy penoso de introducir un cadáver por sus angosturas (...).

Me resisto a imaginar una utilización como cenotafio de "La Foradada" en circunstancias normales y habría que sugerir -como hipótesis explicativa- cualquier evento extraño e inhabitual que justificara tal acumulación de cuerpos. Acaso haya que pensar en algún tipo de epidemia (que, desde luego, tampoco normalmente habría de afectar más a unos que a otros: no hay apenas personas mayores, y son muy pocos los varones adultos) que obligara a ese ocultamiento de los fallecidos en lugar tan reservado"



26 oct. 2013

Riocueva 2013, episodio 9: ¡avance!

Hoy ha sido jornada intensa de trabajo. Hemos retomado el ritmo de excavación para terminar ¡por fin! con el Sondeo 4, que se estaba resistiendo más de la cuenta. Como viene siendo habitual, contábamos con un nuevo colaborador en el trabajo de campo... y van tres "novatos" de momento. Y ninguno ha repetido. Cualquiera podría pensar que no tratamos bien a las visitas o que los que vienen no quieren volver a la cueva ni atados. La verdad es que preferimos trabajar con un equipo pequeño y, al mismo tiempo, darle la oportunidad a la mayor cantidad posible de arqueólogos o aficionados de que conozcan Riocueva y echen una mano. De momento, la fórmula funciona. Esta vez le tocaba el turno a Pilar Fatás, del Museo de Altamira, que además de su entusiasmo y sus ganas de trabajar, ha traído una linterna con la que parecía que se hacía de día en la cueva.... cosa que se agradece.

Helena, Pilar... y la linterna en el Sondeo 4
Helena y Pilar, infatigables, se han puesto mano a mano con el último sector que quedaba pendiente del Sondeo 4 y han logrado terminar la excavación antes de concluir la jornada. En el proceso, han encontrado más dientes humanos in situ y una cuenta de collar de vidrio de un tipo que hasta ahora no se conocía en la cueva. La cosa tiene su merito, ya que esta zona estaba ocupada en su mayor parte por los "trabajos de tunelación" de un tejón, que había removido el depósito de superficie y había dejado un grueso paquete de tierra suelta lleno de huesos humanos correspondientes a dos o tres individuos, uno de ellos un niño de corta edad. También aparecen algunos huesos de animales, varios de ellos con trazas de haber sido cortados de forma intencionada con un filo de metal ¿Estarán relacionados con el depósito sepulcral? El estudio arqueozoológico aclarará dudas.

La satisfacción de encontrar un hueso casi entero es indescriptible...
Excavados los sectores del Sondeo 4 que habíamos fijado dentro de los "objetivos prioritarios", nos hemos centrado en la última zona de excavación que habíamos marcado en el tramo central de la galería, el Sondeo 5. Sin duda, un gran avance. Aquí el equilibrio entre huesos humanos y otro tipo de hallazgos es mayor, cosa que complace a parte del equipo. Hay otros que prefieren las concentraciones de huesos humanos sin más... pero hay que reconocer que acaban siendo algo tediosas. Lo que sale en este sondeo se parece mucho más a lo que ofrecían los cuadros más "ricos" de los sondeos 1 y 2, con presencia destacada de cerámica. La tierra, oscura y pegajosa, también.

El director no puede ocultar su predilección por el tramo central de la galería
Uno de los inquilinos habituales de la cueva
Como "nota de sociedad", cabe destacar que los murciélagos han vuelto a la cueva. Estábamos algo preocupados por su ausencia, pero debe ser que el otoño cálido que estamos disfrutando retrasa la invernada de los quirópteros. Las arañas ya no se las arreglaban solas para acabar con todos los inquietantes dípteros trogloditas que habían invadido la gruta. Seguro que en los próximos días mengua la colonia de insectos...



21 oct. 2013

Atypical deaths, atypical graves? Crónica del Congreso de Paleopatología de Cuenca

Aprovechando que este año se celebraba el Congreso bianual de la Sociedad  Española de Paleopatología, decidimos remitir una comunicación explicando nuestras aventuras y desventuras con el estudio microbiológico de varias muestras dentales obtenidas en los yacimientos de la galería inferior de La Garma, Las Penas y Los Goros.

El Congreso comenzó el día 3 de octubre en la ciudad de Cuenca, una ciudad preciosa pero con excesivas cuestas para mi gusto y estado.

Vistas de la ciudad de Cuenca desde el tejado del Museo de Las Ciencias, sede del congreso
La comunicación fue programada para la mañana del día 4 de octubre (aunque eso no lo supimos hasta una semana antes, ya que en principio se preveía para la tarde del 3), dentro de la mesa “Arqueología y Paleopatología”, moderada por dos arqueólogos.

Portada de la revista Journal of Paleopathology, donde se publicaron los resumenes
Resumen de nuestra comunicación
Tras una escueta exposición de 10 minutos, en la explicaba someramente el contexto histórico y la interpretación arqueológica que los miembros de Proyecto Mauranus dan a este tipos de cuevas de uso sepulcral, así como el modo en que desde la sección de patología molecular  y el servicio de microbiología del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla se abordó el estudio microbiológico, llegó el turno de la discusión.

El dr. Albert Isidro, un traumatólogo y reputado paleopatólogo catalán con más de 25 años de experiencia, nos apuntó acertadamente que no nos desanimáramos por la falta de identificación de ADN bacteriano en este primer trabajo, dado que es bastante dificultoso, y se ofreció a ponernos en contacto con su bacteriólogo para futuros trabajos. En cuanto al resto de la discusión, para mi sorpresa, y, en parte, alivio, no se centró en mi trabajo, la paleomicrobiología, si no que se convirtió en un debate acerca de la interpretación dada al uso de las cuevas. Es decir, una discusión arqueológica protagonizada  por los moderadores que, a mi modo de ver y al de muchos asistentes, no venía muy a cuento, dado que tanto el congreso como mi trabajo se centraba en la paleopatología.

En general, los trabajos presentados en esta mesa, a pesar de las ausencias de algunos ponentes, fueron muy interesantes, como el estudio de las dras. Jaén y Bautista, de México, acerca  de las condiciones de vida y salud de dos grupos de monjas de una misma comunidad en los siglos XVIy XIX, o los resultados preliminares del estudio interdisciplinar de los cráneos enclavados de Ullastret, presentados por la dra. Agustí, por mencionar algunos.  Las comunicaciones de las siguientes mesas, centradas en la patología maxilofacial y podológica, así como en los casos presentados a modo de posters, también despertaron interés. Lo que se echó  fue un programa cerrado de ponencias por parte de paleopatólogos experimentados. 

Cuenca de noche desde el castillo, justo antes de que nos  cayera una impresionante tromba de agua
El merecido descanso.... ¡pero sin alcohol!

Al final del congreso se premió por partida doble (votación popular y senado científico) a la mejor comunicación, mejor poster y mejor pieza. Nuestro trabajo estuvo cerca, pero finalmente fue el trabajo de la veterana Lourdes Herrasti quien se hizo con el premio, merecido, por su estudio titulado  “Amputaciones quirúrgicas halladas en contextos arqueológicos”. ¡Otra vez será!


Texto y fotos: Silvia Carnicero Cáceres
Silvia colabora como antropóloga con el Proyecto Mauranus desde 2010.

20 oct. 2013

Riocueva 2013, episodio 8: criba y poco más

Si la jornada del sábado ya había sido más corta de lo habitual, para no cerrar el fin de semana con un exceso de trabajo la del domingo tampoco se ha prolongado demasiado. Como el viento sur y los días soleados nos siguen acompañando, hemos aprovechado para avanzar en la tareas de criba. Hay bastante volumen de tierra esperando y cuando lleguen las lluvias la cosa se va a complicar.

La criba puede ser una actividad frenética...
...pero los domingos conviene tomársela con calma

La verdad es que cribar es una de las tareas más desagradecidas del proceso de excavación... pero alguien tiene que hacerla. Guardamos toda la tierra que sale al excavar en bolsas convenientemente etiquetadas que, con no poco esfuerzo, transportamos hasta la boca de la cueva. Allí, cerca de la boca, realizamos la criba en seco de todo el sedimento, tamizándolo con ayuda de dos cedazos, uno de 4 mm de luz (criba gruesa) y otro de 2 mm de luz (criba fina). Bueno, no todo el sedimento pasa por este proceso. Guardamos una parte para someterlo a un proceso más cuidadoso denominado "flotación" que permite recuperar todos los macrorrestos vegetales conservados. De todos modos, como "excavamos muy bien" –palabras textuales del director de la actuación arqueológica–, la criba suele ser aburrida, ya que no proporciona demasiados hallazgos. Este año lo más llamativo ha sido una cuenta de collar de vidrio y un clavo. El resto: esquirlas de hueso, algún trozo de cerámica y fragmentos de objetos metálicos difícilmente identificables. Aun así... es lo que toca.

Después de la sesión de criba hemos entrado a la cueva para dejar terminadas algunas tareas pendientes y para acercar algunas bolsas de tierra más al vestíbulo. Pero de excavar nada... Retomaremos el prometedor Sondeo 5 y el menos prometedor, pero de incontestable potencia sedimentaria, Sondeo 4 la semana que viene. Eso sí, somos conscientes de que la criba no tardará mucho en reclamar protagonismo.

19 oct. 2013

Riocueva 2013, episodio 7: zapatera, a tus zapatos

La jornada de hoy hay sido breve, pero intensa. La jornada de excavación ha durado menos de lo habitual, en parte porque así estaba previsto y en parte por el tiempo que nos ha hecho perder el colapso que produce la feria de San Lucas en Hoznayo. Ya nos habían avisado, pero no imaginábamos que fuese para tanto... Casi se puede decir que la cueva era el único remanso de paz en toda la comarca.

Feria de San Lucas en Hoznayo (Foto: Sane eldiariomontanes.es)
No obstante, no podíamos desaprovechar la jornada, ya que recibíamos la visita de la arqueobotánica del proyecto, Inés López López-Dóriga, que es quien se encarga de estudiar los restos vegetales. Aunque tiene una agenda apretada y sus fines de semana comprometidos con la excavación que Rafa Bolado dirige en la cueva del Aspio (Ruesga), la noticia del hallazgo de nuevas semillas de mijo o panizo en Riocueva el pasado fin de semana eran muy tentadoras. El del Aspio es un proyecto con el que también colaboramos "los Mauranus" y nos han prometido alguna entrada en el blog contando sus descubrimientos... esperemos que cumplan. Como es habitual con todas las visitas que recibimos, hemos recorrido de nuevo la "Galería Campamento" hasta donde se hace difícil de transitar. Y una vez cumplido el "rito de iniciación", a trabajar. El Sondeo 5 promete y, aunque no teníamos mucho tiempo, había que excavar un poquito más. Antes de tener el honor de hincar el paletín en el suelo de la cueva, Inés ha recogido unas muestras de la hoguera que está sobre el Sondeo 4 para tratar de averiguar si quemaron allí las semillas carbonizadas que aparecen en la excavación.

A la caza de la semilla en la hoguera
Terminada la recogida de muestras, se ha unido al "equipo de excavación", que hoy estaba reducido a su mínima expresión. Y ¿que encontró? Pues más semillas... No sabemos si es pura casualidad o deformación profesional, pero no es la primera vez que nos pasa. Ya cuando vino en 2011 Silvia Carnicero, la antropóloga del proyecto,  pasó algo parecido: encontró la única o una de las pocas conexiones anatómicas que hemos podido documentar en el yacimiento.

Excavando en el Sondeo 5
En el poco tiempo que ha estado excavando, la arqueobotánica ha encontrado otro conjunto de semillas de mijo o panizo, algo más pequeño que el del Sondeo 4, y un macrorresto vegetal carbonizado que podría ser una bellota o algo parecido. Bueno... y un hueso humano. No sabemos si es que tiene el ojo hecho, pero la verdad es que la cosa ha sido bastante inquietante. De lo que no hay duda es de que se ha ido bastante satisfecha de su breve paso por Riocueva. Satisfecha y con tres "paquetitos" de semillas que está deseando colocar debajo de la lupa binocular. Total, todos contentos. Nosotros porque sigue apareciendo grano carbonizado, con las implicaciones simbólicas que eso supone, y ella porque cuenta con más datos para conocer qué y cómo se cultivaba en la Cantabria de los siglos VII y VIII.

16 oct. 2013

Breve guía para no perderse en Riocueva

Después de media docena de entradas dedicadas a la actuación arqueológica que estamos desarrollando en Riocueva desde finales de septiembre, me he dado cuenta de que a veces es un poco complejo entender de qué zona de la cueva estoy hablando para los que no la conocen. Por eso he dedicado un rato a preparar esta breve guía, un plano de la galería en varias trozos, con una indicación del camino desde el exterior hacia el interior, en el que se indica la ubicación de todos los sondeos.


En el plano general se indica la zona detallada, que está representada en todos los casos a la misma escala. Las siluetas de los hombrecillos que acompañan al nombre de cada zona indican si se puede transitar de pie, agachado o tumbado y están al mismo tamaño que el plano.

Espero que sea de utilidad para entender un poco mejor la cueva... Y sí, es larga, estrecha y cuesta entrar en ella. Pero una vez dentro se puede caminar erguido, que no es poco. Espero vuestros comentarios para mejorar la guía.

14 oct. 2013

Riocueva 2013, episodio 6: vete y ven

Si hay que describir de forma breve la jornada de excavación del domingo, no encuentro mejor expresión que la de "un continuo vete y ven". Dudo que haya habido otro día en la que se hayan dado más paseos por el interior de la cueva, necesarios o innecesarios, en toda la campaña de 2011 y en lo que llevamos de campaña de 2013. Por diferentes motivos, en jornada de mañana y de tarde, el trasiego ha sido intenso. De un lado, hemos contado con la inestimable ayuda de Rafa Bolado y su "máquina de la verdad", lo que supone recorrer la galería de extremo a extremo unas cuantas veces; y de otro, tocaba abrir un nuevo sondeo y no está precisamente cerca del que todavía estamos excavando...

La soledad y el silencio de la prospección electromagnética...
Por la mañana tocaba repetir, posiblemente por última vez, la prospección electromagnética de toda la galería. Calculo que detectorista y director habrán recorrido la cueva media docena de veces... o eso me ha parecido a mi, por la cantidad de ocasiones en las que me he tenido que apartar para ceder el paso. Gracias al detector de metales, en la campaña de 2011 pudimos identificar los lugares con mayor potencial de hallazgos metálicos y recuperar una amplia gama de objetos repartidos por todo el primer tramo de la Galería Campamento. La excavación del Sondeo 2 ratificó la eficacia del aparato en la localización de objetos metálicos, ya que la mayor parte de los puntos señalados en la prospección depararon hallazgos significativos, como la cadenita de bronce de la que hablamos tiempo atrás o varios cuchillos de hierro, entre otros. Por su parte, la búsqueda extensiva y la recuperación de artefactos en zonas no sondeadas aún permitió salvaguardar la cueva de la actividad de "buscadores de tesoros" durante el periodo en el que estuvo sin verja de cierre. Convinimos con los responsables del Patrimonio Arqueológico regional que era mejor "rescatar" el mayor número de objetos posibles, previa localización en el plano topográfico de la cueva, que tentar a la suerte. En las nuevas "pasadas" casi no ha habido señales positivas y algunas de las nuevas localizaciones están en el Sondeo 5, en la zona donde recuperamos el ya famoso anillo, de modo que pronto sabremos si realmente son objetos metálicos de interés o no.

Trabajos de prospección bajo la supervisión del director
Tan pronto como volvamos a la cueva porque... ¡por fin hemos abierto el Sondeo 5! Ése ha sido el otro motivo del exceso de paseos durante la jornada. Aún no hemos terminado la excavación del Sondeo 3, pero ante la escasez de espacio, se ha tomado la decisión de plantear el nuevo sondeo y comenzar a excavarlo. ¡Craso error!, pensaba cada vez que tenía que darme el paseo de un lado a otro para dibujar algo en plano, tomas unas coordenadas o simplemente comprobar la relevancia del hallazgo. A quienes estaban excavando no les importunaba la cosa, pero yo he estado sometido a unos elevados niveles de estrés (que acentúan mi tendencia a la exageración...) como consecuencia del constante "vete y ven", agravado por el hecho de que sólo tenemos un nivel y había que transportarlo de un lado a otro cada vez. En ambos lugares salen huesos humanos en abundancia. De hecho, en el Sondeo 4 ha salido el hueso largo más completo que se ha visto en Riocueva hasta la actualidad. Una flamante tibia... que ha perdido las epífisis, seguramente por la acción destructora de los tejones u otros simpáticos animalejos que se entretienen en roer los "huesos viejos".

Ante semejante descubrimiento, hay que actuar con cautela
Además de la gran cantidad de huesos humanos, muchos de ellos de uno o varios individuos de muy corta edad, en el Sondeo 4 ha aparecido un objeto que nos ha dejado un poco descolocados. El objeto en cuestión es un raspador de sílex con aspecto paleolítico, incluso la pátina superficial es más evidente que en otras piezas de sílex, ya sea las que aparecieron en el Sondeo 2, o las que ocasionalmente nos encontramos en la zona del vestíbulo. La verdad es que procede de la zona del sondeo más afectada por los animales excavadores, una zona de tierra muy suelta junto a la pared norte, pero no me imagino a un tejón trayendo una pieza como esa desde la boca de la cueva hasta esta zona... Otra posibilidad es que fuese incorporada al depósito sepulcral en época visigoda de forma intencionada, cosa que no sería inusual. Hasta que no estudiemos el dichoso raspador en detalle, no vamos a darle más vueltas al asunto.

Arrojando luz sobre el conocimiento de la Cantabria tardoantigua, literalmente
De momento, la semana que viene daremos descanso por motivos logísticos a este sondeo y nos centraremos en el Sondeo 5. Confiamos en que el equilibrio "huesos humanos-objetos que los acompañan" se invierta y sea favorable a estos últimos, como sucede en los otros sondeos del tramo central de la galería.

12 oct. 2013

Riocueva 2013, episodio 5: dientes, dientes...

Hemos retomado el trabajo exactamente donde lo dejamos: en el Sondeo 4, en un recodo de la galería y bajo los restos de la hoguera que alguien encendió hace algún tiempo. Si nuestra suposición es acertada, hace unos 1300 años. De hecho, hemos podido observar que parte de la ceniza ha caído de la hoguera al suelo y ha quedado englobada en el espeso nivel removido por los tejones que estamos excavando. Continuamos con un equipo reducido, pero confiamos en que próximamente se incorporen nuevos voluntarios que contribuyen a un avance más veloz de los trabajos. Sobre todo de la criba.

Enrique (vamos, yo mismo) marcando los hallazgos en el plano
Para amenizar la mañana, recibimos la primera visita de la temporada. Nos han visitado varios espeleólogos del club ADEMCO de Colindres. José Ángel, que es paisano suyo, ha sido el encargado de guiar el paseo por la cueva. Una vez terminado el recorrido, nos han bombardeado con numerosas preguntas a las que hemos respondido amablemente (en la medida de nuestros conocimientos). Se agradece el interés mostrado y la enorme curiosidad que despierta nuestro trabajo. Si alguien más está interesado en hacer una visita a la cueva, que nos mande un correo electrónico y veremos lo que se puede hacer...

Helena atiende a las visitas mientras trabaja en el Sondeo 4
Animada charla con los espeleólogos en la Salita
En lo que se refiere a la excavación, hoy ha sido un día especialmente fructífero en hallazgos de huesos humanos. Más concretamente en piezas pequeñas, algunas tan difíciles de localizar in situ como las epífisis sin soldar de las falanges infantiles. Como sucedía en otras zonas de la galería excavadas en 2011, abundan los restos de individuos de corta edad y algunos de los que hemos recogido hoy pertenecen a niños menores de 3 años con toda seguridad. También ha sido un día muy provechoso en la toma de muestras para estudios microbiológicos. Con el objeto de determinar si, tal y como suponemos, los individuos enterrados en la cueva perecieron como consecuencia de una epidemia, parte de los huesos que recogemos son sometidos a análisis genéticos. Las mejores piezas para este tipo de análisis son los dientes, ya que la pulpa dental aporta muestras de ADN especialmente válidas. Y hoy han salido un buen número de dientes, de modo que contamos con nuevo material para tratar de encontrar la esquiva Yersinia pestis, la bacteria causante de la peste. Es uno de los principales sospechosos al que atribuir las muertes de los difuntos de Riocueva, pero de momento los análisis realizados no han sido concluyentes.

La toma de muestras para análisis microbiológicos exige ciertas precauciones
Hay que ser cuidadoso en el proceso de toma de muestras para evitar contaminaciones indeseadas. Por eso nos hemos ocupado de mantener al director lejos, ya que existían ciertas probabilidades de que el "catarro común" fuese el único patógeno de las muestras.

Y cuando ya pensábamos que dientes, huesos y algún fragmento testimonial de cerámica iban a ser los únicos (aburridos) descubrimientos de la jornada ¡saltó la sorpresa! Una "bola" con decenas de semillas de cereal, posiblemente mijo (Panicum miliaceum) o panizo (Setaria italica) ha quedado atrapada entre la tierra removida por los tejones. Ya en 2011 habíamos recuperado una cierta cantidad de semillas similares, asociadas a un trozo de tejido, de modo que sabíamos que podían volver a aparecer. Ya hemos hablado en alguna entrada previa de las implicaciones simbólicas del cereal quemado en este tipo de contextos funerarios, de modo que resulta un hallazgo especialmente interesante.

Semillas de mijo/panizo carbonizadas
La cuestión que se nos plantea ahora es ¿serviría la hoguera que está en la repisa sobre el Sondeo 4 para quemar granos de cereal? ¿los quemaron en otro lado, directamente sobre el suelo? Quizá cuando concluyamos la excavación en esta zona de la galería estemos en condiciones de responder... o no.

9 oct. 2013

Una aproximación a la vida e identidad de los cántabros de los siglos VII-VIII d. de C. a partir del registro funerario

Se va acercando el día (y nosotros seguimos preparando nuestra presentación a trancas y barrancas) de comparecer, en Vitoria, en el Coloquio Internacional "Quiénes fueron, qué fueron y qué hacían. Identidades y arqueología funeraria entre los siglos V y VIII". En la página del encuentro ya han colgado el libro de resúmenes (se puede bajar en la sección de descargas), así que aprovecho para poner el nuestro (que lleva el mismo título que esta entrada) aquí. Ahí va, con algunos "santos" por el medio, para alegrar la vista de los lectores:


"Una de las principales características de la arqueología de época visigoda en Cantabria es que aún no se conocen los lugares de habitación de los cántabros de los siglos VI a VIII, por lo que la reconstrucción de sus modos de vida ha de hacerse únicamente a partir del registro funerario. Otra de las peculiaridades de nuestro territorio es que muchos de esos restos materiales proceden de cuevas con uso sepulcral.


La que puede considerarse “manifestación funeraria típica” está representada por tres necrópolis situadas en el sur de Cantabria: Santa María de Hito (Valderredible), El Conventón de Rebolledo (Valdeolea) y Santa María de Retortillo (Campoo de Enmedio). Se trata de yacimientos que han sido relativamente bien estudiados y que comparten una serie de características: su ubicación sobre edificios de época romana; un uso ininterrumpido, al menos, entre el siglo VI y el XII; la escasez de objetos de adorno personal, con muy pocas guarniciones de cinturón y mayor presencia de anillos y otros elementos de adorno; y la completa ausencia de objetos de uso cotidiano y recipientes acompañando a los difuntos. Además de estas tres, se conoce la existencia de otra necrópolis meridional, destruida hace décadas: El Castillete (Reinosa), de donde supuestamente procede un lote de objetos metálicos, entre los que destacan los broches de cinturón.

 
Por su parte, las cuevas con uso sepulcral constituyen una “manifestación funeraria atípica” y son los yacimientos que, hasta la fecha y de forma un tanto paradójica, más y mejor información nos están aportando acerca de la vida en la Cantabria de los siglos VII y VIII. Aunque conocemos varias decenas de cuevas con materiales de época visigoda, sólo unas pocas han sido objeto de intervenciones recientes de cierta envergadura. En los casos mejor estudiados, las cuevas de La Garma (Ribamontán al Monte), Las Penas (Piélagos) y Riocueva (Entrambasaguas), se ha podido establecer su innegable carácter funerario, carácter que muy probablemente pueda extrapolarse a una parte considerable de las demás. Y también se ha comprobado que, como ocurría con las necrópolis, comparten una serie de características: la selección de zonas interiores y de difícil acceso; su uso restringido en el tiempo a los siglos VII-VIII; la presencia exclusiva de individuos jóvenes, por debajo de los 35 años; y la abundancia de objetos de adorno personal (guarniciones de cinturón, anillos, pendientes, etc.) y de uso cotidiano (cerámica de cocina, herramientas, instrumentos textiles, recipientes metálicos y de madera, etc.) acompañando a los muertos.
 
En los últimos años, y gracias a los datos procedentes en esas cuevas, estamos empezando a conocer mejor la vida en la Cantabria de época visigoda. Ahora sabemos cuáles eran sus medios de subsistencia: sus cultivos, sus animales domésticos, la pesca, etc. También podemos reconstruir aspectos importantes de su tecnología y su vida cotidiana: sus técnicas alfareras y cómo era su vajilla de cocina, qué materias primas e instrumentos usaban en el trabajo textil y cómo eran algunos de los tejidos resultantes, etc. Y, finalmente, estamos comenzando a perfilar su implicación en las redes de intercambio de la época, sobre todo a partir de los broches de cinturón y los objetos de vidrio.

 
En el estado actual de la investigación, consideramos que las diferencias existentes entre las necrópolis, y las personas inhumadas en ellas, y las cuevas con uso sepulcral no deben relacionarse con diferencias de identidad, estatus, cronológicas o geográficas. En los dos tipos de yacimientos hay enterradas personas de toda condición; el lapso de utilización es coincidente, a lo largo de los siglos VII-VIII; y su distribución geográfica, a pesar de la mayor presencia de cuevas sepulcrales al norte de la cordillera Cantábrica y de necrópolis exclusivamente al sur, no parece tampoco determinante. Consideramos que se trata de distintas manifestaciones funerarias: cementerios comunitarios, en el caso de las primeras, y sepulturas de exclusión, en el de las cavernas. De ahí la diversidad.

Los elementos de cultura material que pueden utilizarse para realizar apreciaciones de este tipo nos indican, sin ninguna duda, que el territorio de la Cantabria actual estaba integrado en el mundo cultural hispanovisigodo de los siglos VII-VIII, ya que prácticamente todos esos elementos cuentan con buenos paralelos en otras zonas de la península Ibérica. El caso más representativo es el de las guarniciones de cinturón, ya que la mayor parte de los broches son de tipo liriforme, en sus versiones hispánicas, aunque no puede descartarse que algunos sean evoluciones locales de modelos peninsulares más extendidos. Algunos son de hierro, con decoración damasquinada en latón y plata, y forman parte de un tipo tardío y que es exclusivo de la península Ibérica y Septimania. Junto a este indudable y mayoritario carácter hispanovisigodo, también pueden rastrearse algunas posibles reminiscencias tardorromanas y, quizá, cierto influjo continental, a juzgar por la presencia de algunas piezas de origen o inspiración norpirenaicos. Los enterramientos con armas, al contrario de lo que ocurre en otros territorios cercanos, no están presentes, por el momento, en Cantabria en estos siglos.
 
En lo relativo a las creencias, la presencia de varios elementos de adorno con simbología cristiana puede ser un indicio de que nos encontramos ante poblaciones que profesan esa religión. Sin embargo, también existen evidencias de prácticas supersticiosas que podrían tener un origen precristiano, lo que concuerda con el testimonio de las fuentes escritas altomedievales, que describen un territorio cristianizado, pero en el que las reminiscencias paganas siguen teniendo fuerza, aunque ya desprovistas de significado propiamente religioso.

Finalmente, es importante comentar que, hasta la fecha, no contamos con demasiadas evidencias para identificar la presencia de elites en el registro funerario cántabro de los siglos VII-VIII. Muchos de los elementos que se utilizan en ocasiones en ese sentido (broches de cinturón, vajilla de bronce o vidrio, pequeñas joyas de oro y plata, etc.) pueden haber sido en realidad más corrientes en las viviendas de la época de lo que se piensa en la actualidad. Sin descartar completamente que entre los depositados en las cuevas pueda haber algún miembro de esas elites locales, sí que se puede rastrear la presencia de uno de ellos en la necrópolis de Santa María de Hito, a partir del anillo-sello de oro con monograma cruciforme, un indicador de la potestad de su portador para sellar documentos, con todo lo que ello implica desde un punto de vista político y social."

Una ojeada rápida al resto de resúmenes me ha servido para confirmar que la cosa tiene muy, muy buena pinta (habrá que hacer un esfuerzo para estar a la altura...). La única pena que tengo es que no voy a poder llegar hasta después de mediodía el día 17 y, por tanto, me voy a perder las presentaciones de la mañana.