13 nov. 2017

Nos vamos de congreso: In Rure 2017

Los próximos días 16 y 17 de noviembre tendrá lugar el segundo congreso internacional In Rure, organizado por el Ayuntamiento de Arroyomolinos (Madrid) y la Universidad Complutense. Si el año pasado el tema del encuentro fue la rentabilidad social de la puesta en valor de los yacimientos en el medio rural, éste le toca el turno al mundo de la muerte y de las prácticas funerarias en la Antigüedad y la Edad Media (el programa puede consultarse en este enlace).


El comité organizador del evento, formado por J. Salas Álvarez, J. Sánchez Velasco y P. Jiménez del Castillo, ha tenido a bien invitarnos a participar en él y, como no podía ser de otra manera, hemos aceptado gustosos (y agradecidos, por supuesto). Y así, los dos miembros del Proyecto Mauranus estaremos en el Seminario nº 12 de la Facultad de Geografía e Historia de la Complutense el día 16 por la tarde, con nuestros muertos cántabros tardoantiguos y altomedievales. A las 18:00 Enrique hablará de los "Espacios funerarios en Cantabria en el tránsito hacia la Edad Media" y, cerca de una hora después, le seguiré yo con la comunicación titulada "Enterramientos en cueva de época visigoda ¿Sepulturas atípicas?". Necrópolis y cuevas, juntas pero no revueltas. No será la primera vez que hagamos algo parecido (recuerdo aquella inolvidable barferencia, por ejemplo), aunque esta vez será algo más formal y por separado.


Creo que será una magnífica oportunidad para conocer, debatir y aprender (esas cosas que se hacen o al menos deberían hacerse en los congresos) sobre unos temas que nos apasionan. Y también, por qué no decirlo, para mostrar lo que hemos hecho hasta ahora (y seguimos haciendo) por aquí, en el marco de este proyecto de investigación sui generis, radicalmente independiente y completamente marginal en el sentido más estricto del término (porque realmente está situado en los márgenes de casi todo).

El congreso va a grabarse y los vídeos se colgarán en la red, así que los enlazaremos cuando estén disponibles. Por lo demás, sólo queda agradecer una vez más a los organizadores (especialmente a Jerónimo) su invitación a participar en este encuentro y tratar de estar a la altura. Pero eso ya será otra historia.

1 oct. 2017

Modelización conceptual y elaboración de bases de datos espaciales en Arqueología e Historia

Los días 30 de Noviembre y 1 de Diciembre de este año tendrá lugar en la Université de Pau et des pays de l´Adour (Pau, Francia) el Seminario-Taller "Modelización conceptual y elaboración de bases de datos espaciales en Arqueología e Historia". A lo largo de día y medio se sucederán una jornada de presentaciones y un taller práctico. En palabras de sus coordinadoras, se tratará de "una manifestación centrada en la modelización conceptual y la elaboración de bases de datos espaciales" cuyo objetivo será "presentar y debatir los diferentes modelos de datos, pero también promover intercambios entre investigadores y estudiantes". 


Ejemplo de modelo de datos (vacío, obviamente)

Una de ellas (la otra es Mélanie Le Couédic) es Leticia Tobalina Pulido, amiga y colaboradora nuestra en la intervención arqueológica en Riocueva. De hecho, Leticia es una de las personas que más ha excavado allí (participó en dos campañas) y a la que siempre agradeceremos su interés, su ayuda y su compromiso con el Proyecto. Y a la que deseamos todo el éxito del mundo en esta aventura académica.

Leticia excavando en Riocueva en 2011

Los interesados en participar en el seminario tienen que saber que la inscripción, que está abierta hasta el 15 de Octubre, es gratuita e incluye las comidas del mediodía. Todos los detalles, los contactos con la organización y la propia hoja de inscripción pueden verse en este enlace.

31 ago. 2017

Frente Norte 1937

Durante este mes de Agosto que termina ha tenido lugar en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (MVPAC), en Santander, un ciclo de charlas sobre distintos aspectos del Frente del Norte durante la Guerra Civil Española, organizado por la propia institución (y, por elevación, por la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria de la que depende) y coordinado por su director, Roberto Ontañón, y quien esto escribe. 

El cartel del ciclo, diseñado por Enrique a partir de un original de época. Una joyita de manos de la otra mitad del Proyecto Mauranus

Todos los viernes hemos pasado por la sala de conferencias del museo distintos investigadores (Fernando Obregón, Manuel Castro, Ramón Duarte, José Ángel Brena y yo mismo) para hablar, sobre todo aunque no sólo, de algunos de los restos materiales de ese frente que aún perduran en Vizcaya, Álava, Cantabria, Burgos, Asturias y León. Durante tres de ellos también se han realizado visitas gratuitas (para los asistentes) al refugio antiaéreo de la entonces Plaza de Mariana Pineda y hoy Plaza del Príncipe, merced a la colaboración del Ayuntamiento de Santander. Y, como guinda, el sábado 26 unas 25 personas nos acercamos a ver los restos de las baterías de costa de Cabo Mayor y La Telegrafía, en el litoral norte de la ciudad.

Aspecto del exterior de la sala en la jornada inaugural

Imagen de la visita a las baterías costeras. En este caso, a la casamata de artillería de Cabo Mayor

La idea que estuvo detrás del ciclo fue evitar que el 80 aniversario de los combates en la zona norte de España y, especialmente, de la Batalla de Santander, pasase por Cantabria sin pena ni gloria; como lamentablemente hubiese ocurrido de no habernos puesto manos a la obra (suena pretencioso, lo sé, pero es así). En ese sentido puede decirse que ha sido todo un éxito, pues la afluencia de un público muy interesado por el tema, tanto a las conferencias como a las actividades complementarias, ha sido más que notable.

El objetivo de esta entrada, aprovechando que casi todas las charlas fueron grabadas en vídeo (por desgracia, la de Ramón Duarte no) y subidas al canal de Youtube de Museos de Cantabria, es ofrecer la posibilidad de verlas todas juntas a aquellos que no pudieron o no quisieron (y ahora se arrepienten) asistir. En ellas se cuenta todo mucho mejor de como podría hacerlo yo ahora, así que aquí van, en riguroso orden cronológico.

En primer lugar, en "De Irún a Gijón. Origen y evolución del Frente Norte (Julio 1936-Octubre 1937)" Fernando Obregón Goyarrola hizo un magnífico repaso a la historia del Frente en Euskadi, Cantabria y Asturias desde el mismo momento de la sublevación militar y hasta su final. El vídeo está en tres partes.




Ese mismo día, en sesión doble, Manuel Castro Luengos habló de algunas de las joyas desconocidas de la Guerra Civil en Cantabria: las fortificaciones del frente oriental, tanto las de la línea de contacto como de las de contención del Agüera y el Asón. El vídeo de su conferencia, titulada, "Fortificaciones de la Guerra Civil en el oriente de Cantabria. Patrimonio oculto de un frente olvidado", también va en tres partes.





El tercer día (ya he comentado la lamentable ausencia del vídeo de la sobresaliente charla de Ramón Duarte Álvarez, "El Frente de los Puertos 1937-2017. Las fortificaciones de campaña asturleonesas y su integración en el paisaje de montaña") le tocó el turno a José Ángel Brena Alonso (y aprovecho para comentar que la Asociación Sancho de Beurko, a la que pertenece y representó en las jornadas, también colaboró en la organización de éstas) con "El Cinturón de Hierro de Bilbao. Características y tipología de sus construcciones", un título que lo dice todo acerca de su contenido.


Y, para terminar, José Ángel Hierro Gárate (es decir, yo) habló de "El último combate. Huellas del avance del CTV hacia Santander y de la resistencia republicana", donde, entre otras muchas cosas, se mostraron algunos de los materiales de la Guerra Civil recuperados en la intervención arqueológica en el campamento romano de La Cabaña el año pasado.


Por lo que a mí respecta y por lo que ya he comentado, estoy muy satisfecho con el resultado de esta aventura. Además, de ella han nacido (o están en ello) al menos un par de cosas que considero importantes. La primera, la voluntad manifiesta de todos los participantes de no tener que esperar unos cuantos años, hasta el siguiente aniversario redondo, para volver a reunirnos a contar estas cosas u otras parecidas en otra ciudad del Frente Norte (por lo que es probable que en unos meses estemos anunciando algo). Y la segunda, el primer paso (que di este mismo lunes) para que el conjunto de fortificaciones identificado en Santander (véase el último vídeo) sea estudiado y puesto en valor por parte de las autoridades competentes. Imagino que de ambas cosas iremos informando según se produzcan novedades.

23 jun. 2017

AGGER. Cosecha 2016

Como imagino que los visitantes asiduos del blog (si hubiere) ya sabrán, hace un par de años que Enrique, Rafa Bolado y yo formalizamos, de aquella manera, un divertimento llamado AGGER para llevar a cabo algunos "estudios intermitentes sobre las Guerras Cántabras y la Cantabria Romana". Y que el primer fruto de esa colaboración, que venía de atrás, fue la localización, presentación a la comunidad científica y primera publicación de varias posibles estructuras de tipo campamental romano desconocidas hasta la fecha (y la reinterpretación de otra cuya existencia ya era sabida, aunque fue destruida hace décadas sin que se estudiase de qué se trataba en realidad). Pues bien: el año pasado hemos tenido la oportunidad de llevar a cabo trabajos de campo en dos de ellas, Castro Negro y La Cabaña, y de confirmar tanto su naturaleza militar romana como su cronología de época augustea y su más que probable relación con la conquista del territorio de los Cántabros.

Captura de pantalla tomada en 2007 de una versión antigua del SIGPAC en la que se ve Castro Negro

En el primer caso (un sitio que localizamos en 2007 pero del que no obtuvimos imágenes medianamente buenas hasta 2014) lo hemos hecho como colaboradores de Eduardo Peralta y su "Proyecto Guerras Cántabras" en una intervención arqueológica dirigida por él, llevada a cabo en verano y otoño de 2016, que ha ofrecido unos magníficos resultados que fueron presentados a la prensa en el MVPAC en el mes de Febrero  (con la asistencia del mismo Consejero del ramo) y que tuvieron un gran eco en los medios de comunicación (algunos ejemplos aquí, aquí y aquí). Resumiendo mucho, en esa primera campaña se ha comprobado que la estructura de Castro Negro corresponde a un gran campamento romano de campaña, de unas 10 ha de superficie, defendido por agger y foso y con al menos dos puertas en clavícula. Entre los abundantes materiales recuperados en su interior destacan algunas piezas de armamento y una moneda partida, un as acuñado en Calagurris en la segunda mitad del s. I a. de C.

El campamento de Castro Negro visto desde el pico de La Zamburria (Foto: E. Peralta)

Imagen LIDAR de Castro Negro (orientada hacia el Oeste)


Algunos de los materiales recuperados en Castro Negro (Fotos y composición: E. Peralta)

Y también se ha revisado el cercano yacimiento de Robadorio, descubierto por Manuel Valle y "sospechoso" desde hace unos cuantos años de ser algo parecido a una atalaya legionaria sobre el impresionante entorno de montaña circundante, merced al hallazgo entonces de una tachuela de sandalia a la que ahora han venido a sumarse muchas más. Esa revisión sobre el terreno, ayudada por nuevas imágenes LIDAR, ha permitido comprobar cómo en esa cima hubo un establecimiento militar romano de mayor tamaño y enjundia de lo pensado hasta ahora, relacionado sin duda con el de Castro Negro, muy cercano y en perfecta comunicación visual con él.

Derrumbe de muralla del recinto superior del Robadorio. Al fondo, Peña Prieta (Foto: E. Peralta)

Ambos campamentos, situados a unos 1.900 m uno y a más de 2.200 m el otro, forman el conjunto militar romano localizado a mayor altitud de la península Ibérica y uno de los más altos de Europa. Y es por eso que hemos planteado la hipótesis de que ambos (junto con el del collado de Vistrió, varios km al este y a unos 1.400 m de altitud) estén relacionados con el episodio del Monte Vindio, a donde huyeron los Cántabros derrotados por Antistio bajo las murallas de Bergida en 25 a. de C. y donde pensaban que antes llegarían las olas del mar que los ejércitos de Roma. En esta reconstrucción, ese monte mítico sería (o se localizaría en) el macizo de Peña Prieta o de Fuentes Carrionas, la parte más elevada de la cordillera Cantábrica si exceptuamos los Picos de Europa, con cimas tan emblemáticas como la propia Peña Prieta, el Curavacas, el Tres Provincias o el Espigüete. Y la presencia en esos parajes subalpinos de estos campamentos la prueba palpable de que las aguas del Cantábrico no subieron hasta allí pero las legiones de Augusto sí.

Para conocer más sobre todo lo dicho hasta ahora y hacerse una idea de lo hecho en Castro Negro y Robadorio el año pasado, nada mejor que ver al propio Eduardo Peralta contándolo en la conferencia que dio en el MVPAC hace unos meses:




La segunda intervención, la de La Cabaña, ha sido dirigida por Enrique y ha tenido lugar casi al mismo tiempo que la de la zona de Peña Prieta. El yacimiento fue localizado por nosotros en 2014 gracias a la ortofoto del PNOA de 2010, en la que, merced a una tala reciente de los eucaliptos que ocultaban la superficie, se observaba la existencia de una línea triple de terraplenes y fosos de gran tamaño en un collado que constituye el paso en altura entre los valles de Toranzo y Castañeda, en la zona que figura en la cartografía de la zona como La Cabaña o Peña de la Cabaña. Y al igual que Castro Negro, fue dado a conocer en Gijón en 2014 y recogido en la publicación antes señalada (y su existencia, como las de todas las demás estructuras, comunicada a la autoridad competente en temas de Patrimonio). Los resultados de la intervención fueron mostrados a la prensa este mismo mes (ejemplos de cómo fueron recogidos, aquí y aquí).

Las estructuras de La Cabaña en la orotfotografía aérea de 2010 (Fuente: Mapas Cantabria)

Aunque las estructuras de La Cabaña no estaban muy bien definidas y albergábamos algunas dudas acerca de su verdadera naturaleza, la presencia a poco más de 1 km hacia el sur, en Pando, de lo que tiene toda la pinta de ser un gran campamento de campaña (unas 8 ha) con capacidad para una legión completa hacía que la hipótesis militar romana fuese la principal de las que manejábamos. Y el tiempo ha venido a confirmar que estábamos en lo cierto.

Imagen 3D del campamento de Pando a partir de una fotografía aérea del año 1989 (Fuente: Mapas Cantabria)

Fue en la primavera de 2015 cuando, tras un incendio que asoló las plantaciones de eucaliptos que cubrían la zona (explotada forestalmente de forma ininterrumpida al menos desde los años 50), fuimos avisados por Miguel López Cadavieco de que el monte había sido talado. Una visita en el mes de Mayo nos permitió comprobar que el terreno había sido completamente removido con maquinaria pesada con vistas a una nueva plantación de ese árbol "industrial" cuya masiva presencia en Cantabria inspiró esa genialidad del simpar Ansola titulada "Operación Koala". De las estructuras que definían el yacimiento, como no podía ser de otra manera después de tamaños movimientos de tierras, ni rastro.


Aspecto de La Cabaña en Junio de 2016, tras la tala y las remociones de tierra con maquinaria pesada

Se puso entonces en marcha una operación de salvamento consistente en una prospección con recogida de materiales que sirviese tanto para evaluar la situación real del yacimiento como para tratar de recuperar el mayor número posible de objetos arqueológicos (y de paso establecer, en la medida de lo posible, una atribución cronológica y cultural fiable). Y una revisión en profundidad de todo el material fotográfico a nuestro alcance, especialmente de las series históricas del IGN y del portal Mapas Cantabria. El resultado, como he adelantado poco más arriba, confirmó todas nuestras sospechas (las estructuras habían sido completamente arrasadas y sí: se trataba de un establecimiento militar romano de campaña de la época de las Guerras Cántabras) y nos permitió conocer (o al menos acercarnos a ella) la planta original del campamento, de entre 1,5 y 2 ha de superficie.

El campamento de La Cabaña en una fotografía aérea de los años 40 (Fuente: Fototeca del IGN)

Entre los materiales más significativos se encuentran una dolabra, un as acuñado en Celsa entre los años 44 y 36 a. de C., una fíbula "en omega", un fragmento de molino de mano rotatorio y un enganche de vaina de puñal. Junto a ellos, otros tantos más difíciles de interpretar por su estado fragmentario y/o su conservación deficiente y que se encuentran en estudio (y restauración en las instalaciones del MVPAC, que ha colaborado con el proyecto en este aspecto desde el principio).

Fragmento de molino

Para saber más sobre todos ellos, sobre el yacimiento y la interpretación histórica del conjunto (que nosotros relacionamos con la campaña romana del año 25 a. de C. y el desembarco de una legión en la costa cántabra), lo mejor es echar un ojo al vídeo de la presentación que hizo Enrique en el MVPAC hace apenas unas semanas.



Y no podía terminar con La Cabaña sin mencionar que esos legionarios romanos no fueron los únicos que dejaron allí su huella. Muchos años después, el 24 de Agosto de 1937, tropas del CTV italiano (de la División Littorio, concretamente) tomaron el lugar al asalto en el que fue uno de los últimos combates de la Batalla de Santander (la ruptura de la defensa republicana en el Pico del Castillo y las Peñas de Penilla y sus respectivos aledaños, en la línea de cumbres prelitorales). Numerosos restos de munición de fusil y proyectiles de artillería nos cuentan cómo fue una parte importante de aquella batalla, casi completamente olvidada hasta ahora (eclipsada por la caída de Barreda en manos de las Brigadas de Navarra ese mismo día) y que pensamos sacar de las nieblas de la historia en breve.

Bala de fusil Carcano M91 recogida en La Cabaña

En conclusión, puede decirse que la cosecha de AGGER del año 2016 ha sido excelente. Dos de los posibles establecimientos militares romanos relacionados con las Guerras Cántabras descubiertos en nuestras prospecciones "desde el sofá" (curiosamente, dos de los que en principio nos parecían más dudosos) han sido confirmados como tales gracias al trabajo de campo y han proporcionado sendos conjuntos de materiales arqueológicos más que interesantes, además de permitirnos avanzar (creemos que de forma importante en ambos casos) en la interpretación de las campañas romanas de conquista y la resistencia cántabra. Este año los trabajos en el escenario lebaniego continuarán, de la mano de Eduardo Peralta y con nuestra colaboración, profundizando en el conocimiento de los campamentos en los que se intervino el año pasado y ampliando la geografía del proyecto para abarcar otros sitios aún vírgenes. Y en cuanto a La Cabaña, cumplidos los objetivos planteados y teniendo en cuenta el estado del lugar, no está prevista ninguna actuación. Sin embargo y para compensar, abrimos un nuevo frente hacia occidente y trabajaremos en otro posible establecimiento del mismo tipo parcialmente destruido hace décadas. Esperamos poder repetir añada. En cualquier caso, informaremos de los resultados, sean los que sean. Una vez más, stay tuned.

25 abr. 2017

De nuevo sobre ganchos de huso

Uno de los objetos más singulares del registro material de Cantabria en época visigoda son los ganchos de huso de hierro de enmangue tubular. Ya hemos hablado de estos peculiares instrumentos relacionados con la actividad textil tiempo atrás e incluso propusimos la interpretación como gancho de huso de una pieza vizcaína expuesta como punta de proyectil en el Arkeologi Museoa de Bilbao. Ahora ha tocado actualizar el inventario disponible, ya que a los once ejemplares conocidos en 2010 se han unido siete nuevos ganchos de huso recuperados durante las excavaciones realizadas en Riocueva entre 2011 y 2014.

Ganchos de huso para hilar, de hierro. Cueva de Riocueva (Cantabria)
Como ya hemos comentado otras veces, este tipo de instrumento es común en la cuenca mediterránea y algunas zonas de Europa central, sobre todo entre época romana y la Alta Edad Media. Pero siempre son de bronce, a diferencia de lo que sucede en Cantabria, donde se fabrican de hierro. En las cuevas frecuentadas en los siglos VII-VIII se conocen dieciocho ganchos de huso de hierro y sólo un ejemplar de bronce. Para llamar la atención sobre esta peculiaridad técnica más allá de nuestras fronteras, hemos publicado un artículo en el boletín Instrumentum, editado por  el grupo de trabajo europeo sobre el artesanado y las producciones manufacturadas de la Antigüedad. Vamos, la «biblia de la cacharrería» en fascículos. Es el foro ideal para contrastar si los ganchos de huso de hierro son o no un unicum circunscrito a Cantabria, como sucede en la actualidad. Si alguien tiene curiosidad por leer el breve artículo, redactado en francés con la inestimable colaboración de Alain Campo, dejamos aquí el enlace de descarga.



«Crochets de fuseau en fer du VIIe-VIIIe s. en Cantabrie (ES)»


Cuando el boletín ya había sido publicado, hemos tenido noticias sobre dos nuevos ejemplares de ganchos de huso, aunque en este caso mucho más «convencionales». Se trata de dos piezas de bronce y presumiblemente de época romana procedentes del yacimiento romano de Retortillo (Campoo de Enmedio, Cantabria), el lugar identificado desde el siglo XVIII con la Iuliobriga de las fuentes clásicas. Los dos ganchos han sido incluidos en la exposición temporal Femina. Ser mujer en Roma, montada en el MUPAC en marzo de 2017 para conmemorar el Día de la Mujer. Es una novedad interesante por dos motivos. Por un lado, aunque tenemos constatada la presencia de un gancho de huso de bronce en la cueva de Cudón, se encuentra en paradero desconocido y estos dos ejemplares de Retortillo son los únicos ganchos de huso de bronce de Cantabria que podemos tocar con nuestras propias manos. Por otro lado, son los primeros ejemplares de época romana que conocemos en la región, los que demuestra que eran empleados en esta zona bastante antes del siglo VII y que la técnica de hilado con este tipo de instrumentos tiene larga tradición, quizá con continuidad desde los primeros siglos de la era hasta época visigoda, como poco. Si tenemos oportunidad, estudiaremos con más detalle estos ganchos de huso próximamente.

Ganchos de huso de bronce de Retortillo. Foto: MUPAC
Y para terminar con las novedades sobre este tema, un curioso ejemplo de gancho de huso improvisado observado en Jordania este pasado otoño. Al principio parecía una anécdota más. Una anciana hilando a la entrada de Siq al-Barid, el lugar conocido como «Pequeña Petra», para reclamar la atención y algunos dinares de los turistas.

Hilandera jordana en Siq al-Barid
Sin embargo, no era cualquier huso, era un huso con gancho. Habíamos visto algunos ejemplos etnográficos de ganchos de huso recientes, incluso sin salir de Cantabria, pero nunca en uso. Y nunca tan improvisado, ya que el gancho era... un simple clavo retorcido.

Un gancho de huso improvisado
Si con un simple clavo retorcido es suficiente ¿por qué se molestaban en época romana y visigoda en hacer ganchos de enmangue tubular para los husos? De hecho, conocemos modelos de ganchos de huso romano muy similares al «clavo retorcido», como los de Magdalensberg, pero incluso estos conviven con el modelo de enmangue tubular, más complicado de fabricar tanto en bronce como en hierro. ¿La realización de determinadas tareas especializadas como el torcido de varios hilos o el hilado de lanas concretas requería modelos diferentes? Puede ser una explicación. ¿El peso del gancho tubular permitía prescindir de una fusayola pesada? También podría ser, como indicaría la sugerente asociación entre ganchos de huso y fusayolas de hueso de la cueva de Las Penas. Está claro que todavía tenemos muchas cosas que aprender sobre estos peculiares instrumentos.



11 abr. 2017

Las espuelas doradas de San Martín de Elines: el video

Una semana después de inaugurar el ciclo La Pieza del Mes del MUPAC con gran éxito de crítica y público —está mal que yo lo diga, pero la sala llena y las felicitaciones del público son un buen respaldo de la afirmación— ya está disponible en el canal de YouTube de Museos de Cantabria el video de la conferencia «Mal oviesse el caballero, que sin espuelas cabalga. Los acicates dorados de San Martín de Elines».



Para los que sean capaces de visionarlo hasta el final, se encontrarán en el turno de preguntas con la intervención de Alonso Domínguez Bolaños —director de la excavación arqueológica de 2003 en San Martín de Elines, durante la que se hallaron las sepulturas de caballero con espuelas doradas— y de Jaime Nuño —de la Fundación Santa María la Real de Aguilar de Campoo, responsable de la restauración que motivó la actuación arqueológica— animando el debate. La verdad es que su presencia fue una sorpresa para mi, no hay más que ver el video, se agradece que se tomen la molestia de venir hasta Santander para escucharme.

Aquí queda la conferencia como aperitivo de un artículo que pronto —espero— publicará la revista Studia Historica. Historia Medieval de la Universidad de Salamanca, en el que se recogen por escrito algunas de las cosas que conté en el MUPAC.

Muchas gracias a los que asistieron y muchas gracias a los que me animaron en las vísperas. También muchas gracias al Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria y a la Sección de Arqueología del Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de Cantabria por confiar en mi para este arranque de ciclo. Ha sido un placer. Tanto, que ya estoy preparado para la siguiente... cuando quieran.

3 abr. 2017

Las espuelas doradas de San Martín de Elines, pieza del mes

Han pasado casi tres años desde nuestra primera incursión en el ciclo La Pieza del Mes del MUPAC, actividad organizada por el museo en con la Sección de Arqueología del Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y Ciencias cada primer martes de mes. En aquella primera edición de 2014 José Ángel y yo hablamos del broche de hueso de Santa María de Hito. En esta ocasión me toca inaugurar la tercera edición en solitario, hablando de las espuelas doradas de San Martín de Elines. En realidad, no estaba previsto que fuese la conferencia inaugural de la edición 2017, pero una serie concatenada de cambios de programación ha obligado a modificar el calendario.


El título elegido para la conferencia ha sido «Mal oviesse el caballero, que sin espuelas cabalga. Los acicates dorados de San Martín de Elines», recordando los versos del romancero viejo que Sebastián de Covarrubias incluye en su Tesoro de la Lengua Castellana o Española de 1611.


Sin entrar en mucho detalle, para evitar spoilers, me limito a dar unas pinceladas sobre el contenido de la conferencia. Estará dedicada a dos pares de espuelas o acicates dorados hallados en sendas sepulturas del siglo XIII durante la excavación de la necrópolis medieval de la colegiata de San Martín de Elines (Valderredible), dirigida en 2003 por Alonso Domínguez Bolaños con motivo de la restauración arquitectónica que promovió la Fundación Santa María La Real. La presencia de estos objetos, asociados a ataúdes ricamente decorados, se relaciona con sepulturas de caballeros nobles, posiblemente de la familia que ejercía el patronazgo sobre la colegiata en aquella época. Más allá de su carácter suntuario, estos acicates son, sobre todo, un símbolo de reivindicación del linaje de sangre y del vínculo vasallático de la nobleza con el poder real. Un gesto cargado de significado social y político en un momento en la que se está definiendo la Orden de Caballería en el reino de Castilla. Se conocen apenas una decena de sepulturas de caballeros con espuelas en la península Ibérica, y el conjunto de San Martín de Elines es uno de los ejemplos más destacados.


Quien quiera conocer más detalles y no pueda esperar a que publiquen el video, puede acercarse al MUPAC el martes 4 de abril a las 20:00 h. El aforo es bastante reducido, de modo que es mejor no esperar hasta última hora para coger asiento.




14 mar. 2017

La primera, en la frente

Siempre he considerado que las primeras referencias al hallazgo de materiales de época visigoda en el interior de cuevas en la península Ibérica están en las publicaciones de H. Alcalde del Río y J. Carballo sobre las de Cudón y Los Hornucos de Suano, de 1934 y 1935, respectivamente. Es cierto que F. Garín y Modet publicó en 1912 su excavación en la cueva del Tejón (o Tajón), en Ortigosa de Cameros (La Rioja), pero también lo es que fechó el broche de cinturón que recuperó en ella en el siglo V d. de C. y lo consideró tardorromano, cuando en realidad es del VII d. de C. e hispanovisigodo; así que, técnicamente, su error en la interpretación no le permite desbancar a los otros dos anteriormente citados como pioneros en la investigación de este tipo de contextos. Aunque sí colocar su yacimiento y esa pieza por delante en el ranking de antigüedad de los descubrimientos, más allá de cómo fueran valorados. Sin embargo, tampoco en esa nueva clasificación va a subir a lo más alto del podio este ingeniero de minas aficionado a la arqueología: hay otro sitio que gana al suyo por un puñado de años. Así que, mientras le doy una vuelta a todo este asunto y decido con qué me quedo (si con los hallazgos más antiguos o con los primeros que fueron correctamente identificados en su momento como de época visigoda), voy a contar la historia de la que tiene todas las papeletas para ser la primera "cueva visigoda" de la Península, al menos desde un punto de vista estrictamente cronológico.

En 1902, Elías Gago Rabanal, ilustre (e ilustrado) médico leonés y miembro (correspondiente) de la Real Academia de la Historia, publica su libro Arqueología Protohistórica y Etnografía de los Astures Lancienses (hoy Leoneses), en el que trata con detalle acerca de sus exploraciones y hallazgos en el cerro del Castro, en Villasabariego, en donde sitúa la famosa ciudad astur-romana de Lancia.




En un determinado punto del libro, y sin que venga demasiado a cuento, Gago coloca una lámina con la fotografía de unos curiosos objetos y realiza un sorprendente excurso acerca de qué son y de dónde proceden. Empezando por esto último, lo describe como "uno de los sitios más abruptos de la montaña leonesa, en altísima cueva á donde las aves rapaces hacían su nido seguras de no ser molestadas" y, más tarde, como "el agujero de escarpada peña". Para la eterna desgracia de todos los interesados en estos temas, ni una sola pista acerca de su nombre o su localización. En cuanto a los materiales, los describe como un "Preferículo o vaso sacerdotal de bronce", un "Cubo del agua lustral (...) de bronce con el asa de hierro", una "hebilla o fíbula de bronce en forma de tortuga con los tres puntos místicos en el dorso" y "dos aldabas de bronce (...), una de ellas primorosamente trabajada y adornada con dibujos que figuran cabezas de lechuza". Y los interpreta como objetos astur-romanos dedicados a oscuros cultos paganos y que fueron ocultados en tan inaccesible (e ignoto) lugar cuando el cristianismo ya se había impuesto en la región.




El lote es realmente espectacular y salta a la vista que ninguno de ellos es lo que su publicador dijo, salvo en el caso de la hebilla y olvidándonos del reptil acorazado. El hallazgo realmente lo formaban un jarrito hispanovisigodo de bronce, un acetre o pequeño caldero y dos broches de cinturón (uno de ellos con placa y hebilla por separado). El primero es una pieza muy característica de la Alta Edad Media hispánica (del siglo VII d. de C. en adelante), con abundantes paralelos para los que se propone tradicionalmente un uso litúrgico, aunque ya vimos en otra entrada que no tiene por qué ser necesariamente así en todos los casos. P. de Palol, en su trabajo de referencia sobre el tema, lo incluyó entre los de su Tipo IV, aunque no pudo estudiarlo más allá de la fotografía del libro de E. Gago, de la que sacó este dibujo ciertamente meritorio, aunque poco clarificador.

Jarrito de la colección Gago Rabanal (según Palol, 1950)


El segundo no es ni tan vistoso ni de un tipo tan conocido, aunque también se puede fechar con seguridad en los siglos VII-VIII d. de C. Y es así porque contamos con algunos buenos paralelos en yacimientos bien datados de esa cronología. En uno de ellos, la Cueva de Las Penas, se recuperó parte de un ejemplar de hierro chapado en cobre. Y en Riocueva, sin ir más lejos, nosostros mismos encontramos otro. O, más bien, las migas en las que se convirtió -tiempo, tejones y espeleólogos mediante- otro acetre del mismo estilo, también chapado en cobre. 

Acetre de la Cueva de Las Penas (según M. L. Serna)

Finalmente, los broches de cinturón pertenecen a ese gran cajón de sastre que es el "tipo liriforme", aunque de estilos muy diferentes ambos. Son guarniciones de cinturón que se incluyen en el Tipo V de G. Ripoll y se fechan entre la segunda mitad del s. VII d. de C. y finales del VIII d. de C., aunque es posible que aún perduraran a inicios de la siguiente centuria. Casi con toda seguridad, la hebilla suelta haría pareja con la placa también suelta, ya que es del tipo en forma de D que acompaña siempre a ese tipo de piezas. Es cierto que el hebijón de tipo escutiforme (la "tortuga" de Gago) desentona tanto con una como con otra y sería algo anterior en el tiempo, aunque también lo es que se conocen algunos (pocos) casos de reutilizaciones de piezas como ésa en broches liriformes (uno en Contrebia Leucade, por ejemplo). La placa suelta sería similar a ésta de la imagen, que se expone en el Museo de Palencia. Del broche completo ya tendremos tiempo de hablar en otra ocasión.


Placa liriforme del Museo de Palencia (Foto sacada de aquí)

Por cierto, que yo, en su momento, me tragúe lo de las "aldabas". Lo hice en mi artículo de 2002 sobre los usos de las cuevas en Cantabria en época visigoda (en 2011 ya lo entrecomillé, porque me sonaba a error y no me equivoqué) porque saqué la referencia de un libro donde (ahora sé que inexplicablemente) se citaban así. Es el precio que hay que pagar de vez en cuando por no tener acceso a la fuente original. Qué le vamos a hacer...

Recapitulando: un más que interesante conjunto de materiales de época visigoda (siglos VII-VIII d. de C.) procedentes de una cueva de la que no sabemos apenas nada, más allá de su mera existencia. O, más bien, de su mera existencia a inicios del siglo XX, porque todos (al igual que el resto de las posesiones de Elías Gago Rabanal) están en paradero desconocido desde entonces. Vamos, que tenemos la referencia más antigua a un yacimiento de este tipo pero ni sabemos dónde estaba la cueva ni qué ha sido de los objetos que salieron de ella. Es la primera, sí, pero en la frente. 

Y para terminar, una curiosidad relacionada con el libro que, aunque no viene muy a cuento, no me resisto a comentar, aprovechando que el Esla pasa por Lancia. De vuelta a esa ciudad, publica E. Gagouna serie de materiales procedentes de El Castro, entre ellos un hacha-azada de hierro que considera astur (o astur-romano, en el más reciente de los casos). Se trata de una herramienta para la que no conozco paralelos de la Edad del Hierro o de época romana pero que se parece sospechosamente a algunas dolabrae de época visigoda (a las que se dedicó una entrada en este blog hace unos años), concretamente a las de Deza y Vadillo. A lo mejor (y aunque no tenga nada que ver con una cueva) se trata de un útil de los siglos VI-VIII d. de C. que hay que añadir a la lista. Veremos.




30 ene. 2017

Punzones tardorromanos: la conexión danubiana

Hace dos años y medio, Enrique hizo una entrada en el blog sobre unos objetos muy característicos del mundo funerario peninsular de los siglos IV-V d. de C.: los punzones de hierro. En ella, además de repasar los hallazgos conocidos (incluyendo el, hasta la fecha inédito, de Santa María de Hito) y hacer una breve historia de la investigación, contaba que nuestra opinión, compartida con otros autores que nos han precedido en este asunto, es que muy probablemente se trate de instrumentos relacionados con el trabajo textil; concretamente, con el hilado (a quien quiera saber más sobre el tema le remito a esa entrada, enlazada más arriba). Serían husos, de un tipo ciertamente peculiar tanto por su forma marcadamente apuntada como por estar hechos de hierro.

Comparativa de punzones hispánicos (que le he tomado prestada a Enrique de su entrada)

No es un tema al que hayamos dedicado una atención especial, más allá de esa entrada y de algunas citas y referencias en algún trabajo sobre el trabajo textil tardoantiguo y altomedieval, especialmente en uno sobre pin-beaters que, inexplicablemente a estas alturas de 2017, sigue "en prensa" (y lo que te rondaré, viendo lo visto). Y es precisamente durante las tareas de documentación para ese último y esperado artículo cuando me topé con los trabajos de J. Pásztókai-Szeóke, una investigadora húngara especializada en textiles antiguos. Cuál fue mi sorpresa cuando, entre los materiales que estudia, encontré punzones de hierro idénticos a los de la Península, procedentes, igual que estos, de contextos funerarios y con cronologías del siglo IV d. de C.

Ajuar de la tumba 111 de la necrópolis del siglo IV d. de C. de Keszthely-Dobogó. Abajo a la derecha, un peine de telar y un punzón (Dibujo de K. Sági tomado de aquí)

Es decir, unos paralelos magníficos para estas piezas, procedentes todos ellos de contextos funerarios y de los que hay bastantes ejemplos en la zona situada al sur del lago Balaton, como puede verse en este mapa:


Distribución de los hallazgos de punzones de hierro en contexto funerario en los alrededores del lago Balaton (Tomado de aquí)

Aunque, como ya he mencionado antes, J. Pásztókai-Szeóke también considera que se trata de instrumentos relacionados con el trabajo textil, no los interpreta como husos, sino como pin-beaters. Y los identifica con los radii (singular radius) de los romanos, instrumentos usados en los telares y que otros investigadores consideran que deben identificarse con lanzaderas, no con punzones (aquí, por ejemplo). Sea o no correcta la equivalencia punzón-radius, lo cierto es que, por una vía completamente distinta a la nuestra, esta arqueóloga también relaciona estos objetos con el trabajo textil. Y lo hace porque, en algunas ocasiones y como ocurre aquí, aparecen formando parte de ajuares funerarios femeninos junto a otros materiales de ese tipo, como peines de telar de hierro o fusayolas en el caso panonio. Y también apoyándose en el testimonio gráfico de la estela galorromana de la tejedora Genetiva, donde se ve a ésta manejando un punzón en un telar vertical.

Estela de Genetiva (Imagen tomada de aquí)

No conozco en profundidad el mundo funerario tardorromano en zonas como la Galia, Italia o Britania, por poner algunos ejemplos cercanos al nuestro, pero sí que he mirado alguna cosa de vez en cuando y no me suenan punzones de este tipo formando parte de ajuares en las tumbas. Sin embargo y como estamos viendo, sí que los hay en cantidades significativas en dos extremos del imperio: en Hispania y en Panonia, en el limes del Danubio. Si el instrumento representado en la estela de Genetiva es uno de estos punzones, sería una prueba incontestable de que su uso estaba extendido por zonas del mundo romano en las que no aparece formando parte del registro material relacionado con los muertos (el de Santa María de Hito, como ya contó Enrique en su momento, procede de los niveles de hábitat de la villa, no de una tumba). ¿Por qué entonces en unos sitios sí y en otros no? ¿Modas funearias? ¿Influencias desconocidas entre uno y otro punto?

Las respuestas a esas y otras preguntas se me escapan (por el momento) pero me parecía interesante dar a conocer esta "conexión danubiana". Quizá sirva para que aparezcan nuevos paralelos y aportaciones al debate. Y seguro que los partidarios de la teoría del limes tardorromano en la Meseta contra los pueblos del norte, si es que aún queda alguno, me lo agradecen. De limes a limes y tiro porque me toca...

28 dic. 2016

Naíf

En el último número de la revista digital ArqueoWeb (correspondiente a 2016 y que hace el 17) y dentro del especial “Nacionalismos y usos políticos de la arqueología en España”, publica J. García Sánchez un trabajo titulado “El Lábaro cántabro, la construcción de una comunidad”. En él, concretamente en la página 121, se me llama “naif” por haber dicho, a preguntas de un periodista del Diario Montañés, que no creía que se fuese a alcanzar ningún fin político con la propuesta de reconocimiento oficial del Lábaro hecha por ADIC (Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria) a los partidos con representación en el parlamento de la comunidad autónoma. Se me tilda de eso o se me acusa de compartir con el “regionalismo” cántabro una tenebrosa agenda oculta destinada a imponer una visión esencialista de Cantabria que deje fuera a los que no piensen como nosotros. Una de dos.

Lo cierto es que, aunque me suene mucho mejor la segunda opción y no me disgustaría demasiado que se me tuviese por un tipo tan malo y retorcido y con intereses tan bastardos (e imagino que se me pagaría bien, además), la cosa no va por ahí. No sólo no sé  nada de esa agenda, sino que mis relaciones con el regionalismo, encarnado en Cantabria en el PRC de Revilla, son inexistentes. Así que tendré que conformarme con lo de naíf, que me da que no es sino una forma delicada de llamarme tonto, aunque lo dejaré estar (por ser las fechas que son) y pondré el caso en las imparciales manos de la RAE. Dice su diccionario que el adjetivo naíf (o naif, que tanto da) significa, en su cuarta acepción y coloquialmente, “ingenuo o inocente”. Así que, qué mejor día que hoy, 28 de Diciembre, para responder, desde mi inocencia, al señor García Sánchez y explicar, a quien quiera conocerla, cuál es la realidad detrás de la visión completamente sesgada que ofrece de mi persona y de mis aportaciones al debate público sobre el Lábaro hechas en los primeros meses del año en curso. Y, ya que estamos, para hacer una crítica de algunos aspectos importantes de un trabajo que me parece bastante deficiente, tanto en fondo como en forma. 





Empezando por la fijación que muestra García Sánchez con ADIC (organización a la que ni pertenezco ni he pertenecido nunca, por cierto) y su papel en toda esta historia, tengo que decir, en primer lugar, que me resulta ciertamente chocante leer, de manos de quien parece presentarse como un experto en el tema del Lábaro, afirmaciones como éstas:

Su origen [el del Lábaro] debe buscarse en la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC)” (p. 117)

“… la existencia del lábaro de ADIC…” (p.  119)

“presidente de la asociación ADIC, promotora de la bandera y del movimiento por el reconocimiento del símbolo” (p. 120)

“en mi opinión el lábaro NO es la bandera de la gente, es la bandera diseñada y promovida por ADIC” (p. 121)

Y me choca porque cualquier persona que se haya tomado la molestia de indagar en la historia de esa bandera (y yo lo he hecho y lo sigo haciendo, para qué andarnos con falsas modestias) sabe que su diseño no tiene nada que ver con ADIC, que tiene su propia enseña (verde, gris y azul y con un bisonte de Altamira dentro de una corona de laurel como emblema central) desde la segunda mitad de los 70; y sí mucho con la minoritaria “Cantabria Unida / Kantabria Atropá” y con quien fue su líder: Luis Ángel Montes de Neira, el verdadero creador del Lábaro tal y como lo conocemos hoy en día. Ambas asociaciones, por cierto, miembros del Organismo Unitario para la Autonomía (inexplicablemente rebautizado como “Organización Unitaria” en el artículo que da origen a esta entrada), aunque García Sánchez las saque de allí y las sitúe al margen de los “partidos políticos democráticos de izquierda y organizaciones sindicales” que, siempre según él, formarían en exclusiva esa organización autonomista (y así tendríamos izquierdistas demócratas por un lado y regionalistas varios por el otro, juntos pero no revueltos). Algo que le viene de perlas para ir trabajando su discurso pero que es falso de toda falsedad.


Bandera de ADIC en un anuncio de la época (tomado de aquí)


Empeñado en su cruzada contra ADIC, parece desconocer García Sánchez que cuando en 1977 tocó elegir una bandera para Cantabria en el seno del Organismo Unitario, esa asociación se abstuvo en una votación en la que compitieron el Lábaro de Montes de Neira, su propia enseña (la verdadera bandera de ADIC) y la rojiblanca. Votación que, por cierto, ganó el primero pero que quedó en papel mojado merced a ciertas maniobras políticas que desembocaron, entre otras cosas, en la disolución del Organismo y en la adopción de la bicolor como futura bandera de la Comunidad Autónoma de Cantabria (tal y como relata un despechado Montes de Neira en este trabajo). Una bandera rojiblanca por la que los dirigentes de ADIC mostraron desde bien temprano una gran devoción, como puede comprobarse echando un vistazo a su archivo histórico, en su página web. Devoción sólo comparable a su desprecio por un Lábaro ausente del todo durante muchos años en la imagen de la asociación.


Miembros de la directiva de ADIC tirando de rojiblanca en la segunda mitad de los años 70 (sacado de aquí)

No es sólo que el PRC, partido surgido de ADIC aunque independiente de ésta, no lo incorporase como elemento simbólico propio (que no lo hizo, al contrario  de lo que sucedió con la rojiblanca, presente en su logo desde el principio), sino que ni siquiera la aventura electoral nacionalista de la propia ADIC en 1983, ANAC, lo adoptó: quizá en un afán por apartarse de la sombra de Montes de Neira y su gente (y de otros grupos que habían adoptado el Lábaro como propio), tomó como emblema la estela de Lombera, con sus cinco radios curvos. Habría que esperar a los años 90 para que una nueva generación de dirigentes de ADIC comenzase a hacer suyo un símbolo que había empezado a resurgir en las gradas de los campos de fútbol y en los festivales de música folk y tradicional que se multiplicaban en la Cantabria de entonces. Y de todo esto, que es de “primer curso de labarismo” (y la base de la que debería partir todo estudio pretendidamente serio sobre el Lábaro), no tiene ni idea García Sánchez, por lo que se ve. Muy mal comienzo y suficiente, en otras circunstancias, para no seguir leyendo su trabajo.

No termina aquí lo relacionado con ADIC. Lo visto hasta este punto puede achacarse a un preocupante desconocimiento del tema sobre el que se pretende pontificar, pero falta algo que es aún peor. Cuando García Sánchez acusa, de forma más o menos velada, a esa asociación de hacer pasar al Lábaro por una bandera milenaria y obvia el contenido del tríptico publicado por la propia ADIC en 2007, no está haciendo otra cosa que adulterar la realidad de un debate que tiene muchos más tonos de gris de lo que parece que a él le gustaría. Que eso es así puede comprobarse leyendo lo que decía y firmaba ADIC en esa publicación (que he enlazado arriba y pego como imagen más abajo, para quien quiera leerla completa) de la que extraigo algunos pasajes que considero muy ilustrativos:

“En los últimos años se ha popularizado entre la ciudadanía una bandera, un símbolo, que se ha tratado de interpretar a través de los testimonios históricos anteriormente expuestos”

“Algunos autores han creído ver en los orígenes del Labarum una influencia indirecta de los cántabros a través de su estandarte militar, denominado Cantabrum, bastante más antiguo. Respecto a este tipo de suposiciones, sólo nos atrevemos a decir que hay que tomarlas con mucha prudencia (…) Y lo más importante; el Labarum no tiene porque ser un heredero del Cantabrum, y sólo cabría plantearlo como una posibilidad y nunca como una certeza histórica. En definitiva, LA IDENTIFICACIÓN CANTABRUM = LABARUM ESTÁ POR DEMOSTRAR”

“Sin embargo, todo esto es, como decimos, una cadena de suposiciones por demostrar. Empezando por la raíz: identificar al Cantabrum como precedente o antepasado del Labarum, y siguiendo por el hecho atribuir al Crismón de Constantino, una influencia de la simbología cántabra precristiana. Por ello, y a modo de conclusión; a día de hoy no se puede saber qué decoración o motivo lucía el Cantabrum.”



Creo que esas líneas matizan bastante la imagen que de ADIC y su postura sobre el Lábaro y su origen nos transmite García Sánchez: se admite en ellas que el Lábaro es una creación reciente, que no existe relación comprobada entre Cantabrum y Labarum y que, desconociéndolo todo acerca del aspecto del primero, no puede darse por hecho que el actual sea una versión fiel de aquél (que, obviamente, no lo es: ni fiel ni infiel ni de ninguna otra forma). Es cierto que la asunción de ese carácter reciente de la bandera podría haber estado acompañada de una explicación aún más rotunda. Y también que, en ocasiones, los propios miembros de la asociación han seguido aferrándose a algunos de los mitos que rodeaban al Lábaro en intervenciones poco afortunadas en “la prensa regional”. Pero ocultar esta otra cara de la moneda no es de recibo y menos aún cuando se pretende realizar un trabajo académico serio. Uso el verbo “ocultar” porque el autor conoce de sobra el tríptico. Tanto es así que cita la exposición en la que pudo verse su contenido en un trabajo suyo anterior (de 2009) sobre el "uso político" de las estelas cántabras. ¿Por qué entonces sí y ahora no? Quizá porque no encaja en la interpretación que nos quiere vender en su último artículo o quizá porque ya no lo recuerde. Aunque eso es algo que sólo él sabe e importa poco ya.

Visto lo de ADIC, le toca el turno a lo estrictamente personal. Es decir, a lo que dice de mí y a la realidad que (se) esconde detrás. No meteré en esto a Eduardo Peralta (quien me consta que no está precisamente contento con la forma en la que es tratado por García Sánchez, al describirle como “cercano al regionalismo”, por ejemplo) más allá de lo estrictamente necesario. Y no lo haré porque imagino que él mismo se encargará de poner los puntos que considere oportunos sobre esas íes.

Nos acusa este investigador a Peralta y a mí de “aquiescencia” (sic) con los que tratan de buscar “un argumento histórico” (imagino que) al Lábaro (de Montes de Neira, añado yo). Y lo hace a cuenta de nuestra participación, en calidad de miembros de “la comunidad arqueológica regional” según sus propias palabras, en una conferencia-debate celebrada en el MUPAC el 12 de Febrero de este año y titulada “El Lábaro: ¿Un símbolo para Cantabria?”. También contrapone nuestra actitud con lo que él, de su mano mayor, supone que habrían hecho González Echegaray o Casado Soto de haber sido invitados (donde demuestra conocer poco o nada al primero de ellos, dando por hecho que no habría asistido a defender su postura sobre el tema del debate cuando cualquiera que le haya tratado sabe que lo habría hecho sin ningún problema) y ventila el asunto contando algo que, en mi opinión, es la clave de todo: que, cuando supo del evento, envió un escrito son su opinión al respecto al Diario Montañés y no se lo publicaron (bienvenido al club: a mí me pasó lo mismo, hace muchos años ya, con la bandera rojiblanca y el cuadro de la “Acción de Vargas” de J. Vallespín). Y es la clave porque creo que sólo sabiendo eso se entienden tanto su artículo en ArqueoWeb como el tono general de éste y el espacio que nos dedica a Eduardo Peralta y a mí en él. El primero sería una ampliación, hecha con evidentes prisas y muy poco trabajada, de su frustrada tribuna. Y lo demás la evidencia de que le sentó como un tiro que los redactores del “decano de la prensa cántabra” no tuviesen en consideración sus opiniones (¿participará también del contubernio “regionalista” el medio conservador cántabro por excelencia? ¿llegará hasta ahí el poder de esa “agenda” oculta? ¿o, sencillamente, quien llegó tarde y mal a un debate que llevaba tiempo en los medios fue él?). Y aunque deja el tema ahí, sin entrar en detalles, yo sí lo voy a hacer. Y voy a contar el qué, el cómo y el porqué de lo que se dijo en el MUPAC aquel día porque, sin esa información, no puede entenderse nada de este asunto.


Cartel de la conferencia-debate sobre el Lábaro celebrada en el MUPAC

En lo que a mí respecta, esta historia no empieza con la llamada del director del museo para proponerme participar en una charla pública sobre el Lábaro, en un momento en el que el tema estaba en el candelero mediático en Cantabria. Comienza un mes antes, cuando envío al Diario Montañés una tribuna titulada “El Lábaro olvidado” y los responsables de la sección de opinión tienen a bien publicarla dos semanas después, el domingo 30 de Enero. En ese escrito respondía a una tribuna anterior firmada por Aurelio González de Riancho (“Sobre el lábaro y las estelas”) y aportaba algunos datos, creo que interesantes y muy poco o nada conocidos, al debate sobre el rigor histórico y la propia historia de la bandera y el símbolo, desde el siglo XVII hasta nuestros días. Quien quiera leerlo puede hacerlo en este enlace, ya que fue publicado en el digital del DM tiempo después, manteniendo la errata de la edición impresa (“Saboy” en lugar de Saboya) y añadiendo otra, cosecha del periodista (el párrafo “Por tanto, el arraigo del Lábaro…. un rigor histórico ausente” metido con calzador donde no le corresponde). 


Y es gracias a esa tribuna, cuya existencia ignora (u oculta, porque cuesta creer que los expurgadores de la prensa cántabra a quienes menciona en los agradecimientos sean tan torpes vaciando periódicos, aunque todo es posible) García Sánchez, que Roberto Ontañón (persona poco sospechosa de “regionalismo” y autor, por cierto, del título de la charla), se puso en contacto conmigo para lo del MUPAC. Acto al que también invitó a Eduardo Peralta, como experto en las estelas discoideas gigantes, la Edad del Hierro en Cantabria y el ejército romano; y a Aurelio González de Riancho, en calidad de representante del Centro de Estudios Montañeses y como estudioso de las estelas cántabras y cuya posición, contraria al reconocimiento oficial, había manifestado, como ya dije, en la prensa con anterioridad (éste último excusó su ausencia por motivos de agenda y no participó). Llegados a este punto, cualquiera que se haya tomado la molestia de leer mi tribuna (o que la leyera en su momento) sabe de sobra qué es lo que se decía en ella acerca del “rigor histórico” del Lábaro actual. Y por eso me resulta aún más indignante leer a García Sánchez, no ya obviar ese pequeño asuntillo ni convertir torticeramente la pregunta del título (“¿Un símbolo para Cantabria?”) en una afirmación, eliminando las interrogaciones, sino hacer juicios de valor acerca de lo expuesto en un acto al que ni siquiera asistió y del que lo desconoce casi todo. 

Resumiendo mucho lo dicho allí, Eduardo Peralta se centró en mostrar cómo no existe ninguna relación entre el Cantabrum y el Labarum romanos, ni entre sí ni con los motivos astrales de las estelas gigantes (más o menos lo que hizo en esta entrada del blog), y en hacer una exposición (si no magistral, poco le faltó) sobre las unidades de auxiliares cántabros en los ejércitos de Roma. Y yo, por mi parte, en insistir en que el Lábaro actual no tiene rigor histórico (algo que llevo diciendo desde hace unos 15 años, cuando todavía no sabía ni la mitad de lo que sé hoy) pero sí una historia fascinante detrás que he ido descubriendo (sólo y en compañía de otros) de poco para acá y que arranca en el siglo XVII y llega hasta hoy mismo. Y en contar cómo y por qué surge el primer “Lábaro Cántabro”, cuál es su imagen, cómo se hace oficial en banderas y escudos militares de los siglos XVIII y XIX, cómo se olvida y por qué renace de la mano de Montes de Neira a mediados de los 70 del siglo XX. Y cómo pierde la batalla por ser la bandera de Cantabria frente a una rojiblanca cuya historia (más o menos) oficial sigue trufada de mitos carentes del más mínimo rigor (histórico e incluso cromático). Vamos, muy lejos ambos, Peralta y yo, de esa imagen de justificadores de inventos con finalidades políticas que García Sánchez da de nosotros en su escrito. En el coloquio posterior (donde hubo de todo, por cierto), ambos manifestamos nuestra opinión sobre el reconocimiento oficial del símbolo: yo a favor y él indiferente, aunque dejando más que claro los dos que con su verdadera historia por delante y lejos de los mitos e inventos legendarios que le acompañaron en su “renacimiento”. Como, por otra parte, siempre he defendido.

Eduardo Peralta y quien suscribe, en el MUPAC el 12 de Febrero

Volviendo a la tribuna, tengo que decir que también está en el origen de la entrevista en el Diario Montañés, la misma a una de cuyas respuestas replica sañudamente García Sánchez. A mí no me entrevistan porque pase por allí ni porque le caiga en gracia a ningún redactor. Lo hacen porque, tras leer mi escrito, consideran, con mejor o peor criterio, que tengo una opinión formada y documentada sobre el asunto del Lábaro. La entrevista completa puede leerse en la siguiente imagen. Y también puede comprobarse al hacerlo cómo insisto una vez más en el tema del (no) rigor histórico, algo que, de conocer sólo lo extractado por el autor del artículo que estoy comentando, tampoco se sabría. 




Sobre las opiniones de García Sánchez acerca de las mías y sobre el tema de fondo no diré mucho más, aparte de lo que ya comenté al principio. La verdad es que me dan bastante igual porque, como decía Clint Eastwood en aquella película, éstas son como los agujeros del culo: todo el mundo tiene una. Me parece estupendo, aunque no acabe de entenderlo, que a él le parezca mal el reconocimiento oficial por parte de los representantes electos de los cántabros y en sede parlamentaria, al tiempo que dice que no se muestra contrario a que suceda algún día, pues es innegable la aceptación del Lábaro en la sociedad cántabra actual (no sé, imagino que habrá que preguntarle cuándo se tenía que haber hecho, en su opinión, ya que no nos lo aclara). Que opine lo que le venga en gana, faltaría más, pero siempre desde el rigor y la honestidad intelectual, con todas las cartas boca arriba y sin hurtar a los lectores partes importantes de esta historia y del papel que hemos jugado en ella los demás (si es que hemos jugado alguno, que ése es otro cantar).

De vuelta a lo general, hay que decir que adornan al texto otros pequeños ejercicios de algo muy parecido a la manipulación en los que tampoco me voy a detener, más allá de señalar (por ridículo, para quien conozca el paño) el peor de todos: su intento de convertir la anécdota (el cartel del Día Nacional de Cantabria impulsado por un conjunto de agrupaciones políticas y sociales minoritarias) en categoría (la forma de entender Cantabria, sus símbolos y a “los otros” por parte de esa amalgama de gentes y grupos que García Sánchez etiqueta, tirando de trazo gordo, como “regionalismo” cántabro). Estoy seguro de que a los autores de aquel cartel (que García Sánchez mutila hábilmente en su trabajo, eliminando el tercio inferior para que no se vea quién organizaba el acto en realidad) les hubiera encantado tener el protagonismo y el peso social que él les atribuye, aunque la realidad, por desgracia para ellos, es otra. 


Cartel íntegro del "Día Nacional de Cantabria" de 2009. En la parte inferior, las organizaciones convocantes (sacado de aquí)

Sin embargo, esto que aquí es sabido por todos no necesariamente tiene que serlo en Madrid, en Alicante o en Huelva, por citar al tuntún varias zonas donde puede leerse su artículo. Y con eso juega, vendiendo una imagen falsa de la situación y dotando a ese “regionalismo” en el que todo cabe (en su discurso, que no en la realidad y para muestra los propios grupos del cartel, que no son precisamente “regionalistas”) de unas características que nada tienen que ver con las reales. Porque si García Sánchez se hubiese tomado la molestia de investigar cuáles son los referentes históricos del regionalismo cántabro en lugar de tirar de prejuicio y de tratar de encajar a martillazos en sus marcos teóricos de referencia (Bourdieu, Hobsbawm o quien se tercie) una realidad cántabra que se ve que no conoce demasiado bien, habría visto que estos no tienen nada que ver ni con la Edad del Hierro, ni con los Cántabros de la Antigüedad ni con la conquista romana. Ni siquiera con las estelas discoideas gigantes de los valles de Buelna y Toranzo, más allá de lo meramente decorativo (y no siempre, como hemos visto con el tema del Lábaro y la bandera rojiblanca). El partido que representa en exclusiva a ese regionalismo, el PRC, prefiere otras imágenes históricas, reales o ficticias, para construir su ideario y definir su relación con el resto de España. Siguiendo su obra de cabecera, el “Cantabria, raíz de España” de Pereda de la Reguera, sus intereses pasan por reivindicar Cantabria como el origen de lo español en todas sus vertientes: política, con Pelayo y la monarquía; lingüística, con el origen del Castellano en Valderredible; e incluso humana, con los Foramontanos y la repoblación. Todo el mundo que conozca el blog sabe lo que pensamos por aquí de todos ellos, así que no insistiré. El propio García Sánchez esbozó una crítica a la segunda en su trabajo de 2009, aunque, leyendo lo que ha publicado este año, no parece que le haya dado la importancia que realmente tiene ni que haya sabido interpretar correctamente su papel en el imaginario del PRC.

Finalmente, un pequeño apunte relacionado con lo estrictamente formal, aunque con implicaciones que van ciertamente más allá. Que, de las cuatro veces que se menciona a Hobsbawm, su apellido aparezca mal escrito tres ("Hobsbwan" ¡al pie de la cita que abre el texto! y "Hobsbawn" dos veces, en la p. 116 y en la bibliografía) dice mucho del interés que se ha puesto tanto en la redacción del artículo como en su corrección, máxime cuando se trata de un autor con un peso importante en las tesis de García Sánchez. Hay más erratas (“Vexilium” por Vexillum, “Luis Wiñas” por Luis Walias, “hidria” por hidra, "González de Echegaray" por González Echegaray…), pero lo dejaremos aquí y así. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Termino, como no podía ser de otra manera, acordándome de la publicación que le ha dado cabida entre sus páginas. Una revista digital (ArqueoWeb) que se jacta de ser la más antigua de España en su segmento pero que deja mucho que desear en cuanto a sus criterios a la hora de aceptar originales, aunque sean para su sección de opinión, como demuestra claramente el caso que nos ocupa (va a ser cierto aquello que me dijo un colega hace tiempo: que era el lugar en el que salían los trabajos que eran rechazados en otros más serios de la misma casa). Creo sinceramente que necesitan replanteárselo, salvo que participen con alegría en esa investigación/publicación entre amiguetes (y por y para amiguetes) que tanto se estila en determinados ámbitos académicos hispánicos, que todo es posible. Y también purgar a unos revisores y/o correctores (que digo yo que los tengan) cuyo trabajo no es que no sea correcto. Es que es sencillamente impresentable, como también hemos comprobado.

Y aquí lo dejo. Espero no haber sido demasiado naíf.