28 dic. 2016

Naíf

En el último número de la revista digital ArqueoWeb (correspondiente a 2016 y que hace el 17) y dentro del especial “Nacionalismos y usos políticos de la arqueología en España”, publica J. García Sánchez un trabajo titulado “El Lábaro cántabro, la construcción de una comunidad”. En él, concretamente en la página 121, se me llama “naif” por haber dicho, a preguntas de un periodista del Diario Montañés, que no creía que se fuese a alcanzar ningún fin político con la propuesta de reconocimiento oficial del Lábaro hecha por ADIC (Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria) a los partidos con representación en el parlamento de la comunidad autónoma. Se me tilda de eso o se me acusa de compartir con el “regionalismo” cántabro una tenebrosa agenda oculta destinada a imponer una visión esencialista de Cantabria que deje fuera a los que no piensen como nosotros. Una de dos.

Lo cierto es que, aunque me suene mucho mejor la segunda opción y no me disgustaría demasiado que se me tuviese por un tipo tan malo y retorcido y con intereses tan bastardos (e imagino que se me pagaría bien, además), la cosa no va por ahí. No sólo no sé  nada de esa agenda, sino que mis relaciones con el regionalismo, encarnado en Cantabria en el PRC de Revilla, son inexistentes. Así que tendré que conformarme con lo de naíf, que me da que no es sino una forma delicada de llamarme tonto, aunque lo dejaré estar (por ser las fechas que son) y pondré el caso en las imparciales manos de la RAE. Dice su diccionario que el adjetivo naíf (o naif, que tanto da) significa, en su cuarta acepción y coloquialmente, “ingenuo o inocente”. Así que, qué mejor día que hoy, 28 de Diciembre, para responder, desde mi inocencia, al señor García Sánchez y explicar, a quien quiera conocerla, cuál es la realidad detrás de la visión completamente sesgada que ofrece de mi persona y de mis aportaciones al debate público sobre el Lábaro hechas en los primeros meses del año en curso. Y, ya que estamos, para hacer una crítica de algunos aspectos importantes de un trabajo que me parece bastante deficiente, tanto en fondo como en forma. 





Empezando por la fijación que muestra García Sánchez con ADIC (organización a la que ni pertenezco ni he pertenecido nunca, por cierto) y su papel en toda esta historia, tengo que decir, en primer lugar, que me resulta ciertamente chocante leer, de manos de quien parece presentarse como un experto en el tema del Lábaro, afirmaciones como éstas:

Su origen [el del Lábaro] debe buscarse en la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC)” (p. 117)

“… la existencia del lábaro de ADIC…” (p.  119)

“presidente de la asociación ADIC, promotora de la bandera y del movimiento por el reconocimiento del símbolo” (p. 120)

“en mi opinión el lábaro NO es la bandera de la gente, es la bandera diseñada y promovida por ADIC” (p. 121)

Y me choca porque cualquier persona que se haya tomado la molestia de indagar en la historia de esa bandera (y yo lo he hecho y lo sigo haciendo, para qué andarnos con falsas modestias) sabe que su diseño no tiene nada que ver con ADIC, que tiene su propia enseña (verde, gris y azul y con un bisonte de Altamira dentro de una corona de laurel como emblema central) desde la segunda mitad de los 70; y sí mucho con la minoritaria “Cantabria Unida / Kantabria Atropá” y con quien fue su líder: Luis Ángel Montes de Neira, el verdadero creador del Lábaro tal y como lo conocemos hoy en día. Ambas asociaciones, por cierto, miembros del Organismo Unitario para la Autonomía (inexplicablemente rebautizado como “Organización Unitaria” en el artículo que da origen a esta entrada), aunque García Sánchez las saque de allí y las sitúe al margen de los “partidos políticos democráticos de izquierda y organizaciones sindicales” que, siempre según él, formarían en exclusiva esa organización autonomista (y así tendríamos izquierdistas demócratas por un lado y regionalistas varios por el otro, juntos pero no revueltos). Algo que le viene de perlas para ir trabajando su discurso pero que es falso de toda falsedad.


Bandera de ADIC en un anuncio de la época (tomado de aquí)


Empeñado en su cruzada contra ADIC, parece desconocer García Sánchez que cuando en 1977 tocó elegir una bandera para Cantabria en el seno del Organismo Unitario, esa asociación se abstuvo en una votación en la que compitieron el Lábaro de Montes de Neira, su propia enseña (la verdadera bandera de ADIC) y la rojiblanca. Votación que, por cierto, ganó el primero pero que quedó en papel mojado merced a ciertas maniobras políticas que desembocaron, entre otras cosas, en la disolución del Organismo y en la adopción de la bicolor como futura bandera de la Comunidad Autónoma de Cantabria (tal y como relata un despechado Montes de Neira en este trabajo). Una bandera rojiblanca por la que los dirigentes de ADIC mostraron desde bien temprano una gran devoción, como puede comprobarse echando un vistazo a su archivo histórico, en su página web. Devoción sólo comparable a su desprecio por un Lábaro ausente del todo durante muchos años en la imagen de la asociación.


Miembros de la directiva de ADIC tirando de rojiblanca en la segunda mitad de los años 70 (sacado de aquí)

No es sólo que el PRC, partido surgido de ADIC aunque independiente de ésta, no lo incorporase como elemento simbólico propio (que no lo hizo, al contrario  de lo que sucedió con la rojiblanca, presente en su logo desde el principio), sino que ni siquiera la aventura electoral nacionalista de la propia ADIC en 1983, ANAC, lo adoptó: quizá en un afán por apartarse de la sombra de Montes de Neira y su gente (y de otros grupos que habían adoptado el Lábaro como propio), tomó como emblema la estela de Lombera, con sus cinco radios curvos. Habría que esperar a los años 90 para que una nueva generación de dirigentes de ADIC comenzase a hacer suyo un símbolo que había empezado a resurgir en las gradas de los campos de fútbol y en los festivales de música folk y tradicional que se multiplicaban en la Cantabria de entonces. Y de todo esto, que es de “primer curso de labarismo” (y la base de la que debería partir todo estudio pretendidamente serio sobre el Lábaro), no tiene ni idea García Sánchez, por lo que se ve. Muy mal comienzo y suficiente, en otras circunstancias, para no seguir leyendo su trabajo.

No termina aquí lo relacionado con ADIC. Lo visto hasta este punto puede achacarse a un preocupante desconocimiento del tema sobre el que se pretende pontificar, pero falta algo que es aún peor. Cuando García Sánchez acusa, de forma más o menos velada, a esa asociación de hacer pasar al Lábaro por una bandera milenaria y obvia el contenido del tríptico publicado por la propia ADIC en 2007, no está haciendo otra cosa que adulterar la realidad de un debate que tiene muchos más tonos de gris de lo que parece que a él le gustaría. Que eso es así puede comprobarse leyendo lo que decía y firmaba ADIC en esa publicación (que he enlazado arriba y pego como imagen más abajo, para quien quiera leerla completa) de la que extraigo algunos pasajes que considero muy ilustrativos:

“En los últimos años se ha popularizado entre la ciudadanía una bandera, un símbolo, que se ha tratado de interpretar a través de los testimonios históricos anteriormente expuestos”

“Algunos autores han creído ver en los orígenes del Labarum una influencia indirecta de los cántabros a través de su estandarte militar, denominado Cantabrum, bastante más antiguo. Respecto a este tipo de suposiciones, sólo nos atrevemos a decir que hay que tomarlas con mucha prudencia (…) Y lo más importante; el Labarum no tiene porque ser un heredero del Cantabrum, y sólo cabría plantearlo como una posibilidad y nunca como una certeza histórica. En definitiva, LA IDENTIFICACIÓN CANTABRUM = LABARUM ESTÁ POR DEMOSTRAR”

“Sin embargo, todo esto es, como decimos, una cadena de suposiciones por demostrar. Empezando por la raíz: identificar al Cantabrum como precedente o antepasado del Labarum, y siguiendo por el hecho atribuir al Crismón de Constantino, una influencia de la simbología cántabra precristiana. Por ello, y a modo de conclusión; a día de hoy no se puede saber qué decoración o motivo lucía el Cantabrum.”



Creo que esas líneas matizan bastante la imagen que de ADIC y su postura sobre el Lábaro y su origen nos transmite García Sánchez: se admite en ellas que el Lábaro es una creación reciente, que no existe relación comprobada entre Cantabrum y Labarum y que, desconociéndolo todo acerca del aspecto del primero, no puede darse por hecho que el actual sea una versión fiel de aquél (que, obviamente, no lo es: ni fiel ni infiel ni de ninguna otra forma). Es cierto que la asunción de ese carácter reciente de la bandera podría haber estado acompañada de una explicación aún más rotunda. Y también que, en ocasiones, los propios miembros de la asociación han seguido aferrándose a algunos de los mitos que rodeaban al Lábaro en intervenciones poco afortunadas en “la prensa regional”. Pero ocultar esta otra cara de la moneda no es de recibo y menos aún cuando se pretende realizar un trabajo académico serio. Uso el verbo “ocultar” porque el autor conoce de sobra el tríptico. Tanto es así que cita la exposición en la que pudo verse su contenido en un trabajo suyo anterior (de 2009) sobre el "uso político" de las estelas cántabras. ¿Por qué entonces sí y ahora no? Quizá porque no encaja en la interpretación que nos quiere vender en su último artículo o quizá porque ya no lo recuerde. Aunque eso es algo que sólo él sabe e importa poco ya.

Visto lo de ADIC, le toca el turno a lo estrictamente personal. Es decir, a lo que dice de mí y a la realidad que (se) esconde detrás. No meteré en esto a Eduardo Peralta (quien me consta que no está precisamente contento con la forma en la que es tratado por García Sánchez, al describirle como “cercano al regionalismo”, por ejemplo) más allá de lo estrictamente necesario. Y no lo haré porque imagino que él mismo se encargará de poner los puntos que considere oportunos sobre esas íes.

Nos acusa este investigador a Peralta y a mí de “aquiescencia” (sic) con los que tratan de buscar “un argumento histórico” (imagino que) al Lábaro (de Montes de Neira, añado yo). Y lo hace a cuenta de nuestra participación, en calidad de miembros de “la comunidad arqueológica regional” según sus propias palabras, en una conferencia-debate celebrada en el MUPAC el 12 de Febrero de este año y titulada “El Lábaro: ¿Un símbolo para Cantabria?”. También contrapone nuestra actitud con lo que él, de su mano mayor, supone que habrían hecho González Echegaray o Casado Soto de haber sido invitados (donde demuestra conocer poco o nada al primero de ellos, dando por hecho que no habría asistido a defender su postura sobre el tema del debate cuando cualquiera que le haya tratado sabe que lo habría hecho sin ningún problema) y ventila el asunto contando algo que, en mi opinión, es la clave de todo: que, cuando supo del evento, envió un escrito son su opinión al respecto al Diario Montañés y no se lo publicaron (bienvenido al club: a mí me pasó lo mismo, hace muchos años ya, con la bandera rojiblanca y el cuadro de la “Acción de Vargas” de J. Vallespín). Y es la clave porque creo que sólo sabiendo eso se entienden tanto su artículo en ArqueoWeb como el tono general de éste y el espacio que nos dedica a Eduardo Peralta y a mí en él. El primero sería una ampliación, hecha con evidentes prisas y muy poco trabajada, de su frustrada tribuna. Y lo demás la evidencia de que le sentó como un tiro que los redactores del “decano de la prensa cántabra” no tuviesen en consideración sus opiniones (¿participará también del contubernio “regionalista” el medio conservador cántabro por excelencia? ¿llegará hasta ahí el poder de esa “agenda” oculta? ¿o, sencillamente, quien llegó tarde y mal a un debate que llevaba tiempo en los medios fue él?). Y aunque deja el tema ahí, sin entrar en detalles, yo sí lo voy a hacer. Y voy a contar el qué, el cómo y el porqué de lo que se dijo en el MUPAC aquel día porque, sin esa información, no puede entenderse nada de este asunto.


Cartel de la conferencia-debate sobre el Lábaro celebrada en el MUPAC

En lo que a mí respecta, esta historia no empieza con la llamada del director del museo para proponerme participar en una charla pública sobre el Lábaro, en un momento en el que el tema estaba en el candelero mediático en Cantabria. Comienza un mes antes, cuando envío al Diario Montañés una tribuna titulada “El Lábaro olvidado” y los responsables de la sección de opinión tienen a bien publicarla dos semanas después, el domingo 30 de Enero. En ese escrito respondía a una tribuna anterior firmada por Aurelio González de Riancho (“Sobre el lábaro y las estelas”) y aportaba algunos datos, creo que interesantes y muy poco o nada conocidos, al debate sobre el rigor histórico y la propia historia de la bandera y el símbolo, desde el siglo XVII hasta nuestros días. Quien quiera leerlo puede hacerlo en este enlace, ya que fue publicado en el digital del DM tiempo después, manteniendo la errata de la edición impresa (“Saboy” en lugar de Saboya) y añadiendo otra, cosecha del periodista (el párrafo “Por tanto, el arraigo del Lábaro…. un rigor histórico ausente” metido con calzador donde no le corresponde). 


Y es gracias a esa tribuna, cuya existencia ignora (u oculta, porque cuesta creer que los expurgadores de la prensa cántabra a quienes menciona en los agradecimientos sean tan torpes vaciando periódicos, aunque todo es posible) García Sánchez, que Roberto Ontañón (persona poco sospechosa de “regionalismo” y autor, por cierto, del título de la charla), se puso en contacto conmigo para lo del MUPAC. Acto al que también invitó a Eduardo Peralta, como experto en las estelas discoideas gigantes, la Edad del Hierro en Cantabria y el ejército romano; y a Aurelio González de Riancho, en calidad de representante del Centro de Estudios Montañeses y como estudioso de las estelas cántabras y cuya posición, contraria al reconocimiento oficial, había manifestado, como ya dije, en la prensa con anterioridad (éste último excusó su ausencia por motivos de agenda y no participó). Llegados a este punto, cualquiera que se haya tomado la molestia de leer mi tribuna (o que la leyera en su momento) sabe de sobra qué es lo que se decía en ella acerca del “rigor histórico” del Lábaro actual. Y por eso me resulta aún más indignante leer a García Sánchez, no ya obviar ese pequeño asuntillo ni convertir torticeramente la pregunta del título (“¿Un símbolo para Cantabria?”) en una afirmación, eliminando las interrogaciones, sino hacer juicios de valor acerca de lo expuesto en un acto al que ni siquiera asistió y del que lo desconoce casi todo. 

Resumiendo mucho lo dicho allí, Eduardo Peralta se centró en mostrar cómo no existe ninguna relación entre el Cantabrum y el Labarum romanos, ni entre sí ni con los motivos astrales de las estelas gigantes (más o menos lo que hizo en esta entrada del blog), y en hacer una exposición (si no magistral, poco le faltó) sobre las unidades de auxiliares cántabros en los ejércitos de Roma. Y yo, por mi parte, en insistir en que el Lábaro actual no tiene rigor histórico (algo que llevo diciendo desde hace unos 15 años, cuando todavía no sabía ni la mitad de lo que sé hoy) pero sí una historia fascinante detrás que he ido descubriendo (sólo y en compañía de otros) de poco para acá y que arranca en el siglo XVII y llega hasta hoy mismo. Y en contar cómo y por qué surge el primer “Lábaro Cántabro”, cuál es su imagen, cómo se hace oficial en banderas y escudos militares de los siglos XVIII y XIX, cómo se olvida y por qué renace de la mano de Montes de Neira a mediados de los 70 del siglo XX. Y cómo pierde la batalla por ser la bandera de Cantabria frente a una rojiblanca cuya historia (más o menos) oficial sigue trufada de mitos carentes del más mínimo rigor (histórico e incluso cromático). Vamos, muy lejos ambos, Peralta y yo, de esa imagen de justificadores de inventos con finalidades políticas que García Sánchez da de nosotros en su escrito. En el coloquio posterior (donde hubo de todo, por cierto), ambos manifestamos nuestra opinión sobre el reconocimiento oficial del símbolo: yo a favor y él indiferente, aunque dejando más que claro los dos que con su verdadera historia por delante y lejos de los mitos e inventos legendarios que le acompañaron en su “renacimiento”. Como, por otra parte, siempre he defendido.

Eduardo Peralta y quien suscribe, en el MUPAC el 12 de Febrero

Volviendo a la tribuna, tengo que decir que también está en el origen de la entrevista en el Diario Montañés, la misma a una de cuyas respuestas replica sañudamente García Sánchez. A mí no me entrevistan porque pase por allí ni porque le caiga en gracia a ningún redactor. Lo hacen porque, tras leer mi escrito, consideran, con mejor o peor criterio, que tengo una opinión formada y documentada sobre el asunto del Lábaro. La entrevista completa puede leerse en la siguiente imagen. Y también puede comprobarse al hacerlo cómo insisto una vez más en el tema del (no) rigor histórico, algo que, de conocer sólo lo extractado por el autor del artículo que estoy comentando, tampoco se sabría. 




Sobre las opiniones de García Sánchez acerca de las mías y sobre el tema de fondo no diré mucho más, aparte de lo que ya comenté al principio. La verdad es que me dan bastante igual porque, como decía Clint Eastwood en aquella película, éstas son como los agujeros del culo: todo el mundo tiene una. Me parece estupendo, aunque no acabe de entenderlo, que a él le parezca mal el reconocimiento oficial por parte de los representantes electos de los cántabros y en sede parlamentaria, al tiempo que dice que no se muestra contrario a que suceda algún día, pues es innegable la aceptación del Lábaro en la sociedad cántabra actual (no sé, imagino que habrá que preguntarle cuándo se tenía que haber hecho, en su opinión, ya que no nos lo aclara). Que opine lo que le venga en gana, faltaría más, pero siempre desde el rigor y la honestidad intelectual, con todas las cartas boca arriba y sin hurtar a los lectores partes importantes de esta historia y del papel que hemos jugado en ella los demás (si es que hemos jugado alguno, que ése es otro cantar).

De vuelta a lo general, hay que decir que adornan al texto otros pequeños ejercicios de algo muy parecido a la manipulación en los que tampoco me voy a detener, más allá de señalar (por ridículo, para quien conozca el paño) el peor de todos: su intento de convertir la anécdota (el cartel del Día Nacional de Cantabria impulsado por un conjunto de agrupaciones políticas y sociales minoritarias) en categoría (la forma de entender Cantabria, sus símbolos y a “los otros” por parte de esa amalgama de gentes y grupos que García Sánchez etiqueta, tirando de trazo gordo, como “regionalismo” cántabro). Estoy seguro de que a los autores de aquel cartel (que García Sánchez mutila hábilmente en su trabajo, eliminando el tercio inferior para que no se vea quién organizaba el acto en realidad) les hubiera encantado tener el protagonismo y el peso social que él les atribuye, aunque la realidad, por desgracia para ellos, es otra. 


Cartel íntegro del "Día Nacional de Cantabria" de 2009. En la parte inferior, las organizaciones convocantes (sacado de aquí)

Sin embargo, esto que aquí es sabido por todos no necesariamente tiene que serlo en Madrid, en Alicante o en Huelva, por citar al tuntún varias zonas donde puede leerse su artículo. Y con eso juega, vendiendo una imagen falsa de la situación y dotando a ese “regionalismo” en el que todo cabe (en su discurso, que no en la realidad y para muestra los propios grupos del cartel, que no son precisamente “regionalistas”) de unas características que nada tienen que ver con las reales. Porque si García Sánchez se hubiese tomado la molestia de investigar cuáles son los referentes históricos del regionalismo cántabro en lugar de tirar de prejuicio y de tratar de encajar a martillazos en sus marcos teóricos de referencia (Bourdieu, Hobsbawm o quien se tercie) una realidad cántabra que se ve que no conoce demasiado bien, habría visto que estos no tienen nada que ver ni con la Edad del Hierro, ni con los Cántabros de la Antigüedad ni con la conquista romana. Ni siquiera con las estelas discoideas gigantes de los valles de Buelna y Toranzo, más allá de lo meramente decorativo (y no siempre, como hemos visto con el tema del Lábaro y la bandera rojiblanca). El partido que representa en exclusiva a ese regionalismo, el PRC, prefiere otras imágenes históricas, reales o ficticias, para construir su ideario y definir su relación con el resto de España. Siguiendo su obra de cabecera, el “Cantabria, raíz de España” de Pereda de la Reguera, sus intereses pasan por reivindicar Cantabria como el origen de lo español en todas sus vertientes: política, con Pelayo y la monarquía; lingüística, con el origen del Castellano en Valderredible; e incluso humana, con los Foramontanos y la repoblación. Todo el mundo que conozca el blog sabe lo que pensamos por aquí de todos ellos, así que no insistiré. El propio García Sánchez esbozó una crítica a la segunda en su trabajo de 2009, aunque, leyendo lo que ha publicado este año, no parece que le haya dado la importancia que realmente tiene ni que haya sabido interpretar correctamente su papel en el imaginario del PRC.

Finalmente, un pequeño apunte relacionado con lo estrictamente formal, aunque con implicaciones que van ciertamente más allá. Que, de las cuatro veces que se menciona a Hobsbawm, su apellido aparezca mal escrito tres ("Hobsbwan" ¡al pie de la cita que abre el texto! y "Hobsbawn" dos veces, en la p. 116 y en la bibliografía) dice mucho del interés que se ha puesto tanto en la redacción del artículo como en su corrección, máxime cuando se trata de un autor con un peso importante en las tesis de García Sánchez. Hay más erratas (“Vexilium” por Vexillum, “Luis Wiñas” por Luis Walias, “hidria” por hidra, "González de Echegaray" por González Echegaray…), pero lo dejaremos aquí y así. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Termino, como no podía ser de otra manera, acordándome de la publicación que le ha dado cabida entre sus páginas. Una revista digital (ArqueoWeb) que se jacta de ser la más antigua de España en su segmento pero que deja mucho que desear en cuanto a sus criterios a la hora de aceptar originales, aunque sean para su sección de opinión, como demuestra claramente el caso que nos ocupa (va a ser cierto aquello que me dijo un colega hace tiempo: que era el lugar en el que salían los trabajos que eran rechazados en otros más serios de la misma casa). Creo sinceramente que necesitan replanteárselo, salvo que participen con alegría en esa investigación/publicación entre amiguetes (y por y para amiguetes) que tanto se estila en determinados ámbitos académicos hispánicos, que todo es posible. Y también purgar a unos revisores y/o correctores (que digo yo que los tengan) cuyo trabajo no es que no sea correcto. Es que es sencillamente impresentable, como también hemos comprobado.

Y aquí lo dejo. Espero no haber sido demasiado naíf.

22 dic. 2016

Felices Fiestas



Os deseamos a todos unas Felices Fiestas y que el próximo año
 reparta igual o mejor fortuna que el que termina. 

Gracias por visitarnos y leernos un año más.

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José Ángel y Enrique
Proyecto Mauranus

15 dic. 2016

And the winner is...

... ¡Enrique Gutiérrez Cuenca!

Sí, amigos del blog, la otra pata del Proyecto Mauranus ha resultado ganadora del que, si no estoy equivocado, es el galardón más importante de investigación histórica en Cantabria: el Premio de Historia Regional "Manuel Teira", concedido por el Ayuntamiento de Torrelavega. Su trabajo "En tierra consagrada. Génesis y evolución del cementerio medieval en Cantabria", una adaptación de su tesis doctoral, ha merecido (como no podía ser de otra manera, añado yo) la máxima consideración del jurado de un certamen que se convoca cada dos años. 


En su momento dije que su investigación sobre las necrópolis medievales cántabras iba a marcar un antes y un después en los estudios sobre esa etapa de nuestra historia y no me equivoqué. Aunque estoy convencido de que no va a ser la última sorpresa agradable que nos va a dar, ahora lo que toca es celebrar ésta. Y felicitarle por un premio más que merecido y que recompensa un enorme (y magnífico) trabajo. ¡¡Enhorabuena!! A seguir así. Y a ver qué te pagas...


7 dic. 2016

¿Novedades? bibliográficas

Corría la ya lejana primavera del 2013 cuando dábamos las últimas pinceladas a un par de artículos sobre las primeras andanzas del Proyecto Mauranus para el volumen Actuaciones Arqueológicas en Cantabria 2004-2011. Ha pasado algún tiempo, sí. Tanto que yo por aquel entonces era un hombre (in)felizmente soltero y mi colega de aventuras arqueológicas aún dedicaba toda su atención paterno-filial a su primogénita.

En el verano de 2014 corregimos las pruebas de imprenta y desde entonces pasaron más de dos años sin demasiadas noticias sobre la fecha de publicación de tan esperada obra. Aconteció incluso un cambio de gobierno autonómico por el camino y temimos durante un tiempo que el libro —aparentemente ya acabado a la altura del otoño de 2014— nunca saliese del cajón donde estaba guardado. Pero, contra todo pronóstico, acabó viendo la luz y con agradable sorpresa. El volumen anterior, el que estaba dedicado a las actuaciones arqueológicas de gestión de 2004 a 2011, era una publicación únicamente digital que no estaba disponible en ningún repositorio y circulaba de manera casi «clandestina» entre arqueólogos y aficionados a la materia. Sin embargo Actuaciones Arqueológicas en Cantabria 2004-2011 se ha editado a la antigua usanza, en papel. Vamos, como un auténtico libro.

Portada del libro Actuaciones Arqueológicas en Cantabria 2004-2011

El primer artículo lleva por título «Proyecto Mauranus 2010. Toma de muestras de materiales arqueológicos» y está dedicado a la campaña de trabajo de campo que permitió realizar dataciones absolutas de restos humanos recogidos en diversas cuevas de Cantabria donde se presumía la existencia de depósitos sepulcrales de época visigoda. Los resultados ya habían sido dados a conocer con algo más de detalle en otro trabajo publicado en el número XVI-XVII de la revista Sautuola, de modo que poco aporta, pero ahí queda.

El segundo es «Proyecto Mauranus 2011. Intervención arqueológica en la cueva de Riocueva (Entrambasaguas)», donde se recoge un breve balance de la primera campaña de excavación realizada en la cueva que tantas satisfacciones nos ha proporcionado y nos sigue proporcionando. Lo mismo que en el caso anterior, mucho de que aparece en este trabajo ya ha sido a conocer antes por otras vías. De viva voz, en aquella primera conferencia más allá de los Pirineos que tanta ilusión nos hizo y en otra algo más doméstica, allá por 2012. Y más recientemente, mucho de lo que se cuenta en el artículo recién publicado aparece en el libro que recoge el ciclo Cantabria: nuevas evidencias arqueológicas, publicado por ADIC este verano.

Aunque estas «novedades» pueden sonar un poco a viejo, hay que mirar el lado positivo. Seguramente Actuaciones Arqueológicas en Cantabria 2004-2011 sea un libro difícil de encontrar, es probable que ni siquiera se comercialice, y de nuevo una distribución peer-to-peer será la única manera de hacerse con los artículos. Salvo para los lectores del blog, que aquí los tienen...




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«Proyecto Mauranus 2010. Toma de muestras de materiales arqueológicos»





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«Proyecto Mauranus 2011. Intervención arqueológica en la cueva de Riocueva (Entrambasaguas)»





14 nov. 2016

Cuentas pendientes

A veces, a la hora de redactar una entrada, surgen cosas que se tocan muy de refilón y que quedan a la espera de volver sobre ellas con más tiempo y dedicación. También a veces, esos temas se olvidan y nunca más se vuelve a saber de ellos. En mi caso y que recuerde ahora mismo, tengo varias de esas cuentas pendientes desde hace ya bastante tiempo, aunque ahora voy a centrarme en dos. La primera y más antigua, localizar la publicación original de la moneda presuntamente visigoda y también presuntamente acuñada en Amaya. La segunda, con poco más de un año de retraso, encontrar una mención a un lugar llamado "Foramontanos" en la documentación medieval del monasterio de Oña, en Burgos. Una y otra vienen de sendas entradas sobre la propia moneda y sobre la "Ruta de los Foramontanos", respectivamente, donde quedaron como flecos pendientes de rematar. Así que, ante la posibilidad de que el blog desaparezca con ambas deudas sin saldar y que, por ello, no pueda descansar en paz en su más allá cibernético y vuelva en forma de página revenant a atormentar a los miembros del Proyecto, he decidido hacer una pequeña entrada con las dos. Es cierto que ambos temas no tienen nada que ver el uno con el otro y no pegan demasiado, pero ninguno de ellos da para gran cosa por separado, así que creo que ésta es la mejor opción.

Empezando por riguroso orden de antigüedad, he de decir, en primer lugar, que encontré esa publicación original que me comprometí a buscar para ampliar la información sobre la moneda de marras. En realidad la encontré a medias, ya que la parte más importante del trabajo la hizo mi amiga Araceli González Vázquez, que fue la que localizó el libro y me pasó la información. Lo cierto es que la ídem que proporciona no es mucha y apenas añade nada a lo que ya sabíamos por el trabajo de Ruth Pliego (porque ésta lo había usado como fuente para este particular, obviamente). Aportes mínimos que serían los siguientes: que la moneda pertenece a una colección particular, que la lectura de la leyenda del anverso es +LEOVICLIVSDEI (y no +LEOVICLIVSDE:) y, eso sí, una bonita foto en color de la pieza que pongo a continuación en una versión de no demasiada calidad debida a nuestras limitaciones técnicas.



Moneda de ¿Amaya? (Tomada de Vico et alii, 2006)

Por tanto, seguimos sin saber dónde y cómo apareció, si tiene paralelos o cómo interpretan sus publicadores sus leyendas (incluyendo en ese apartado cómo y por qué leen ese AMIASIOS). Lamentablemente y pese al tiempo transcurrido, todo apunta a que habrá que esperar a nuevos hallazgos para poder salir de dudas, si es que eso ocurre alguna vez, claro.

En cuanto al segundo de los asuntos, la búsqueda también ha sido exitosa y he dado con el topónimo. Bueno, no exactamente. En realidad he encontrado la referencia al topónimo. Mejor dicho, he hallado la referencia a un topónimo que podría remitir (o no) a ése que buscaba. Resumiendo: aunque en la publicación cuya cita recogía en la entrada se da por hecho que el sitio se llama "Foramontanos", la forma con la que aparece recogido es "Fuera Montanos". Y lo hace en un documento, una carta de donación, del siglo XIII cuyo texto, que he sacado de este magnífico portal, es el siguiente:

"In Dei nomine. Coñoçuda cosa sea a todos cuantos esta carta vieren e oyeren cómo yo Elvira García, fija de Garcí López de Casares, de mi buena voluntat, sana e con salut e sin premia ninguna, vendo a vós don Pedro Pérez, por la gracia de Dios abat de Oña, e al conviento d´es mismo logar la meatat del palacio de Foz Crispe, con tod el heredamiento que a es palacio pertenece, assí cuemo me cayó en partición de mio padre Garcí López; e el solar en que morava Joán del Ortal e agora moran ý sos fijos en Foz Crispe, que fue de mio padre Garcí López; e el solar en que morava Domingo Yuañes e agora moran ý sos fijos en Foz Crispe; e en Casares el medio solar que tenién los fijos de don Miguel; e en Quintanilla de Tramasaguas las casas e la heredat, la meatad de cuanto Garcí López mio padre ý avía; e en Urria el solar que dizen de la Fuent, que fue de Garcí López; e una tierra en Fuera Montanos que fue de Garcí López mio padre; e en las eras e en Valmayor de Villas de Cibdat cuanto yo ý he e devo aver e a mí pertenece; e en Santa María de la Foz cuanto yo ý he e devo aver e a mí pertenece; e en Ressines cuanto yo ý he e devo aver e a mí pertenece. E otrossí vos vendo enteramientre todo cuanto yo he de la sierra de Piedralada fasta la mar, poblado e por poblar. Todos estos heredamientos sobredichos vos vendo con entradas e con exidas, con aguas, con pastos, con montes, con fuentes, con todo cuanto que ý he e devo aver e a mí pertenece. Todo esto vos vendo por cuatrocientos moravedís que me vós diestes, de los cuales só bien pagada. E d´esto vos dó por fiadores de redrar e de otorgar, assí como es fuero de tierra, a mí por siempre e a otre que demandar redrar como fuero mandare. Fiador: Lope García de Río Molino, e Lope García de Urria, Álvar García mio ermano e don Ferrando de Santa Cruz. E d´esto son concejo qui lo vieron e qui lo oyeron, de fijos d´algo: San de Velasco, fijo de Lope García de Río Molino; Martín Roíz de Campo; Roí Pérez de Bovada. De Medina: Ordón Pérez, alcalde del rey e adelantado en Castiella Vieja; Día Pérez; Joán García; Garcí Martínez; don Marín; Ferrando, fijo de Juan García; Ordón Pérez, nieto de Ordón Pérez, Pisapollos; Pedro Díaz de Sigüença. De Frías: don Belmont; don Sancho de Perella; Martín Juan, escrivano del rey; Pedro Juan de la Puente de Valdevielso de Arenas; Lope García, fi de Garcí Pérez de Villa Nueva del Cuende; Juan Pérez de Criales; Martín Pérez de Criales de la Ratia; Domingo Gallego de Pecesorios. De Cubillos: don Marcos e Domingo Yuañes. Facta carta in mense iunii, era MªCCCªIIIª. El rey don Alfonso regnando con su mugier doña Yolant en Castiella, en León, en Toledo, en Gallizia, en Córdova, en Sevilia, en Jaén, en Murcia e en el Algarve."

[Corpus Histórico del Español Norteño (CORHEN) [en línea], María Jesús Torrens Álvarez (dir. y ed.), Madrid, 2016]

La donación, como no podía ser de otra manera, se hace al monasterio de Oña, en Burgos. Y todos los topónimos que aparecen mencionados y que he podido identificar se localizan en Las Merindades, concretamente al norte de la sierra La Tesla, en el territorio situado al sur de Medina de Pomar y en el de la merindad de Cuesta Urria. 

Detalle del mapa de Tomás López y Vargas de 1774 del Bastón de Laredo y otras jurisdicciones aledañas

Y es por ello que, aunque no he encontrado ninguna otra referencia a ese Fuera Montanos ni he conseguido ubicarlo en el mapa (lo único remotamente parecido que he conseguido ver ha sido un Montán, muy cerca de San Cristóbal de Almendres, aunque me parece poco probable que tengan relación), todo parece indicar que se trata de un topónimo de la zona y no uno de los varios Foramontanos-Faramontanos-Framontanos-etc de la zona noroccidental de la Península de los que hablé con cierto detalle en la entrada de la que esta segunda mitad de ésta que ahora nos ocupa es hija. Y aunque la existencia de este topónimo no altera lo dicho en la entrada original sobre la "Ruta de los Foramontanos" (los Anales Castellanos dicen lo que dicen y la etimología de Mazcuerras es la que es) sí que es un aporte muy interesante para el tema de los topónimos que acabo de mencionar, ya que añade un punto más a un mapa en el que todos los demás se concentran en la zona del sur de Galicia, Norte de Portugal, Zamora y Salamanca. Siempre que, como parece, este Fuera Montanos remita a un Foramontanos original, claro. 

10 sept. 2016

El largo y cálido verano

Han pasado más de tres meses desde la última entrada en el blog. Sin duda, algunos de los lectores habituales habrán pensado que se acabó, que hasta aquí habíamos llegado. No es exactamente así, pero lo cierto es que este largo y cálido verano marca un punto de inflexión en la historia de esta aventura en Internet. Aún no va a desaparecer (aunque ese momento, obviamente, cada vez está más cerca) pero sí va a haber cambios importantes. Bueno, un cambio importante: menos entradas y más espaciadas en el tiempo. Nuestras ajetreadas vidas laborales, familiares e investigadoras (en lo sentimental, por el contrario, somos gente bastante aburrida) y los varios compromisos editoriales y académicos que arrastramos nos obligan a ello. Y además, las redes sociales nos permiten dar salida a determinadas noticias sin que pasen por aquí. Oh tempora, oh mores y tal.


Durante todo este tiempo hemos hecho un montón de cosas. Y algunas de ellas incluso se pueden contar. Hemos estado (y seguimos) enfrascados en dos actuaciones arqueológicas relacionadas con dos ya más que probables escenarios de las Guerras Cántabras. En ellas, dirigidas por el propio Enrique y por Eduardo Peralta, respectivamente, no participamos como Proyecto Mauranus, sino como AGGER (junto a Rafa Bolado, como toca). Aún es pronto para avanzar resultados, pero sí podemos contar que en ambos casos hemos confirmado las atribuciones cronológicas y funcionales que habíamos planteado en el momento de su descubrimiento. Y que los dos sitios se van a hacer un hueco, ya veremos cómo de importante (aunque parece que bastante), en el panorama arqueológico cántabro. 


Y además, de regalo, estamos documentando el escenario de uno de los últimos combates de la Batalla de Santander, librado entre tropas del CTV italiano y fuerzas de las divisiones 53, 55 o 48 del Ejército del Norte Republicano el 23 o el 24 de Agosto de 1937.


También hemos ido terminando algunos artículos (mea culpa por los retrasos, mea y sólo mea) y tenemos otros a punto de acabar, unos en colaboración con otros investigadores, otros sólo nuestros. En ellos tratamos temas variopintos, aunque no del todo nuevos para nosotros: guarniciones de cinturón de los siglos IX-X, los carbones de Riocueva, las fortificaciones de la Guerra Civil en la zona atlántica de Cantabria, ganchos de huso de época visigoda… Especialmente gratificante ha sido la redacción de uno en concreto, destinado al número XX de la revista de arqueología Sautuola y acerca de las aportaciones de nuestro proyecto a la arqueología altomedieval de Cantabria (y más allá). Y a todo ellos hay que sumar alguna que otra corrección de pruebas de imprenta de trabajos que están a punto de salir. E incluso una participación, con un trabajo sobre las excavaciones en Riocueva, en un libro editado por ADIC.


No acaba ahí la cosa académica, pues, junto al ya mencionado Rafael Bolado y en colaboración con la federación Acanto, estamos preparando la edición de un libro homenaje a nuestro querido Alberto Gómez Castanedo, fallecido el verano pasado (y cuya ausencia me sigue pesando como una losa, a pesar del tiempo transcurrido). Se trata de un volumen que recogerá artículos, relacionados con el mundo de la historia, la arqueología y la antropología, de un buen número de investigadores y amigos de Berto y que verá la luz, si todo va como tiene que ir, el año que viene. Por si todo ello si fuera poco, también estamos preparando un par de libros. Y yo pretendo redactar mi tesis un mes de éstos o de aquéllos.

Es posible que algunas de estas cosas (y otras que me callo) originen algunas entradas en el blog en los meses venideros. También que las haya de asuntos que nada tienen que ver con todo esto y que vayan surgiendo. O no. En cualquier caso, nosotros seguimos. A otro ritmo, pero seguimos.

7 jun. 2016

De congreso

Tal y como anunciamos días atrás, el Proyecto Mauranus ha estado presente en el Congreso Internacional de Cerámicas Altomedievales en Hispania y su entorno (s. V-VIII d. C.) celebrado en Zamora los días 1, 2 y 3 de junio de 2016. Estamos en plena temporada de presentación de resultados, en abril le tocó el turno a los carbones y las maderas de Riocueva y ahora llegaba el turno de la cerámica. Aunque para los lectores de este blog la cueva es ya un viejo conocido, la verdad es que el pertinaz retraso que sufren con frecuencia las publicaciones especializadas en el ámbito de la Arqueología o el embargo al que están sometidos sus contenidos provocan que los datos sobre Riocueva vayan llegando con cuentagotas a la comunidad científica. Por eso y porque Zamora está relativamente cerca y allí iban a estar muchos especialistas en Tardoantigüedad y Alta Edad Media, no podíamos dejar pasar la ocasión para dar a conocer los resultados de nuestras investigaciones. Además, ha sido la «puesta de largo» como colaboradora-firmante del Proyecto de Helena Paredes, quien además pudo hacer un hueco en su agenda para venir a Zamora.

Recién llegado a la sede del Congreso
Madrugón y 345 km de coche para llegar a la segunda jornada del congreso que se celebraba en las magníficas instalaciones del Campus de Zamora de la Universidad de Salamanca, la única de las tres a la que podíamos asistir. Nos perdimos las dos primeras comunicaciones programadas, pero llegamos a tiempo para escuchar a Raquel Martínez Peñín hablando sobre los conjuntos cerámicas de Braga y para asistir al debate de la sesión dedicada a Lusitania. Durante el descanso tuve oportunidad de charlar un rato con Claude Raynaud, uno de los arqueólogos que participado en la publicación, hace no mucho, de la fase altomedieval de Ruscino (Francia). Este enclave es uno de los mayor volumen de datos aporta sobre los últimos tiempos del reino visigodo en la Septimania y su registro material tiene algunos puntos en común con algunos yacimientos de Cantabria y su entorno. Aproveché para explicarle a grandes rasgos lo que estábamos encontrando en las cuevas de la región para compensar que no pudo quedarse a la sesión vespertina en la que estaba programada la comunicación sobre Riocueva. La sesión de la mañana se cerró con una síntesis sobre la Terra Sigillata Tardía Meridional expuesta por Margarita Orfila Pons (UGRA), otra sobre las cerámicas de los siglos VI-IX en la Francia mediterránea y una interesante comunicación sobre un taller de cerámica bizantina documentado en el monasterio de Qubbet El-Hawa en Asuán (Egipto) por Vicente Barba Colmenero (UJA). Con esta última exposición quedamos bastante impresionados, no sólo por la calidad de los materiales, tipos y decoraciones completamente extraños a quienes estamos más acostumbrados a la monótona cerámica norteña de época visigoda, sino también por un detalle bastante curioso: a falta de madera en los alrededores, los monjes alfareros habían alimentado sus hornos con momias, sarcófagos y demás materiales inflamables de época faraónica que sacaban de las tumbas sobre las que asentaron su monasterio.

Intervención de Claude Raynaud en el congreso (Foto: Zamora Protohistórica)
Aprovechamos bien el prolongado descanso para comer: cervecita, comida de trámite en el comedor universitario y visita rápida a Zamora. Un paseo desde el campus hasta la Catedral para ver su extraordinaria cúpula gallonada y varia iglesias románicas en el camino de ida y vuelta. Lo justo para distraerse antes del momento de nuestra participación. Hacía siete años que no pisaba Zamora y algunas cosas no las recordaba, así que ha servido de refresco de memoria, que siempre se agradece.
La catedral de Zamora, una joya del románico
La tarde estaba dedicada íntegramente a la sesión Cerámicas altomedievales en la Gallaecia y Norte de la Península Ibérica, en la que se integraba nuestra comunicación. Comenzó con una síntesis sobre la cerámica altomedieval en el noroeste peninsular presentada por José Avelino Gutiérrez (UO), con una exposición detallada y bien estructurada a modo de estado de la cuestión que derivó en una reflexión metodológica algo puntillosa y un tanto prescindible, que excedió innecesariamente el tiempo de su intervención. Lo curioso es que, hasta donde habíamos podido ver, todo el mundo había sido muy respetuoso con los tiempos asignados. Sobre todo porque eran algo superiores a los que se había establecido en las primeras circulares del congreso, cosa que es de agradecer. La sensación de que José Avelino no iba a terminar nunca se acrecentaba por un detalle: justo después le tocaba el turno a Riocueva. Con más de 15 minutos de retraso sobre el horario previsto me tocó subir a presentar «Ollas para los muertos. Cerámica de los siglos VII-VIII de la cueva de Riocueva (Cantabria)». Una descripción del yacimiento, una breve caracterización del contexto sepulcral, una descripción de los materiales cerámicos, unas conclusiones poniendo en relación la cerámica de Riocueva con la de otras cuevas de época visigoda de Cantabria y una reflexión final sobre la presencia de ollas de cocina, pero no de cerámica de mesa, en los contextos sepulcrales. En 20 minutos no se puede contar muchos más.
La portada de la presentación que acompañó a la comunicación
Fardando de los hallazgos Riocueva 
La cerámica fue la principal protagonista de la comunicación
Terminada nuestra intervención, tomó el relevo Francesca Grassi (UPV) para hablar sobre el valor de indicador social y político de los conjuntos de cerámica altomedieval de la Llanada Alavesa. Como no íbamos a poder quedarnos al debate de la sesión, programado para las 19:10, y Francesca Grassi tampoco, se abrió un turno de preguntas express que nadie quiso aprovechar. Será que Riocueva y su cerámica fueron tan magníficamente presentadas en nuestra comunicación que no quedaba lugar para las dudas... O que no le interesó a ninguno de los presentes, que también podría ser, pero no lo creo. O que estaban deseando que llegase el descanso que comenzaba ya. De hecho, al levantarse provisionalmente la sesión, se acercaron a saludarme y a plantearme dudas y sugerencias Alfonso Vigil-Escalera Guirado y Fernando Pérez Rodríguez-Aragón. Debe ser cosa de la exposición al público que había olvidado porque hacía mucho que no me dejaba caer por un congreso: hasta que no intervienes, no existes... o no te identifican. De hecho, con el primero quizá había coincidido alguna vez, pero al segundo no lo conocía en persona. Me quedé con las ganas de haber charlado con ambos más tiempo, pero había que regresar a tierras cántabras y son casi cuatro horas de coche. Apurando más allá del límite, todavía nos quedamos para escuchar la comunicación dedicada a los nuevos hallazgos de cerámica de los siglos VI-VII en Pamplona y para despedirnos de Juan Palomo, divulgador del patrimonio arqueológico de Los Pedroches a quien tampoco teníamos el placer de conocer en persona. En resumen, una incursión breve pero provechosa en el Congreso Internacional de Cerámicas Altomedievales en Hispania y su entorno (s. V-VIII d. C.) que nos dejó con ganas de más. Y, por supuesto, no nos podemos olvidar de la organización ¡buen trabajo! Pronto nos pondremos a trabajar en el texto de la comunicación para las actas y a esperar que se publiquen para poder repasar lo que nos hemos perdido por no haber podido dedicar más que unas horas a tan interesante cita.


16 may. 2016

Novedades cruciformes

A finales de 2013 presentábamos aquí nuestro trabajo de síntesis sobre los broches cruciformes de época visigoda conocidos hasta esa fecha en la península Ibérica. El propio carácter «accidental» de cómo llegó a nuestro conocimiento la existencia de algunos de ellos nos hacía sospechar que el listado recogido no tardaría en ampliarse. Pienso, sobre todo, en la colección del Museo Municipal de Villamartín (Cádiz), que conocimos gracias a una publicación en el muro de Facebook de una antigua compañera de Helena Paredes ¡las cosas que tienen las redes sociales! En cualquier caso, Gisela Ripoll nos animó a elaborar entonces una tipo-cronología con los materiales disponibles. De momento no hemos visto utilizadas todavía las denominaciones propuestas, por lo que aprovechamos esta addenda para estrenar la nomenclatura.

La tipología Gutiérrez-Hierro (2013) de broches cruciformes hispano-visigodos
El primero de los broches cruciformes que no habíamos recogido en nuestro trabajo de 2013 al que nos referiremos es un ejemplar conservado en el Museo Arqueológico Nacional que no había sido incorporado a la versión pública del catálogo Domus cuando lo revisamos en su momento. Se trata de una pieza de procedencia desconocida ingresada en 2005 a través de una donación efectuada por Manuel Casamar Pérez que consta en el catálogo con la referencia 2005/136/2. Por lo que respecta a su tipología, sus «parientes cercanos» entre las producciones hispanas son los de tipo Gutiérrez-Hierro CH1c procedentes de Cártama (Málaga) y Carteia (Cádiz), sobre todo por la hebilla de forma cuadrangular con apéndices circulares, aunque el nuevo broche del MAN presenta algunas características particulares que lo entroncan con el tipo E4 de Schulze-Dörrlamm fechados en el siglo VIII. El modelo bizantino, sin embargo, es articulado, con la hebilla y la placa unidas mediante una bisagra y no de placa rígida como el hispano. Además, el broche del MAN ha perdido algunas características de su referente oriental: el elemento decorativo del extremo distal no está perforado y carece del remate circular. Todas estas características invitan a pensar que se se trata de una versión local y no de una importación, un ejemplar genuinamente hispano que adapta un modelo bizantino. No obstante, la ausencia de contexto dificulta la contrastación de esta hipótesis. 

Broche cruciforme de procedencia desconocida MAN 2005/136/2 (Foto: MAN)
Broches bizantinos del tipo Schulze-Dörrlamm E4 (Schulze-Dörrlamm, 2009)
Cruciformes de Cártama y Carteia (Gutiérrez y Hierro, 2013)
El segundo broche sobre el que nos vamos a detener es quizá el menos cruciforme de todos los que se tratan aquí. Se trata de un pequeño broche de placa rígida que procede de la necrópolis de Tossal de les Basses (Alicante), concretamente de la tumba 2168. Lo recoge Pablo Rosser Limiñana en su tesis dedicada al estudio de Alicante entre la Antigüedad Tardía y la primera ocupación islámica, defendida en la Universidad de Alicante en 2013. Considera que es una variante de los broches cruciformes bizantinos del tipo Schulze-Dörrlamm D22, un tipo únicamente representado en territorio peninsular por un ejemplar procedente de Cunas de los Moros (Ávila). El paralelo más cercano lo encontramos en un ejemplar del norte de África, procedente probablemente de Cartago, catalogado por Cristoph Eger. Este investigador resalta la rareza del tipo en cuestión y sólo encuentra un broche similar en la necrópolis franco-oriental de Kruft (Alemania) sobre el que ya se había supuesto un origen mediterráneo. No encuentra ninguna relación entre el broche de Cartago y los cruciformes bizantinos, de modo que también se debería descartar para el caso de Tossal de les Basses. Tiene poco que ver también con las variantes de cruciformes hispanos, de manera que se queda encuadrado como tipo Eger 20 y es probable su filiación norteafricanaEn la misma necrópolis de Tossal aparece algún broche tipo Balgota, un modelo típicamente bizantino muy presente en el Mediterráneo central y también en el Norte de África.

Broche de Tossal de les Basses (Rosser, 2013)
Broche de Cartago (Eger, 2010)
La tercera novedad digna de mención la encontramos más allá de los Pirineos, en un artículo publicado en 2014 por Katalin Escher dedicados a los broches de cinturón bizantinos y «emparentados» hallados en Francia. La mayor parte de los ejemplares cruciformes o similares que describe en su trabajo son de tipo bizantino, pero hay al menos dos que tienen características comunes con ejemplares de la península Ibérica. Se trata de ejemplares descontextualizados, en ambos casos, uno posiblemente procedente del antiguo monasterio de Charenton-du-Cher (Cher) y otro del departamento del Gard.

Broches cruciformes de Francia estudiados por Katalin Escher (Escher, 2014)
El broche atribuido a Charenton-du-Cher tiene similitudes con el tipo Gutiérrez-Hierro CH1b, definido en la península Ibérica a partir de un ejemplar de MAN de procedencia desconocida. En el caso del ejemplar del MAN propusimos que se trataba de una variante hispana del tipo D25 de Schulze-Dörrlamm y lo mismo se puede proponer para el caso francés. Es bastante significativo que tanto en el broche del MAN como en el de Charenton-du-Cher —al menos es lo que parece a primera vista en este caso—se hayan hecho algunos cambios con respecto de los modelos bizantinos tendentes, en ambos casos, a simplificar la forma general. En el broche del MAN la cruz se ha simplificado en la zona más próxima a la hebilla, mientras que en el francés se ha suprimido la parte opuesta. A primera vista, lo más probable es que el broche de Charendon-du-Cher sea una adaptación local del modelo bizantino, quizá procedente de un taller hispano. Sin embargo, hay una característica del broche que deja dudas y abre la puerta a otra lectura tecno-tipológica: sólo tiene un apéndice perforado para fijar a la correa, aunque en las fotografías se aprecian posibles restos de otro aparentemente eliminado de forma intencional. Tanto los modelos bizantinos estudiados por Schulze-Dörrlamm como el del MAN estudiado por Isabel Arias y Feliciano Novoa tienen dos apéndices perforados para fijar al cinturón. ¿Puede estar modificado el broche de Charenton-du-Cher? No es extraño que se realicen este tipo de modificaciones, conocemos casos muy cercanos. Katalin Escher no hace referencia a esta posibilidad, pero la forma peculiar del extremo distal del broche podría ser consecuencia de una hábil reparación. Si a esto sumamos que la forma y las proporciones son prácticamente idénticas a las del ejemplar bizantino de referencia —procedente de Asia Menor—hasta tal punto que parecen casi salidos del mismo molde, estaríamos ante un ejemplar de origen oriental y no hispano.

Broches
Cruciformes de Charenton-du-Cher y Asia Menor (Escher, 2014) junto al del MAN (Gutiérrez y Hierro, 2013)
A modo de curiosidad pedantesca, quizá sólo de interés para quienes estén muy familiarizados con la historiografía regional, de Charenton-du-Cher procede un espectacular sarcófago decorado de mármol blanco custodiado en la actualidad en el mismo Museo de Berry (Bourgues) donde está el broche cruciforme conocido como sarcófago de Saint-Chalan. ¿Qué tiene que ver con Cantabria esa pieza que duerme en un museo a más de 900 km de distancia? Pues que Enrique Campuzano quiso ver en su decoración uno de los argumentos para sostener la cronología tardía —muy tardía, de época visigoda— de las estelas gigantes de Cantabria en su artículo «El mundo visigodo. Las primeras manifestaciones cristianas en Cantabria» publicado en la obra colectiva Regio Cantabrorum. La similitud formal es bastante evidente, pero probablemente sea una convergencia iconpgráfica y no es probable que exista una relación cultural y mucho menos cronológica entre este sarcófago del siglo VI-VII d. de C. y una estelas que se sitúan, según la mayor parte de los especialistas que las han estudiado, en torno al cambio de era (siglo I a. de C-siglo I d. de C).

Sarcófago llamado de Saint-Chalan, procedente de Charenton-du-Cher (Foto: Cégep de Sherbrooke)
Por lo que respecta al broche cruciforme del departamento del Gard, su parentesco con ejemplares específicamente hispanos y sin aparente relación con modelos bizantinos orientales resulta evidente. En este caso el broche francés, presenta características que lo relacionan con los tipos Gutiérrez-Hierro CH2c y CH2d, que engloba diversos broches de placa articulada. Katalin Escher relaciona el broche del Gard con algunos ejemplares hispanos clasificados en estos dos tipos y con modelos del Mediterráneo occidental. Podría ser también se procedencia peninsular, sobre todo por rasgos como su falta de decoración, algo poco frecuente en los cruciformes y que lo pone en relación con el broche de Tudején-Sancho Abarca (Navarra).

Broche del Gard  (Escher, 2014) con sus «parientes cercanos» de la Hispania visigoda (Gutiérrez y Hierro, 2013)
La ampliación del catálogo de cruciformes peninsulares con el ejemplar del MAN —el de Tossal de les Bases no debería incluirse en esta categoría— y los datos que aporta el repertorio francés sigue reforzando la idea de que cuando los diseños cruciformes empiezan a ser producidos en talleres occidentales la aparente estandarización formal que se aprecia en buena parte de los modelos bizantinos orientales se diluye. El llamado proceso de «regionalización» desemboca en diseños que poco o nada tienen que ver con sus referentes originales.

Por otra parte, los posibles vínculos del ejemplar del Gard con talleres hispanos aporta más argumentos a favor de la particularidad de la toréutica del sur de Francia en el conjunto del territorio. Dicho de forma rápida y sencilla, en los territorios al norte de los Pirineos controlados por el Reino Visigodo, esto es, en Septimania, los objetos de adorno personal tienen mucho que ver con «lo hispano-visigodo» y menos con «lo merovingio». De hecho, el trabajo de Katalin Escher dibuja una concentración de tipologías «bizantinas» hispano-visigodas en esta zona y una dispersión casi anecdótica de tipologías «bizantinas» orientales en el resto de Francia, cuestión que merece un análisis detenido. En ese espacio de influencia hispana tiene mucho sentido que aparezca un broche cruciforme muy similar a los de la península Ibérica y muy poco similar a los del resto del Mediterráneo.

Seguro que futuros hallazgos arqueológicos o nuevos estudios y revisiones de colecciones seguirán ampliando, en los próximos años, la nómina de este peculiar tipo de broche al que continuaremos siguiéndole la pista.