14 de dic. de 2014

Riocueva 2014, episodio 10: guiando guías

Más de dos semanas sin ir por la cueva nos empezaba a parecer demasiado tiempo y había que buscar alguna excusa. Aún tenemos pendiente una «despedida oficial» el próximo 19 de diciembre, que será el último día en el que excavemos en Riocueva por este año. Quizá algún día sea necesario acercarse a cribar, a recoger las bolsas de la flotación o cualquier cosa por el estilo, pero ya va tocando dejar tranquila a la cueva. ¿Y cuál ha sido la excusa para volver? Pues que algunas compañeras de profesión de Helena –y algunos compañeros, también– se han mostrado interesadas en conocer la cueva y los resultados de nuestras actuaciones arqueológicas... Al final han sido ocho personas las que se han animado a visitar la cueva este sábado, guías oficiales de turismo de Cantabria que esta vez han sido los que han recibido las explicaciones en lugar de darlas, y a mí ponerme en su papel y hacer de improvisado guía (no oficial).

Guías guiadas hacia el interior de la cueva
En algunos casos era su primera vez en una cueva «no adaptada para las visitas», por lo que el interés era doble. La verdad es que Riocueva es un buen lugar para dar un pequeño paseo subterráneo y, salvo el pequeño tramo en el que hay que reptar, es una cueva cómoda, fácil de transitar y que nunca defrauda a los visitantes. Helena ha acompañado al grupo desde el lugar donde habitualmente dejamos los vehículos hasta la boca de la cueva. Allí, antes de entrar, han recibido las primeras explicaciones sobre el lugar, sobre el proyecto, sobre nuestro trabajo, etc. y han surgido ya algunas preguntas, lo que ha ido incrementando la expectación y el interés por entrar a la cueva. Por arrastrarse para descubrir en primera persona lo que espera más allá del angosto laminador donde la penumbra deja paso a la más absoluta oscuridad, para transitar por el lugar que hace más de 1300 años alguien eligió para confinar los cuerpos de unos muertos de los que no se fiaba demasiado.

El grupo en la salita, contemplando las caprichosas formas del techo de la cueva
Creo que ha sido la visita guiada más extensa que he hecho en toda la campaña. Y han sido unas cuantas. Sabía que iba a ser la última y había que darlo todo... Ya lo hemos repetido hasta la saciedad, pero agradecemos mucho las visitas, nos produce una enorme satisfacción que la gente se interese por nuestro trabajo y, sobre todo en esta campaña, hemos insistido mucho en este asunto de la divulgación sobre el terreno. Una vez más, muchas gracias por visitarnos. A quienes estuvieron ayer y a todas las personas que se han acercado a conocer Riocueva desde 2011. El resultado de esta última visita ha sido muy satisfactorio, con público así es todo más fácil. Mucho interés, constantes interrupciones para hacer preguntas y una paciencia infinita con mis explicaciones, que a veces se alargan innecesariamente.

Todos contentos... La boca de la cueva no, que no sale en la foto
Pero no todo ha sido darle a la lengua... También ha habido algo de tiempo para el trabajo. Pablo me había dicho que necesitaba volver para terminar la toma de datos para la restitución fotogramétrica de la cueva y también nos acompañó ayer. Estuvo haciendo fotografías en la zona de la salita, aunque no pasó demasiado tiempo dentro de la cueva solo. Al parecer, le ha calado hondo el tema de los révenants después de vernos en Cuarto Milenio la semana pasada...

Pablo nunca había trabajado con tanta expectación...
Bromas aparte, en el rato que estuvimos esperando al grupo y durante el tiempo que estuvimos en la cueva, ha tenido tiempo para terminar con las fotografías que le quedaban pendientes. Estamos expectantes, en cuanto haya algo «visible» lo compartiremos. También hubo tiempo para cribar unas cuantas bolsas y para sacar de la cueva todas las que quedaban, con la ayuda inestimable de los visitantes. Siempre se agradece un poco de ayuda para las tareas más engorrosas. Todavía recordamos con cierto dolor en las articulaciones lo duro que se se hacía sacar tierra con una cadena humana de sólo tres eslabones...

3 de dic. de 2014

¡(Vaya) tela!

Uno de los hallazgos más interesantes que realizamos durante la campaña de excavación de 2011 en Riocueva fue un trozo de tela parcialmente carbonizada, con varios pliegues, que envolvía un paquete de semillas de panizo y al que bautizamos cariñosamente como el «saquito».

Tejido y semillas de panizo de Riocueva
Nos pareció desde el primer momento un hallazgo interesante y con mucho potencial, pero nuestra experiencia en el estudio de este tipo de materiales era nula. De modo que había que buscar a alguien que se hiciese cargo del asunto y, como tampoco conocíamos a muchos especialistas en la materia, lo más brillante que se nos ocurrió fue ponernos en contacto con Carmen Alfaro Giner, de la Universidad de Valencia. Esta investigadora es la principal autoridad patria en el estudio de tejidos antiguos y «one of the world’s leading experts on antique dyes and ancient textiles» (uni-weimar dixit). Quien esté familiarizado con la materia, conocerá su libro Tejido y cestería en la Península Ibérica: historia de su técnica e industrias desde la prehistoria hasta la romanización, una obra de referencia imprescindible, a pesar de haber pasado ya 30 años desde su publicación, y sabrá que es una de las principales investigadoras del proyecto internacional DressID. Nosotros conocíamos el libro, porque había sido de capital importancia en nuestro primer trabajo sobre «arqueología textil», y poco más... El 11 de julio de 2012 le escribimos un correo electrónico con una breve presentación del hallazgo y solicitando su colaboración para el estudio del tejido. Cinco días más tarde respondió manifestando su interés y, aunque ya nos avisó de que tenía una agenda bastante apretada, consiguió encontrar algo de tiempo para trabajar personalmente en el asunto (¡gracias, Carmen!). Fruto de esa colaboración y del trabajo conjunto sobre el «saquito» de Riocueva, se ha publicado recientemente una contribución en el volumen Purpureae Vestes IV, que recoge los trabajos presentados al congreso PV IV. Production and Trade of Textiles and Dyes in the Roman Empire and Neighbouring Regions (Valencia, 11/2010), y algunas «publicaciones invitadas», como la nuestra.

Riocueva en portada del PV... un detallazo
La política editorial de esta publicación, que forma parte de una serie monográfica dedicada al estudio de tejidos y tintes del Imperio Romano inaugurada en 2004, no autoriza la difusión pública de los artículos en internet hasta dentro de un año. El que esté muy interesado en leer los trabajos contenidos en este volumen, pronto podrá adquirirlo en el servicio de publicaciones de la Universidad de Valencia, en alguna librería especializada o consultarlo en alguna biblioteca que lo tenga. Y si alguien quiere echarle un ojo al artículo de Riocueva, le podemos proporcionar una separata. Basta con pedirla...

Para el que no pueda esperar o le de pereza leerse nueve páginas, presentamos aquí un breve avance del trabajo publicado. El estudio realizado por Carmen Alfaro ha permitido caracterizar los aspectos básicos del trozo de tela: el tipo de fibra empleada, el modo en que se ha hilado la fibra y el modo en el que se ha tejido el hilo el el telar. En la definición de los dos primeros aspectos han sido de mucha utilidad las imágenes obtenidas mediante MEB, mientras que para el estudio del tejido se ha empleado un microscopio de lupa bionocular, todas ellas herramientas habituales en el estudio de los textiles antiguos.

Imágenes de MEB del tejido y el hilo tomadas en el LADICIM de la UC
La fibra empleada es de origen vegetal, y lo más probable es que se trate de lino (Linum usitatissimum), una planta herbácea de cuyo cultivo tenemos constancia en la Cantabria de época visigoda. Han aparecido semillas de lino en la cueva de Las Penas y también en Riocueva, según el avance del estudio arqueobotánico que está realizando Inés López López-Dóriga. Hay que destacar que se trata de materia prima de excelente calidad. El hilado de la fibra se ha realizado mediante torsión en s. Aparecen dos tipos de hilo, uno poco torsionado y otro con ángulo de torsión maor, hasta 49º. En cuanto al grosor, una de las series llega hasta los 0,4 mm de grosor y la otra a los 0,2 mm, aunque en un primer vistazo ambas series parecen del mismo grosor. Estas diferencias a veces se emplean buscando un cierto efecto visual en el tejido resultante. La estructura del tejido es un entramado simple en damero, tipo tafetán (tabby 1/1), y fue confeccionado en un telar vertical. Así lo sugiere la presencia de una corrección den forma de cuña que se aprecia en el tejido, consecuencia del desequilibrio que se suele producir al avanzar en la labor en ese tipo de telares.

Esquema de hilado y tejido
Sobre la cronología no hay demasiadas dudas, ya que además de estar asociado a un contexto sepulcral con varios restos humanos datados por carbono-14 entre mediados del siglo VII y el primer tercio del siglo VIII, se ha obtenido una datación directa del «saquito», a partir de una de las semillas de panizo asociadas, en torno al primer tercio del siglo VIII. Es uno de los pocos tejidos de época visigoda de procedencia arqueológica que se conocen en la península Ibérica. La mayor parte de los indicios textiles de esta época que se han publicado hasta la fecha se conservan mineralizados, porque se han quedado adheridos a objetos metálicos cuya oxidación ha afectado al tejido, o sólo se registra la impronta. La acción del fuego y las condiciones estables de temperatura y humedad del medio subterráneo han permitido que el tejido de Riocueva se conserve en unas condiciones excepcionales, con lo que ello supone para profundizar en el estudio de las manufacturas textiles de la época.






23 de nov. de 2014

Riocueva 2014, episodio 9: la penúltima

A veces las excavaciones se parecen a aquellas noches en las que era imposible marcharse a casa a una hora decente porque siempre había alguien que se empeñaba en tomar una copa más, que nunca era la última. Nuestros días en Riocueva se van agotando, pero buscamos cualquier excusa que nos haga regresar a la cueva, aunque sólo sea un instante. Ya sea para cribar, para concluir alguna tarea pendiente o para rematar ese último sondeo que parece no tener fondo, la cuestión es que antes de que acabe el año tocará volver... una vez, dos, tres ¡ni idea! Cada vez que abramos la verja será «la penúltima». Hasta que no quede más remedio que devolver la llave.

Por fin, una foto de grupo ¡Gracias, Álvaro!
El objetivo de la jornada de ayer era terminar de excavar el Sondeo 8 y la verdad es que, aunque estuvimos trabajando sin parar para conseguirlo, la cueva empezó a hacerse la remolona hacia el final de la tarde. Helena y Gonzalo, un nuevo fichaje de final de temporada, se afanaban en rebajar y rebajar... primero hasta -140, después hasta -150... Parecía que nos acercábamos al fondo, pero la tierra, en lugar de ponerse más dura, se volvía esponjosa. Es comprensible, sabíamos que en esta zona de la galería el suelo estaba muy alterado y, sin llegar a ser una «estratigrafía invertida» en sentido estricto, la verdad es que lo que aparece y cómo aparece refleja a la perfección el proceso de transformación sufrido por el yacimiento. Hemos vuelto a encontrar piezas de industria lítica de aspecto prehistórico mezcladas con huesos humanos, algunos bien conservados, bastantes huesos de fauna y algún fragmento de cerámica «despistado». De la inversión parcial del depósito dan buena cuenta varios restos óseos humanos, huesos del pie, costillas, una cabeza de fémur y un maxilar inferior casi completo, entre otros, que aparecen a 40 cm de profundidad, donde la tierra está más «blandita», aunque seguramente estaban sobre el suelo de la cueva hace 1300 años.

Gonzalo y Helena asaltando el Sondeo 8
El hallazgo más destacado del sondeo, y quizá el de toda la campaña, has sido un gancho de huso de hierro completo. Es el quinto ejemplar que aparece en la cueva y el segundo que conserva el característico extremo en forma de gancho, la misma cantidad de este tipo de objetos identificados en la cueva de Las Penas. Nos sigue llamando la atención que, a diferencia de lo que ocurre en Las Penas, donde ha aparecido al menos una fusayola por cada gancho, en Riocueva no hemos conseguido localizar ninguna. Es una de las espinas clavadas que nos deja la excavación. La otra, por supuesto, es la de los broches de cinturón. Seguimos convencidos de que tienen que estar en algún sitio. Al final de la jornada de ayer, en un sitio imposible, apareció una placa de hierro de gran tamaño que había pasado desapercibida al detector de metales. ¿Y si los broches también están escondidos?

Un nuevo gancho de uso para la colección
Mientras una parte del equipo se centraba en el Sondeo 8 y otros se turnaban en la criba, donde esta vez no ha habido grandes sorpresas, Pablo seguía con su fotogrametría. Esta vez contaba con el apoyo de Álvaro, un topógrafo de la Universidad de Vitoria amigo suyo que le permitió avanzar mucho más rápido en sus labores. Tanto que, al final del día, aseguraba haber terminado con la toma de datos. Le ha cogido tanto cariño a la cueva que seguramente fingirá que algo ha salido mal para volver otra vez... No nos cansamos de agradecer su colaboración desinteresada y entusiasta, aunque no ocultamos que el bizcocho casero y el café caliente que ha traído ayer influyen bastante en nuestra percepción positiva de su labor.

¡Maldición, topos! 
Y, por supuesto, no podíamos cerrar la excavación sin otra tanda de visitas. Durante esta campaña hemos contado con un montón de manos amigas ayudando, pero también han sido muchos los oídos y los ojos atentos que han encontrado un hueco para conocer en primer persona la cueva y su yacimiento. Ya lo habré repetido una docena de veces, pero para nosotros es muy importante todo este apoyo y toda esta atención. Las visitas siempre son bienvenidas y si alguien se ha quedado con ganas de conocer Riocueva sólo tiene que decirlo y estaremos encantados de organizar otro «pase» más. Los interesados sólo tienen que comprometerse a no pisar los cortes...

Ayer recibimos dos visitas. Primero se pasaron por la cueva el arqueólogo Eduardo Peralta y su amigo Federico Fernández, los «culpables» del descubrimiento de los principales escenarios de las Guerras Cántabras conocidos actualmente en Cantabria y en el norte de Castilla y León. Tiempo atrás compartimos con ellos excursiones y excavaciones en busca de castros y campamentos romanos. Aunque sabemos que las cuevas no les entusiasman, han atendido nuestras explicaciones sin protestar demasiado. Quizá ofrecer vodka como recompensa haya funcionado...

José Ángel, Federico y Eduardo en Riocueva
Avanzada la tarde se acercó a la cueva el catedrático de la Universidad de Cantabria Pablo Arias Cabal con su familia y un amigo. Era una visita que se resistía, ya que no logramos coincidir en 2013, y en 2014 no es la primera vez que intenta venir a la cueva. Es el director de tesis de José Ángel, y fue quien dirigió mi Trabajo de Investigación y tuteló mi beca durante tres años y pico en la universidad. Mucha presión. ¡En esta explicación sí que había que hacerlo bien! Supongo que se quedó satisfecho, ya que nos ha ofrecido colaborar con él en un pequeño proyecto que tiene entre manos. Quién sabe si en unos meses podremos añadir un punto más al mapa de las cuevas sepulcrales de época visigoda de Cantabria.

Pablo Arias y compañía atendiendo a las explicaciones del director
Con tanto lío, acabamos saliendo de la cueva cuando ya se había hecho de noche cerrada. Creo que desde 2011 no nos íbamos tan tarde. Nos cuesta despegarnos. Aunque a la hora de la comida brindamos con vodka para despedirnos de Riocueva, todo parece indicar que volveremos pronto. Quedan flecos, queda energía, quedan preguntas por resolver, quedan datos por tomar... y aún quedan 37 días antes de que deje de ser «nuestra cueva».

16 de nov. de 2014

Riocueva 2014, episodio 8: último sondeo

Después de un par de semanas de parón por cuestiones de agenda, este sábado arrancaba la última fase de la excavación en Riocueva. Poco a poco vamos quemando etapas y, literalmente, acercándonos a la luz del final del túnel. Digo literalmente porque hemos ido excavando en las zonas previstas esta campaña empezando por la más lejana a la boca y terminando por la más próxima. En 2013 fuimos mucho menos ordenados y acabamos la campaña en la zona más profunda, lo que nos obligaba a ir «saltando» sondeos para llegar a la zona de trabajo, en una absurda carrera de obstáculos que, en estas últimas jornadas, queremos evitarnos. Sobre todo porque el sitio en el que hemos elegido excavar para terminar está en un sitio un poco incómodo para el tránsito. Pero antes de plantear el último sondeo, había que terminar el anterior. Y en eso hemos ocupado parte de la mañana, con magros resultados. Apenas quedaba sedimento en el Sondeo 2 y lo único que quedaba por aparecer era un fragmento de cerámica y otra «bolita» de semillas carbonizadas. Limpieza, fotos y a otra cosa...

Helena y su solitario trozo de cerámica del Sondeo 2
Después de tres campañas agujereando los tramos de la galería aparentemente más interesantes y mejor conservados, hemos reservado para el final la zona menos prometedora. En principio teníamos previsto excavar aún más cerca de la boca, pero después de darle mucha vueltas nos conformamos con comprobar qué nos ofrece el yacimiento en un rincón que «asusta» un poco menos. Es el tramo de la galería en el que la actividad de los animales excavadores ha sido más intensa y podría haber zonas con más de un metro de sedimento removido. Demasiado trabajo para un resultado a priori de escaso interés. Porque si en otras zonas el yacimiento está algo «revuelto», aquí directamente está dado vuelta.

El director lo ha visto tan mal que ha decidido pasarse todo el día cribando fuera de la cueva. Menos un rato en el que la lluvia le ha obligado a refugiarse, el resto de la jornada ha sido un constante balanceo de cedazo. La cosa ha cundido y el vestíbulo está prácticamente despejado. Pero será por poco tiempo, ya que con la tierra que salga del nuevo Sondeo 8 seguro que vuelve a colapsarse de nuevo... De lo malo, malo, en la criba ha salido alguna cosa interesante. Sin ir más lejos, un estupendo fragmento de cerámica decorada muy de «estilo Riocueva», con ondas y líneas horizontales.

La criba se ha hecho un selfie...
Han sido Helena y nuestro amigo Borja Gómez-Bedia, que se perdió la campaña 2013 por lesión pero que no podía dejar pasar la oportunidad de «mover el paletín» este año, quienes han tenido el honor de hacer los primeros hallazgos en el Sondeo 8. Y de comprobar que es un terreno un tanto «especial». Buena parte de los objetos aparecen «hincados», indicio para cualquier arqueólogo avezado de que algo no va bien, y algunas de las cosas que aparecen no deberían de estar ahí. Lo más llamativo ha sido un gran fragmento de pelvis humana quemada, sobre todo porque no esperábamos encontrar huesos quemados tan al exterior de la galería. Pero aparece acompañado de un buril de sílex o de piezas dentales y huesos de herbívoros que posiblemente procedan de niveles prehistóricos, lo que está indicando que, tal y como suponíamos, el sedimento está muy removido.

Manos a la obra en el Sondeo 8
Mientras nosotros estábamos ocupados en nuestras «cosas de arqueólogos», Pablo seguía con sus «cosas de topógrafo». Esta vez tocaba trabajar con la estación total para referenciar las «dianas» de la fotogrametría. Ha tenido algunos problemas en las zonas más angostas de la cueva, ya que esos aparatos no están pensados para agujeros como el nuestro, pero aún así la cosa ha ido bien. Es un auténtico lujo contar con un profesional como él para las labores topográficas. No se puede hacer una idea de cuánto agradecemos su colaboración. Y no sólo porque me haya prestado una tarjeta para la cámara de fotos, que también.

Pablo y su estación luchando contra los elementos cavernosos
Hasta el próximo sábado no regresamos a la cueva. Allí nos estará esperando el Sondeo 8, del que sospecho que sólo hemos atisbado una parte ínfima de lo que nos tiene reservado. Y esta vez no lo digo para bien, aunque espero equivocarme...

3 de nov. de 2014

La tésera de hospitalidad de Las Rabas, pieza del mes del MUPAC

En noviembre le toca a nuestro amigo y colaborador Rafael Bolado presentar la Pieza del Mes del MUPAC, actividad organizada por el museo en colaboración con la Sección de Arqueología del CDL de Cantabria en la que nosotros participamos el pasado mes de septiembre. Y no es cualquier pieza... es uno de los hallazgos más importantes relacionados con los Cantabros de la Edad del Hierro que se han realizado en los últimos años: la tésera de hospitalidad de Las Rabas.

Hace algún tiempo el propio Rafa escribió sobre este singular objeto en nuestro blog y si alguno quiere ir con la lección bien aprendida, puede leer más sobre la tésera en Archivo Español de Arqueología. Personalmente, optaría por leer y ampliar conocimientos después de escuchar a Rafa este martes a las 20:00 h en el MUPAC (Mercado del Este, Santander). Aquí os dejamos la invitación.


27 de oct. de 2014

Riocueva 2014, episodio 7 (y medio): un poco de arqueología

Entre tanta resaca mediática, tanta topografía y tanta fotogrametría el domingo hubo algo de tiempo para las tareas más habituales de nuestro trabajo cotidiano en Riocueva: excavar y cribar. Helena a retornado ya de su periplo sureño y hemos vuelto a contar con la participación de Marta y Leticia, que parece que le han cogido cariño a la cueva. Hacía tiempo que no había tanta gente a la vez en la cueva y seguro que nunca habíamos hecho tantas cosas distintas de forma simultánea. Suena a tópico, pero nuestra querida gruta parecía una verbena. Esperamos no haber perturbado en exceso el descanso del murciélago que ha elegido la galería de Riocueva para sestear estos días. Ha sido el segundo avistamiento de Rhinolophus hipposideros en lo que llevamos de campaña y esta vez sí ha habido foto.

El murciélago de Riocueva
Como seguimos con buen tiempo, hemos aprovechado para sacar adelante el trabajo de criba. Nunca se sabe cuándo van a regresar las lluvias y cuanto más tengamos hecho, mejor. Ver el vestíbulo colapsado de bolsas esperando a pasar por el tamiz produce bastante desasosiego. Aunque es una tarea un tanto tediosa, alguien tiene que hacer y el director suele ser el primero en apuntarse. Sobre todo para ratificar que «excavamos muy bien», ya que la criba suele ser bastante improductiva. La parte buena es que cada fragmento de cerámica, cada hueso humano «despistado» o cada semilla carbonizada que aparece es motivo de alegría. Marta ha debutado en la criba y después la ha relevado Leticia, que no quería irse de Riocueva sin menear un poco el cedazo. Con tesón, han conseguido rebajar a la mitad el número de bolsas pendiente. Con otro empujón, problema resuelto.

Marta iniciándose en el noble arte de la criba
La excavación se ha centrado en el Sondeo 2, la única zona de excavación abierta en la actualidad. Parecía que lo que quedaba iba a ser pan comido, ya que en la parte sur de la ampliación apenas había unos centímetros de tierra y la cosa fue rápido, pero junto a la pared norte la cosa cambia. La actividad de «nuestros amigos los tejones» ha sido bastante intensa y eso provoca, como en otros lugares, que la cantidad de tierra aumente. Por lo general, la zona de madriguera o de «autopista tejonera» tiene el triple de potencia, o algo más, que la zona en la que el suelo de la cueva no ha sido alterado por los pérfidos animales excavadores, alguno de los cuales posiblemente se dejó la vida en ello, como evidencian algunos restos encontrados en conexión anatómica. Sin embargo, la destrucción del suelo suele compensarse con una mejor conservación de los huesos humanos, circunstancia que hace muy feliz a la antropóloga del equipo.

Helena y Leticia dando buena cuenta del Sondeo 2... bueno, de lo que queda
Excavando con cuidado la patita de un antiguo inquilino de la cueva
Lo más relevante de este Sondeo 2 es que aparece una cantidad importante de cerámica. Varios fragmentos del fondo, del borde y de la panza que podrían pertenecer a una misma vasija, todos muy cerca unos de otros. En caso de confirmarse, sería otra olla más que añadir a la media docena larga que hemos reconstruido, la mayor parte de ellas procedentes también de la misma zona central de la galería. Casi al final de la jornada se ha producido un hallazgo que ha eclipsado a la cerámica: una almeja. Sí, una concha de almeja de mediano tamaño es, por el momento, la primera pieza de malacofauna marina que aparece en la zona interior de la cueva, asociada al contexto funerario de época visigoda. Además, la concha tenía en su interior restos de carbón. De momento no podemos dar una interpretación precisa al hallazgo, pero sí nos informa, entre otras cosas, de que los que fueron enterrados en Riocueva formaban parte de una comunidad que tenía contactos con la costa, que está a unos 6 ó 7 km en línea recta. Y que les gustaba el marisco...

La almeja
Después de este intenso fin de semana, por motivos de agenda, dejamos a la cueva descansar unos días. Volveremos, atraídos por su irresistible magnetismo, a mediados de noviembre. Entonces ya, sí, para terminar con la excavación.

Un pequeño ataque de ego...

26 de oct. de 2014

Riocueva 2014, episodio 7: medios, topos y dianas

Ha sido un fin de semana tan intenso que ni siquiera he tenido tiempo de hacer una crónica de la jornada de ayer, de modo que hoy toca un 2x1. En realidad, es más honesto por nuestra parte que así sea porque ayer trabajar... lo que se dice trabajar en Riocueva, no trabajamos. Hoy tampoco es que nos hayamos ganado una medalla, pero algo sí hemos hecho. ¿Y por qué nos hemos saltado la sesión de trabajo del sábado? Pues porque teníamos desde hace tiempo reservada una cita ineludible con los medios. Y no con cualquier medio, con una cadena de televisión de ámbito nacional.

El programa de Cuatro Cuarto Milenio había manifestado gran interés por nuestras investigaciones relacionadas con las cuevas sepulcrales de época visigoda e incluso José Ángel ya había sido entrevistado en relación con este asunto para el programa Milenio 3, la versión radiofónica de la «nave del misterio». La verdad es que puede suponer cierto riesgo para la credibilidad del investigador y del proyecto transitar por la senda que marcan estos programas, sobre todo porque, en ocasiones, el tratamiento que hacen de los temas relacionados con la Arqueología se acerca demasiado a la elucubración fantasiosa. Es innegable que la interpretación que nosotros mismos damos al uso de las cuevas con fines funerarios en época visigoda puede dar a entender que también hemos tomado ese camino, pero no somos ni mucho menos los únicos que hablamos de necrofobia, de revenants, de mala muerte o de sepulturas atípicas; y otros antes que nosotros han demostrado que son conceptos que tienen su lugar en la investigación científica seria. Nosotros consideramos que en la Antigüedad Tardía o en la Edad Media había gente que creía que los muertos podían salir de sus tumbas a molestar a los vivos, no que eso último sea posible. Y, en cualquier caso, el único programa que se ha interesado por nuestro proyecto ha sido el que dirige Iker Jiménez por lo que hemos decidido aprovechar la oportunidad que nos brindaba para dar a conocer algunos de sus resultados.

Y así, por mediación de Roberto Ontañón, director del MUPAC, hemos accedido a acompañar a un equipo de Cuarto Milenio a las cuevas de Las Penas y Riocueva, donde hemos explicado ante las cámaras lo que conocemos sobre esos yacimientos y cómo los interpretamos. Ha sido una jornada dura e intensa que se inició a las 12:00 h y no terminó hasta las 20:00 h. Con decir que se nos ha hecho de noche saliendo de Riocueva, alguien puede hacerse a la idea de lo que se ha alargado la cosa. Sinceramente, nos ha sorprendido el enfoque (serio y  riguroso con los datos arqueológicos) que le ha dado el redactor a sus preguntas, sin insistir demasiado en los aspectos «morbosos» del asunto. José Ángel ha sido el encargado de guiar la visita a Las Penas, mientras que el que esto escribe, ha contado su «rollo» en Riocueva. Esperamos que ése sea el tratamiento que le den al reportaje final y que por ahí discurra el debate en el plató, al que no sabemos si nos van a invitar y donde es probable que sea Roberto quien nos represente.

El equipo de televisión familiarizándose con el medio subterráneo en Las Penas
Buscando localización en Riocueva
Preparando la entrevista, con Roberto Ontañón
Satisfechos por el trabajo bien hecho, al final de la jornada en Riocueva
Liquidado el compromiso mediático, sobre el que nuestros amigos y colaboradores han hecho los chistes imprescindibles, sin salirse demasiado del guión, hemos vuelto a concentrarnos en la campaña y en Riocueva. Había que apurar el fin de semana antes de la parada obligada que haremos hasta el 15 de noviembre. Teníamos pendiente terminar la excavación en el Sondeo 2 y, además, hoy iban a realizarse diferentes labores de topografía en la cueva. Nunca nos cansamos de agradecer las numerosas colaboraciones que recibimos en nuestro trabajo. Sin los voluntarios que ayudan en el trabajo de campo, sin los especialistas que se encargan del estudio de los diferentes tipos de restos que recuperamos durante la excavación, sin la institución que financia y sin el apoyo de quienes se interesan por nuestra labor, el resultado del proyecto sería mucho peor. A todas las ya recibidas hoy se añadían las del topógrafo Pablo Pérez Vidiella, del equipo Id-Ar, quien se ha ofrecido desinteresadamente para realizar un modelo 3D de la cueva a partir de fotogrametría; y las de la Expedición Británica a Matienzo, un equipo de espeleólogos ingleses que llevan 50 años estudiando el medio subterráneo de Cantabria y que este año, entre otras cosas, han actualizado la topografía completa del sistema kárstico del que forma parte Riocueva. Por cierto, nos han informado de que la cueva ha «crecido» más o menos un kilómetro desde la topografía anterior.

Pablo colocando las dianas para la fotogrametría
A veces la postura de trabajo no es la más cómoda...
Nuestro amigo Peter Smith y sus compañeros de la expedición británica
Un miembro de la expedición británica durante las labores de topografía
Entre unas cosas y otras no ha habido mucho tiempo para la Arqueología, pero el poco que le hemos dedicado ha sido bastante fructífero. Pero mejor lo cuento mañana con más calma...

19 de oct. de 2014

Riocueva 2014, episodio 6: visita correspondida

El 30 de octubre del año pasado parte del equipo habitual de Riocueva giró visita a la cueva del Aspio, un yacimiento en el que se desarrolla un proyecto de investigación dirigido por nuestros amigos Rafael Bolado y Miriam Cubas con el que colaboramos desde su inicio. Desde entonces estábamos esperando ser correspondidos y hoy ha sido el día que han elegido para acercarse a conocer nuestra cueva. Parece ser que ya han terminado sus trabajos de excavación y necesitaban ver cómo otros seguimos en la brega. Sólo ver... porque ninguno se ha acercado a la herramienta. Lo cierto es que, para demostrar que era una visita-visita, han cumplido con las normas mínimas de cortesía que marca el protocolo en estos casos y nos han obsequiado con cruasanes y quesada ¡un detalle! Las visitas siempre son bienvenidas en Riocueva. Les hemos enseñado la caverna, les hemos explicado el yacimiento y lo que en él aparece y, por supuesto, les hemos avanzado nuestra interpretación para el uso sepulcral de la cueva en época visigoda. Una de las cosas que más les ha llamado la atención ha sido la cantidad de metros cuadrados de excavación que hemos sido capaces de abrir en estas dos campañas y pico de actuaciones arqueológicas, cosa que se agradece porque, sobre todo lo que corresponde a 2013, es es resultado de mucho trabajo con muy poca gente.

El equipo del Aspio en el último tramo de la galería de Riocueva
Todos atentos a la explicación del yacimiento
En otro orden de cosas, al margen de la nota social, la excavación ha seguido su curso con paso firme. Hemos terminado por fin con el Sondeo 7 y también se ha agotado el sedimento en uno de los cuadros del recién estrenado Sondeo 2. Como no podía ser de otra manera, incluso en la última limpieza del Sondeo 7 ha aparecido algo de panizo «apegotado», aunque no tenía entidad suficiente como para reclamar la atención del fotógrafo. A cambio, y como ya avanzábamos ayer, en la criba a seguido recuperándose cereal carbonizado de otras especies, convirtiendo el registro arquebotánico en algo parecido al recubrimiento de esos panes multicereales que venden en las panaderías modernas.

Última limpieza del Sondeo 7
Cereal carbonizado recién salido en la criba
Por lo que respecta a la ampliación del Sondeo 2, hoy ha servido para que Miguel Ángel, un nuevo voluntario ajeno al «mundillo» que ha querido conocer de primera mano qué es esto de la arqueología y poner su granito de arena en nuestro proyecto de investigación, se estrenase con el paletín. Y ha tenido suerte, porque han empezado a aparecer esos fragmentos de cerámica que estábamos esperando para unir con algunas de las vasijas parcialmente reconstruidas en 2011. La cerámica aparece tanto en el sector en el que estaba el debutante, como en el que estaba el director, que ha encontrado varios fragmentos del fondo de una misma olla. Pero como siempre que sobra gente para excavar él es el «sacrificado» que se va a la criba –para poder reprocharnos lo poco cuidadosos que somos–, han sido Leticia y Vanesa las encargadas de terminar con el primero de los sectores de la ampliación. El sábado caerá el segundo sin mucho esfuerzo, salvo que la cosa se complique.

Miguel Ángel y el director, mano a mano, en el Sondeo 2
El balance del fin de semana ha sido muy positivo. Hemos echado mucho de menos a Helena pero, en palabras del director, «como nos ha preparado la comida, tampoco se nota tanto que no está». Nos está sorprendiendo la riqueza del registro arqueobotánico del yacimiento, muy monótona hasta que hemos abierto el Sondeo 7. Gracias a la colaboración de los nuevos fichajes hemos avanzado con rapidez y estamos muy cerca de cumplir los objetivos planteados. Aunque se ha resistido al principio, ha empezado a salir cerámica en el Sondeo 2, que era lo que suponíamos que iba a suceder. Con un par de fines de semana más la cosa quedará terminada, aunque la semana que viene la es probable que la cosa no avance tan rápido debido a un compromiso ineludible. Seguiremos informando.

18 de oct. de 2014

Riocueva 2014, episodio 5: debutantes y novedades

Afrontamos el segundo fin de semana con la confianza de que, gracias al viento sur, no nos va a llover. Y eso siempre es motivo de alegría, va uno con más ganas a la cueva. Todavía no ha llegado el frío y, sin embargo, hoy había ya un murciélago en la galería. Eso augura que se acerca el invierno, aunque de momento no se note. Posiblemente estaba de paso hacia las zonas profundas del sistema y no lo hemos vuelto a ver, ni siquiera para hacerle una foto. Al margen de esto, hoy teníamos debutantes. El equipo habitual ha perdido una unidad durante unos días, ocupada en su trabajo como guía de turismo cultural y ha sido necesario buscar refuerzos. Leticia nos ha traído a su amiga Vanesa, una entusiasta arqueóloga gallega y se nos ha ofrecido como voluntaria Marta, una restauradora de obras de arte de Santander. Las nuevas venían con muchas ganas y han disfrutado mucho de la experiencia... o eso deducimos al menos de su intención de repetir.

Marta, Vanesa y Leticia encantadas de la vida
Hemos podido dejar casi terminado el Sondeo 7, sólo queda un pequeño testigo que reservamos para el aperitivo del domingo. Ha seguido saliendo lo mismo que en jornadas anteriores: huesos quemados, carbones y, sobre todo, muchos restos de cereal carbonizado. Es más, en esta ocasión el título de «panizo de honor», que da derecho a salir en la foto diario del blog, se lo ha llevado la mayor «bola» localizada en excavación hasta el momento. Una vez terminada la excavación de esta zona, podemos afirmar que las acumulaciones de cereal carbonizado se reparten prácticamente por todo el cuadro, con una densidad que no se puede comparar con la que ofrecen otras zonas de la cueva. Además, los refuerzos nos han permitido liberar una persona para cribar y ¡sorpresa!, hemos podido comprobar que en esta zona no sólo aparece panizo o mijo, sino que hay otras variedades de cereal carbonizado: trigo, avena, quizá cebada, etc. La arquebotánica se va a poner muy contenta, después de sufrir la monotonía de una colección tan aburrida como estaba siendo hasta ahora la de Riocueva. De momento es lo más interesante que sale en la excavación, a la espera de broches de cinturón, anillos, cuentas de collar u otros hallazgos relevantes.

Más semillas de cereal carbonizado
Terminando con el Sondeo 7
Muy concentradas, con el paletín
Y como después de tres jornadas en la misma zona de la cueva empezábamos a estar un poco aburridos y ya dijo Un pingüino en mi ascensor que «En la variedad está la diversión», decidimos mudarnos a otra zona de excavación. Teníamos ganas de saber si nos habíamos dejado algo interesante en el tramo central de la galería y por eso hemos ampliado el gran Sondeo 2 hacia el oeste, con la esperanza de completar el puzzle de la cerámica y quien sabe si hallar otros recipientes de vidrio o cosas tan interesantes como las que nos ofreció esta zona en la primera campaña.

Hincándole el diente a la ampliación del Sondeo 2
De momento los resultados no están a la altura de las expectativas, pero no perdemos la esperanza. Sólo le hemos dedicado un rato por la tarde a los nuevos cuadros. Algo caerá, seguro. Nos contentamos con poca cosa, aunque si de repente nos topamos con el esperado broche liriforme, no hay duda de que lo celebraremos a lo grande. Será la recompensa al tiempo que le hemos dedicado a esta cueva de la que tanto nos cuesta separarnos.


12 de oct. de 2014

Riocueva 2014, episodio 4: una inquietante presencia

Hoy la jornada de trabajo ha sido un poco más corta de lo habitual, que para eso era domingo y Fiesta Nacional. Hay que ir aclimatándose poco a poco, tampoco era cuestión de darlo todo el primer fin de semana. Y la verdad es que si el sábado se dio bien la cosa, hoy no ha desmerecido. Con los efectivos reducidos al equipo habitual y después de saldar con solvencia nuestra primera bajada a la cueva con lluvia, tocaba retomar la excavación del Sondeo 7.

Excava que te excava, excava que te excava
Los hallazgos han seguido en la línea del día anterior: muchos fragmentos de huesos humanos quemados y presencia frecuente de acumulaciones de semillas carbonizadas de panizo/mijo, todo ello acompañado de fragmentos de cerámica. De momento lo más vistoso es el fondo de una olla de cocina de cerámico común, muy similar a las que aparecen en otros puntos de la cueva. Es curioso seguir comprobando cómo, a pesar de encontrarse relativamente cerca unos de otros, cada sondeo de los que hemos ido abriendo a lo largo de la galería tiene su propia personalidad. La composición del Sondeo 7 nos hace suponer que estamos muy cerca de la «zona cero» donde se quemaron los huesos humanos y posiblemente las semillas, pero estamos un poco desconcertados porque no hay zonas con carbones en el suelo ni manchas de humo en las paredes que puedan corresponderse con las grandes hogueras que tuvieron que hacerse para quemar tantos huesos. En este sondeo estamos comprobando que la cremación afectó a huesos muy diversos, quizá a cuerpos completos, a diferencia de lo que se documentó, por ejemplo, en la cueva de Las Penas, donde sólo se quemaban los cráneos. De todos modos, de momento son sólo conjeturas que van surgiendo sobre el terreno mientras desenterramos los restos dejados en época visigoda en Riocueva.

La concentración de semillas carbonizadas más grande del día
Pero como no todo va a ser mirar al suelo, hoy nos han llamado la atención un par de cosas en las paredes de la cueva. Justo al lado de la zona donde estamos excavando nos hemos percatado de la presencia de un molar de caballo encajado en un hueco de la pared. Alguien lo ha colocado ahí, de eso no hay duda, lo que no podemos afirmar con seguridad es cuándo. Lo cierto es que no ha aparecido ninguna pieza dental de caballo semejante durante las excavaciones realizadas en distintos puntos de la galería, lo que nos hace sospechar que el que hemos localizado proceda del yacimiento prehistórico de la boca de la cueva. Más difícil es determinar cuándo se ha colocado en el lugar donde ha aparecido, teniendo en cuenta la cantidad de gente que ha transitado esa galería desde la Prehistoria hasta nuestros días. Hay otros «depósitos» en recovecos de la cueva que no son precisamente antiguos... De momento, hemos documentado el hallazgo y poco más.

Molar de caballo en un hueco de la pared de la cueva
Una acumulación intencional de latas de conserva añejas
El otro «gran hallazgo» parietal ha sido una peculiar muestra de arte rupestre contemporáneo en la que no habíamos reparado hasta hoy. Encima de la cornisa que hay junto al Sondeo 4, muy cerca de donde excavamos en la actualidad, se ha representado un busto humano utilizando carbón, seguramente tomado de la «hoguera de la columna». Seguro que si lo datamos por radiocarbono refleja una fecha muy antigua, por ese motivo, pero parece algo reciente, o relativamente reciente. Quizá lleve observando a todos los visitantes de la cueva desde hace 40 ó 50 años. No cabe duda de que su presencia resulta inquietante y a la vez tranquilizadora. Desde hoy, es el vigilante, el custodio responsable de que nadie altere la paz de la cueva hasta que los murciélagos tomen el relevo.

Arte rupestre contemporáneo en las paredes de la cueva
Un rostro inquietante, quizá un autorretrato o un personaje conocido de la época
El primer fin de semana ha dado bastante de sí, hemos avanzado en la excavación, nos hemos reído mucho –sobre todo el sábado– y las bolsas para cribar comienzan a amontonarse en el vestíbulo. Aunque los cuerpos estén doloridos y fatigados, el esfuerzo compensa. Hoy sabemos un poco más que ayer sobre Riocueva.

11 de oct. de 2014

Riocueva 2014, episodio 3: retomando la rutina

Nos ha costado decidirnos pero, como avanzábamos hace un par de días, la nueva campaña de excavaciones en Riocueva ya está en marcha. Hoy ha sido el primer día y aunque retomar cuesta, ha sido una jornada muy satisfactoria. El cuerpo tiene que ir adaptándose a las particulares condiciones de trabajo, a entrar y salir arrastrando por el laminador, a pasar largos ratos en posturas incómodas, a la falta de luz, a la humedad, etc. En general, se nota la falta de rodaje. Mañana será un día de agujetas, pero merece la pena el esfuerzo.

La ilusión del primer día...
Para el debut hemos contado con el equipo habitual y con la colaboración de un par de voluntarios que han resultado imprescindibles para sacar adelante mucho más trabajo del que esperábamos para ser el arranque de la nueva temporada. Especialmente reseñable es el retorno de Leticia Tobalina, quien ya nos acompañó algunas jornadas en 2011 y no pudo participar en la campaña de 2013, pero que este año sí ha podido incorporarse al equipo.

El primer sondeo de la campaña 2014 promete
Los hallazgos son abundantes y de calidad, nada espectacular, pero todo muy interesante
En general ha sido una jornada fructífera, sin descubrimientos espectaculares, pero con un número de hallazgos que nos ha desbordado las previsiones iniciales. De hecho, nos hemos tenido que retirar porque ya no quedaban ni etiquetas ni bolsas después de recoger 76 objetos coordenados en sólo metro y medio abierto. Todo ello en el Sondeo 7, abierto en un tramo de la galería que no habíamos catado todavía. Lo más relevante, sin duda, es la aparición de abundantes semillas de panizo –o mijo, nunca se sabe–  carbonizadas en cinco puntos distintos del sondeo, acompañando a numerosos fragmentos de hueso quemado. Los huesos quemados eran relativamente abundantes en el el Sondeo 2 y no estaban presentes en el resto de las zonas excavadas hasta ahora, por lo que es importante su presencia en este nuevo sondeo. Los datos de ambas zonas nos permitirán establecer con más precisión dónde se quemaron los huesos, entre otras cosas.

Alguno pensará que siempre ponemos la misma foto, pero sale grano quemado una y otra vez
Por el momento no hay mucho más pero, después de esta primera incursión, nos hemos quedado con buenas sensaciones. La tercera campaña de excavación en Riocueva promete. Tanto que hemos adelantado las celebraciones tomando unas cervezas. Siempre saben mejor cuando son la recompensa del trabajo bien hecho.