6 jul. 2015

Tres "hachazos" y un "brochazo" en el nuevo MAN

Año y pico después de su reapertura, aún no he podido visitar el Museo Arqueológico Nacional (y lo que me queda...). Sin embargo, algunos amigos sí que lo hicieron en su momento, el año pasado, y me pasaron algunas fotos de la parte de la exposición dedicada a la época visigoda (gracias, Borja Gómez-Bedia y Javier Fernández). Vistas aquellas fotos, decidí que merecían una o dos entradas en el blog, y no precisamente para bien, porque algunas de las cosas que mostraban no eran dignas de un sitio como el MAN (máxime sabiendo el dineral que se habían gastado en renovar contenidos y exposición) y, además, dejaban entrever que, una vez más, la arqueología tardoantiguo-altomedieval volvía a ser la "hermana pobrísima". Pero, como me ocurre con demasiada frecuencia en los últimos tiempos, factores externos y (realmente no tan) ajenos a mi voluntad me impidieron ponerme a ello y lo fui dejando aparcado, sine die, a la espera de tiempos mejores (o más libres, que vendría a ser lo mismo). En estas andaba cuando, hace unos días, me topé con este artículo de Carlos Tejerizo sobre el espacio dedicado a la Antigüedad Tardía en el MAN y al discurso que subyace en él (una lectura muy recomendable, por cierto). Y gracias a él recordé que, aunque de otra manera y, desde luego, en un aspecto bastante más superficial, esas críticas mías seguían pendientes y ya iba siendo hora de hacerlas. Y a ello voy.

En primer lugar, me meteré con los tres ejemplares de hacha que se exponen. Cualquier lector más o menos fiel del blog sabrá ya a estas alturas que se trata de un arma/herramienta que me fascina particularmente (de lo que dan fe ésta, ésta y esta otra entrada, además de otras dos que enlazaré más adelante), así que lo que se expone en el MAN (y lo que se cuenta) me ofende sobremanera.¿Por qué? Pues por lo que voy a tratar de contar a continuación, siguiendo un orden de arriba a abajo, según aparecen en la foto.




El primer hacha, según el propio MAN, procede de Soto del Real (Madrid) y estaría relacionado "por su morfología con la francisca", también según la ficha del museo (las de las tres piezas pueden verse aquí). Lo primero puede ser cierto, lo segundo, desde luego, no lo es.


Hacha de Soto del Real (detalle de una fotografía de A. Martínez Levas, tomada de la web del MAN)


Iba a escribir que cualquier parecido entre ella y una francisca (o hacha de combate arrojadiza) es pura coincidencia, pero ni siquiera eso sería cierto: lo único que tienen en común es que son hachas, de hierro y de época visigoda (en un sentido amplio: siglos VI-VIII d. de C., aunque la cronología de la de Soto del Real podría ir algo más allá), como puede comprobarse en esta imagen:

Hachas de combate de los siglos VI-VII (y quizá también VIII), arrojadizas y no tanto, de las necrópolis de Aldaieta y San Pelayo (Álava), según Azkarate y García Camino, 2012 


El hacha de Soto del Real pertenece al tipo de las dolabras y, dentro de éste, al de las bipennes. Y cuenta con buenos paralelos, cierto que no idénticos, en el mundo hispanovisigodo, como ya mostré en otra entrada hace unos años. Por tanto, no se trata de un arma, sino de un útil, de una herramienta utilizada en trabajos de carpintería (corte y trabajo de la madera). Y por ello llama poderosamente la atención verla blandida (de forma ciertamente antinatural) por un ¿fiero? guerrero visigodo (o eso se pretende) en la ilustración (manifiestamente mejorable y que roza la indignidad cuando se la compara con las de la zona de prehistoria) que la acompaña. Ilustración (¡qué obsesión con los guerreros!) que enlaza con parte de la crítica que hace Tejerizo en su artículo (leedlo, si es que a estas alturas de la entrada aún no lo habéis hecho) citado unos párrafos más arriba y que nos da el pie para saltar al segundo hacha, el del medio. Y lo hace porque, en la versión antigua del MAN, anterior a la última reforma, había otro dibujo de otro guerrero (cómo no) godo. Y ese guerrero portaba, como puede comprobarse en la siguiente imagen, el ejemplar del que voy a hablar ahora.


Ilustración antigua en el MAN (foto tomada de aquí)

Llegados a este punto, salta a la vista que, aunque distinto, nos encontramos ante un hacha del mismo tipo que el anterior y que, por tanto, no se trata de un arma de guerra. Pero no adelantemos acontecimientos... La ficha del museo dice que procede de Santiago-Pontones, en Jaén y repite el mismo mensaje que para el caso anterior: que "se ha relacionado con la francisca por su morfología" y que se fecha en los siglos VI-VII d. de C.


Hacha de Santiago-Pontones (detalle de una fotografía tomada de la web del MAN)

Tampoco es una francisca (es una dolabra, de tipo bipenne, de nuevo) y su cronología, probablemente, es más moderna. ¿Por qué digo esto último? Pues porque tiene algún paralelo formal bien datado en época medieval y ninguno en contextos seguros de época visigoda. El mejor que he visto hasta ahora, el hacha del ocultamiento de la Cueva de los Infiernos, en Liétor (Albacete), del siglo XI d. de C. (un buen artículo sobre fecha y contexto aquí, en la p. 139)


Objetos para el trabajo de la madera procedentes de Liétor, entre ellos el hacha (según una publicación cuya referencia no consigo encontrar)

Y para terminar, el tercer hacha expuesto (el de abajo) es un viejo conocido del blog, procedente de Rodiles (Asturias). Resumiendo mucho lo que ya comenté en aquella otra entrada, se trata de un objeto que tiene buenos paralelos en algunas hachas de los siglos IV-V d. de C. y cuyas diferencias con las hachas de combate de época visigoda también son bastante marcadas.


Hacha de Soto del Real (detalle de una fotografía de P. E. Suárez, tomada de la web del MAN)

Si, pese a ello (y aquí dejo abierta esa posibilidad, basándome sobre todo en algo que me comentaron en Vitoria hace un par de años y que imagino se publicará en breve), se trata de un hacha de los siglos VI-VII d. de C., lo tengo nada claro que entrase en la categoría de armas, sino más bien en la de herramientas (¿para qué si no esa prolongación en su parte de atrás?). Algo que parece que se tiene en cuenta en su ficha del MAN, donde se puede leer que "se pone en duda que sea una francisca, dada su morfología" (¿será por esa entrada que le dedicamos aquí? Porque, hasta donde yo sé, nadie se ha metido con ello en profundidad aparte de este blog), aunque, paradójicamente, se la siga catalogando como "francisca".

Hasta aquí los tres "hachazos": tres presuntas franciscas, o hachas de combate arrojadizas de época visigoda, que no son tal cosa (en todo o en parte). Dos de ellas son, sin ninguna duda, hachas de trabajo, mientras que la tercera tiene muchas posibilidades de serlo también, aunque de otro tipo. Y en cuanto a su cronología, mientras que la primera podría fecharse en esos momentos finales de la Antigüedad o iniciales de la Edad Media, la segunda y la tercera tienen algunas papeletas para ser más reciente y más antigua, respectivamente. Por tanto y en cualquier caso, elegir estas tres piezas para ilustrar (en parte) el armamento de los siglos VI-VIII d. de C. constituye un tremendo error, siendo generoso. O, sin serlo, un enorme despropósito. Aunque no deja de tener cierta gracia que, empeñados en recrear la imagen del guerrero visigodo aristocrático al final, sin ser conscientes de ello, hayan colocado en la exposición piezas relacionadas con trabajos bastante más "innobles" que el de la guerra, dejando un resquicio por el que se han colado, siquiera de forma anecdótica, esos campesinos olvidados en el discurso oficial del museo que menciona Tejerizo.

Y en cuanto al "brochazo", en el panel en el que se exponen los broches de cinturón hay uno que chirría mucho (y otro, cruciforme, sobre el que también habría alguna que otra cosa que contar, pero ése es un trabajo de Enrique, así que lo dejo en sus manos).




La pieza en cuestión es la situada abajo a la derecha en la imagen: un broche de cinturón articulado (aunque en la ficha del MAN lo describan, de forma incomprensible, como un "broche de cinturón de placa rígida"), formado por una placa de forma llamativa y con restos de una decoración esmaltada perdida casi del todo, una hebilla en forma de D y un hebijón de base escutiforme. Según la información que proporciona el propio museo, procede de Castiltierra (Segovia) y formaría parte del ajuar funerario de alguno de los individuos inhumados en ese gran cementerio.


Broche "Frankenstein" de Castiltierra (fotografía tomada de la web del MAN)


Un vistazo rápido permite apreciar, sin demasiado esfuerzo, que nos encontramos ante el típico "broche Frankenstein", montado a partir de objetos diversos. Esto, aunque muy raro, en ocasiones se dio en la propia vida de las piezas: la pérdida de partes originales y su sustitución por otras de otro estilo, e incluso el "reciclado" y adaptación de materiales antiguos (como la placa tardorromana reutilizada de Espirdo Veladiez, por poner un ejemplo rápido). Sin embargo, aparece con mayor frecuencia en las colecciones de algunos museos, perpetrado en época reciente y de la mano de especialistas despistados o expertos realmente no tan expertos en estos temas (pese a la mentalidad "anticuarista" que sigue planeando sobre la mayor parte de las exposiciones).

Yendo por partes y empezando por la más gorda, de la placa llaman la atención varias cosas. En primer lugar, su aspecto (ese color, ese brillo...), que delata un más que posible estañado de la aleación de base cobre (antes decíamos bronce y tan contentos: cosas de la modernidad) en la que está hecho y que contrasta con el de los otros dos elementos, que "verdean" bastante más. Y en segundo, su propia forma, que la separa sin ningún género de duda de las producciones peninsulares de la época y nos da la clave para conocer su origen: el sur de la actual Francia. Se trata, en efecto, de una placa de cinturón de tipo aquitano, con buenos paralelos más allá de los Pirineos, como el de la siguiente imagen, fechado entre el último cuarto del siglo VI y el primero del VII d. de C.


Arriba, placa aquitana del Tipo H de Lerenter de la necrópolis de Haure (Drudas, Haute-Garonne, Francia), según Boudartchouk et alii, 2000 . Abajo, placa de Castiltierra expuesta en el MAN (detalle de una fotografía antigua de los fondos del museo tomada de aquí)

Siguiendo el orden de mayor a menor, la hebilla, en forma de D, es de las que forman conjunto con los broches liriformes del Nivel V de la clasificación de G. Ripoll y que se fechan entre mediados del siglo VII y todo el VIII d. de C. e incluso puede que algo más allá (y, por cierto, prácticamente idéntica a la de la cueva de El Cuco y a la que acompañaba a la placa damasquinada de la cueva de Las Penas); mientras que el hebijón, de base escutiforme, es característico de las guarniciones de cinturón algo anteriores, de finales del siglo VI y la primera mitad del VII d. de C. (en la mayor parte de la Península, porque en el continente y en la zona donde triunfa la moda franco-aquitana, Vasconia, perduran al menos hasta el VIII d. de C.). Por tanto, ni la hebilla ni el hebijón ni la placa formaron, en origen, parte del mismo broche. Lo dicen sus cronotipologías y lo dice también el color. ¿Pudieron hacerlo como resultado de una de esas reparaciones "sobre la marcha" que acabo de mencionar? Pues tampoco, porque, como puede observarse si uno se fija con cierto detenimiento, es imposible unir esa placa y esa hebilla: los apéndices de sujeción de la hebilla no encajan (ni a martillazos) en los huecos que dejan los de la placa y, por tanto, es imposible colocar un pasador y conformar la charnela que las articularía. Tan sencillo como eso, al margen de tipos y colores.


Representación gráfica de la imposibilidad de articular placa y hebilla (sobre la foto antigua tomada de aquí)

Desconozco cuál es la historia de la pieza (o, mejor, de las tres piezas: placa, hebilla y hebijón) más allá de su origen en Castiltierra: si fue de las expoliadas y vendidas al MAN o si procede de alguna de las varias excavaciones oficiales. Sí que parece que estaba ya, montada así, en la exposición antigua, por lo que el error se ve que viene de muchos años atrás y no se ha corregido. Que una placa aquitana aparezca en una necrópolis segoviana es bastante raro (y debería haber llamado la atención de quienes la han catalogado y, al menos, figurar en la ficha...), aunque no imposible. De hecho, hay unos cuantos ejemplos repartidos por la Península (alguno en Cantabria), más allá de la zona vascona, donde abundan (y de ellos pienso hablar en otra entrada, alguna vez). Que la placa aquitana aparezca articulada a una hebilla en forma de D (exclusiva de la toréutica hispanovisigoda peninsular de onda mediterránea), tres cuartos de lo mismo. Que el hebijón sea de tipo escutiforme pero no esté estañado (lo que lo aleja de la placa, que es la única con la que podría hacer pareja) refuerza la idea de un montaje imposible. Y que las piezas no encajen entre sí  y sea imposible construir un broche utilizable con todas ellas ya es el remate final. Que, según parece, nadie en el MAN se haya dado cuenta de ello y ese "broche Frankenstein" de Castiltierra esté expuesto, tal cual, en el que tiene que ser el padre y referente de todos los museos arqueológicos españoles es... un "brochazo" (y mejor dejarlo ahí).

18 jun. 2015

La pérdida de las Hispanias

Entre los días 3 y 5 de Febrero del año que viene (2016, para los muy despistados) se celebrará en Madrid el V Coloquio Internacional "Nuevas perspectivas sobre la Antigüedad Tardía", organizado por la asociación Barbaricvm. El encuentro, dirigido por Rosa Sanz Serrano y coordinado por Jerónimo Sánchez Velasco y David Álvarez Jiménez, llevará por título "La pérdida de las Hispanias. Ideología, poder y conflicto" y contará con la presencia de destacados especialistas europeos en la Tardoantigüedad.



Las entidades colaboradoras son, hasta el momento de redactar esta entrada, el Instituto Arqueológico Alemán, el departamento de Historia Antigua de la UNED, el Colegio Oficial de Doctores y Licenciados (Sección de Arqueología), el Proyecto "Romanitas Principium" y el Museu Nacional Arqueològic de Tarragona. Y el plazo para la presentación de comunicaciones y pósteres finaliza el 1 de Octubre. 

En unos meses actualizaremos la noticia. Mientras, en este enlace (al blog del coloquio) puede consultarse toda la información disponible.

12 jun. 2015

En depósito

Anteayer, 10 de Junio de 2015, la otra pata del Proyecto Mauranus (Enrique Gutiérrez Cuenca, por si todavía hay algún despistado que no le conozca) depositó su tesis doctoral en la Universidad de Cantabria. El trabajo, que le ha llevado gran parte de su tiempo libre durante los últimos cinco años (conviene tener muy presente que Enrique tiene un trabajo completamente al margen de la arqueología, con horario de oficina y cinco días a la semana), se titula "Génesis y evolución del cementerio medieval en Cantabria" y ha sido dirigido por Carmen Díez Herrera, profesora de Historia Medieval de la UC (y quizá la única persona dentro de esa institución que se ha preocupado, pese a ser una historiadora "documentalista", de darle a la arqueología medieval la importancia que tiene y merece).

El autor y su "criatura", en una foto que he robado de un foro privado

En el momento de escribir esta entrada yo aún no he leído ni una sola línea de una obra que ha sido tan celosamente guardada como el "Necronomicón", pero tengo dos cosas, relacionadas con ella, que compartir con los lectores del blog. En primer lugar, una certeza: que hay un enorme trabajo detrás (y, conociendo al personaje, no existe ninguna posibilidad de que ese trabajo no haya sido otra cosa que dedicado, apasionado, brillante y, por supuesto, acertado). Y también la absoluta convicción de que estamos en un punto de inflexión para la historia de la arqueología medieval en Cantabria (la funeraria sobre todo, pero también el resto), ya que va a haber un antes y un después de la presentación y defensa de esta tesis (y, también por supuesto, de su publicación).


La tesis

Por mi parte, no hay mucho más que añadir. Que me alegro mucho (pero mucho, mucho, mucho) por él, aunque ahora tenga que tratarle de usted, porque sé lo que se lo ha currado y, por eso mismo, sé que se merece todo el reconocimiento posible y alguno más. Que también me alegro mucho por la arqueología medieval, reducida en Cantabria en las últimas décadas a casi la mínima expresión, pese al trabajo que algunos (no sólo nosotros, que quede claro) seguimos haciendo y cuya punta de lanza va a ser, a partir de ahora, la tesis de Enrique. Que, como no podía ser de otra forma, tengo unas ganazas enormes de leerla. Que va a ser un enorme placer compartir, a partir de Otoño, trabajos e investigaciones con todo un merecidísimo doctor. Y que su doctorado le sube un punto el nivel al Proyecto (y al blog).

Ahora, toca esperar hasta Octubre. 

25 may. 2015

Mauranus en el ciclo «Cantabria, nuevas evidencias arqueológicas»

Semanas atrás anunciábamos nuestras participación en el ciclo de conferencias «Cantabria, nuevas evidencias arqueológicas» organizado por Regio Cantabrorum y ADIC. Con el objetivo de incrementar la difusión de las mismas, los organizadores grabaron las intervenciones para después ponerlas a disposición de un público mucho más amplio que el que tuvo ocasión de acercarse a escucharnos a través de YouTube.

Por si alguien se las perdió y está interesado en escucharlas y en ver las diapositivas que las acompañaron, o estuvo allí y quiere refrescar las «mejores jugadas», aquí dejamos los videos de las dos conferencias con las que se cerró el ciclo, pronunciadas por los responsables del Proyecto Mauranus.

El 8 de mayo le tocó el turno a José Ángel Hierro Gárate con Nuevas aportaciones a la arqueología de las Guerras Cántabras ¿Más cerca del lugar del desembarco y del Mons Vindius? En la charla se presentaban los resultados de una línea de investigación sobre el Bellum Cantabricum que desarrollamos en colaboración con Rafael Bolado del Castillo.





El 15 de mayo Enrique Gutiérrez Cuenca fue el encargado de hablar sobre la actuación arqueológica que ha centrado desde 2010 las actividades del Proyecto Mauranus, en una conferencia que llevaba por título Desenterrando a los últimos visigodos. Actuaciones arqueológicas en Riocueva 2010-2014.




Esperamos que os resulten interesantes y quedamos abiertos a contestar todas aquellas dudas y preguntas que planteen nuestras intervenciones. Para ello podéis usar la sección de comentarios o las redes sociales.

21 may. 2015

Migajas

Después de cinco largos años dedicados a Riocueva y de despedirnos de la excavación sin intención de retormarla en el pasado mes de diciembre, nuestra intención era dar por terminada la etapa de trabajo de campo y centrarnos en el estudio de los materiales que quedan pendientes para poder ir preparando la monografía de la actuación arqueológica. Con ese objetivo presentamos nuestro proyecto a la última convocatoria realizada por la Consejería de Cultura para financiar actuaciones arqueológicas. En el proyecto se incluía la realización de los estudios de restos óseos animales (fauna) y de marcrorrestos vegetales (carbones), para los que aún no habíamos encontrado colaboración, y el envío de dos muestras para su datación por carbono 14. Importe total solicitado para estos fines: 5.000,00 euros. La cantidad máxima que disponía en la peculiar convocatoria.

Quizá «llamamiento» sería más correcto que «convocatoria» para denominar a la fórmula elegida en los dos últimos años por los responsables del Patrimonio Arqueológico de Cantabria para repartir fondos y permisos a los arqueólogos. Han caído en una absoluta desidia normativa y han preferido articular mecanismos más cómodos, evitando realizar una convocatoria de autorizaciones y subvenciones pública y abierta por los conductos habituales. Enviar un correo electrónico es mucho más cómodo que publicar en el BOC, no me cabe ninguna duda. Y convertir lo que antes eran subvenciones públicas en contratos a los que sólo pueden optar unos pocos «invitados», por mucho que se recomiende difundir la información, también debe de ser una fórmula más simple en su tramitación administrativa. No vayan a dedicar demasiado esfuerzo a un colectivo tan poco relevante.

El «llamamiento» realizado en 2014 se disculpaba por no realizar la convocatoria por los cauces habituales en los siguientes términos: «la situación económica no es la mejor en estos momentos, pero con el fin de que no se paralice la investigación arqueológica en Cantabria, la Dirección General de Cultura ha decidido hacer una convocatoria entre aquellos investigadores que solicitasteis autorización el año pasado para realizar algún tipo de intervención arqueológica en Cantabria». Ese «año pasado» se refería a 2013, único ejercicio en toda la legislatura en el que los todavía hoy responsables del Patrimonio Arqueológico de Cantabria han encontrado un hueco en su agenda para resolver una convocatoria pública. En 2012 la publicaron, pero no la resolvieron. Con esta estrategia se creaban unas reglas de juego diferentes: ya no había subvenciones, sino contratos directos por importe máximo de 5.000,00 euros y, en teoría, sólo estaban dirigidas a proyectos o investigadores que hubiesen participado en la convocatoria de 2013. En total eran (éramos) 25 los «invitados» a participar de este nuevo modelo de gestión económica de los fondos destinados a la investigación arqueológica, si revisamos la resolución referida a esa convocatoria. Para comprobar quiénes fueron (fuimos) los «afortunados» en el reparto sólo hay que echar un vistazo a la lista de contratos menores adjudicados en el tercer trimestre de 2014: sólo 5 de los 25 investigadores de la lista, todos ellos solicitantes en la convocatoria de 2013. Ya entonces recibimos sólo el 75% de lo que pedíamos, 3750,00 euros de 4.961,00 euros, bastante menos de la cantidad de la que pudimos disponer en 2013, que fueron 6.545,00 euros. Como no queríamos dejar el trabajo de campo a medias, cogimos a regañadientes lo que nos dieron y lo estiramos como pudimos para cumplir con el proyecto. Conviene señalar que no nos dijeron qué parte de nuestro proyecto desestimaban, sólo que no podían darnos todo lo que habíamos pedido y que ajustásemos nuestros planes a sus finanzas.

Es difícil entender cuál es el criterio por el cual primero te dicen que puede pedir 5.000,00 euros para tu proyecto, les pides 4.961,00 euros y después te dicen que se lo han pensado mejor y sólo te dan 3.750,00 euros. Supongo que no habían echado bien las cuentas antes... o que han preferido aplicar la política de «café para todos» tan habitual en la administración española, repartiendo entre muchos en lugar de apostar por unos pocos. Al fin y al cabo, son proyectos de investigación y no trabajos que puedan ser adjudicados al mejor postor. Proyectos que alguien ha pensado, ha dado forma, ha presupuestado y que, en muchos casos, ser desvirtúan si se les recorta por algún sitio. Y si alguien se considera capacitado para determinar cuánto dinero menos se debe gastar en cada uno, será porque tiene claro qué parte es prescindible. ¿Quieren que la campaña dure menos? ¿Que dure lo mismo con menos gente? ¿Que sea menor la extensión de la excavación? ¿Que se profundice menos en la misma superficie de excavación? ¿Que los planos se hagan a menos escala para gastar menos papel? ¿Que sólo se recojan de forma individualizada los huesos humanos y no los de fauna para usar menos bolsas de plástico? ¿Que hagamos menos analíticas? ¿Que hagamos las mismas analíticas pero excavemos menos extensión? ¿Que vayamos más despacio por la carretera para que los vehículos consuman menos y se pueda ahorrar en desplazamientos? ¿Que modifiquemos el calendario y los horarios de trabajo para ahorrar en manutención? Prefieren dejarnos decidir, poniendo de manifiesto que les da lo mismo lo que hagamos con el dinero que nos dan. Con el dinero de los ciudadanos en cuyo nombre gestionan los asuntos públicos. La cultura del recorte sin criterio es cómoda para el gestor, le permite enorgullecerse de su austeridad, pero pone en evidencia, en muchos casos, la incapacidad para tomar decisiones razonadas.

Como se ha indicado más arriba, la fórmula elegida por los responsables del Patrimonio Arqueológico de Cantabria en 2015 ha sido la misma que en 2014. Incluso el documento es tan sospechosamente parecido que parece que únicamente le hubiesen cambiado la fecha. De nuevo se habla de «una convocatoria entre aquellos investigadores que solicitasteis autorización el año pasado para realizar algún tipo de intervención arqueológica en Cantabria». Y aquí ya sí que le perdemos la pista a la nómina de «invitados». Cuando una convocatoria de este tipo se realiza por los cauces normales, se hacen públicas las resoluciones en las que se recoge la relación de permisos solicitados y la decisión tomada por la administración sobre los mismos. En este caso, al hacerse un «llamamiento» para adjudicar unos contratos menores, el rastro documental es más difícil de seguir. Vamos, que no sabemos con seguridad quiénes solicitaron autorización en 2014. Lo que sí está claro es que el año pasado sólo pudieron ser estimadas las solicitudes de investigadores que hubiesen participado en la convocatoria de 2013 y que en 2015 la lista se tendría que haber reducido aún más. Sabemos por diversas fuentes que se han admitido las solicitudes de investigadores que no constaban en aquella lista de 25 «elegidos» de 2013, cosa que no deja en buen lugar a los responsables del Patrimonio Arqueológico de Cantabria y que, pese a ello, no nos parecería demasiado mal si no sospechásemos que esto ha afectado a nuestros intereses. Más solicitantes y el mismo criterio errático para repartir los fondos auguraban un panorama aún peor que el de 2014. En esta ocasión, del «café para todos» nos han ofrecido los posos. Migajas, apenas un 30% de lo que nos dijeron que podíamos pedir y pedimos. ¿Qué sentido tiene volver a consignar 5.000,00 euros si ya habían comprobado, con la experiencia de 2014, que no podían darle a nadie más de 3.750,00 euros? Nosotros volvimos a pedir 5.000,00 euros y nos han ofrecido la friolera de 1.600,00 euros, impuestos, cuotas y demás gastos administrativos incluidos. Vamos, que daría para poco más que una de las dataciones de carbono 14 o para estudiar la mitad de los huesos que tenemos o unos pocos de los carbones. Tampoco esta vez nos han dicho cuál es el 70% de nuestro proyecto que no consideran oportuno financiar. Seguramente porque ni se lo han planteado. Han puesto una cifra y el resto les importa muy poco.

Lo primero que hemos pensado ha sido que se nos ha fundido la estrella que nos acompañaba desde aquel glorioso 2011 en el que pusimos en marcha la excavación con 5.442,00 euros. Y que probablemente aquello, lo de 2013 y lo de 2014, habían sido golpes de fortuna. Y lo que nos ofrecen para 2015 es simple mala suerte. Vista la experiencia de las ediciones anteriores, parecía claro que el único criterio era el de asignar cantidades a nombres, sin tener en cuenta las particularidades de cada proyecto. Nosotros sólo queríamos ir cerrando el nuestro, pero con un tercio de lo que necesitamos sólo podemos liquidar una parte de las tareas pendientes.

Pero ¿y si no ha sido el simple azar, un capricho o una decisión poco meditada? ¿Y si nuestro proyecto ha perdido interés? Es razonable pensar que los 15.737,00 euros que los responsables del Patrimonio Arqueológico de Cantabria habían decidido invertir en Riocueva entre 2011 y 2014 respondían al interés de nuestro proyecto. Y que, de repente, hemos perdido el atractivo y no quieren que malgastemos ni un euro más, que con lo que nos ofrecen ahora tenemos de sobra, porque el estudio de los contextos funerarios de época visigoda ya no es una prioridad. Sin embargo, no hay constancia oficial de que haya habido un cambio de criterio. Si consideramos que los «llamamientos» de 2014 y 2015 son una extensión oficiosa de la convocatoria de 2013, debemos remitirnos a este documento para encontrar cuáles son las líneas de investigación prioritarias en la Arqueología de Cantabria: las que marca el Plan Regional de Arqueología redactado en 2010. Por si alguien no las conoce después de tantos años en vigor, aquí las recogemos:
- Prospecciones.
- Patrimonio subacuático.
- Patrimonio paleontológico en depósitos de origen no antrópico.
- El Paleolítico Inferior.
- Asentamientos al aire libre desde los orígenes del poblamiento hasta el final de la Edad Media.
- Contextos funerarios desde el Calcolítico hasta época visigoda.
- Arqueología de las Edades Moderna y Contemporánea.
- Caminos y red viaria.
Que sepamos, nadie lo ha modificado, ni lo ha enmendado, ni lo ha denunciado, ni nada parecido. Al menos, de forma oficial. Éste está en el BOC desde 2010 y a éste remite la convocatoria de 2013. Sospechamos que los responsables del Patrimonio Arqueológico de Cantabria pueden haber cambiado de prioridades, pero no lo han expresado a través de los conductos adecuados. Que nuestro proyecto haya pasado a percibir una cantidad testimonial que dificulta su desarrollo podría ser una prueba de que se ha dado un giro de timón en las prioridades. Es normal renovarse y cambiar de opinión, lo hacemos todos con frecuencia. Pero cuando la que cambia de criterio es la Administración debe hacerlo conforme a unos procedimientos regulados. Vamos, que si querían que las nuevas convocatorias de autorización y financiación de actuaciones arqueológicas tuviesen nuevas prioridades, lo mínimo que deberían haber hecho es cambiar el Plan Regional de Arqueología o, siendo un poco más pícaros, obviarlo en sus convocatorias.

Nosotros sólo queríamos dar carpetazo a la parte «financiada» del proyecto de actuación arqueológica en Riocueva y tratar de cerrarlo en las mejores condiciones para publicar los resultados lo antes posible. No es tan difícil de entender. Con una financiación adecuada podríamos haberlo hecho en 2015. Por desgracia, tendremos que esperar otro año más y quizá otro más y otro más hasta que, juntando las migajas que ahora parece que merecemos, podamos concluir nuestro trabajo. Trabajo desinteresado, que quede patente y por si a alguien no le había quedado claro en todos estos años. No somos profesionales de la Arqueología, no recibimos honorarios por el tiempo que dedicamos a la investigación ni tampoco los reclamamos. Empleamos cada euro de dinero público en conseguir obtener tantos datos como nos resulta posible del yacimiento al que hemos dedicado de forma voluntaria y voluntariosa grandes esfuerzos. Sacrificando horas de sueño, de ocio, de vida familiar y sin pedir nada a cambio más que respeto por nuestro trabajo y por el de nuestros colaboradores. Es más, hemos multiplicado cada euro invertido, gracias a la colaboración desinteresada de otros investigadores que se han implicado en nuestro proyecto y lo han hecho suyo. Si tuviésemos que pasar la factura real de cada estudio especializado, de cada analítica, de cada tratamiento a los que hemos tenido acceso, es posible que no se cubriese ni con el triple de lo invertido hasta ahora por la Administración. No se lo reprochamos a nadie, pero no está de más recordarlo. No esperamos aplausos, pero tampoco que nos despachen con migajas. Y si lo hacen, que al menos inviertan tiempo y trabajo en que no parezca una decisión arbitraria, caprichosa y poco meditada.

18 may. 2015

Necrofilia en Satalia

Hace unos días estaba revisando en Gallica, la biblioteca electrónica de la Bibliothèque Nationale de France, un manuscrito iluminado compuesto por varios libros de viajes medievales, buscando imágenes de peregrinos, y me topé con una imagen que me llamó poderosamente la atención. En la escena aparecía un cementerio ubicado junto a una iglesia y rodeado por un muro, no muy diferente de otros que aparecen en representaciones contemporáneas. Eran los personajes que aparecían lo que resultaba extraño. En lugar del típico cortejo fúnebre o del no menos típico entierro hay un hombre abriendo la tumba de una mujer con la que, aparentemente, parecía estar teniendo trato carnal. La desnudez de la muchacha, la postura del hombre y el detalle definitivo de sus calzas bajadas no dejaba mucho sitio a la imaginación.

Página del manuscrito iluminado BNF Français 2810 f. 299 (Fuente: Gallica)
Tras unos segundos de perplejidad tuve que asumir que me encontraba ante una escena de necrofilia. En este blog hemos tratado la necrofobia al hablar del uso funerario de las cuevas en época visigoda, pero nunca habíamos tenido ocasión de tratar justo el tema contrario. Ni siquiera se me habría ocurrido así en frío, pero una imagen tan explícita llamó poderosamente mi atención y me ha tenido varios días rastreando documentos que me permitiesen darle un poco de sentido.

Detalle de la escena del manuscrito BNF Français 2810 f. 299 (Fuente: Gallica)
La primera cuestión que se planteaba era ¿qué historia estaba ilustrando la escena? Como decía al principio, se trata de un manuscrito en el que se han juntado páginas de varios libros de viajes en edición ilustrada del siglo XV, concretamente siete, incluido por supuesto el bet seller de la época en este género: el Libro de las Maravillas de Marco Polo. La página que contiene la escena corresponde, sin embargo, a una obra mucho menos famosa: el Voyage autour de la terre de Jehan de Mandeville, escrita en la segunda mitad del siglo XIV por un autor desconocido. El libro relata los viajes de este personaje-narrador por Egipto, India, Asia Menor, China y el Mediterráneo. Una de las numerosas curiosidades que recoge la narración es el pasaje que habla del origen mítico de las peligrosas corrientes del golfo de Satalia, cerca de Chipre, cuya transcripción recogemos aquí en su versión original:
En allant vers Chypre, on passe par le golfe de Sathalie où il y avait jadis une grande terre et une belle cité du nom de Sathalie, mais cette cité et ce pays furent perdus par la folie d'un jouvenceau qui aimait une demoiselle belle et avenante. Elle mourut subitement et fut mise dans un cercueil de marbre. Dans le grand amour qu'il avait pour elle, le jeune homme alla de nuit à sa tombe, l'ouvrit et coucha avec elle, puis il partit. Quand il revint au bout de neuf mois, une voix vint à lui, qui lui disait: «Va à la tombe de cette femme, ouvre-la et regarde ce que tu as engendré en elle. Et ne te refuse pas à y aller, car si tu n'y vas pas, tu en souffriras». Il alla et ouvrit la tombe dont jaillit une tête défigurée et hideuse à voir. Cette tête regarda la cité et le pays et, aussitôt, la cité fut engloutie dans l'abîme. Il y a là un passage des plus périlleux.
Jehan de Mandeville, Voyage autour de la terre, ca. 1357-1371 (edición de C. Deluz, 1993)
La historia cuenta cómo un joven enamorado profanó la tumba de una doncella de la que estaba enamorado para poseerla después de muerta. Nueve meses después una voz le dijo que fuese a la tumba de la mujer para ver lo que había engendrado o, de lo contrario, se enfrentaría a un insoportable sufrimiento. El producto de su ominosa lascivia era una cabeza desfigurada y monstruosa que, al mirar a la ciudad de Satalia, provocó su desaparición, engullida en un abismo. En el lugar donde estaba la ciudad y su territorio sólo quedó un peligroso paso marítimo.

La primera parte de la narración se correspondía con la escena que representaba el folio 299 del manuscrito Français 2810 de la BNF, realizada hacia 1400-1420. Aunque la leyenda de Satalia narra hechos sucedidos en tiempos aparentemente remotos, el ilustrador la ha representado con un «vocabulario gráfico» propio de su época, representando el cementerio junto a una iglesia y las tumbas señalizadas con cruces de madera techadas. Pero ¿estarían ilustradas con la misma escena de necrofilia otras versiones iluminadas de la obra de Mandeville? El primer manuscrito que revisé sin fortuna fue el conservado en la British Library, una versión ilustrada en Bohemia en el primer cuarto del siglo XV. Muchas representaciones de tumbas —de Aristóteles, de Hermes Trimegisto, de Adán, etc.— pero ninguna semejante a la del manuscrito de la Bibliothèque Nationale de France. Seguí buscando y no tardé en dar con una representación de la historia del profanador concupiscente, aunque mucho más recatada que la primera. En el Stiftsarchiv St. Gallen (Suiza) hay un manuscrito de los viajes de Mandeville ilustrado en el segundo cuarto del siglo XV donde el joven simplemente abre la tumba de la doncella, que yace correctamente vestida.  

Ilustración del manuscrito Cod. Fab. XVI del Stiftsarchiv St. Gallen (Fuente: e-codices)
El resto de los manuscritos que he localizado no están iluminados, sólo contienen el texto del libro de viajes. Son las primeras versiones impresas de la obra de Mandeville, concretamente varios incunables traducidos al alemán, las que sí recogen representaciones ilustradas de la leyenda de Satalia. En estas versiones la atención del grabador se centra en la segunda parte de la narración, cuando el joven vuelve a abrir la tumba tras nueve meses para conocer el fruto de su amor prohibido. En un incunable de la Bibliothek Otto Schäfer (Alemania) fechado en 1488 la escena muestra en el cementerio al joven huyendo, la doncella yacente, la cabeza monstruosa y una representación alegórica de la voz que transmite el mensaje amenazante.

Ilustración de incunable de la biblioteca Otto Schäfer, de 1488 (Fuente: MDZ Digitale Bibliothek)
Las imágenes de otros incunables alemanes de finales del siglo XV muestran únicamente al engendro, una bestia demoniaca con pico de rapaz, cuernos de cabra y otra cabeza en la espalda, saliendo de la tumba y asustando al joven. Ni rastro de necrofilia.

Ilustración del incunable 1083 de la Bayerische Staatsbibliothek, de 1481 (Fuente: MDZ Digitale Bibliothek
El manuscrito Français 2810 de la BNF ofrece, por lo tanto, un testimonio gráfico excepcional por su explícito contenido sexual. La referencia a la necrofilia no aparece en el resto de versiones ilustradas de la leyenda de Satalia, mucho más recatadas o sólo interesadas en reproducir la parte más sobrenatural del relato. Una historia que, por cierto, no aparece únicamente en la descripción de los viajes de Mandeville. Como recoge el antropólogo Salomon Reinach en su artículo de 1911 «La tête magique des Templiers», las versiones más completas de los sucesos que provocaron la destrucción de Satalia aparecen ya hacia 1182-1190 en la obra De nugis curialium de Walter Map; en 1201 en la Chronica de Roger de Hoveden; y en 1214 en la Otia Imperalia de Gervasio de Tilbuty. Por el primero sabemos que la historia aconteció en tiempos de Silvestre II (999-1003) —el papa Gerberto—, que el engendro aparecido era la cabeza de la gorgona Medusa y que el peligroso golfo se llamó de Satalia en honor a la doncella, pues es era su nombre.  Según Roger de Hoveden el nombre de la muchacha era Yse, no Satalia. Del nombre del joven caballero no quedó memoria.

Quedaba, después de todas estas pesquisas, una cuestión aún sin revolver ¿dónde estaba exactamente Satalia? En lo mapas actuales no hay ni rastro del topónimo, ni en tierra, ni en el mar. Por fortuna, todavía en las descripciones geográficas del siglo XVIII aparece mencionada la ciudad y el peligroso golfo. Un buen ejemplo es el Diccionario Geográfico de Juan de la Serna, editado en 1772, en el que se sitúa Satalia en la costa turca, en la región de Caramania. Todo parece indicar que se trata de la actual Antalya y que el golfo del mismo nombre es el traicionero golfo de Satalia de los textos medievales. Sin embargo, hasta donde he podido averiguar, esta ciudad no sufrió ninguna destrucción traumática desde su fundación allá por el siglo II a. de C. De hecho, en tiempos del papa Gerberto era una de las principales ciudades del Imperio Bizantino. Quizá la leyenda de la violenta destrucción de Satalia, engullida por el abismo, tenga que ver con el hecho de que es una zona de cierta inestabilidad sísmica en la que ocasionalmente se producen terremotos.

Descripción geográfica de Satalia en el diccionario de Juan de la Serna (Fuente: Google Books)

13 may. 2015

Riocueva 2010-2014: cinco años en una conferencia

Cuando, el 25 de Septiembre de 2010, Enrique y yo pisamos por primera vez la cueva de Riocueva no podíamos imaginar cómo ese yacimiento iba a marcar nuestras vidas arqueológico-investigadoras los siguientes años. Llegamos allí guiados y acompañados por Milio (Emilio Muñoz, figura señera de la espeleoarqueología cántabra) y Rogelio (Alejandro Bermejo), en el marco de un proyecto de investigación que habíamos creado tiempo atrás (algo así como "Proyecto Mauranus", ¿os suena?) y del que la toma de muestras de huesos humanos y cerámica para datar que realizamos ese año fue su primer trabajo de campo. Enseguida tuvimos claro que aquella cueva "era buena", que tenía toda la pinta de haber sido usada con fines sepulcrales en época visigoda (ni más ni menos que lo que andábamos buscando), así que cuando llegó el resultado de la muestra correspondiente (segunda mitad del siglo VII, más o menos) no hubo sorpresa.


Milio y Rogelio en la boca de Riocueva

Empezaron entonces 4 años y pico de trabajo de excavación, procesado, documentación e investigación, fruto de los cuales ha sido un, en mi opinión, impresionante avance en el conocimiento de las formas de vida (y de muerte, aunque sólo en parte) en la Cantabria de los siglos VII-VIII (y lo que os rondaré). Cierto es que no sólo Riocueva ha sido fundamental para ello y que sin Las Penas, el Portillo del Arenal o La Garma ese avance no sería tan grande. Pero no es menos cierto que Riocueva está siendo la culminación de un proceso iniciado en esos otros yacimientos y la actuación que hemos llevado a cabo en ella un banco de pruebas donde poner en práctica nuevas técnicas y enfoques. Además y aunque también tengamos algún tipo de relación con los otros tres, éste es "nuestro yacimiento" y se tiene que notar. Y en él encontramos un anillo de oro (no es "el anillo único de poder", no, pero tampoco está mal) con el que fardar. Palabras mayores (ah, el vil metal).


El anillo


El objetivo de esta entrada no es repasar todo lo que hemos hecho hasta ahora en la cueva: para eso está el blog, con el seguimiento casi "en tiempo real"(siempre me he preguntado cuál es el tiempo no real, ¿el "tiempo de los sueños de los aborígenes australianos?) de las últimas campañas de excavación. Ni la información que hemos obtenido allí, parte de la cual puede consultarse en alguna de las publicaciones que tenemos colgadas en nuestros perfiles de Academia.edu (aunque la mayor parte esté aún en prensa o más atrás). Esta entrada es, de nuevo, una excusa para anunciar una conferencia, la que dará Enrique el viernes día 15, a las 8 de la tarde, en la sede de ADIC. Conferencia titulada "Desenterrando a los últimos visigodos. Actuaciones arqueológicas en Riocueva 2011-2014", con la que se cierra el ciclo organizado por Regio Cantabrorum y la propia ADIC y en la que repasará estos 4 años de trabajos en la cueva. Habrá niños muertos, hogueras, cuchillos y hebijones. Anillos (no sólo de oro), panizo, almejas y natrón. Husos, tejones, copas y ollas. Pendientes, carbones, murciélagos e incluso revenants. Bueno, no estoy seguro de que vaya a hablar de revenants, pero yo no me la perdería por si acaso.

Esto no son exactamente revenants, pero se les parecen mucho (imagen sacada de por aquí)

6 may. 2015

La importancia del desembarco romano en Cantabria y un historiador del siglo IX

Otoño de 26 a. de C. En algún punto al sur del territorio cántabro, en sus cuarteles de invierno (¿de nuevo los alrededores de Segisama, como al inicio de la ofensiva?), el gobernador de la provincia Tarraconense y ahora comandante de la fuerza de invasión, Gayo Antistio Veto, prepara la campaña del año siguiente. La primavera anterior, el Princeps en persona se puso al mando de un potente ejército (¿3 legiones? ¿4?), lo dividió en 3 columnas y atacó Cantabria por tres puntos desde las tierras más septentrionales de los Turmogos, aliados de Roma. Y fracasó. Sin apenas resultados dignos de mención (¿bordeando la derrota ignominiosa en alguna ocasión? ¿no consiguiendo tomar alguno de los grandes oppida del sur de Cantabria? ¿logrando, como mucho, la sumisión de algún populus situado en la periferia cántabra?), a punto de perder la vida fulminado por un rayo, enfermo y desmoralizado, se retiró a Tarraco dejando a Antistio al frente de las tropas.

Imagen aérea de uno de los campamentos romanos localizados junto a Segisama (Olmillos de Sasamón, Burgos) por F. Didierjean (2008)


Han estado cerca del desastre, sí, pero ahora será diferente. Esta vez, el ataque desde el sur (¿con 3 legiones? ¿con 2?) irá acompañado de otro simultáneo desde el norte, desde la propia retaguardia enemiga. El mismo Octavio ha ordenado aprestar una flota en el Golfo de Aquitania y desembarcar tropas (¿1 legión?) en la costa cántabra en cuanto empiecen las operaciones. Y ese ataque por la espalda obligará a los Cántabros a plantar cara de una vez al enemigo que avanza desde territorio turmogo y tratar de detenerlo antes de que la tenaza romana se cierre sobre ellos. Y así serán derrotados.

Al año siguiente el guión se cumplió y el plan salió a la perfección. Los romanos desembarcaron en la retaguardia cántabra y, al tiempo, volvieron a avanzar hacia el norte desde sus bases en el sur. Los Cántabros salieron a su encuentro y fueron derrotados en una gran batalla campal. Pero dejemos que sea Orosio (una de las cuatro fuentes fundamentales para conocer el desarrollo de las Guerras Cántabras, junto a Floro, Dion Casio y, en menor medida, Estrabón) quien nos lo cuente:

Diu fatigato frustra atque in periculum saepe deducto exercitu, tandem ab Aquitanico sinu per Oceanum incautis hostibus admoveri classem atque exponi copias iubet.  Tunc demum Cantabri sub moenibus Atticae maximo congressi bello et victi in Vinnium montem natura tutissimum confugerunt, ubi obsidionis fame ad extremum paene consumpti sunt [Historiae Adversus Paganos, VI, 21, 4-5]

En traducción algo libre, más o menos esto:

"Tras largo tiempo agotando en balde a su ejército y poniéndolo en peligro muchas veces, finalmente ordena que la flota se acerque por mar, desde el Golfo Aquitánico, a los desprevenidos enemigos y desembarque tropas. Sólo entonces los Cántabros se reunieron para el mayor combate bajo las murallas de Attica y, vencidos, huyeron al monte Vinnio, segurísimo por naturaleza, donde fueron consumidos casi hasta el último en un asedio por hambre"

Como ya lo he contado antes, ahora sólo sacaré las dos ideas principales relacionadas con el desembarco: que fue un hecho fundamental para la victoria romana y que la flota y las tropas que lo protagonizaron llegaron desde el Golfo de Aquitania (el sinus Aquitanicus del texto).

Acerca del primero y aunque suele citarse y comentarse, creo sinceramente que hoy en día no recibe la importancia que merece, que es toda (la honrosísima excepción es este artículo de E. Peralta, único trabajo que conozco en el que se trata el tema en profundidad). Los hechos de la guerra más destacados por la historiografía siguen siendo los mencionados (por su nombre) por Floro y Orosio: la batalla "bajo las murallas" de Vellica/Belgica/Bergida/Attica (claramente, no había consenso entre los copistas), el episodio del Monte Vindio, el asedio y toma de Racilium/Aracelium y el cerco al Monte Medulio; los tres primeros sucedidos durante el Bellum Cantabricum propiamente dicho (26-25 a. de C.) y el cuarto muy probablemente durante el mandato de Gayo Furnio en la Tarraconense, en 22 a. de C. Sin embargo, ninguno de ellos hubiese tenido lugar (especialmente los tres primeros) sin el desembarco. Esas tropas traídas por mar abrieron un segundo frente y se colaron en el corazón de Cantabria por la puerta de atrás, por donde nadie las esperaba. Y desde allí le asestaron la puñalada definitiva a la resistencia cántabra que tan bien había funcionado hasta entonces y que tanto había desesperado al propio Augusto. Todo lo que siguió fueron victorias romanas, victorias que terminaron con la conquista del territorio, aunque no con su completa pacificación.

El oppidum de Monte Bernorio, probablemente la Bergida bajo cuyas murallas se enfrentaron en batalla campal Cántabros y Romanos en 25 a. de C. (foto tomada de la web del Proyecto Monte Bernorio)

Es por eso que no puedo entender a algunos autores cuando se pierden en disquisiciones acerca del porqué de la existencia (que nos cita Plinio, un siglo después) de un "Puerto de la Victoria" (Portus Victoriae Iuliobrigensium) en algún lugar de la costa cántabra: que si para conmemorar la conquista del norte peninsular, así en genérico; que si por la ubicación en él de un presunto monumento a la diosa Victoria... A la vista de lo expuesto hasta aquí, parece mucho más sencillo. Los romanos fundaron su "Puerto de la Victoria" (el Iuliobrigensium, "de los Juliobriguenses", que lo acompaña quiere decir que, en el momento en el que Plinio escribe, ese puerto era la salida al mar de los habitantes de Julióbriga y su territorio, como Portus Blendium lo era de los Blendios y Portus Vereasueca o Veseiasueca era el puerto de los Orgenomescos, otros dos populi cántabros) en el lugar en el que empezaron a conseguirla durante su guerra contra los Cántabros. O lo que es lo mismo, en el sitio en el que desembarcaron en el año 26 a. de C. 

Marine romano (no tengo ni idea de cómo consiguió Lino Mantecón, a quien se la he cogido, esta ilustración ni quién es su autor. El enlace a la imagen es éste)

Cuál fue ese sitio es una de las preguntas sin respuesta que acompañan al desarrollo de la conquista romana de Cantabria. Dado que son muchos los autores que no han hecho el razonamiento anterior, las distintas propuestas de localización del lugar del desembarco y del Portus Victoriae suelen ir por separado. Para el primero se han manejado varias opciones, aunque las más frecuentes han sido Santander y Suances. También merece la pena mencionar, aunque sea sin profundizar demasiado (ya lo hicimos en nuestro artículo sobre las Guerras Cántabras de Cántabros. Origen de un pueblo), la teoría de A. Morillo, que lo ha situado en Castro-Urdiales (Amanum Portus primero, o al menos sus inmediaciones, la colonia Flaviobriga después), territorio de los autrigones aliados de Roma y, por tanto, fuera de las fronteras de Cantabria. Según este autor, una escuadra denominada por él (y por otros) classis Aquitanica (flota que, por cierto, nunca existió como tal y menos con ese nombre, como hemos visto en el pasaje de Orosio más arriba) habría desembarcado tropas junto a ese oppidum autrigon (el castro de la Peña de Sámano), tropas que, desde allí, habrían avanzado, bordeando (por fuera) el territorio Cántabro hasta las cercanías de Herrera de Pisuerga, donde se habrían unido al resto de efectivos que atacaban Cantabria desde el sur. Sólo diré que esa interpretación no sólo entra en clara contradicción con lo que dicen las fuentes de la guerra (las palabras de Orosio ya las conocemos, mientras que Floro dice que el enemigo era atacado por una flota desde el mar) sino que, además y en mi opinión, no tiene ningún sentido desde el punto de vista militar. Por poner un ejemplo relativamente reciente y muy gráfico, sería como si los aliados, en lugar de desembarcar en Anzio en Enero de 1944 lo hubiesen hecho al sur de la "Línea Gustav" (la línea defensiva alemana que deseaban forzar y contra la que se habían estrellado en su avance hacia Roma desde la Italia meridional). Un completo disparate, se mire como se mire. 

La ofensiva aliada sobre Roma en 1944, con el desembarco en Anzio  (Fuente: Wikipedia)

Sobre la localización del segundo la cosa ha estado bastante reñida y, aunque hoy por hoy suele admitirse su identificación con Santander, Santoña siempre estuvo bien situada en la pugna, así como, de nuevo, Suances. La opción santoñesa se apoya (y no es para tomarlo a broma) en que es el único puerto de Cantabria que aparece mencionado en la documentación medieval como "Portu" (también en una presunta inscripción descubierta en el siglo XVII, y nunca vista, que se considera falsa por los problemas epigráficos que presenta su transcripción). La de Suances, igual que para el desembarco, en criterios meramente geográficos y de conveniencia para el discurso de quienes la defienden (es la salida natural al mar de la "Vía del Besaya"). Yo estoy convencido (aunque la idea no sea mía) de que ambos, lugar del desembarco y puerto romano, son la misma cosa y que ésta se encuentra en algún punto al sur de la Bahía de Santander (entendida en sentido amplio, incluyendo los estuarios que forman los ríos que desembocan en ella), pero ahora no toca entrar en detalles. Como no toca en este momento ir más allá de este comentario: el Golfo de Aquitania no es,obviamente, Aquitania sino algo equivalente, más o menos, al Golfo de Vizcaya actual. Y por eso mismo, los legionarios desembarcados en Cantabria no tenían, necesariamente, que proceder del sudoeste francés. Y ahí lo dejo.

La Bahía de Santander (Foto tomada de aquí)

Volviendo casi al principio, al desembarco y su importancia, ya en 2001 los responsables de este blog (es decir, Enrique y yo) nos dimos cuenta de que el texto de Orosio dejaba muy clara la relación causa-efecto entre aquél y la batalla que abrió a los romanos las puertas de Cantabria. Ese "sólo entonces" (tunc demum), en el que sólo Eutimio Martino (al menos que recuerde ahora mismo) había reparado, era incontestable a ese respecto. O eso nos pareció entonces y nos ha seguido pareciendo hasta ahora (en el ya citado artículo que compartimos con Rafael Bolado, por ejemplo). Y precisamente en estos momentos nos lo parece mucho más, pues hemos encontrado un testimonio excepcional, que nos llega directamente desde la Alta Edad Media (libre por tanto de cualquier prejuicio "actualista" acerca de la conquista romana de Cantabria). Y, como a estas alturas ya sospecharán nuestros astutos lectores, ese testimonio medieval dice exactamente lo mismo que nosotros. ¿De qué estoy hablando? Pues de un pasaje de la obra principal de Freculfo de Lisieuxuna Crónica universal escrita en el siglo IX. En él queda muy claro cómo este autor carolingio entendió a la perfección lo que quiso decir Orosio (al que sigue y resume cuando relata los hechos de los que hablamos) y la importancia capital que tuvo el desembarco en la derrota de los Cántabros y la subsiguiente conquista de Cantabria por Roma. En sus propias palabras:

Quos Caesar dum saepius aggressus frustra propter Pyrenaei difficultatem, tandem ab Aquitanico sinu per Oceanum, incautis hostibus, admoveri classem atque exponi copias iubet, quos ita improvisos debellavit et cepit. [Chronica, 1, 7, cap. XVI)

Lo que traducido de aquella manera por mí mismo viene a decir algo así como que el César (Augusto), después de mucho atacar en vano (a los cántabros) debido a lo complicado del terreno (el Pirineo o, lo que es lo mismo, la cordillera Cantábrica), finalmente ordenó que viniese una flota (a través del océano, obviamente) desde el Golfo de Aquitania y desembarcase tropas, cogiéndoles por sorpresa. Y que gracias a eso los pudo derrotar y conquistar. Es decir (una vez más, y van no sé cuántas en esta entrada), que el auténtico punto de inflexión en el Bellum Cantabricum fue el desembarco romano en la costa cántabra. 





Y todo este rollo para anunciar que el próximo viernes 8 (pasado mañana), en la sede de ADIC y aprovechando que presento por primera vez en Cantabria algunos de los posibles campamentos romanos de campaña que hemos encontrado en los últimos tiempos gracias a Internet y las colecciones de fotografías aéreas e imágenes satelitales (¡cómo mola este palabro!), hablaré de todas estas cosas.

6 abr. 2015

El "Cañon de Cuchía"

Hace más de 3 años, en Febrero de 2012, publiqué una pequeña entrada en la que enseñaba tres fotos de un emplazamiento para cañón de la Guerra Civil Española. En aquel momento no dije dónde estaba, a la espera de publicar los resultados de la prospección en la que lo habíamos localizado. Ahora, esos resultados (y otros más, también relacionados) están ya en prensa (en dos trabajos que firmamos Borja Gómez-Bedia Fernández, Enrique y yo: uno en las Actuaciones Arqueológicas en Cantabria hasta 2011 y otro en el próximo número de la revista de arqueología Sautuola), así que creo que ha llegado el momento de contar parte de la historia de esa estructura. Y de eso va esta entrada, del "Cañón de Cuchía"; de dónde, cuándo, quién y para qué lo construyó.

Como su propio nombre (que he tomado de documentos oficiales de la época) indica, el "Cañón de Cuchía" se levanta en terrenos de esa localidad costera cántabra, concretamente en una zona de praderías al norte del pueblo, muy cerca de los acantilados.



Localización del "Cañón de Cuchía" sobre planos y ortofotografía aérea (Fuente: mapas.cantabria.es)

Se trata de un "emplazamiento cubierto para cañón" de 8,5 x 6 m, con techo abovedado, parapeto frontal, vano posterior y suelo de fábrica; todo ello en hormigón armado. No muy lejos de él se localiza la entrada, semienterrada, del que fue su polvorín subterráneo. 

El polvorín y la casamata

Vista frontal de la casamata

Vista trasera 

Vista desde un lateral

Vista desde el otro lateral

Detalle del techo 

Detalle de la cubierta

Interior de la casamata

Ambas estructuras, casamata y polvorín, fueron construidas en el invierno y la primavera de 1937 por obreros eventuales, bajo la dirección de ingenieros militares del Cuerpo de Ejército de Santander (II Cuerpo de Ejército en un principio, XV Cuerpo de Ejército después, del Ejército del Norte republicano). 

AGMAV, C 686, Cp. 13, D. 1 / 5

Su construcción se enmarca dentro del primer plan republicano de fortificación del litoral bajo control del Consejo Interprovincial de Santander, Palencia y Burgos (que se corresponde con la costa de la actual Comunidad Autónoma de Cantabria), con vistas a tratar de impedir un eventual desembarco nacionalista y, sobre todo, a hostigar, en la medida de lo posible (que fue nada), a la flota rebelde, dueña y señora de las aguas del Cantábrico.

La posición estuvo artillada con un cañón de campaña "Mondragón" de 80 mm, excepto un breve periodo de tiempo, en Junio de 1937, durante el que armó un cañón de campaña "Ansaldo" de 75 mm. Ni que decir tiene que ambas piezas, de calibre medio y un alcance muy limitado, fueron completamente ineficaces para el que era su cometido: enfrentarse al crucero "Almirante Cervera", al acorazado "España" y a los bous artillados que formaban parte de la flota nacionalista en el norte.

Cañón "Mondragón" de 80 mm (Imagen tomada de aquí)

Cañón "Ansaldo" de 75 mm  (Imagen sacada de aquí)

En la actualidad y pese al olvido generalizado que ha sufrido (sólo es conocido por los habitantes de la zona), o precisamente gracias a él, presenta un muy buen estado de conservación (al menos la casamata, ya que la entrada al polvorín está enterrada); como puede observarse en las fotos de más arriba, tomadas hace unos 4 años. En principio y dada su ubicación, en terrenos protegidos por el Plan de Ordenación del Litoral, no parece que se cierna sobre él ninguna amenaza de derribo. Además, su relativa lejanía de las zonas habitadas lo ha mantenido a salvo de los actos vandálicos que han afectado a otras estructuras semejantes repartidas a lo largo de la costa cántabra. Estructuras sobre las que trata uno de esos artículos que mencioné antes y al que remito (saldrá en breve) a quienes estéis interesados en saber algo más acerca de la defensa de costas republicana en Cantabria y, concretamente, de los emplazamientos para cañón.