25 may. 2015

Mauranus en el ciclo «Cantabria, nuevas evidencias arqueológicas»

Semanas atrás anunciábamos nuestras participación en el ciclo de conferencias «Cantabria, nuevas evidencias arqueológicas» organizado por Regio Cantabrorum y ADIC. Con el objetivo de incrementar la difusión de las mismas, los organizadores grabaron las intervenciones para después ponerlas a disposición de un público mucho más amplio que el que tuvo ocasión de acercarse a escucharnos a través de YouTube.

Por si alguien se las perdió y está interesado en escucharlas y en ver las diapositivas que las acompañaron, o estuvo allí y quiere refrescar las «mejores jugadas», aquí dejamos los videos de las dos conferencias con las que se cerró el ciclo, pronunciadas por los responsables del Proyecto Mauranus.

El 8 de mayo le tocó el turno a José Ángel Hierro Gárate con Nuevas aportaciones a la arqueología de las Guerras Cántabras ¿Más cerca del lugar del desembarco y del Mons Vindius? En la charla se presentaban los resultados de una línea de investigación sobre el Bellum Cantabricum que desarrollamos en colaboración con Rafael Bolado del Castillo.





El 15 de mayo Enrique Gutiérrez Cuenca fue el encargado de hablar sobre la actuación arqueológica que ha centrado desde 2010 las actividades del Proyecto Mauranus, en una conferencia que llevaba por título Desenterrando a los últimos visigodos. Actuaciones arqueológicas en Riocueva 2010-2014.




Esperamos que os resulten interesantes y quedamos abiertos a contestar todas aquellas dudas y preguntas que planteen nuestras intervenciones. Para ello podéis usar la sección de comentarios o las redes sociales.

21 may. 2015

Migajas

Después de cinco largos años dedicados a Riocueva y de despedirnos de la excavación sin intención de retormarla en el pasado mes de diciembre, nuestra intención era dar por terminada la etapa de trabajo de campo y centrarnos en el estudio de los materiales que quedan pendientes para poder ir preparando la monografía de la actuación arqueológica. Con ese objetivo presentamos nuestro proyecto a la última convocatoria realizada por la Consejería de Cultura para financiar actuaciones arqueológicas. En el proyecto se incluía la realización de los estudios de restos óseos animales (fauna) y de marcrorrestos vegetales (carbones), para los que aún no habíamos encontrado colaboración, y el envío de dos muestras para su datación por carbono 14. Importe total solicitado para estos fines: 5.000,00 euros. La cantidad máxima que disponía en la peculiar convocatoria.

Quizá «llamamiento» sería más correcto que «convocatoria» para denominar a la fórmula elegida en los dos últimos años por los responsables del Patrimonio Arqueológico de Cantabria para repartir fondos y permisos a los arqueólogos. Han caído en una absoluta desidia normativa y han preferido articular mecanismos más cómodos, evitando realizar una convocatoria de autorizaciones y subvenciones pública y abierta por los conductos habituales. Enviar un correo electrónico es mucho más cómodo que publicar en el BOC, no me cabe ninguna duda. Y convertir lo que antes eran subvenciones públicas en contratos a los que sólo pueden optar unos pocos «invitados», por mucho que se recomiende difundir la información, también debe de ser una fórmula más simple en su tramitación administrativa. No vayan a dedicar demasiado esfuerzo a un colectivo tan poco relevante.

El «llamamiento» realizado en 2014 se disculpaba por no realizar la convocatoria por los cauces habituales en los siguientes términos: «la situación económica no es la mejor en estos momentos, pero con el fin de que no se paralice la investigación arqueológica en Cantabria, la Dirección General de Cultura ha decidido hacer una convocatoria entre aquellos investigadores que solicitasteis autorización el año pasado para realizar algún tipo de intervención arqueológica en Cantabria». Ese «año pasado» se refería a 2013, único ejercicio en toda la legislatura en el que los todavía hoy responsables del Patrimonio Arqueológico de Cantabria han encontrado un hueco en su agenda para resolver una convocatoria pública. En 2012 la publicaron, pero no la resolvieron. Con esta estrategia se creaban unas reglas de juego diferentes: ya no había subvenciones, sino contratos directos por importe máximo de 5.000,00 euros y, en teoría, sólo estaban dirigidas a proyectos o investigadores que hubiesen participado en la convocatoria de 2013. En total eran (éramos) 25 los «invitados» a participar de este nuevo modelo de gestión económica de los fondos destinados a la investigación arqueológica, si revisamos la resolución referida a esa convocatoria. Para comprobar quiénes fueron (fuimos) los «afortunados» en el reparto sólo hay que echar un vistazo a la lista de contratos menores adjudicados en el tercer trimestre de 2014: sólo 5 de los 25 investigadores de la lista, todos ellos solicitantes en la convocatoria de 2013. Ya entonces recibimos sólo el 75% de lo que pedíamos, 3750,00 euros de 4.961,00 euros, bastante menos de la cantidad de la que pudimos disponer en 2013, que fueron 6.545,00 euros. Como no queríamos dejar el trabajo de campo a medias, cogimos a regañadientes lo que nos dieron y lo estiramos como pudimos para cumplir con el proyecto. Conviene señalar que no nos dijeron qué parte de nuestro proyecto desestimaban, sólo que no podían darnos todo lo que habíamos pedido y que ajustásemos nuestros planes a sus finanzas.

Es difícil entender cuál es el criterio por el cual primero te dicen que puede pedir 5.000,00 euros para tu proyecto, les pides 4.961,00 euros y después te dicen que se lo han pensado mejor y sólo te dan 3.750,00 euros. Supongo que no habían echado bien las cuentas antes... o que han preferido aplicar la política de «café para todos» tan habitual en la administración española, repartiendo entre muchos en lugar de apostar por unos pocos. Al fin y al cabo, son proyectos de investigación y no trabajos que puedan ser adjudicados al mejor postor. Proyectos que alguien ha pensado, ha dado forma, ha presupuestado y que, en muchos casos, ser desvirtúan si se les recorta por algún sitio. Y si alguien se considera capacitado para determinar cuánto dinero menos se debe gastar en cada uno, será porque tiene claro qué parte es prescindible. ¿Quieren que la campaña dure menos? ¿Que dure lo mismo con menos gente? ¿Que sea menor la extensión de la excavación? ¿Que se profundice menos en la misma superficie de excavación? ¿Que los planos se hagan a menos escala para gastar menos papel? ¿Que sólo se recojan de forma individualizada los huesos humanos y no los de fauna para usar menos bolsas de plástico? ¿Que hagamos menos analíticas? ¿Que hagamos las mismas analíticas pero excavemos menos extensión? ¿Que vayamos más despacio por la carretera para que los vehículos consuman menos y se pueda ahorrar en desplazamientos? ¿Que modifiquemos el calendario y los horarios de trabajo para ahorrar en manutención? Prefieren dejarnos decidir, poniendo de manifiesto que les da lo mismo lo que hagamos con el dinero que nos dan. Con el dinero de los ciudadanos en cuyo nombre gestionan los asuntos públicos. La cultura del recorte sin criterio es cómoda para el gestor, le permite enorgullecerse de su austeridad, pero pone en evidencia, en muchos casos, la incapacidad para tomar decisiones razonadas.

Como se ha indicado más arriba, la fórmula elegida por los responsables del Patrimonio Arqueológico de Cantabria en 2015 ha sido la misma que en 2014. Incluso el documento es tan sospechosamente parecido que parece que únicamente le hubiesen cambiado la fecha. De nuevo se habla de «una convocatoria entre aquellos investigadores que solicitasteis autorización el año pasado para realizar algún tipo de intervención arqueológica en Cantabria». Y aquí ya sí que le perdemos la pista a la nómina de «invitados». Cuando una convocatoria de este tipo se realiza por los cauces normales, se hacen públicas las resoluciones en las que se recoge la relación de permisos solicitados y la decisión tomada por la administración sobre los mismos. En este caso, al hacerse un «llamamiento» para adjudicar unos contratos menores, el rastro documental es más difícil de seguir. Vamos, que no sabemos con seguridad quiénes solicitaron autorización en 2014. Lo que sí está claro es que el año pasado sólo pudieron ser estimadas las solicitudes de investigadores que hubiesen participado en la convocatoria de 2013 y que en 2015 la lista se tendría que haber reducido aún más. Sabemos por diversas fuentes que se han admitido las solicitudes de investigadores que no constaban en aquella lista de 25 «elegidos» de 2013, cosa que no deja en buen lugar a los responsables del Patrimonio Arqueológico de Cantabria y que, pese a ello, no nos parecería demasiado mal si no sospechásemos que esto ha afectado a nuestros intereses. Más solicitantes y el mismo criterio errático para repartir los fondos auguraban un panorama aún peor que el de 2014. En esta ocasión, del «café para todos» nos han ofrecido los posos. Migajas, apenas un 30% de lo que nos dijeron que podíamos pedir y pedimos. ¿Qué sentido tiene volver a consignar 5.000,00 euros si ya habían comprobado, con la experiencia de 2014, que no podían darle a nadie más de 3.750,00 euros? Nosotros volvimos a pedir 5.000,00 euros y nos han ofrecido la friolera de 1.600,00 euros, impuestos, cuotas y demás gastos administrativos incluidos. Vamos, que daría para poco más que una de las dataciones de carbono 14 o para estudiar la mitad de los huesos que tenemos o unos pocos de los carbones. Tampoco esta vez nos han dicho cuál es el 70% de nuestro proyecto que no consideran oportuno financiar. Seguramente porque ni se lo han planteado. Han puesto una cifra y el resto les importa muy poco.

Lo primero que hemos pensado ha sido que se nos ha fundido la estrella que nos acompañaba desde aquel glorioso 2011 en el que pusimos en marcha la excavación con 5.442,00 euros. Y que probablemente aquello, lo de 2013 y lo de 2014, habían sido golpes de fortuna. Y lo que nos ofrecen para 2015 es simple mala suerte. Vista la experiencia de las ediciones anteriores, parecía claro que el único criterio era el de asignar cantidades a nombres, sin tener en cuenta las particularidades de cada proyecto. Nosotros sólo queríamos ir cerrando el nuestro, pero con un tercio de lo que necesitamos sólo podemos liquidar una parte de las tareas pendientes.

Pero ¿y si no ha sido el simple azar, un capricho o una decisión poco meditada? ¿Y si nuestro proyecto ha perdido interés? Es razonable pensar que los 15.737,00 euros que los responsables del Patrimonio Arqueológico de Cantabria habían decidido invertir en Riocueva entre 2011 y 2014 respondían al interés de nuestro proyecto. Y que, de repente, hemos perdido el atractivo y no quieren que malgastemos ni un euro más, que con lo que nos ofrecen ahora tenemos de sobra, porque el estudio de los contextos funerarios de época visigoda ya no es una prioridad. Sin embargo, no hay constancia oficial de que haya habido un cambio de criterio. Si consideramos que los «llamamientos» de 2014 y 2015 son una extensión oficiosa de la convocatoria de 2013, debemos remitirnos a este documento para encontrar cuáles son las líneas de investigación prioritarias en la Arqueología de Cantabria: las que marca el Plan Regional de Arqueología redactado en 2010. Por si alguien no las conoce después de tantos años en vigor, aquí las recogemos:
- Prospecciones.
- Patrimonio subacuático.
- Patrimonio paleontológico en depósitos de origen no antrópico.
- El Paleolítico Inferior.
- Asentamientos al aire libre desde los orígenes del poblamiento hasta el final de la Edad Media.
- Contextos funerarios desde el Calcolítico hasta época visigoda.
- Arqueología de las Edades Moderna y Contemporánea.
- Caminos y red viaria.
Que sepamos, nadie lo ha modificado, ni lo ha enmendado, ni lo ha denunciado, ni nada parecido. Al menos, de forma oficial. Éste está en el BOC desde 2010 y a éste remite la convocatoria de 2013. Sospechamos que los responsables del Patrimonio Arqueológico de Cantabria pueden haber cambiado de prioridades, pero no lo han expresado a través de los conductos adecuados. Que nuestro proyecto haya pasado a percibir una cantidad testimonial que dificulta su desarrollo podría ser una prueba de que se ha dado un giro de timón en las prioridades. Es normal renovarse y cambiar de opinión, lo hacemos todos con frecuencia. Pero cuando la que cambia de criterio es la Administración debe hacerlo conforme a unos procedimientos regulados. Vamos, que si querían que las nuevas convocatorias de autorización y financiación de actuaciones arqueológicas tuviesen nuevas prioridades, lo mínimo que deberían haber hecho es cambiar el Plan Regional de Arqueología o, siendo un poco más pícaros, obviarlo en sus convocatorias.

Nosotros sólo queríamos dar carpetazo a la parte «financiada» del proyecto de actuación arqueológica en Riocueva y tratar de cerrarlo en las mejores condiciones para publicar los resultados lo antes posible. No es tan difícil de entender. Con una financiación adecuada podríamos haberlo hecho en 2015. Por desgracia, tendremos que esperar otro año más y quizá otro más y otro más hasta que, juntando las migajas que ahora parece que merecemos, podamos concluir nuestro trabajo. Trabajo desinteresado, que quede patente y por si a alguien no le había quedado claro en todos estos años. No somos profesionales de la Arqueología, no recibimos honorarios por el tiempo que dedicamos a la investigación ni tampoco los reclamamos. Empleamos cada euro de dinero público en conseguir obtener tantos datos como nos resulta posible del yacimiento al que hemos dedicado de forma voluntaria y voluntariosa grandes esfuerzos. Sacrificando horas de sueño, de ocio, de vida familiar y sin pedir nada a cambio más que respeto por nuestro trabajo y por el de nuestros colaboradores. Es más, hemos multiplicado cada euro invertido, gracias a la colaboración desinteresada de otros investigadores que se han implicado en nuestro proyecto y lo han hecho suyo. Si tuviésemos que pasar la factura real de cada estudio especializado, de cada analítica, de cada tratamiento a los que hemos tenido acceso, es posible que no se cubriese ni con el triple de lo invertido hasta ahora por la Administración. No se lo reprochamos a nadie, pero no está de más recordarlo. No esperamos aplausos, pero tampoco que nos despachen con migajas. Y si lo hacen, que al menos inviertan tiempo y trabajo en que no parezca una decisión arbitraria, caprichosa y poco meditada.

18 may. 2015

Necrofilia en Satalia

Hace unos días estaba revisando en Gallica, la biblioteca electrónica de la Bibliothèque Nationale de France, un manuscrito iluminado compuesto por varios libros de viajes medievales, buscando imágenes de peregrinos, y me topé con una imagen que me llamó poderosamente la atención. En la escena aparecía un cementerio ubicado junto a una iglesia y rodeado por un muro, no muy diferente de otros que aparecen en representaciones contemporáneas. Eran los personajes que aparecían lo que resultaba extraño. En lugar del típico cortejo fúnebre o del no menos típico entierro hay un hombre abriendo la tumba de una mujer con la que, aparentemente, parecía estar teniendo trato carnal. La desnudez de la muchacha, la postura del hombre y el detalle definitivo de sus calzas bajadas no dejaba mucho sitio a la imaginación.

Página del manuscrito iluminado BNF Français 2810 f. 299 (Fuente: Gallica)
Tras unos segundos de perplejidad tuve que asumir que me encontraba ante una escena de necrofilia. En este blog hemos tratado la necrofobia al hablar del uso funerario de las cuevas en época visigoda, pero nunca habíamos tenido ocasión de tratar justo el tema contrario. Ni siquiera se me habría ocurrido así en frío, pero una imagen tan explícita llamó poderosamente mi atención y me ha tenido varios días rastreando documentos que me permitiesen darle un poco de sentido.

Detalle de la escena del manuscrito BNF Français 2810 f. 299 (Fuente: Gallica)
La primera cuestión que se planteaba era ¿qué historia estaba ilustrando la escena? Como decía al principio, se trata de un manuscrito en el que se han juntado páginas de varios libros de viajes en edición ilustrada del siglo XV, concretamente siete, incluido por supuesto el bet seller de la época en este género: el Libro de las Maravillas de Marco Polo. La página que contiene la escena corresponde, sin embargo, a una obra mucho menos famosa: el Voyage autour de la terre de Jehan de Mandeville, escrita en la segunda mitad del siglo XIV por un autor desconocido. El libro relata los viajes de este personaje-narrador por Egipto, India, Asia Menor, China y el Mediterráneo. Una de las numerosas curiosidades que recoge la narración es el pasaje que habla del origen mítico de las peligrosas corrientes del golfo de Satalia, cerca de Chipre, cuya transcripción recogemos aquí en su versión original:
En allant vers Chypre, on passe par le golfe de Sathalie où il y avait jadis une grande terre et une belle cité du nom de Sathalie, mais cette cité et ce pays furent perdus par la folie d'un jouvenceau qui aimait une demoiselle belle et avenante. Elle mourut subitement et fut mise dans un cercueil de marbre. Dans le grand amour qu'il avait pour elle, le jeune homme alla de nuit à sa tombe, l'ouvrit et coucha avec elle, puis il partit. Quand il revint au bout de neuf mois, une voix vint à lui, qui lui disait: «Va à la tombe de cette femme, ouvre-la et regarde ce que tu as engendré en elle. Et ne te refuse pas à y aller, car si tu n'y vas pas, tu en souffriras». Il alla et ouvrit la tombe dont jaillit une tête défigurée et hideuse à voir. Cette tête regarda la cité et le pays et, aussitôt, la cité fut engloutie dans l'abîme. Il y a là un passage des plus périlleux.
Jehan de Mandeville, Voyage autour de la terre, ca. 1357-1371 (edición de C. Deluz, 1993)
La historia cuenta cómo un joven enamorado profanó la tumba de una doncella de la que estaba enamorado para poseerla después de muerta. Nueve meses después una voz le dijo que fuese a la tumba de la mujer para ver lo que había engendrado o, de lo contrario, se enfrentaría a un insoportable sufrimiento. El producto de su ominosa lascivia era una cabeza desfigurada y monstruosa que, al mirar a la ciudad de Satalia, provocó su desaparición, engullida en un abismo. En el lugar donde estaba la ciudad y su territorio sólo quedó un peligroso paso marítimo.

La primera parte de la narración se correspondía con la escena que representaba el folio 299 del manuscrito Français 2810 de la BNF, realizada hacia 1400-1420. Aunque la leyenda de Satalia narra hechos sucedidos en tiempos aparentemente remotos, el ilustrador la ha representado con un «vocabulario gráfico» propio de su época, representando el cementerio junto a una iglesia y las tumbas señalizadas con cruces de madera techadas. Pero ¿estarían ilustradas con la misma escena de necrofilia otras versiones iluminadas de la obra de Mandeville? El primer manuscrito que revisé sin fortuna fue el conservado en la British Library, una versión ilustrada en Bohemia en el primer cuarto del siglo XV. Muchas representaciones de tumbas —de Aristóteles, de Hermes Trimegisto, de Adán, etc.— pero ninguna semejante a la del manuscrito de la Bibliothèque Nationale de France. Seguí buscando y no tardé en dar con una representación de la historia del profanador concupiscente, aunque mucho más recatada que la primera. En el Stiftsarchiv St. Gallen (Suiza) hay un manuscrito de los viajes de Mandeville ilustrado en el segundo cuarto del siglo XV donde el joven simplemente abre la tumba de la doncella, que yace correctamente vestida.  

Ilustración del manuscrito Cod. Fab. XVI del Stiftsarchiv St. Gallen (Fuente: e-codices)
El resto de los manuscritos que he localizado no están iluminados, sólo contienen el texto del libro de viajes. Son las primeras versiones impresas de la obra de Mandeville, concretamente varios incunables traducidos al alemán, las que sí recogen representaciones ilustradas de la leyenda de Satalia. En estas versiones la atención del grabador se centra en la segunda parte de la narración, cuando el joven vuelve a abrir la tumba tras nueve meses para conocer el fruto de su amor prohibido. En un incunable de la Bibliothek Otto Schäfer (Alemania) fechado en 1488 la escena muestra en el cementerio al joven huyendo, la doncella yacente, la cabeza monstruosa y una representación alegórica de la voz que transmite el mensaje amenazante.

Ilustración de incunable de la biblioteca Otto Schäfer, de 1488 (Fuente: MDZ Digitale Bibliothek)
Las imágenes de otros incunables alemanes de finales del siglo XV muestran únicamente al engendro, una bestia demoniaca con pico de rapaz, cuernos de cabra y otra cabeza en la espalda, saliendo de la tumba y asustando al joven. Ni rastro de necrofilia.

Ilustración del incunable 1083 de la Bayerische Staatsbibliothek, de 1481 (Fuente: MDZ Digitale Bibliothek
El manuscrito Français 2810 de la BNF ofrece, por lo tanto, un testimonio gráfico excepcional por su explícito contenido sexual. La referencia a la necrofilia no aparece en el resto de versiones ilustradas de la leyenda de Satalia, mucho más recatadas o sólo interesadas en reproducir la parte más sobrenatural del relato. Una historia que, por cierto, no aparece únicamente en la descripción de los viajes de Mandeville. Como recoge el antropólogo Salomon Reinach en su artículo de 1911 «La tête magique des Templiers», las versiones más completas de los sucesos que provocaron la destrucción de Satalia aparecen ya hacia 1182-1190 en la obra De nugis curialium de Walter Map; en 1201 en la Chronica de Roger de Hoveden; y en 1214 en la Otia Imperalia de Gervasio de Tilbuty. Por el primero sabemos que la historia aconteció en tiempos de Silvestre II (999-1003) —el papa Gerberto—, que el engendro aparecido era la cabeza de la gorgona Medusa y que el peligroso golfo se llamó de Satalia en honor a la doncella, pues es era su nombre.  Según Roger de Hoveden el nombre de la muchacha era Yse, no Satalia. Del nombre del joven caballero no quedó memoria.

Quedaba, después de todas estas pesquisas, una cuestión aún sin revolver ¿dónde estaba exactamente Satalia? En lo mapas actuales no hay ni rastro del topónimo, ni en tierra, ni en el mar. Por fortuna, todavía en las descripciones geográficas del siglo XVIII aparece mencionada la ciudad y el peligroso golfo. Un buen ejemplo es el Diccionario Geográfico de Juan de la Serna, editado en 1772, en el que se sitúa Satalia en la costa turca, en la región de Caramania. Todo parece indicar que se trata de la actual Antalya y que el golfo del mismo nombre es el traicionero golfo de Satalia de los textos medievales. Sin embargo, hasta donde he podido averiguar, esta ciudad no sufrió ninguna destrucción traumática desde su fundación allá por el siglo II a. de C. De hecho, en tiempos del papa Gerberto era una de las principales ciudades del Imperio Bizantino. Quizá la leyenda de la violenta destrucción de Satalia, engullida por el abismo, tenga que ver con el hecho de que es una zona de cierta inestabilidad sísmica en la que ocasionalmente se producen terremotos.

Descripción geográfica de Satalia en el diccionario de Juan de la Serna (Fuente: Google Books)

13 may. 2015

Riocueva 2010-2014: cinco años en una conferencia

Cuando, el 25 de Septiembre de 2010, Enrique y yo pisamos por primera vez la cueva de Riocueva no podíamos imaginar cómo ese yacimiento iba a marcar nuestras vidas arqueológico-investigadoras los siguientes años. Llegamos allí guiados y acompañados por Milio (Emilio Muñoz, figura señera de la espeleoarqueología cántabra) y Rogelio (Alejandro Bermejo), en el marco de un proyecto de investigación que habíamos creado tiempo atrás (algo así como "Proyecto Mauranus", ¿os suena?) y del que la toma de muestras de huesos humanos y cerámica para datar que realizamos ese año fue su primer trabajo de campo. Enseguida tuvimos claro que aquella cueva "era buena", que tenía toda la pinta de haber sido usada con fines sepulcrales en época visigoda (ni más ni menos que lo que andábamos buscando), así que cuando llegó el resultado de la muestra correspondiente (segunda mitad del siglo VII, más o menos) no hubo sorpresa.


Milio y Rogelio en la boca de Riocueva

Empezaron entonces 4 años y pico de trabajo de excavación, procesado, documentación e investigación, fruto de los cuales ha sido un, en mi opinión, impresionante avance en el conocimiento de las formas de vida (y de muerte, aunque sólo en parte) en la Cantabria de los siglos VII-VIII (y lo que os rondaré). Cierto es que no sólo Riocueva ha sido fundamental para ello y que sin Las Penas, el Portillo del Arenal o La Garma ese avance no sería tan grande. Pero no es menos cierto que Riocueva está siendo la culminación de un proceso iniciado en esos otros yacimientos y la actuación que hemos llevado a cabo en ella un banco de pruebas donde poner en práctica nuevas técnicas y enfoques. Además y aunque también tengamos algún tipo de relación con los otros tres, éste es "nuestro yacimiento" y se tiene que notar. Y en él encontramos un anillo de oro (no es "el anillo único de poder", no, pero tampoco está mal) con el que fardar. Palabras mayores (ah, el vil metal).


El anillo


El objetivo de esta entrada no es repasar todo lo que hemos hecho hasta ahora en la cueva: para eso está el blog, con el seguimiento casi "en tiempo real"(siempre me he preguntado cuál es el tiempo no real, ¿el "tiempo de los sueños de los aborígenes australianos?) de las últimas campañas de excavación. Ni la información que hemos obtenido allí, parte de la cual puede consultarse en alguna de las publicaciones que tenemos colgadas en nuestros perfiles de Academia.edu (aunque la mayor parte esté aún en prensa o más atrás). Esta entrada es, de nuevo, una excusa para anunciar una conferencia, la que dará Enrique el viernes día 15, a las 8 de la tarde, en la sede de ADIC. Conferencia titulada "Desenterrando a los últimos visigodos. Actuaciones arqueológicas en Riocueva 2011-2014", con la que se cierra el ciclo organizado por Regio Cantabrorum y la propia ADIC y en la que repasará estos 4 años de trabajos en la cueva. Habrá niños muertos, hogueras, cuchillos y hebijones. Anillos (no sólo de oro), panizo, almejas y natrón. Husos, tejones, copas y ollas. Pendientes, carbones, murciélagos e incluso revenants. Bueno, no estoy seguro de que vaya a hablar de revenants, pero yo no me la perdería por si acaso.

Esto no son exactamente revenants, pero se les parecen mucho (imagen sacada de por aquí)

6 may. 2015

La importancia del desembarco romano en Cantabria y un historiador del siglo IX

Otoño de 26 a. de C. En algún punto al sur del territorio cántabro, en sus cuarteles de invierno (¿de nuevo los alrededores de Segisama, como al inicio de la ofensiva?), el gobernador de la provincia Tarraconense y ahora comandante de la fuerza de invasión, Gayo Antistio Veto, prepara la campaña del año siguiente. La primavera anterior, el Princeps en persona se puso al mando de un potente ejército (¿3 legiones? ¿4?), lo dividió en 3 columnas y atacó Cantabria por tres puntos desde las tierras más septentrionales de los Turmogos, aliados de Roma. Y fracasó. Sin apenas resultados dignos de mención (¿bordeando la derrota ignominiosa en alguna ocasión? ¿no consiguiendo tomar alguno de los grandes oppida del sur de Cantabria? ¿logrando, como mucho, la sumisión de algún populus situado en la periferia cántabra?), a punto de perder la vida fulminado por un rayo, enfermo y desmoralizado, se retiró a Tarraco dejando a Antistio al frente de las tropas.

Imagen aérea de uno de los campamentos romanos localizados junto a Segisama (Olmillos de Sasamón, Burgos) por F. Didierjean (2008)


Han estado cerca del desastre, sí, pero ahora será diferente. Esta vez, el ataque desde el sur (¿con 3 legiones? ¿con 2?) irá acompañado de otro simultáneo desde el norte, desde la propia retaguardia enemiga. El mismo Octavio ha ordenado aprestar una flota en el Golfo de Aquitania y desembarcar tropas (¿1 legión?) en la costa cántabra en cuanto empiecen las operaciones. Y ese ataque por la espalda obligará a los Cántabros a plantar cara de una vez al enemigo que avanza desde territorio turmogo y tratar de detenerlo antes de que la tenaza romana se cierre sobre ellos. Y así serán derrotados.

Al año siguiente el guión se cumplió y el plan salió a la perfección. Los romanos desembarcaron en la retaguardia cántabra y, al tiempo, volvieron a avanzar hacia el norte desde sus bases en el sur. Los Cántabros salieron a su encuentro y fueron derrotados en una gran batalla campal. Pero dejemos que sea Orosio (una de las cuatro fuentes fundamentales para conocer el desarrollo de las Guerras Cántabras, junto a Floro, Dion Casio y, en menor medida, Estrabón) quien nos lo cuente:

Diu fatigato frustra atque in periculum saepe deducto exercitu, tandem ab Aquitanico sinu per Oceanum incautis hostibus admoveri classem atque exponi copias iubet.  Tunc demum Cantabri sub moenibus Atticae maximo congressi bello et victi in Vinnium montem natura tutissimum confugerunt, ubi obsidionis fame ad extremum paene consumpti sunt [Historiae Adversus Paganos, VI, 21, 4-5]

En traducción algo libre, más o menos esto:

"Tras largo tiempo agotando en balde a su ejército y poniéndolo en peligro muchas veces, finalmente ordena que la flota se acerque por mar, desde el Golfo Aquitánico, a los desprevenidos enemigos y desembarque tropas. Sólo entonces los Cántabros se reunieron para el mayor combate bajo las murallas de Attica y, vencidos, huyeron al monte Vinnio, segurísimo por naturaleza, donde fueron consumidos casi hasta el último en un asedio por hambre"

Como ya lo he contado antes, ahora sólo sacaré las dos ideas principales relacionadas con el desembarco: que fue un hecho fundamental para la victoria romana y que la flota y las tropas que lo protagonizaron llegaron desde el Golfo de Aquitania (el sinus Aquitanicus del texto).

Acerca del primero y aunque suele citarse y comentarse, creo sinceramente que hoy en día no recibe la importancia que merece, que es toda (la honrosísima excepción es este artículo de E. Peralta, único trabajo que conozco en el que se trata el tema en profundidad). Los hechos de la guerra más destacados por la historiografía siguen siendo los mencionados (por su nombre) por Floro y Orosio: la batalla "bajo las murallas" de Vellica/Belgica/Bergida/Attica (claramente, no había consenso entre los copistas), el episodio del Monte Vindio, el asedio y toma de Racilium/Aracelium y el cerco al Monte Medulio; los tres primeros sucedidos durante el Bellum Cantabricum propiamente dicho (26-25 a. de C.) y el cuarto muy probablemente durante el mandato de Gayo Furnio en la Tarraconense, en 22 a. de C. Sin embargo, ninguno de ellos hubiese tenido lugar (especialmente los tres primeros) sin el desembarco. Esas tropas traídas por mar abrieron un segundo frente y se colaron en el corazón de Cantabria por la puerta de atrás, por donde nadie las esperaba. Y desde allí le asestaron la puñalada definitiva a la resistencia cántabra que tan bien había funcionado hasta entonces y que tanto había desesperado al propio Augusto. Todo lo que siguió fueron victorias romanas, victorias que terminaron con la conquista del territorio, aunque no con su completa pacificación.

El oppidum de Monte Bernorio, probablemente la Bergida bajo cuyas murallas se enfrentaron en batalla campal Cántabros y Romanos en 25 a. de C. (foto tomada de la web del Proyecto Monte Bernorio)

Es por eso que no puedo entender a algunos autores cuando se pierden en disquisiciones acerca del porqué de la existencia (que nos cita Plinio, un siglo después) de un "Puerto de la Victoria" (Portus Victoriae Iuliobrigensium) en algún lugar de la costa cántabra: que si para conmemorar la conquista del norte peninsular, así en genérico; que si por la ubicación en él de un presunto monumento a la diosa Victoria... A la vista de lo expuesto hasta aquí, parece mucho más sencillo. Los romanos fundaron su "Puerto de la Victoria" (el Iuliobrigensium, "de los Juliobriguenses", que lo acompaña quiere decir que, en el momento en el que Plinio escribe, ese puerto era la salida al mar de los habitantes de Julióbriga y su territorio, como Portus Blendium lo era de los Blendios y Portus Vereasueca o Veseiasueca era el puerto de los Orgenomescos, otros dos populi cántabros) en el lugar en el que empezaron a conseguirla durante su guerra contra los Cántabros. O lo que es lo mismo, en el sitio en el que desembarcaron en el año 26 a. de C. 

Marine romano (no tengo ni idea de cómo consiguió Lino Mantecón, a quien se la he cogido, esta ilustración ni quién es su autor. El enlace a la imagen es éste)

Cuál fue ese sitio es una de las preguntas sin respuesta que acompañan al desarrollo de la conquista romana de Cantabria. Dado que son muchos los autores que no han hecho el razonamiento anterior, las distintas propuestas de localización del lugar del desembarco y del Portus Victoriae suelen ir por separado. Para el primero se han manejado varias opciones, aunque las más frecuentes han sido Santander y Suances. También merece la pena mencionar, aunque sea sin profundizar demasiado (ya lo hicimos en nuestro artículo sobre las Guerras Cántabras de Cántabros. Origen de un pueblo), la teoría de A. Morillo, que lo ha situado en Castro-Urdiales (Amanum Portus primero, o al menos sus inmediaciones, la colonia Flaviobriga después), territorio de los autrigones aliados de Roma y, por tanto, fuera de las fronteras de Cantabria. Según este autor, una escuadra denominada por él (y por otros) classis Aquitanica (flota que, por cierto, nunca existió como tal y menos con ese nombre, como hemos visto en el pasaje de Orosio más arriba) habría desembarcado tropas junto a ese oppidum autrigon (el castro de la Peña de Sámano), tropas que, desde allí, habrían avanzado, bordeando (por fuera) el territorio Cántabro hasta las cercanías de Herrera de Pisuerga, donde se habrían unido al resto de efectivos que atacaban Cantabria desde el sur. Sólo diré que esa interpretación no sólo entra en clara contradicción con lo que dicen las fuentes de la guerra (las palabras de Orosio ya las conocemos, mientras que Floro dice que el enemigo era atacado por una flota desde el mar) sino que, además y en mi opinión, no tiene ningún sentido desde el punto de vista militar. Por poner un ejemplo relativamente reciente y muy gráfico, sería como si los aliados, en lugar de desembarcar en Anzio en Enero de 1944 lo hubiesen hecho al sur de la "Línea Gustav" (la línea defensiva alemana que deseaban forzar y contra la que se habían estrellado en su avance hacia Roma desde la Italia meridional). Un completo disparate, se mire como se mire. 

La ofensiva aliada sobre Roma en 1944, con el desembarco en Anzio  (Fuente: Wikipedia)

Sobre la localización del segundo la cosa ha estado bastante reñida y, aunque hoy por hoy suele admitirse su identificación con Santander, Santoña siempre estuvo bien situada en la pugna, así como, de nuevo, Suances. La opción santoñesa se apoya (y no es para tomarlo a broma) en que es el único puerto de Cantabria que aparece mencionado en la documentación medieval como "Portu" (también en una presunta inscripción descubierta en el siglo XVII, y nunca vista, que se considera falsa por los problemas epigráficos que presenta su transcripción). La de Suances, igual que para el desembarco, en criterios meramente geográficos y de conveniencia para el discurso de quienes la defienden (es la salida natural al mar de la "Vía del Besaya"). Yo estoy convencido (aunque la idea no sea mía) de que ambos, lugar del desembarco y puerto romano, son la misma cosa y que ésta se encuentra en algún punto al sur de la Bahía de Santander (entendida en sentido amplio, incluyendo los estuarios que forman los ríos que desembocan en ella), pero ahora no toca entrar en detalles. Como no toca en este momento ir más allá de este comentario: el Golfo de Aquitania no es,obviamente, Aquitania sino algo equivalente, más o menos, al Golfo de Vizcaya actual. Y por eso mismo, los legionarios desembarcados en Cantabria no tenían, necesariamente, que proceder del sudoeste francés. Y ahí lo dejo.

La Bahía de Santander (Foto tomada de aquí)

Volviendo casi al principio, al desembarco y su importancia, ya en 2001 los responsables de este blog (es decir, Enrique y yo) nos dimos cuenta de que el texto de Orosio dejaba muy clara la relación causa-efecto entre aquél y la batalla que abrió a los romanos las puertas de Cantabria. Ese "sólo entonces" (tunc demum), en el que sólo Eutimio Martino (al menos que recuerde ahora mismo) había reparado, era incontestable a ese respecto. O eso nos pareció entonces y nos ha seguido pareciendo hasta ahora (en el ya citado artículo que compartimos con Rafael Bolado, por ejemplo). Y precisamente en estos momentos nos lo parece mucho más, pues hemos encontrado un testimonio excepcional, que nos llega directamente desde la Alta Edad Media (libre por tanto de cualquier prejuicio "actualista" acerca de la conquista romana de Cantabria). Y, como a estas alturas ya sospecharán nuestros astutos lectores, ese testimonio medieval dice exactamente lo mismo que nosotros. ¿De qué estoy hablando? Pues de un pasaje de la obra principal de Freculfo de Lisieuxuna Crónica universal escrita en el siglo IX. En él queda muy claro cómo este autor carolingio entendió a la perfección lo que quiso decir Orosio (al que sigue y resume cuando relata los hechos de los que hablamos) y la importancia capital que tuvo el desembarco en la derrota de los Cántabros y la subsiguiente conquista de Cantabria por Roma. En sus propias palabras:

Quos Caesar dum saepius aggressus frustra propter Pyrenaei difficultatem, tandem ab Aquitanico sinu per Oceanum, incautis hostibus, admoveri classem atque exponi copias iubet, quos ita improvisos debellavit et cepit. [Chronica, 1, 7, cap. XVI)

Lo que traducido de aquella manera por mí mismo viene a decir algo así como que el César (Augusto), después de mucho atacar en vano (a los cántabros) debido a lo complicado del terreno (el Pirineo o, lo que es lo mismo, la cordillera Cantábrica), finalmente ordenó que viniese una flota (a través del océano, obviamente) desde el Golfo de Aquitania y desembarcase tropas, cogiéndoles por sorpresa. Y que gracias a eso los pudo derrotar y conquistar. Es decir (una vez más, y van no sé cuántas en esta entrada), que el auténtico punto de inflexión en el Bellum Cantabricum fue el desembarco romano en la costa cántabra. 





Y todo este rollo para anunciar que el próximo viernes 8 (pasado mañana), en la sede de ADIC y aprovechando que presento por primera vez en Cantabria algunos de los posibles campamentos romanos de campaña que hemos encontrado en los últimos tiempos gracias a Internet y las colecciones de fotografías aéreas e imágenes satelitales (¡cómo mola este palabro!), hablaré de todas estas cosas.

6 abr. 2015

El "Cañon de Cuchía"

Hace más de 3 años, en Febrero de 2012, publiqué una pequeña entrada en la que enseñaba tres fotos de un emplazamiento para cañón de la Guerra Civil Española. En aquel momento no dije dónde estaba, a la espera de publicar los resultados de la prospección en la que lo habíamos localizado. Ahora, esos resultados (y otros más, también relacionados) están ya en prensa (en dos trabajos que firmamos Borja Gómez-Bedia Fernández, Enrique y yo: uno en las Actuaciones Arqueológicas en Cantabria hasta 2011 y otro en el próximo número de la revista de arqueología Sautuola), así que creo que ha llegado el momento de contar parte de la historia de esa estructura. Y de eso va esta entrada, del "Cañón de Cuchía"; de dónde, cuándo, quién y para qué lo construyó.

Como su propio nombre (que he tomado de documentos oficiales de la época) indica, el "Cañón de Cuchía" se levanta en terrenos de esa localidad costera cántabra, concretamente en una zona de praderías al norte del pueblo, muy cerca de los acantilados.



Localización del "Cañón de Cuchía" sobre planos y ortofotografía aérea (Fuente: mapas.cantabria.es)

Se trata de un "emplazamiento cubierto para cañón" de 8,5 x 6 m, con techo abovedado, parapeto frontal, vano posterior y suelo de fábrica; todo ello en hormigón armado. No muy lejos de él se localiza la entrada, semienterrada, del que fue su polvorín subterráneo. 

El polvorín y la casamata

Vista frontal de la casamata

Vista trasera 

Vista desde un lateral

Vista desde el otro lateral

Detalle del techo 

Detalle de la cubierta

Interior de la casamata

Ambas estructuras, casamata y polvorín, fueron construidas en el invierno y la primavera de 1937 por obreros eventuales, bajo la dirección de ingenieros militares del Cuerpo de Ejército de Santander (II Cuerpo de Ejército en un principio, XV Cuerpo de Ejército después, del Ejército del Norte republicano). 

AGMAV, C 686, Cp. 13, D. 1 / 5

Su construcción se enmarca dentro del primer plan republicano de fortificación del litoral bajo control del Consejo Interprovincial de Santander, Palencia y Burgos (que se corresponde con la costa de la actual Comunidad Autónoma de Cantabria), con vistas a tratar de impedir un eventual desembarco nacionalista y, sobre todo, a hostigar, en la medida de lo posible (que fue nada), a la flota rebelde, dueña y señora de las aguas del Cantábrico.

La posición estuvo artillada con un cañón de campaña "Mondragón" de 80 mm, excepto un breve periodo de tiempo, en Junio de 1937, durante el que armó un cañón de campaña "Ansaldo" de 75 mm. Ni que decir tiene que ambas piezas, de calibre medio y un alcance muy limitado, fueron completamente ineficaces para el que era su cometido: enfrentarse al crucero "Almirante Cervera", al acorazado "España" y a los bous artillados que formaban parte de la flota nacionalista en el norte.

Cañón "Mondragón" de 80 mm (Imagen tomada de aquí)

Cañón "Ansaldo" de 75 mm  (Imagen sacada de aquí)

En la actualidad y pese al olvido generalizado que ha sufrido (sólo es conocido por los habitantes de la zona), o precisamente gracias a él, presenta un muy buen estado de conservación (al menos la casamata, ya que la entrada al polvorín está enterrada); como puede observarse en las fotos de más arriba, tomadas hace unos 4 años. En principio y dada su ubicación, en terrenos protegidos por el Plan de Ordenación del Litoral, no parece que se cierna sobre él ninguna amenaza de derribo. Además, su relativa lejanía de las zonas habitadas lo ha mantenido a salvo de los actos vandálicos que han afectado a otras estructuras semejantes repartidas a lo largo de la costa cántabra. Estructuras sobre las que trata uno de esos artículos que mencioné antes y al que remito (saldrá en breve) a quienes estéis interesados en saber algo más acerca de la defensa de costas republicana en Cantabria y, concretamente, de los emplazamientos para cañón.

26 feb. 2015

"Cantabria: nuevas evidencias arqueológicas"

Mañana, 27 de Febrero, comienza el ciclo "Cantabria: nuevas evidencias arqueológicas". Organizado por la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC) y Regio Cantabrorum, consta de siete conferencias impartidas por varios investigadores que trabajan (trabajamos) en yacimientos cántabros o situados dentro de los límites de la Cantabria prerromana. Su arco cronológico es muy amplio (va desde el Paleolítico hasta la Guerra Civil Española, pasando por la Edad del Hierro, la conquista romana o la Alta Edad Media) y el ciclo cuenta, además, con un inciso dedicado a la difusión del Patrimonio arqueológico cántabro en la red. Pero para hacerse una idea del asunto, ver qué se va a contar y quiénes lo van a hacer, lo mejor es echar un ojo al cartel:


Todas las charlas son más que recomendables y desde aquí os animamos a asistir a ellas (yo sólo podré ir a tres, por el tema de los turnos en el trabajo, y me jode bastante, la verdad). Las nuestras, que son las dos últimas, no llegarán hasta mayo y en ellas hablaremos de algunos de esos posibles nuevos campamentos romanos que hemos encontrado recientemente (y de su también posible relación con dos episodios concretos de la conquista romana de Cantabria) y de nuestras excavaciones en Riocueva en los últimos años; respectivamente. Supongo que iremos ampliando la información según se acerquen. En cualquier caso, si os pasáis, por allí nos veremos.

18 feb. 2015

Riocueva 2014, episodio 12: así lavaba, así, así...

Han pasado ya dos meses desde la agridulce despedida de Riocueva y en todo ese tiempo no habíamos encontrado el momento para empezar con el «trabajo de laboratorio», un nombre excesivamente pomposo para las tareas a las que se refiere. La primera fase es el lavado de materiales, tanto de los objetos recogidos de forma individualizada, como de las «bolsas de nivel». El proceso ya lo hemos explicado aquí otras veces y es muy, muy sencillo: A) sacar los objetos de la bolsa; B) pasarlos por el chorro de agua o por un recipiente; C) cepillar suavemente, si es necesario; D) ponerlos a secar sobre un papel de periódico. A veces pienso que si se hacen realidad las previsiones de algunos analistas —alguno diría agoreros— y desaparece la prensa en papel, los arqueólogos lo íbamos a tener difícil. Total, que así hemos pasado la mañana el sr. director, Helena y yo ¡ah! y Marta, que se ha unido al equipo habitual del «comando limpieza».

Lavando una «bolsa de nivel»
Un suave cepillado facilita la limpieza

Y todo eso lo hacemos, como ya es habitual desde la campaña de 2011, en las instalaciones cuyo uso nos cede amablemente el Museo de Altamira. Si no contásemos con el «lavadero» de Altamira, el proceso daría muchos más dolores de cabeza. Pero con estos medios a nuestra disposición, la tarea se resuelve en una mañana. Es un trabajo bastante poco estimulante, la verdad. La única ventaja que tiene el asunto es que puedes volver a ver algunos de los objetos recuperados durante la excavación y, esta vez sí, limpios, lo que permite apreciar detalles: una decoración de una cerámica, una mordedura en un hueso, una caries en una muela... Quizá la única nota divertida sea que, de vez en cuando, las cosas no son lo que parecen. No es habitual —somos muy buenos excavando, eso es así —, pero en ocasiones, al lavar con mimo algo en cuya etiqueta pone «cerámica» descubres que es un fragmento de cráneo humano quemado... o peor, una piedra. Sí, una triste piedra. Es mucho más fácil de lo que parece, en condiciones de iluminación tenue como la que habitualmente tenemos durante la excavación, confundir un pedazo de pequeña estalactita con un hueso humano.

Un «viejo amigo» vuelve a manifestarse
Objetos secando sobre papel de periódico, un clásico

En un tiempo récord, en comparación con campañas anteriores, hemos dejado secando absolutamente todo el material que teníamos para lavar. El próximo fin de semana lo recogeremos, limpio y seco, listo para el siguiente proceso. Será el momento de revisar el inventario para comprobar cuántos «intrusos» caen de la lista y de siglar todo el material antes de empezar a estudiarlo.




9 feb. 2015

Dulces dieciocho

Parafraseando al ínclito Miguel Ángel Rodríguez, si la arqueología de las Guerras Cántabras fuese mujer, hoy se pondría de largo; y si fuera un ciudadano, iría a votar. Porque hoy, 9 de Febrero, la búsqueda, localización y estudio de las huellas materiales de la conquista romana de Cantabria cumplen 18 años.No es que tal día como éste, hace casi dos décadas, alguien decidiese de repente que había que salir al campo a tratar de localizar campamentos romanos de campaña, castros asediados, asaltados y destruidos, guarniciones romanas semi-permanentes y demás. Y que había que trascender, sin dejar de utilizarlo, el discurso de las fuentes escritas y, sobre todo, la lamentable visión de una historiografía dominante empeñada por entonces en sostener lo que el tiempo (y el trabajo) han demostrado no ser otra cosa que insensateces: que no hubo nada digno de ser considerado una guerra, que todo el relato de las campañas no fue más que propaganda al servicio de Augusto, que los cántabros únicamente habitaban al sur de la Cordillera y la zona litoral estaba (muy dispersamente) ocupada por poblaciones "residuales" y poco menos que cavernícolas, que sólo hubo un único campamento romano y estuvo bajo la actual Herrera de Pisuerga, que Aracillum estaba en Aradillos, etc. No. No fue así. Hacía ya tiempo que se había dado ese paso y que se estaba trabajando en ello, como también diría el jefe de Miguel Ángel Rodríguez. Eduardo Peralta y la gente que colaboraba con él habían cruzado ya ese Rubicón. Hubo una larga y silenciosa (y silenciada) gestación hasta que aquel domingo de Febrero de 1997 todo saltó por los aires. Y lo hizo de la forma más impensable: en la portada del periódico de mayor tirada y número de lectores de la comunidad autónoma de Cantabria, el Diario Montañés.


En mi caso, se trata de uno de esos momentos inolvidables que todos tenemos grabados a fuego en las meninges y que aún recuerdo perfectamente. Estábamos en mi piso de estudiante de entonces (lugar en el que viví tres años también inolvidables, por cierto) Enrique, Borja Gómez-Bedia, Marcos Rebollo y yo, preparando (o, más bien, fumando y echando el rato) el examen de Arqueología que teníamos al día siguiente. Hacia mediodía, decidimos bajar a tomar algo al bar Potes (otro sitio mítico "de cuando aquello") y allí, al hojear el periódico, nos dimos de morros con la noticia. Y casi se nos saltan los ojos de las órbitas al leerla.



Ahora, cuando todo esto está más que aceptado, social y académicamente, puede sonar raro, pero en 1997 la noticia supuso una verdadera revolución y puso patas arriba todo el panorama científico sobre la conquista romana de Cantabria (y, por extensión, del norte de la península Ibérica). Y, por supuesto, fue encajado peor que mal por el stablishment universitario. El primer ejemplo lo vivimos al día siguiente, durante el propio examen de Arqueología, cuando un profesor de Historia Antigua entró en el aula, muy azorado y periódico en mano, y se puso a cuchichear con el titular de la asignatura, que se mostraba igual de contrariado, o más, por la noticia. Creo que tampoco olvidaré nunca aquella escena.

Todo lo que vino a partir de entonces daría para escribir varios libros y no es este el lugar para tratar sobre ello. Resumiendo mucho, se puede decir que entonces empezó una "guerra" (en sentido figurado, pero sin cuartel) entre Peralta, su equipo y sus apoyos extra-universitarios, por un lado; y prácticamente todos los demás que habían trabajado o trabajaban el tema de la conquista y la romanización (que se repartían entre la indiferencia hacia los nuevos hallazgos, la burla poco disimulada y la abierta y declarada hostilidad), por el otro. Una guerra total, en ocasiones sucia, donde muchas veces lo personal se mezcló con lo científico y en la que, como no podía ser de otra forma, hubo muchas bajas (también figuradas, pero, a su manera, muy reales). 

Restos del barracón romano de La Espina del Gallego. Al fondo, Cildá

Nosotros, jóvenes e inconscientes, no tardamos en tomar partido. Nos liamos la manta a la cabeza y nos fuimos a excavar con Peralta y su equipo, con quienes, durante años (los de la "Arqueología Heroica"), compartimos muchas penurias, pero también muchos pequeños momentos de gloria y muchas situaciones únicas, irrepetibles y, en ocasiones, muy muy bizarras (algunas, incluso peligrosas para nuestra integridad física y/o mental). La Espina, Cildá, La Muela, el Cerro de la Maza, La Loma.... Todos constituyen ya una parte importante de nuestra vida, arqueológica y en general. Yo siempre tuve clara la idea de estar "haciendo historia" (o de estar ayudando a que se hiciera, más bien). Puede sonar pretencioso, pero es así como lo sentía. Y creo que el tiempo me ha dado la razón: 18 años después, el panorama es radicalmente distinto. Ya nadie con dos dedos de frente cuestiona la existencia de las guerras ni niega una importante presencia militar romana en Cantabria. Los campamentos romanos son reconocidos como tales, no se acusa a nadie de comprar denarios en el Rastro y "colocarlos" en los yacimientos y tampoco se escucha a respetables cátedros afirmar a gritos que es imposible que una legión hubiese acampado en el Campo de las Cercas (tenía razón: es probable que realmente fueran dos legiones) porque, de haberlo hecho, "habrían convertido el Besaya en una cloaca". No se ve a los cántabros de finales del siglo I a. de C. como una especie de Picapiedras echados al monte, sino como lo que realmente fueron: un conjunto de pueblos profundamente celtiberizados, de cultura casi protourbana en algunas zonas y capaces de ofrecer una importante resistencia militar a Roma, como atestiguan los numerosos castros asaltados y reocupados por guarniciones legionarias. Y quedan muy pocos que sigan afirmando que lo que dicen Floro, Orosio o Dion Casio es mera propaganda imperial. El mapa de Cantabria, el de Asturias y ahora también el de Galicia están salpicados de nuevos enclaves relacionados con la conquista y/o la posguerra, ofreciendo una imagen que no tiene nada que ver con la de hace 18 años. Y siguen apareciendo más, año tras año.

Foto de equipo al final de la campaña de excavación del año 2002 en La Muela. Amaya y yo, a la izquierda del todo.

Una de las cosas que más me fascinan de toda esta historia es ver (y leer) cómo algunos de los que lo negaban todo hace 15 años dan lecciones ahora sobre la importancia de los escenarios de la guerra en los montes de Cantabria, Palencia y Burgos. Y vienen a mi memoria algunas palabras dirigidas a mí y que tuve que oír de boca de terceros... En fin. Como pasa siempre, el tiempo termina poniendo las cosas en su lugar. Y yo tengo buena memoria. 

En lo estrictamente académico, el congreso de Octubre pasado en Gijón sirvió para repasar el estado de la cuestión a finales de 2014 y ha significado, en cierta medida, la "victoria" de un Eduardo Peralta bastante alejado, hoy por hoy, del trabajo de campo (y también la de quienes le acompañaron en este periplo). La arqueología de la conquista romana del norte de Hispania goza de muy buena salud y los avances en la investigación se suceden en varios frentes.

Eduardo Peralta en el congreso de Gijón (foto tomada de la página de Facebook oficial)

Por nuestra parte y aunque dejamos de formar parte de su equipo hace años (la edad, el trabajo y esas cosas), nunca pudimos sacudirnos del todo las ganas de seguir aportando al tema. Así, a nuestro trabajo pionero (y cañero) de 2001 le han seguido algunas otras contribuciones, como el artículo que firmamos con el propio Peralta en 2011 sobre las monedas de algunos campamentos, el que escribimos con Rafael Bolado en Cántabros. Origen de un pueblo en 2012 o el que estamos ultimando ahora mismo, también con Rafa, sobre los nuevos establecimientos militares muy posiblemente relacionados con las Guerras Cántabras que hemos descubierto en los últimos años y que presentamos en Gijón. Lo cierto es que tenemos muchas esperanzas depositadas en este último y, sobre todo, en la investigación que tiene detrás, aún en marcha y que sin duda seguirá dando sorpresas.

Y en cuanto a La Espina del Gallego, el yacimiento que junto con Cildá está en el origen de todo y que forma parte de un Bien de Interés Cultural que engloba varios de los escenarios de la guerra desde 2002 ("Conjunto arqueológico formado por los yacimientos de La Espina del Gallego, Cildá, El Cantón y Campo de las Cercas..."), yo ya no creo que se pueda identificar con el Aracillum de los textos latinos (o al menos no creo que sea la opción más probable). Lo que parecía un castro de mediano tamaño asaltado por la legión que avanzaba desde el sur y reocupado por una pequeña guarnición romana ha resultado no ser exactamente eso (aunque casi). Fue tomado y reocupado por los romanos, sí, pero era en realidad un castro muy pequeño (una fortificación destinada a controlar el paso por la sierra). Y todo el recinto exterior se ha revelado finalmente como una obra enteramente romana y que defendía un punto sin duda importante en la "Vía del Escudo", el camino militar de altura que comunicó la costa cántabra y la premeseta durante la inmediata posguerra. A estas alturas, lo de menos es que fuera o no Aracillum. Lo realmente importante es que su reinterpretación por Peralta (fue descubierto por J. González de Riancho en los años 80 del siglo XX), junto a la de Cildá, como un escenario de las Guerras Cántabras supuso un punto de inflexión en la arqueología cántabra (y, en cierta medida, en la peninsular) y abrió la puerta a enfocar el estudio de la conquista romana de la única forma posible: desde la arqueología. En estos 18 años la investigación sobre el tema ha avanzado más que en los 200 anteriores y ése es un dato incuestionable y que habla por sí solo. Celebremos pues esta mayoría de edad como se merece. Y mantengamos el recuerdo de cómo fueron realmente las cosas y quiénes las protagonizaron, no sea que algún día alguien venga a contarnos otra historia y nos la terminemos creyendo.

1 ene. 2015

¿Gato burgundio por liebre omeya?

Lo que vais a leer en esta entrada es una de las muchas cosas que contamos Enrique y yo en el MUPAC el 2 de Septiembre del año pasado, en la charla que dimos sobre el broche de Santa María de Hito, dentro del ciclo "La pieza del mes", organizado por el propio museo y la Sección de Arqueología del Colegio de Licenciado y Doctores en Ciencias y Letras. Es una historia curiosa y que tiene de todo: cierta gracia (como veremos, casi con toda seguridad no para una de las partes implicadas), una pieza bonita y poco o nada conocida (la protagonista), un jeque árabe (de Kuwait, para más señas) y mucho dinero de por medio (el del jeque, obviamente).

La historia empieza hace unos cuantos años, cuando en una de esas búsquedas tontas por Internet, a la caza de paralelos para materiales de época visigoda, me topé con una curiosa pieza en la página de la conocida casa de subastas Sotheby´s. Se trataba de la hebilla de marfil de un broche de cinturón del mismo material que fue vendida en 2005 por la impresionante cantidad de 78.000 libras esterlinas, 113.552 euros al cambio de la época (el precio de salida se situó entre 20.000 y 30.000 libras, 29.116 y 43.674 euros, respectivamente).



La hebilla, de pequeño tamaño, tiene forma rectangular y presenta una esmerada decoración tallada en la que destaca el uso del trépano. Empezando por su extremo proximal, presenta dos apéndices (perforados) de sujeción a la placa, que formarían, junto con los de la propia placa y un pasador metálico, la charnela que articulaba ambas. Su forma, y éste es un detalle muy importante, es semi-cilíndrica y están decorados con una serie de líneas incisas paralelas, en sentido perpendicular al del eje de la charnela. Aunque en la fotografía no se aprecia del todo bien (hay que fijarse en la esquina superior derecha), el canto de la pieza, por ese lado, es marcadamente cóncavo, con el fin de que los apéndices de la placa, sin duda de la misma forma que los de la hebilla, encajasen perfectamente. A continuación la pieza está dividida en dos partes simétricas, separadas por el hueco en el que iría el hebijón (perdido). Cada una de ellas consta de un friso con decoración de hojas formando arcos; un hueco rectangular, perfilado con "perlas" o pequeñas bolitas, destinado a alojar un cabujón (desaparecido); y de una zona decorada con motivos de zarcillos y bordeada por más "perlas" (en la zona que limita con el hueco de la hebilla, por donde pasaría el cinturón).

Aparecía clasificada como Omeya, procedente de Siria o España (por lo de Omeya, se entiende) y fechada en los siglos VIII-IX d. de C. Ante esos datos, tan rotundos y viniendo de donde venían, me rendí: si había un paralelo de esa época y con esa "filiación", la hipótesis del mozarabismo del broche de Santa María de Hito salía reforzada (obvia decir que nosotros defendemos la opción "visigotista"). Y así, cabizbajo, le di la noticia (y le pasé el enlace) a Enrique, quien, una vez al tanto de la existencia y características de la hebilla, no tardó apenas nada en dar con la clave del asunto y sacarme de mi error: difícilmente podía ser Omeya una pieza que se parecía sospechosamente a otra, más antigua y de indudable origen cristiano. ¿A cuál? Pues a ésta:


Broche atribuido a San Cesáreo de Arlés (foto tomada de aquí)

A la hebilla del broche de marfil atribuido al obispo Cesáreo de Arlés, que suele fecharse en el siglo VI y que se conserva en el museo de esa ciudad provenzal; situada en la Tardoantigüedad y los inicios de la Edad Media en la frontera entre los mundos franco y visigodo, aunque del lado del primero (en realidad, en un territorio de fuerte base galorromana y sometido a las influencias directas de ostrogodos, burgundios, merovingios y visigodos, además de a las indirectas de los bizantinos instalados en el norte de Italia). La placa muestra la escena bíblica de los guardias dormidos junto al sepulcro de Jesús, una imagen de indiscutible origen cristiano. La hebilla, por su parte, está decorada con motivos geométricos y vegetales de innegable raigambre clásica. Una observación detallada de esta última permite apreciar cómo Enrique tenía razón y que su parecido con la presunta hebilla omeya es muy grande, aunque su factura sea más tosca. Ésta también tiene apéndices de sujeción semicilíndricos estriados y un friso con arcos (de otro estilo completamente distinto) en su parte proximal, aunque carece de huecos para cabujones a continuación. Y por eso casi toda la hebilla presenta una decoración vegetal con un motivo de roleo con hojas y racimos de uvas. De las "perlas", por cierto, ni rastro.

En donde sí hay "perlas" es en la hebilla de otro magnífico ejemplar de broche altomedieval: el de Leodobodus (su autor, que lo firmó al dorso), conservado en el Museo de Colonia (y que también fue adquirido en una subasta en Sotheby´s a finales de los 80 del siglo XX, por lo que su procedencia exacta se desconoce, aunque todo apunte, nombre germánico incluido, al mundo merovingio) y realizado en un colmillo de morsa.


Broche de Leodobodus, según Werner (1990)

Aunque en este caso la hebilla difiera claramente en su forma de la, pretendidamente, omeya, además de las perlas tiene en común con ésta la presencia de dos espacios rectangulares a ambos lados de su zona proximal. En este caso no están destinados a alojar piedras preciosas o semipreciosas, sino que van tallados con figuras humanas (similares a las de la placa, donde se representa a Cristo y varios apóstoles en lo que parece un lavatorio de pies), aunque la idea es la misma. Y también en este broche aparecen los ya familiares apéndices de sujeción semicilíndricos y con decoración estriada. Apéndices que, junto con los espacios rectangulares de la hebilla (en la ilustración se aprecia bien por qué tienen esa forma semicilíndrica y cómo se resuelve su encaje en la placa), se repiten en el broche de Vevey (Vaud, Suiza). En este caso, además de las ya citadas, hay otra similitud, ya que para tallar la escena de la placa (Jonás y unas nereidas) también se utilizó el trépano.


Broche de Vevey, según Auberson y Martin (1991)

Aparte de estos tres (que, como acabamos de ver, son los mejores paralelos para establecer una cronología y "filiación" más o menos seguras para la hebilla subastada en Sotheby´s) hay más broches de ese tipo, hechos en marfil, en colmillo de morsa, en hueso de cetáceo... Su cronología se mueve siempre entre los siglos V y VIII d. de C. y su localización geográfica habla por sí sola:



Se concentran casi en su totalidad en el mundo merovingio, especialmente en la zona burgundia aunque con una presencia también notable en el norte de Francia y en la Provenza
 (áreas ambas geográficamente muy cercanas a la primera, por cierto). Y de esa zona burgundia proceden también los broches de cinturón de bronce denominados, por razones obvias, burgundios. Broches que tienen una serie de características propias, entre las que destacan unos bonitos apéndices de articulación estriados (¿nos suenan?) y placas caladas con motivos figurados en muchos de los casos, al igual que ocurre con sus "primos" de hueso, asta o marfil. Incluso, en algunas ocasiones, tanto las piezas metálicas como las realizadas en "materia dura animal" siguen exactamente el mismo patrón morfológico y decorativo, lo que supone uno de los principales elementos para situar en la región burgundia, si no el lugar de origen de las segundas, al menos sí una de las principales zonas en las que se produjeron (y llevaron puestos) ese tipo de broches.

Ejemplo de broche burgundio (Imagen tomada de aquí)

Algunos autores creen que broches como el de Cesáreo de Arlés tienen un origen bizantino. Sin embargo y al menos que nosotros sepamos, no existen paralelos conocidos de piezas de ese tipo (y de ese material) en ninguna otra zona del Mediterráneo. Por supuesto, tampoco en los territorios bajo control del Imperio Oriental durante los siglos VI-VIII d. de C. (si exceptuamos algunos de los escasos ejemplares italianos conocidos). A lo que habría que añadir que, como acabamos de ver, la morfología de esas piezas las relaciona claramente con las producciones metálicas merovingio-burgundias y no con los bien estudiados y catalogados broches de cinturón bizantinos. Es verdad que en el mundo bizantino se trabajó mucho el marfil desde época temprana (para hacer dípticos, apliques de muebles, etc.) y que sus artesanos utilizaban el trépano para tallar (como atestiguan, por ejemplo, algunos capiteles), por lo que no sería descabellado pensar en maestros bizantinos al servicio de las elites merovingias como los autores de algunos de estos broches. Al menos de los de mayor calidad, como es aquél al que perteneció la hebilla que nos ocupa en esta entrada. La presencia bizantina en el norte de Italia durante los siglos VI-VII d. de C. podría explicar de forma relativamente fácil esa relación y ese trasiego de artesanos hacia el norte y este.

Y teniendo más o menos claro que no nos encontrábamos ante una hebilla islámica altomedieval sino ante un objeto perteneciente casi con toda probabilidad a un broche "burgundio" (de gran calidad, quizá creado por artesanos bizantinos, pero "burgundio"), ahí lo dejamos. Hasta que, años después y ya preparando la conferencia sobre el broche de Santa María de Hito (o el artículo que nunca terminamos de hacer, no lo recuerdo bien), Enrique descubrió qué había sido de ella. O lo que es lo mismo, quién la había comprado por aquella desorbitada cantidad de dinero.


Pantallazo tomado de aquí

La hebilla pertenece a la "Colección al Sabah" (fundada por el jeque Nasser Sabah al Ahmed al Sabah y dirigida por su esposa, Hussa Sabah al Salem al Sabah) y está depositada (no sabemos si también expuesta) en el Museo Nacional de Kuwait, donde se guarda la citada colección, que pasa por ser una de las mejores del mundo dedicadas al arte islámico. Sabiendo dónde está la pieza y de qué va la colección en la que se incluye no parece muy arriesgado suponer que esos adinerados kuwaitíes (o sus representantes) fueron quienes la adquirieron en la subasta de Sotheby´s antes mencionada (y más sabiendo, como sabemos, que la colección comenzó precisamente con la compra de una pieza en una subasta en Londres, por lo que esa y otras casas deben ser proveedores habituales de materiales para ella). Lo que se dice de ella en la citada colección, aparte de su descripción, viene a ser, más o menos, lo que se les dijo cuando la adquirieron: que es una "hebilla omeya", de marfil (de elefante, por supuesto: los sucedáneos, colmillo de morsa y demás, no son marfil) y que se fecha alrededor de la segunda década del s. VII d. de C. (100 después de la Hégira, en el cómputo árabe-musulmán). Del desconocimiento del autor de la ficha acerca de este tipo de piezas y de los broches de los que formaban parte nos ilustran muy bien sus palabras acerca de los dos apéndices de articulación (esos tan "burgundios"), de los que dice que servían "probablemente para unirla al propio cinturón" (la placa con otros dos apéndices iguales, ni está ni se la espera).

La conclusión de todo este asunto es bien clara: parece que a los señores de la "Colección al Sabah" les dieron un "gato burgundio" por la "liebre omeya" que creían haber encontrado. No es que la pieza no sea una joya, que lo es (por muchos motivos), sino que no es lo que les dijeron que era. Y, con toda seguridad, de haber sabido cuál era su "filiación" no la habrían comprado. Si pagaron por ella más de 113.000 euros fue porque pensaron que tenían ante sí una pieza inigualable: la única hebilla de marfil omeya conocida. Y por eso no les importó que le faltasen los cabujones, ni el hebijón (y dieron por hecho que no le faltaba, como de hecho le falta, la placa, quizá la parte más importante del broche): porque era una pieza tan especial que tenía que estar en su espectacular colección de arte islámico. Me pregunto que pensarían si alguien les sacase de su error. Y en qué lugar quedaría Sotheby´s. Quizá les escribamos un mes de estos...

Y a modo de epílogo, una reflexión que hicimos el día de la charla. Si por una hebilla (vale que de marfil y muy finamente tallada, pero sólo parcialmente conservada, pues le faltan los cabujones y el hebijón) se llegó a pagar ese dineral, ¿cuál sería el precio de mercado de una pieza como el broche de Santa María de Hito, que está prácticamente entera (sólo tiene rotos algún apéndice y parte del hebijón)?

El broche de Santa María de Hito

Aún siendo de talla algo más tosca y su material (costilla de cetáceo) menos noble, es otra auténtica joya de las "artes menores" altomedievales, además de una pieza única en la Península y con algunas singularidades que la distinguen de todas sus primas continentales. Sospechamos que ese precio sería muy alto, sobre todo si algún jeque aficionado a coleccionar "arte islámico" la viese y conociera la interpretación tradicional que la considera "mozárabe". De lo "mozárabe" a lo islámico hay un paso pequeño, y más en arte, así que... Que lo vigilen bien en el MUPAC, por si acaso.