28 nov. 2012

Silencio administrativo



Todo apunta a que este año no vamos a poder excavar en Riocueva. Allá por el mes de mayo nos las prometíamos muy felices y pensábamos que este otoño íbamos a llevar a cabo la segunda campaña de excavación en la cueva, pero parece que, definitivamente, negros nubarrones se ciernen sobre el futuro inmediato del yacimiento (más bien, de nuestra investigación sobre el yacimiento).

El tiempo se ha agotado, hoy día 28 de noviembre deberían concluir las actuaciones arqueológicas de la campaña 2012... y ni siquiera han comenzado. Seguimos sin recibir una respuesta por parte de la administración competente. Ni autorización, ni financiación, ni nada de nada. En unos días habrán pasado los 6 meses que contempla la convocatoria como plazo máximo para resolver, de manera que nuestra solicitud quedará desestimada por silencio administrativo.

Aún nos quedan muchas cuestiones por resolver en Riocueva, de modo que no nos damos por vencidos. Seguiremos buscando la manera de poder excavar, aunque sea sólo un poquito más, en cuanto nos dejen. Ya nos hemos acostumbrado a luchar contra todo tipo de dificultades y, aunque no queremos parecer unas plañideras, la práctica de la Arqueología de investigación se está empezando a asemejar cada vez más a una sesión de masoquismo extremo, cera caliente incluida.

La hoja de ruta del Proyecto Mauranus se trastoca ligeramente, es cierto, pero así tenemos más tiempo para dedicarnos a darle vueltas a los resultados de la campaña 2011. El que no se consuela... Las líneas de trabajo abiertas siguen su curso y pronto tendremos novedades sobre algunos temas.

Además, hemos presentado públicamente los resultados preliminares fuera y en casa gracias, esto último, a la oportunidad brindada por Carmen Díez Herrera (Universidad de Cantabria) y esperamos seguir presentándolos allá donde nos reclamen. Estamos redactando, además, unas primeras impresiones sobre Riocueva para publicarlas en las actas del colloquio de Saint-Martin-le-Vieil. También se han avanzado algunos datos sobre paleodietas y restos vegetales de la cueva, en colaboración con Pablo Arias e Inés López-Dóriga, en el coloquio internacional Archaeology of farming and husbandry in Early Medieval Ages celebrado en Vitoria recientemente. Vamos, que no nos quedamos quietos lamentándonos, ni mucho menos.

Para calmar el sincio es probable que hagamos una exploración de las zonas profundas de la cueva antes de final de año, confiamos en que eso sí nos lo autoricen.

27 nov. 2012

De copas

Uno de los hallazgos más singulares que deparó la excavación en Riocueva durante la campaña de 2011 fue un pie de copa de vidrio de color azulado. El vástago es macizo, esbelto y está torsionado en forma de espiral. No se ha conservado la tulipa, ni la zona de la base, partes más finas seguramente disueltas por la acción del agua. Por su forma se corresponde con el tipo conocido como Foy 27, fechado por esta investigadora francesa en los siglos VII y VIII, al final de la época visigoda.

Pie de copa de Riocueva
Se trata de un servicio de mesa que se puede considerar como "vajilla de lujo", cuya refinada factura contrasta con la tosquedad de la cerámica común que la acompaña, ollas de cocina fundamentalmente. Eso nos inclina a pensar que podría no ser de una producción local. Sin embargo, los resultados de las analíticas realizadas al vidrio ofrecen resultados sorprendentes que podrían estar reflejando las aplicación de soluciones técnicas particulares, divergentes de la tradición romana todavía vigente en la mayoría de los talleres de la Europa occidental.

El pie de copa de en el momento de su hallazgo, junto a cerámica común
No es un tipo de objeto demasiado común en los territorios del reino visigodo de Toledo, tal vez por el tipo de contextos en los que aparece: siempre o casi siempre en espacios de hábitat, y nunca o casi nunca en contextos funerarios. Quizá porque es un objeto de uso cotidiano y no es habitual que en las tumbas de época visigoda se depositen piezas de vajilla diferentes de las clásicas jarritas de cerámica. En cuanto a su distribución, llama la atención que estas copas aparezcan con más frecuencia en las zonas en las que el control político del reino toledano y sus epígonos perduró más en el tiempo, incluso más allá del 711. De hecho, la mayor parte de los núcleos de cierta importancia en los que hay copas de vidrio similares a las de Riocueva siguieron ocupados al menos durante la primera mitad del siglo VIII manteniendo formas "visigodas" en la cultura material: Tolmo de Minateda, Bovalar, Puig Rom, Ruscino... Es, por lo tanto, un objeto verdaderamente "tardío", un "fósil guía" del final de la época visigoda (siglos VII-VIII) como han defendido acertadamente algunos investigadores.

Distribución de la copa Foy 27 en el territorio del reino visigodo de Toledo
¿Qué bebieron en esta copa? ¿Vino, cerveza, agua...sidra, quizá? No lo sabemos, es difícil de averiguar y sólo podemos aventurar alguna conjetura a través de indicios indirectos. Lo más probable es que se usase para beber vino, una bebida con más prestigio y mayor consideración que la cerveza ya desde época romana. De hecho, el cultivo de vid está documentado en Cantabria en la Alta Edad Media (Cartulario de S. M. de Piasca, año 822) y seguramente estas vides estaban ya plantadas en momentos anteriores.

18 nov. 2012

La Edad del Hierro y Las Guerras Cántabras

Esos son los temas sobre los que tratan los dos artículos que hemos escrito (junto con el también arqueólogo y, a pesar de ello, amigo Rafael Bolado del Castillo) en el libro editado por la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC) Cántabros. Origen de un pueblo. La obra, en la que también colaboran con sendos trabajos los investigadores Ángel Ocejo y Juan Carlos Cabria, ha recorrido un más que tortuoso camino durante los últimos ¡¡3 años!! hasta ver la luz esta semana pasada.


En nuestros dos artículos hemos intentado hacer algo que sabemos que es más que difícil (y no estoy seguro de que lo hayamos conseguido del todo): aunar el rigor y la profundidad en el análisis con la divulgación. Desde que aceptamos el encargo tuvimos claro que el libro estaba destinado al "gran público" y tratamos de obrar en consecuencia, haciendo que el mensaje fuese relativamente sencillo de comprender. E intentando mantener ese punto científico que marca la diferencia entre las cosas que se dicen "porque sí" y las que se argumentan y se sustentan sobre datos objetivos y verificables. Desde luego, quien intente encontrar en nuestra parte (de las otras no puedo opinar, porque aún no las he visto) esencialismos identitarios, epopeyas románticas y patrioterismo de hacha bipenne y puñal bidiscoidal lo tiene crudo. El resultado (bueno o malo, eso lo decidirá el público) son dos revisiones actualizadas (a fecha de 2010-2011) de la arqueología de la Edad del Hierro y de la conquista militar romana de Cantabria a finales del siglo I a. de C. Aunque se trata, principalmente, de trabajos de síntesis, no nos hemos querido quedar ahí y hemos hecho unas cuantas aportaciones propias al debate sobre estos dos temas, algunas de ellas de cierto calado. También salen a la luz por primera vez algunos materiales y lugares inéditos muy interesantes y ponemos negro sobre blanco ideas e interpretaciones que llevábamos rumiando desde hace tiempo. Un par de ejemplos, para abrir boca:



A nosotros nos darán los primeros ejemplares mañana (cuando vayamos a buscarlos), aunque el libro se presentará en público el próximo día 4 de Diciembre en la Librería Estvdio de Santander, a las 19:30 horas. De momento sólo está a la venta en la sede de ADIC, pero tienen intención de distribuirlo por las librerías en unas semanas.

Seguiremos informando.


11 nov. 2012

Una sangre no tan limpia (1)

Es un hecho muy conocido que, a partir del siglo XVI (aunque el asunto comenzara en el XV), la sociedad de los territorios que formaban la Corona de Castilla vivió obsesionada con la conocida como "limpieza de sangre". O al menos una parte importante de esa sociedad, significativamente las clases dominantes y todo aquél que aspirase a a ser alguien dentro de ella. Esa preocupación por el origen biológico de las personas estaba centrada en garantizar la ausencia de sangre de moros o judíos (o de conversos); en demostrar que no se tenían antepasados de esas etnias y/o religiones. Quienes estuviesen "limpios" podrían considerarse "cristianos viejos" y, por tanto, aspirar a formar parte de la nobleza (por pequeña y mísera que fuese), de las órdenes militares y de los oficios públicos. ¿Y dónde podían ser los cristianos más "viejos" y tener la sangre más "limpia" que en Asturias y en La Montaña? Contaban las antiguas crónicas que ambos territorios apenas habían sido hollados por las babuchas de los árabes invasores y en ellos, según se creía en la época, se habían conservado las genuinas esencias de la Hispania cristiana y visigoda; esencias que se habían vuelto a extender por la Península conforme avanzaba la Reconquista, aunque diluidas en un mar de mestizos. Todos sus habitantes, por tanto, podían presumir de ser nobles (hidalgos miserables en la inmensa mayoría de los casos, pero nobles a fin de cuentas) y de no estar manchados por la sangre de los infieles, como sí lo estaban muchos de esos otros habitantes de latitudes más meridionales. Y presumían, vaya si lo hacían: el hidalgo montañés o asturiano, orgulloso de su nobleza y pobre como una rata, es un tópico de la literatura del Siglo de Oro.

Y aunque, afortunadamente, este "racismo" de sangre se acabó superando con los siglos, algo de poso dejó y todavía hoy es el día en el que muchos de los habitantes de los actuales Principado de Asturias y Comunidad Autónoma de Cantabria siguen mostrando cierto orgullo de "cristianos viejos" y el convencimiento de que su sangre es algo "más pura" que la de los demás. ¿Nos suena de algo el "Asturias (o Cantabria) es España y el resto tierra conquistada, por ejemplo?

Pues bien. En esas estábamos (y me ceñiré aquí a Cantabria, porque parece que en Asturias no ocurre lo que voy a contar , o al menos no con tanta intensidad) cuando llegó la "revolución" del ADN y con ella una verdad que había estado oculta durante siglos en los genes de los cántabros: nuestra sangre no está tan "limpia" como siempre nos han contado. Al contrario, entre los cántabros, al igual que ocurre con otros pueblos del NW de la Península Ibérica, hay un porcentaje significativo (aunque minoritario, eso sí) de marcadores genéticos norteafricanos (para los datos de Cantabria, esta es la referencia, para los de la Península esta otra).

Joven norteafricana en 1905 (Foto: R. Lehnert)

La pregunta surge inmediatamente: ¿por qué? La respuesta definitiva no la tiene nadie (que sepamos), pero hay algunas hipótesis de trabajo que resultan sugerentes. Yo también tengo la mía y de todas ellas trataré en la segunda de esta serie de entradas (si pasa por aquí algún antiguo lector del Foro Folkis, ya la conocerá). Sólo adelanto que, como no podía ser de otra manera, la explicación que se me ocurre es altomedieval y remite a sucesos que tuvieron lugar en ese siglo que tanto nos gusta a los que trabajamos estos temas y del que, paradójicamente, apenas sabemos nada: el VIII d. de C.

Continuará...