27 ago. 2015

Agger

Un año después de haber comunicado a la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria la localización de varias estructuras de probable origen campamental romano (y de haberlas presentado en Gijón y Santander a lo largo de esos 12 meses), Enrique, Rafa y yo hemos decidido formalizar esta relación ocasional (que nació cuando los tres participamos con dos artículos en el libro Cántabros. Origen de un pueblo, editado por ADIC) dedicada a la arqueología de las Guerras Cántabras. Para ello, como no podía ser de otra manera, nos hemos dado un nombre y un logo. Y así ha surgido Agger, un nuevo proyecto que uno de nosotros (ni Rafa ni yo y no doy más pistas) ha definido perfectamente como "estudios intermitentes sobre las Guerras Cántabras y la Cantabria romana".




Agger nace con la intención de continuar con la búsqueda de nuevas evidencias de la conquista romana de Cantabria (y de lo que vino después) y el firme propósito de seguir trabajando sobre lo descubierto hasta ahora, especialmente en los nuevos escenarios que comienzan a mostrarse (¡y de qué manera!) ante nuestros ojos. Para ello seguiremos tirando de vistas satélite, de fotos aéreas y (¡por fin!) de imágenes LIDAR. Y quizá también, si nuestro escaso tiempo libre y las autoridades competentes lo permiten, realicemos algo de trabajo de campo: prospecciones, documentación y, por qué no, alguna excavación.

Cuentos de la lechera arqueológicos al margen, lo cierto es que el primer acto público en el que va a aparecer este nuevo logo está al caer. Será el día 1 de Septiembre (de 2015, obviamente), el martes que viene, cuando a las 20:30 dé la conferencia titulada "Nuevos campamentos romanos en Cantabria", en el marco de la Semana Cultural de la fiesta de las Guerras Cántabras, en Los Corrales de Buelna. El título no deja nada a la imaginación, así que tampoco me extenderé mucho en explicar de qué voy a hablar. Sólo diré aquí que será una buena oportunidad para ver algunas de esas imágenes LIDAR con las que Rafa lleva trabajando ya algunos días y que nos están dando una información muy valiosa sobre esos (cada vez más posibles) nuevos campamentos romanos de campaña. Y que habrá alguna (pequeña) novedad.


Imagen LIDAR de una puerta en clavicula, antes sólo intuida en las ortofotos


La Semana Cultural de las Guerras Cántabras es mucho más que esta charla y por ella también van a pasar otros investigadores (como Susana de Luis Mariño, "Ketxu" Torres Martínez, Antxoka Martínez Velasco o Pedro Ángel Fernández Vega) con muchas cosas interesantes que contar. Para no perderse ninguna actividad lo mejor es echarle un ojo a la programación (o a la imagen, en caso de ser muy vago).



Y para terminar esta presentación, una aclaración y una noticia. La primera, que Agger no viene a sustituir al Proyecto Mauranus. Es una especie de spin off, sin más. Y aunque nos gusta mucho el tema, nuestro principal objetivo de estudio sigue siendo la arqueología de la Tardoantigüedad y la Alta Edad Media en Cantabria (aunque no sólo). Y la segunda, que, si no con un pan bajo el brazo, sí que nace con un socio de lujo. En realidad ha estado ahí prácticamente desde el principio, aunque ahora, que llega la hora de ponerse serios y de meterle mano de verdad a todo este asunto, da un paso al frente (con un bagaje insuperable para este tipo de viajes, por cierto). Y nosotros más que encantados. 

En breve, más noticias.

21 ago. 2015

Explorando nuevas posibilidades en La Garma

Hace ya algún tiempo que el profesor Pablo Arias Cabal, codirector junto a Roberto Ontañón Peredo del proyecto de investigación del conjunto arqueológico de La Garma (Omoño, Cantabria), nos había propuesto ir a echar un vistazo a la cueva de La Garma B. Sospechaba que algunas restos localizados en la zona más profunda de la gruta podían corresponder con visitas de época tardoantigua o altomedieval y quería que le diésemos nuestra modesta opinión sobre el terreno. Con la campaña de actuaciones arqueológicas en La Garma recién comenzada, hace un par de semanas encontramos el momento para girar visita a la cueva y echar un vistazo con calma a suelos y paredes, en busca de indicios interesantes que justifiquen plantearse un trabajo de campo más serio.

La boca de la cueva de La Garma B
Conviene señalar que esta cueva no es precisamente una desconocida para quien esto escribe. Fue la protagonista de mi trabajo de investigación de doctorado titulado Los comportamientos funerarios durante la Prehistoria Reciente en la región Cantábrica. El depósito sepulcral de la cueva de La Garma B (Omoño, Cantabria), defendido en 2010, y tuve ocasión de excavar allí en 1995 y 2000. Tanto el trabajo como mi participación en las excavaciones se centraron en los primero 15 m de desarrollo de la cueva. Ahora, sin embargo, es la zona más profunda la que reclama nuestra atención.

Es una cueva cortita y facilona, cosa que se agradece, nada que ver con su «vecina» La Garma A, donde el acceso a las áreas más interesantes obliga a realizar ejercicios de contorsionismo y a descender con cuidado por un par de tramos de resbaladizas escaleras. La sala principal, la que estaba ocupada por un depósito sepulcral de la Prehistoria Reciente, es llana y se puede transitar de pie, mientras que para llegar a la sala interior objeto de nuestra visita sólo hay que salvar un pequeño desnivel a través de un paso entre columnas estalagmíticas.

Progresando hacia la salita interior de La Garma B
En la sala interior de La Garma B hay cuatro elementos que han llamado nuestra atención y que podrían estar relacionados con una frecuentación durante la Antigüedad Tardía o la Alta Edad Media: varias marcas negras en las paredes, de las conocidas como «arte esquemático-abstracto»; abundantes restos de carbón por el suelo; algunos restos óseos; y abundantes estalactitas y estalagmitas fracturadas de forma intencional.

Las marcas negras ya llamaron la atención de los investigadores sobre este tipo de manifestaciones tiempo atrás y, aunque no son ni espacialmente espectaculares, ni demasiado abundantes, pueden ser un indicador de visitas a la cueva en época histórica. La mayor parte de las dataciones de Carbono 14 realizadas a partir de muestras de marcas negras hechas con carbón en las cuevas de Cantabria ofrecen una cronología en torno a los inicios de la Edad Media. También las hay de otros momentos, incluso alguna prehistórica o de época romana, pero es frecuente la asociación con «visitantes medievales».

 Una de las «marcas negras» en una estalactita de La Garma B
Por lo que respecta a los carbones, son el tipo de evidencia más abundante en la salita interior de La Garma B. Aparecen pequeños fragmentos repartidos por toda la superficie e incluso sobre algunas columnas estalagmíticas truncadas. En algunas zonas la concentración es significativa, lo que nos hace pensar que puedan ser restos de hogueras realizadas en el interior de la cueva, aunque por el momento no podemos precisar en qué momento. Especialmente llamativas son una acumulación en la que los carbones están mezclados con cáscaras de caracoles terrestres, en la zona del fondo, y diversos fragmentos «atrapados» por el desarrollo de las concreciones calizas sobre algunos espeleotemas.

Posibles restos de hogueras en el interior de La Garma B
Carbones y conchas de caracoles terrestres en La Garma B
Detalle de los fragmentos de carbón «atrapados» en una estalagmita
Los restos óseos son bastante escasos, pero su presencia es muy significativa. Hemos identificado dos o tres piezas dentales de algún pequeño herbívoro, algunas cubiertas por concreción calcítica y un fragmento de hueso largo que, pese a las dudas iniciales, parece ser que podría ser humano. La presencia de un hueso humano en esa zona puede tener dos explicaciones: o procede del depósito sepulcral de la Prehistoria Reciente, o no tiene nada que ver con el yacimiento prehistórico y está indicando el uso funerario de la cueva en un momento posterior, quizá a inicios de la Edad Media, como los restos de La Garma A.

Hueso posiblemente humano en la salita interior de La Garma B
La rotura de estalactitas y estalagmitas es otro de los indicios que hacen pensar en visitas a la zona interior de la cueva no demasiado lejanas en el tiempo. Hay numerosos ejemplos que evocan la actividad documentada en La Garma A, donde se ha podido comprobar, mediante técnicas de análisis geoquímicos, que los visitantes altomedievales se entretuvieron en romper unos cuantos espeleotemas. En algunos casos de La Garma B hemos observado que el crecimiento que se ha ido produciendo tras la rotura no aparenta más de 1500 años.

Columna rota de forma intencional con una nueva estalagmita creciendo sobre ella
Reunidas todas estas evidencias en un espacio relativamente pequeño, hay bastantes posibilidades de que esa zona de la cueva haya sido frecuentada en algún momento entre época romana y el final de la Edad Media. Después de esta primera inspección visual y de que José Ángel, Pablo, Roberto y yo cambiásemos impresiones sobre el terreno, es el momento de que «hablen» las analíticas. Se tomarán unas muestras de carbones y de restos óseos para datarlos por Carbono 14 y si los resultados confirman nuestras sospechas cronológicas, volveremos a la cueva para hacer un pequeño sondeo.

Planificando sobre el terreno nuestros próximos pasos
De momento somos cautos y no nos atrevemos a incluir La Garma B en nuestra lista de cuevas usadas con fines funerarios en época visigoda. Que haya sido visitada en esa época, lo que parece bastante probable, no la convierte automáticamente en un «cementerio subterráneo», hace falta alguna cosilla más. Esperamos expectantes los resultados de las dataciones para saber si tenemos que añadir «una muesca más a la culata». Quién sabe si dentro de poco estamos allí excavando...

18 ago. 2015

Ecos de la Ciudad Eterna, 2: los instrumentos textiles de la Crypta Balbi

Había otra cita que esperaba con expectación en mi visita a Roma además de la del Museo Nazionale dell'Alto Medioevo y era la de la Crypta Balbi. No sólo porque me había topado con su nombre varias veces buscando referencias cuando estaba haciendo el estudio de la copa de vidrio que encontramos en Riocueva en 2011, sino porque allí se exponían algunos objetos de interés sobre los que tenía noticias confusas.

Un surtido de vidrio altomedieval de la Crypta Balbi
Me refiero a diversos instrumentos relacionados con la actividad textil con los que están ya familiarizados los lectores del blog, como los punzones de tejedor o los ganchos de huso. Y las «noticias confusas» eran una serie de fotografías que nuestros amigos de El Clan del Cuervo habían compartido en Facebook cuando el Museo Nazionale dell'Alto Medioevo estuvo a punto de cerrar. En una de ellas, etiquetada como parte de la colección de ese museo, aparecían unos punzones de tejedor muy interesantes. Revisé minuciosamente vitrina por vitrina el Nazionale, sin éxito, y me quedé un poco chafado hasta que se me encendió la bombilla ¿y si en realidad estaban en el otro gran espacio expositivo romano dedicado a la Alta Edad Media? Efectivamente, así era.

Punzones de tejedor y aguja fotografiados por El Clan del Cuervo (fuente: Facebook)
La Crypta Balbi es una de las sedes del Museo Nazionale Romano, dedicada de forma monográfica a este singular yacimiento, un complejo monumental construido en el siglo I a. de C. sobre el que se asentó a partir del siglo V d. de C. una iglesia y viviendas. Los hallazgos más numerosos e interesantes corresponden a la etapa bizantina, entre los siglos V y VIII d. de C. y como tiene una museografía mucho más moderna y una ubicación más céntrica que el Museo Nazionale dell'Alto Medioevo, se ha ido convirtiendo en los últimos años en la gran referencia expositiva sobre el periodo altomedieval en Roma. De modo que no le faltaba algo de razón a El Clan del Cuervo cuando lo identificó como museo de la Alta Edad Media...

Vista general de la exposición permanente de la Crypta Balbi
Aunque la cantidad de objetos expuestos en las vitrinas de la Crypta Balbi es apabullante, no tardamos en encontrar los punzones de tejedor de la foto de El Clan del Cuerpo. Compartían ubicación con objetos de lo más variado: desde un juego de pesas y un repertorio de llaves, hasta varias lucernas y otros objetos de hueso. Y no sólo eso. Había otro expositor enorme en el que se amontonaban una gran diversidad de herramientas y utensilios entre los que destacaban un gran número de ganchos de huso de bronce y de agujas del mismo material, además de unas cuantas fusayolas de hueso. Eso por lo que respecta a las actividades textiles, que no son las únicas representadas. Cuchillos, encendedores de eslabón, herramientas de carpintería e incluso piezas de una balanza completan el repertorio.

La vitrina de los punzones de hueso
Vitrina dedicada a las actividades artesanales
Colección de ganchos de huso de la Crypta Balbi
Resulta interesante comprobar que se repite la asociación en el tiempo y en el espacio de punzones de tejedor de hueso y ganchos de huso que ya hace algún tiempo identificamos en Cantabria, aunque de momento no hayamos podido encontrar los dos tipos de objetos en un mismo yacimiento. En la Crypta Balbi sí lo tienen ¡afortunados ellos! Que en este lugar haya ganchos de huso es lo lógico, ya que es un enclave de influencia bizantina y es en el Mediterráneo Oriental donde son más frecuentes estos objetos. Más extraño es encontrar punzones de hueso, mucho más propios de territorios septentrionales del ámbito merovingio o sajón. La similitud en las soluciones técnicas empleadas en el hilado y el tejido en diferentes puntos de Europa y de la cuenca mediterránea durante la Alta Edad Media permite suponer que la tecnología textil de esta época es heredera de la de periodos anteriores. Son herramientas eficaces que seguramente perviven durante siglos. Sin embargo, también es interesante constatar cómo estos objetos están mucho más presentes en el repertorio material de esta época que en momentos anteriores o posteriores.