28 dic. 2014

You must be bloody joking!! Mea culpa de un farsante

Hasta aquí hemos llegado. Duele mucho dar este paso, pero cuanto más lo alarguemos más difícil será ponerle fin a este despropósito. No creo que podamos hacer nada para salvar nuestra, a partir de ahora, completamente destruida reputación, pero eso casi es lo de menos. Lo de la tele fue la gota que desbordó un vaso que nunca debió llenarse y marcó el punto de inflexión. Han sido semanas duras, dándole vueltas y más vueltas al asunto, intentando encontrar una manera de arreglarlo; pero, como aún no se puede viajar en el tiempo y volver al pasado, hay que apechugar. Y eso es lo que toca hoy.

Quien sea seguidor fiel del blog, del Proyecto y de nuestra carrera investigadora reciente tiene la oportunidad de vivir un momento a lo final de "Sospechosos habituales" (la genial película noventera de Bryan Singer) en la siguiente imagen:


Captura de pantalla tomada de aquí


Cordillera Cantábrica, cuevas, vampiros... ¿Os resulta familiar? Sí, ¿verdad? La Garma, Las Penas, Riocueva, revenants de época visigoda... Es exactamente tal y como estáis barruntando en estos momentos: todo es un fraude. En los últimos años habéis sido víctimas de una sutil y elaborada manipulación concebida para que os tragaseis esa historia. Una broma desquiciada, inspirada en Mauricio, el Niño Murciélago, y que ya ha llegado la hora de desvelar. Y es lo que voy a hacer aquí y ahora, mal que me pese.

Si vamos al verdadero origen del asunto, deberemos remontarnos al 94 o así, cuando mi amigo J. L. Lavín compraba Noticias del Mundo y todos lo leíamos en la Plaza de la Telefónica de mi pueblo. Mauricio  y su historia nos enamoraron desde el primer momento. Tanto es así que, años después, ya estudiando Historia en Santander, yo llevaba orgulloso una camiseta con una de sus portadas en NdM (camisetas que nos hicimos para una Batalla de Flores y que fueron la sensación, por cierto). No tengo foto que adjuntar para probarlo, pero mis conocidos lo recordarán. De hecho, alguno de mis amigos de la Universidad ya entonces (y aún ahora) me llamaba cariñosamente "niño murciélago". Pasó el tiempo, pero no mi enfermiza fascinación por Mauricio, como prueba la siguiente imagen, de una de mis despedidas de soltero en Gijón (y prueban también mis perfiles de Google o Facebook)


Pero el verdadero punto de inicio de todo esto es mucho más reciente y tuvo lugar una de esas noches en las que Enrique y yo, pasados de copas, nos ponemos retos absurdos (por ejemplo, una vez, a las tantas, apuramos los cacharros, montamos al Fiesta y nos fuimos a ver cómo amanecía en La Ulaña, desde Santander). En esta ocasión, la discusión fue derivando hacia lo fácil o difícil que sería manipular al "público" de la literatura científica y cómo podrían colarse como "buenas" cosas en principio absurdas. Yo acababa de presentar mi trabajo de fin de Máster sobre el uso funerario de algunas cuevas en época visigoda, llevaba puesta una camiseta con la cara de Mauricio... Y se lió.


La verdad es que, visto con perspectiva, resulta asombroso lo fácil que resultó. Unas lecturas sobre necrofobia, algo de "vampirismo científico" y "nuestras" cuevas, con sus muertos. Un cóctel que se demostró infalible y que nos permitió ir construyendo un relato en el que, de forma discreta pero evidente, se mezclaban vampiros (podemos llamarlos "revenants", "muertos inquietos" o como queramos, pero no dejan de ser vampiros), cavernas y el norte de España; como en la historia de Mauricio. Incluso intentamos colocar de alguna manera a Alicia, su novia, en este cuento.



Y cuando apareció el anillo de Riocueva vimos una magnífica oportunidad para hacerlo: era de pequeño tamaño, un adorno infantil, y tenía una decoración que se prestaba a elucubrar sobre su significado. Aparcamos completamente la interpretación más sencilla (y obvia: que son segmentos de círculo afrontados, de honda raigambre cántabra) y le dimos mil vueltas tratando de encontrar una forma de leer ALICIA.



No hubo manera, así que tuvimos que buscar una alternativa y terminamos eligiendo PAVLA. Y coló. Como colaron la "destrucción intencionada" de los cráneos (lamentablemente, no teníamos estacas clavadas en el pecho o similares, así que tuvimos que conformarnos con rituales anti-revenant de segunda división, como el aplastamiento de cabezas) o la interpretación del cereal quemado como una forma de "aplacar a los muertos molestos" atestiguada en las fuentes escritas medievales (que retorcimos a conciencia, como no podía ser de otra forma).





Y así, casi sin darnos cuenta, introdujimos a Mauricio (bueno, él no aparecía directamente, pero los revenants cavernícolas visigodos inspirados en él, sí) en el mundo de la arqueología "seria": en Munibe, en el Homenaje a J. A. García de Cortázar, en el 19th Annual Meeting of the EAA que se celebró en Pilsen, etc, etc. Y por el camino implicamos (manchamos para siempre, más bien) a varios inocentes colegas y, hasta hoy y me temo que no más, amigos. La rueda giraba y giraba y no veíamos el momento de parar. Y dejando pasar el tiempo nos íbamos enredando más y más y nuestros "Mauricios" ficticios se iban abriendo paso (y dejando poso) en el panorama arqueológico peninsular (y más allá).

Y en estas llegaron los medios, de la mano de Iker Jiménez. Primero la radio, luego la tele. Y la cosa se salió de madre cuando más de 1 millón de personas nos vieron hace tres semanas y "nuestros vampiros" se hicieron famosos. Demasiados testigos para un crimen perfecto. Y demasiadas preguntas que responder.



Os sorprendería saber la cantidad de e-mails, mensajes e incluso llamadas (me pregunto cómo demonios han conseguido nuestros móviles) que hemos recibido desde entonces. Una auténtica "locura vampírica" que parece haber contagiado a todo el mundo, desde la prensa regional a importantes editoras de revistas y productoras televisivas con canales propios (y pirados variados, por supuesto). Por no hablar de nuestras familias y amigos: el monotema estas navidades está siendo nuestra aparición en Cuarto Milenio y las cosas que allí dijimos. Tomarle el pelo a media España es algo difícilmente justificable. Hacerlo con la gente a la que quieres es mucho peor. Y ni os cuento el nudo que se te forma en el estómago al ver el brillo en los ojos de tu madre cuando te dice: "Estuviste muy bien en la tele. Me pareció muy interesante lo que contasteis, no tenía ni idea de que existiesen esas cosas. Qué orgullosa estoy de ti".

Así que se acabó. Lo hemos hablado y no queda otra opción: hay que terminar con esta farsa ya, antes de que vaya a más. Toca tragar bilis, agachar las orejas y pedir perdón. Perdón a todos aquellos que han creído en nosotros y nos han apoyado todo este tiempo, a las instituciones que nos han financiado, a los seguidores del blog, a los colegas que se han visto embarcados en esta gran mentira y cuya honorabilidad probablemente haya quedado tocada para siempre. Perdón a Silvia, a Pablo, a Roberto, a Eva. A Knut Andreas, a Juan Antonio. A Leticia, a Alfredo, a Alfonso, a Pablo, a Gonzalo... Perdón a tantos y tantos. Ya tenemos redactadas las cartas explicando el engaño y pidiendo disculpas para el Gobierno de Cantabria, la UC y Cuarto Milenio, entre otros muchos; y mañana a primera hora las enviaré. Y a esperar las respuestas (y los castigos).

Llegados a este punto, una de las cosas que más me duele es que ya nadie va a creer nada de lo que contemos. Ni siquiera que nos estábamos guardando un pequeño secreto para el final:



21 dic. 2014

Felices Fiestas





Os deseamos a todos unas Felices Fiestas y que el próximo año
 reparta igual o mejor fortuna que el que termina. 

Gracias por visitarnos y leernos un año más.

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José Ángel y Enrique
Proyecto Mauranus

19 dic. 2014

Riocueva 2014, episodio 11: con sabor a despedida

Hacía ya casi un mes que no excavábamos en la cueva y, como quedaba alguna cosa por rematar, hemos buscado un hueco para acercarnos esta mañana. Así, a lo loco, un viernes...  Dentro de 12 días termina el plazo del permiso y hay que apurarlo hasta el final. Sabemos que algunos de nuestros colaboradores se han quedado con ganas de «un poquito más», pero ya sea porque tenían que trabajar, o porque están un poquito lejos para acercarse sólo un rato a la cueva, se van a tener que conformar con leer esto. Ha sido una despedida íntima... José Ángel, Helena y yo, con Gonzalo como testigo de lo mucho que cuesta hacerse a la idea de que nuestros paletines no volverán a hollar Riocueva en una temporada. No nos atrevemos a decir «nunca más», pero, por desgracia, cada vez tenemos menos tiempo para dedicarle al más sucio y subterráneo de los vicios que nos adornan.

Helena y Gonzalo concentrados en el Sondeo 8
Habíamos interrumpido la excavación del Sondeo 8 sin llegar a tocar fondo y sabíamos que hacerlo nos supondría una inversión de tiempo mucho mayor de la que teníamos prevista dedicar al trabajo de campo. De todos modos, hemos seguido profundizando hasta donde se comenzaba a poner difícil la cosa, en torno a la cota -160. En una esquina aparecían muchas piedras y en el centro del cuadro un gran bloque, con lo que cada vez era menor el espacio para excavar cómodamente. Para poder seguir, hubiésemos tenido que ampliar el sondeo hacia el oeste y no estábamos por la labor. Sin tiempo y con los recursos justos, lo más aconsejable era abandonar. Nos concentraremos en sacar adelante trabajo «de laboratorio», en recuperar las tareas atrasadas que dejó la extenuante campaña de 2013 y en ir ordenando los datos que ha generado la excavación de casi 30 m2, que en una cueva y con un protocolo de excavación más próximo al que utiliza la Arqueología Prehistórica, que al que alguien puede imaginar para un yacimiento de época visigoda, es un mundo. Además, en los últimos 15 ó 20 centímetros de sedimento los hallazgos empezaban a escasear y un repertorio más o menos variado –y heterogéneo, todo hay que decirlo– ha dejado paso a unas pocas esquirlas de huesos de animales muy poco interesantes. De modo que hemos decidido parar, documentar los perfiles y dar por terminada la excavación.

Las últimas bolsas de tierra esperando su salida al exterior
Mientras Helena, Gonzalo y el responsable de escribir esta crónica –osea, yo–  nos afanábamos en dejar presentable el sondeo, el director se concentraba en cribar, cribar y cribar. Yo no sé la cantidad de bolsas que han podido pasar por sus manos en esta campaña, pero más de 100, seguro. Y la mayor parte del tiempo, ha cribado sin compañía, lo que nos ha llevado a pensar que realmente disfruta de ese anómalo «placer solitario». Como excavamos muy bien –él lo dice siempre, no me lo invento yo–, es una tarea aburrida, pero alguien tiene que hacerla. Han quedado poco más de una docena de bolsas en el vestíbulo. Habrá que encontrar un hueco para ir a terminar... otra excusa más para volver a la cueva.

Puede que sea una tarea adictiva...
Tras tres campañas de excavación increíblemente productivas en las que hemos hecho interesantes descubrimientos, hemos conocido a gente estupenda, nos hemos reído, hemos sufrido acarreando bolsas, hemos descubierto formas inauditas de interpretar piezas musicales, nos hemos revolcado en el barro, hemos degustado deliciosos manjares, hemos descubierto un anillo de oro e incluso hemos salido en la tele, toca descansar. Disfrutamos mucho con lo que hacemos, sin duda, pero hay más cosas en la vida que la Arqueología y muchas, cada vez más, reclaman nuestra atención.

Una imagen posiblemente irrepetible
Aunque sabemos que no es la última entrada que dedicaremos a «Riocueva 2014», porque nos llevamos mucho trabajo a casa sobre el que seguiremos hablando aquí, la jornada de hoy ha tenido sabor de despedida.Agridulce, como la mayoría.   

14 dic. 2014

Riocueva 2014, episodio 10: guiando guías

Más de dos semanas sin ir por la cueva nos empezaba a parecer demasiado tiempo y había que buscar alguna excusa. Aún tenemos pendiente una «despedida oficial» el próximo 19 de diciembre, que será el último día en el que excavemos en Riocueva por este año. Quizá algún día sea necesario acercarse a cribar, a recoger las bolsas de la flotación o cualquier cosa por el estilo, pero ya va tocando dejar tranquila a la cueva. ¿Y cuál ha sido la excusa para volver? Pues que algunas compañeras de profesión de Helena –y algunos compañeros, también– se han mostrado interesadas en conocer la cueva y los resultados de nuestras actuaciones arqueológicas... Al final han sido ocho personas las que se han animado a visitar la cueva este sábado, guías oficiales de turismo de Cantabria que esta vez han sido los que han recibido las explicaciones en lugar de darlas, y a mí ponerme en su papel y hacer de improvisado guía (no oficial).

Guías guiadas hacia el interior de la cueva
En algunos casos era su primera vez en una cueva «no adaptada para las visitas», por lo que el interés era doble. La verdad es que Riocueva es un buen lugar para dar un pequeño paseo subterráneo y, salvo el pequeño tramo en el que hay que reptar, es una cueva cómoda, fácil de transitar y que nunca defrauda a los visitantes. Helena ha acompañado al grupo desde el lugar donde habitualmente dejamos los vehículos hasta la boca de la cueva. Allí, antes de entrar, han recibido las primeras explicaciones sobre el lugar, sobre el proyecto, sobre nuestro trabajo, etc. y han surgido ya algunas preguntas, lo que ha ido incrementando la expectación y el interés por entrar a la cueva. Por arrastrarse para descubrir en primera persona lo que espera más allá del angosto laminador donde la penumbra deja paso a la más absoluta oscuridad, para transitar por el lugar que hace más de 1300 años alguien eligió para confinar los cuerpos de unos muertos de los que no se fiaba demasiado.

El grupo en la salita, contemplando las caprichosas formas del techo de la cueva
Creo que ha sido la visita guiada más extensa que he hecho en toda la campaña. Y han sido unas cuantas. Sabía que iba a ser la última y había que darlo todo... Ya lo hemos repetido hasta la saciedad, pero agradecemos mucho las visitas, nos produce una enorme satisfacción que la gente se interese por nuestro trabajo y, sobre todo en esta campaña, hemos insistido mucho en este asunto de la divulgación sobre el terreno. Una vez más, muchas gracias por visitarnos. A quienes estuvieron ayer y a todas las personas que se han acercado a conocer Riocueva desde 2011. El resultado de esta última visita ha sido muy satisfactorio, con público así es todo más fácil. Mucho interés, constantes interrupciones para hacer preguntas y una paciencia infinita con mis explicaciones, que a veces se alargan innecesariamente.

Todos contentos... La boca de la cueva no, que no sale en la foto
Pero no todo ha sido darle a la lengua... También ha habido algo de tiempo para el trabajo. Pablo me había dicho que necesitaba volver para terminar la toma de datos para la restitución fotogramétrica de la cueva y también nos acompañó ayer. Estuvo haciendo fotografías en la zona de la salita, aunque no pasó demasiado tiempo dentro de la cueva solo. Al parecer, le ha calado hondo el tema de los révenants después de vernos en Cuarto Milenio la semana pasada...

Pablo nunca había trabajado con tanta expectación...
Bromas aparte, en el rato que estuvimos esperando al grupo y durante el tiempo que estuvimos en la cueva, ha tenido tiempo para terminar con las fotografías que le quedaban pendientes. Estamos expectantes, en cuanto haya algo «visible» lo compartiremos. También hubo tiempo para cribar unas cuantas bolsas y para sacar de la cueva todas las que quedaban, con la ayuda inestimable de los visitantes. Siempre se agradece un poco de ayuda para las tareas más engorrosas. Todavía recordamos con cierto dolor en las articulaciones lo duro que se se hacía sacar tierra con una cadena humana de sólo tres eslabones...

3 dic. 2014

¡(Vaya) tela!

Uno de los hallazgos más interesantes que realizamos durante la campaña de excavación de 2011 en Riocueva fue un trozo de tela parcialmente carbonizada, con varios pliegues, que envolvía un paquete de semillas de panizo y al que bautizamos cariñosamente como el «saquito».

Tejido y semillas de panizo de Riocueva
Nos pareció desde el primer momento un hallazgo interesante y con mucho potencial, pero nuestra experiencia en el estudio de este tipo de materiales era nula. De modo que había que buscar a alguien que se hiciese cargo del asunto y, como tampoco conocíamos a muchos especialistas en la materia, lo más brillante que se nos ocurrió fue ponernos en contacto con Carmen Alfaro Giner, de la Universidad de Valencia. Esta investigadora es la principal autoridad patria en el estudio de tejidos antiguos y «one of the world’s leading experts on antique dyes and ancient textiles» (uni-weimar dixit). Quien esté familiarizado con la materia, conocerá su libro Tejido y cestería en la Península Ibérica: historia de su técnica e industrias desde la prehistoria hasta la romanización, una obra de referencia imprescindible, a pesar de haber pasado ya 30 años desde su publicación, y sabrá que es una de las principales investigadoras del proyecto internacional DressID. Nosotros conocíamos el libro, porque había sido de capital importancia en nuestro primer trabajo sobre «arqueología textil», y poco más... El 11 de julio de 2012 le escribimos un correo electrónico con una breve presentación del hallazgo y solicitando su colaboración para el estudio del tejido. Cinco días más tarde respondió manifestando su interés y, aunque ya nos avisó de que tenía una agenda bastante apretada, consiguió encontrar algo de tiempo para trabajar personalmente en el asunto (¡gracias, Carmen!). Fruto de esa colaboración y del trabajo conjunto sobre el «saquito» de Riocueva, se ha publicado recientemente una contribución en el volumen Purpureae Vestes IV, que recoge los trabajos presentados al congreso PV IV. Production and Trade of Textiles and Dyes in the Roman Empire and Neighbouring Regions (Valencia, 11/2010), y algunas «publicaciones invitadas», como la nuestra.

Riocueva en portada del PV... un detallazo
La política editorial de esta publicación, que forma parte de una serie monográfica dedicada al estudio de tejidos y tintes del Imperio Romano inaugurada en 2004, no autoriza la difusión pública de los artículos en internet hasta dentro de un año. El que esté muy interesado en leer los trabajos contenidos en este volumen, pronto podrá adquirirlo en el servicio de publicaciones de la Universidad de Valencia, en alguna librería especializada o consultarlo en alguna biblioteca que lo tenga. Y si alguien quiere echarle un ojo al artículo de Riocueva, le podemos proporcionar una separata. Basta con pedirla...

Para el que no pueda esperar o le de pereza leerse nueve páginas, presentamos aquí un breve avance del trabajo publicado. El estudio realizado por Carmen Alfaro ha permitido caracterizar los aspectos básicos del trozo de tela: el tipo de fibra empleada, el modo en que se ha hilado la fibra y el modo en el que se ha tejido el hilo el el telar. En la definición de los dos primeros aspectos han sido de mucha utilidad las imágenes obtenidas mediante MEB, mientras que para el estudio del tejido se ha empleado un microscopio de lupa bionocular, todas ellas herramientas habituales en el estudio de los textiles antiguos.

Imágenes de MEB del tejido y el hilo tomadas en el LADICIM de la UC
La fibra empleada es de origen vegetal, y lo más probable es que se trate de lino (Linum usitatissimum), una planta herbácea de cuyo cultivo tenemos constancia en la Cantabria de época visigoda. Han aparecido semillas de lino en la cueva de Las Penas y también en Riocueva, según el avance del estudio arqueobotánico que está realizando Inés López López-Dóriga. Hay que destacar que se trata de materia prima de excelente calidad. El hilado de la fibra se ha realizado mediante torsión en s. Aparecen dos tipos de hilo, uno poco torsionado y otro con ángulo de torsión maor, hasta 49º. En cuanto al grosor, una de las series llega hasta los 0,4 mm de grosor y la otra a los 0,2 mm, aunque en un primer vistazo ambas series parecen del mismo grosor. Estas diferencias a veces se emplean buscando un cierto efecto visual en el tejido resultante. La estructura del tejido es un entramado simple en damero, tipo tafetán (tabby 1/1), y fue confeccionado en un telar vertical. Así lo sugiere la presencia de una corrección den forma de cuña que se aprecia en el tejido, consecuencia del desequilibrio que se suele producir al avanzar en la labor en ese tipo de telares.

Esquema de hilado y tejido
Sobre la cronología no hay demasiadas dudas, ya que además de estar asociado a un contexto sepulcral con varios restos humanos datados por carbono-14 entre mediados del siglo VII y el primer tercio del siglo VIII, se ha obtenido una datación directa del «saquito», a partir de una de las semillas de panizo asociadas, en torno al primer tercio del siglo VIII. Es uno de los pocos tejidos de época visigoda de procedencia arqueológica que se conocen en la península Ibérica. La mayor parte de los indicios textiles de esta época que se han publicado hasta la fecha se conservan mineralizados, porque se han quedado adheridos a objetos metálicos cuya oxidación ha afectado al tejido, o sólo se registra la impronta. La acción del fuego y las condiciones estables de temperatura y humedad del medio subterráneo han permitido que el tejido de Riocueva se conserve en unas condiciones excepcionales, con lo que ello supone para profundizar en el estudio de las manufacturas textiles de la época.