21 ene. 2014

Pisando fuerte

Uno de los hallazgos que más nos llamó la atención durante la campaña de 2011 en Riocueva fueron un par de tachuelas de calzado que formarían parte de la suela claveteada de algún tipo de bota o sandalia. Son clavos de tamaño pequeño, con la cabeza cónica y el vástago corto, doblado para fijarlo a una suela de cuero gruesa. Aparecieron durante las labores de prospección en dos puntos diferentes y distantes: una en el tramo central de la galería, muy cerca de donde apareció el anillo de oro, y la otra próxima a la zona más profunda del conjunto funerario.

Tachuelas de calzado de Riocueva (campaña de 2011)
Localización del lugar del hallazgo de las tachuelas 
Su tamaño y forma enseguida nos recordó la de las tachuelas de calzado de la necrópolis bajoimperial de La Olmeda (Pedrosa de la Vega, Palencia), un ejemplo clásico para este tipo de objetos. Este tipo de suelas claveteadas, derivadas de las empleadas en las sandalias militares (caligae), aparecen con frecuencia en tumbas de época tardorromana, pero son raras a partir del siglo VI. Las dos diferencias básicas entre las suelas claveteadas altoimperiales y las bajoimperiales son el tamaño de las tachuelas, menor en el Bajo Imperio, y el número de tachuelas, mayor en el Bajo Imperio. Aunque es probable que el calzado con clavos tuviese un origen militar, se incorpora pronto al vestuario civil y no parece que su uso convierta en soldado automáticamente a quien lo lleva, como se ha supuesto en algún caso reciente.

Suelas claveteadas de la necrópolis norte de La Olmeda (Abásolo et al., 1997
Es durante los siglos III-V cuando estas suelas claveteadas son más frecuentes en los contextos funerarios, tanto en la península Ibérica como en Francia o en Gran Bretaña. En las Islas Británicas se considera la aparición de clavos de calzado en las tumbas como algo típicamente romano, hasta el punto de que algunos investigadores consideran la presencia de hobnailed footwear en las tumbas como un elemento discriminante para la identificación de poblaciones locales o foráneas en época tardoantigua (vid. Evans et al., 2006).
 
Un ejemplo arqueológico británico de suelas claveteadas (Canterbury Archaeological Trust
Sin embargo, las tachuelas de Riocueva corresponden a algún momento entre mediados del siglo VII y mediados del siglo VIII, un periodo en el que las suelas claveteadas son bastante más raras en el registro arqueológico. En Francia, por ejemplo, no hay constancia de ningún caso posterior al siglo V. En necrópolis con periodos de uso prolongados como la de Monnet-la-Ville las tachuelas están presentes en las tumbas de la fase bajoimperial, pero ausentes en la fase burgundia que se prolonga desde el siglo V al siglo VIII. Para la Península Ibérica sí contamos con hallazgos posteriores al siglo V que permiten contextualizar las tachuelas de Riocueva. El más próximo lo encontramos sin salir de Cantabria, en la fase de época visigoda de la necrópolis de Santa María de Hito (Valderredible). Una de las tumbas proporcionó 40 tachuelas de calzado fijadas a sendas suelas de las botas calzadas por un individuo enterrado en una fosa simple en torno al siglo VII. Mejor datado aún está otro hallazgo muy parecido en la necrópolis de Lastras de San José (Albalate del Arzobito, Teruel), también 40 tachuelas de calzado a los pies de una tumba excavada en la roca cuyos restos han sido datados por radiocarbono a mediados del siglo VII. También en la necrópolis de Aldaieta (Nanclares de Gamboa, Álava) aparecen tachuelas de calzado en varios enterramientos datados entre los siglos VI yVII. Por lo tanto, las tachuelas de Riocueva no son una excepción y, aunque no son muy numerosos los ejemplos, parece que en algunas zonas seguían utilizándose este tipo de botas con suela claveteada en época visigoda. Con los escasos datos disponibles es difícil saber si este modelo de calzado sigue vigente desde época romana o vuelve a incorporarse al vestuario en los siglos VI-VII, tras caer en desuso durante más de una centuria.

Tachuelas de calzado de Santa María de Hito (excavaciones R. Gimeno)
Una última cuestión, no menos importante, es ¿cómo llegaron hasta la cueva? En un principio, consideramos que pertenecían al calzado de los individuos enterrados y supusimos que los hallazgos realizados durante la prospección eran una muestra aleatoria, y que la excavación nos reportaría más tachuelas. Cada suela suele tener decenas de clavos y, si la hipótesis era acertada, tendrían que aparecer. Sin embargo, durante la campaña de 2011 no apareció ninguna más y en 2013 tampoco... Esto nos hace suponer que las suelas claveteadas no pertenecían al calzado de ninguno de los individuos enterrados en la cueva, sino a los enterradores. Posiblemente se desprendieron de la suela de alguno de los temerosos visitantes ocasionales que introdujeron los cadáveres en Riocueva o volvieron a la cueva para quemar los cráneos de los muertos algún tiempo después.



14 ene. 2014

Call for papers: "Almost there - consumption of `luxurious´ products among ordinary people in the medieval and early historic periods"

Me llega, vía Gitte Hansen (de la Universidad de Bergen, en Noruega, y que fue una de mis anfitrionas en Pilsen el año pasado: es la esposa de Knut Andreas Bergsvik, cuyo nombre no conseguía recordar) esta petición de comunicaciones para una sesión en el marco del encuentro anual de la EAA, que este año se celebra en Estambul

Bonita estampa de Estambul, tomada de la web de la EAA

Los organizadores de la sesión son la propia Gitte y Georg Haggrén, de la Universidad de Helsinki (Finlandia) y el tema a tratar es el siguiente, en sus propias palabras:

"During the medieval and early historic periods (c. 1000-1600), new sets of economic, social and religious networks are formed across Europe and beyond: as a result ‘exotic’ goods, that is products and raw materials from places far away, now show up in the archaeological records in every corner of the known world. In the Middle Ages and the early historic period aristocracy was aristocracy and the peasants were peasants living in totally different spheres – or were there some nuances? Exotic raw materials and craftsman’s products such as cloth, wine and spices from the South or walrus ivory, jet, amber and furs from the North, were commonly in use in courts and noble households. However, rather often archaeologists recover finds that do not seem to belong to the social context of the site we are researching. Seemingly exotic materials like silk, ceramics, glass and other foreign imports show up in more humble contexts in both urban and rural environments. Osteological and palaeobotanical analyses also reveal material that seemingly doesn´t belong to the social context of the site. Our preconception of exotica as unquestionable signifiers of wealth are challenged; how should we interpret finds like silk embroidered leather shoes of the early townspeople in Norway or foreign glass beakers on a table of a high medieval Scandinavian peasant? Are these only odd cases/occasional examples of material culture which by chance happened to be lost by a foreign or wealthy visitor? Or do we have an all too simple schematic vision of signifiers of wealth and consumption patterns among ordinary people in past societies? How do we distinguish between ‘real exclusivity’ and ‘luxury for everyone’? How and where were new taste and fashions taken up and, not least, re-negotiated among the middle and lower classes? How soon were they taken up and through which kind of mechanisms? Are the exotic finds really as luxurious as they seem at the first glimpse, are they really items of best quality or something else? There is a growing interest in studying the lives of ‘ordinary people’; the middle and lower classes. In this session we focus on new and, for researchers unexpected or surprising, consumption patterns among ‘ordinary people’ of the medieval and early historic periods in Europe and beyond. We welcome papers that take up these questions on a, theoretically informed, empirical basis."

Resumiendo mucho y para los que no se manejen demasiado bien con el inglés, la cosa va de intentar explicar la presencia de objetos y materiales exóticos y/o considerados como "de lujo" en la Europa medieval y de inicios de la Edad Moderna (años 1000-1600 d. de C.), no sólo en contextos ligados a las aristocracias, sino también entre los campesinos; donde, siguiendo los esquemas tradicionales con los que interpretamos la Edad Media, no deberían aparecer. 

Lo cierto es que, aunque a nosotros se nos va de fechas, el tema me parece más que interesante y creo que el debate puede llevarse perfectamente varios siglos atrás, hasta los mismos inicios de la Alta Edad Media. En nuestro caso hace ya tiempo que sospechamos (y así lo hemos comentado en más de una ocasión en los últimos dos años) que determinados objetos y materiales presentes en el registro arqueológico cántabro de los siglos VII-VIII d. de C. y que, en principio, parecerían tener un carácter "de lujo" (y, por tanto, estarían reservados a las elites del momento), podrían ser bastante más "comunes" y estar mucho más presentes en la vida diaria de los campesinos de la época. Hay varios (los jarros de bronce, las pequeñas joyas de oro y plata, los propios broches de cinturón con decoración damasquinada...), aunque quizá el ejemplo más clarificador sea, en mi opinión y hasta la fecha, el de los recipientes de vidrio. Copas como la de Riocueva, que pueden ser fácilmente consideradas como materiales importados y reflejo de sofisticación y lujo, aparecen, sin embargo, en todo tipo de contextos de los siglos VII-VIII d. de C. (castros, aldeas, granjas, cuevas sepulcrales, etc.) evidenciando claramente que su uso no estaba restringido a una minoría aristocrática y que, por el contrario, amplias capas de la sociedad de la época tenían acceso a ellas. Ahora bien, ¿quiere esto decir que no se trataba en realidad de objetos exclusivos o más bien que al menos una parte de los campesinos de la época podía permitirse ciertos pequeños lujos, como contar con ellas en su vajilla? La respuesta, que no parece sencilla, nos interesa mucho y por eso creo que la sesión que da título a esta entrada puede aportarnos mucha y buena información al respecto. 

Ahora mismo no creo que ninguno de los dos asistamos al encuentro de la EAA en Estambul  (aunque seguiremos con atención este y otros temas que se tratarán allí). Si alguno de los lectores del blog se anima y quiere participar en esta sesión con alguna comunicación que me lo diga (vía mail o comentario) y le pongo en contacto con Gitte Hansen.

8 ene. 2014

A burial among the Birom

Antes de redactar la última entrada de la serie "Vive deprisa, muere joven... y dejarán tu bonito cadáver en una cueva" (partes 1 y 2 aquí y aquí) y sin abandonar aún a nuestra "amiga" la viruela, me gustaría hacer un pequeño alto para comentar un asunto que creo relevante.

Cuando empezaba con mi trabajo de final de Máster, al tiempo que encontraba los textos que demostraban que esa enfermedad, en determinadas circunstancias, puede matar únicamente por debajo de cierta edad, hice otro interesante "descubrimiento": cómo un pueblo africano enterraba de una forma "especial" a las víctimas de la viruela. El pueblo eran los Birom (o Berom) de Nigeria y la peculiaridad de esos enterramientos es que, en realidad y frente a los que eran sus comportamientos funerarios típicos (enterrar a sus muertos en fosas, no lejos de sus poblados y después de un complejo ritual), no eran tales: metían los cadáveres en cuevas profundas y allí los dejaban, bien lejos.

Imagen de un miembro del pueblo Birom (sacada de aquí)

Anybody who dies of smallpox is sewn into a mat and put into a cave by people who have already had smallpox and survived. A deep cave is selected so that dogs and wild animals will have difficulty in reaching the corpse” (Sasoon, 1964: nota 7)

"Quien muere de viruela es cosido en una estera y metido en una cueva por personas que ya hayan tenido la enfermedad y hayan sobrevivido. Se elige una cueva profunda para que los perros y los animales salvajes tengan dificultades en acceder al cadáver"

"On the evening of the burial, it is thought that the dead man´s soul may be wandering in the dark, and at dusk small fires are lit at path junctions, especially where a path leads off from a main path into a compound. The fuel for these fires is the bran from the cereal Digitaria exilis, and the Compositae, known in Birom as rivang. If the person has died of smallpox, a stick of E. poissoni is also burnt" (Sasoon, 1964: 10)

"En la tarde del entierro, se cree que el alma del muerto podría estar vagando en la oscuridad, y se encienden pequeñas hogueras en los cruces de caminos al atardecer, especialmente donde un sendero que conduce a un poblado se separa del camino principal. El combustible para esos fuegos es el salvado del cereal Digitaria exilis, y la Compositae, llamada rivang en Birom. Si la persona ha muerto de viruela, también se quema una rama de E. poissoni" 

Evidentemente, esto no quiere decir que, como un pueblo africano lo hacía en los años 50-60 del siglo XX, los cántabros de los siglos VII-VIII d. de C. enterrasen a algunos de sus muertos en cuevas por los mismos motivos (por haber muerto de viruela). Pero sí que ofrece una valiosa información sobre los porqués de ciertas exclusiones funerarias y constituye un interesante paralelo acerca del uso de cuevas como lugar de depósito de cadáveres en el seno de sociedades que no las utilizan habitualmente con esa función. Y, por todo ello, permite apuntalar aún más la hipótesis (que, de momento, sólo es eso: una hipótesis) del uso de las cuevas en los inicios de la Edad Media para "deshacerse" de los fallecidos por determinadas enfermedades contagiosas.

El segundo párrafo aporta poca información, más allá de abundar en la consideración "especial" de los muertos de viruela (pues para protegerse de sus espíritus se quema una planta más que para hacerlo de los que murieron de cualquier otra cosa). Sin embargo, sí que permite apreciar otra similitud (sin duda casual, pero también curiosa) con nuestros muertos de las cuevas: la quema, entre otras cosas, de cereal (salvado entre los Birom, grano en la Cantabria de los siglos VII-VIII d. de C.) en los fuegos destinados a apaciguar a los muertos. En otra curiosa casualidad, resulta que la Digitaria exilis es un cereal de grano muy, muy pequeño y por ello se le conoce como "mijo fonio".

"Mijo fonio" (imagen sacada de aquí)

Y hasta aquí la "conexión nigeriana" de las cuevas sepulcrales cántabras con uso en época visigoda. Sólo resta decir que la información manejada está sacada del siguiente artículo, que también da título a la entrada:

SASOON, H. (1964): "A burial among the Birom", Man 64, (Jan. - Feb., 1964), London, pp. 8-11