31 dic. 2013

Adiós 2013, hola 2014



Despedimos el año con un resumen mes a mes de lo más destacado del blog en 2013, un año que ha dado mucho de sí. Esperemos que el 2014 sea igual de provechoso o más.

  > En enero tuvimos la oportunidad de dar a conocer los resultados de las excavaciones llevadas a cabo en Riocueva en 2011, y de nuestras investigaciones sobre el resto de cuevas usadas con fines funerarios en Cantabria en época visigoda, en una conferencia organizada por ADIC.

  > En febrero salió a la luz el libro homenaje a J. A. García de Cortázar en el que publicamos, en colaboración con Pablo Arias, Roberto Ontañón y Eva Pereda, un artículo sobre el broche de cinturón damasquinado de La Garma.

  > En marzo falleció Joaquín González Echegaray y desde aquí le dedicamos unas líneas a modo de homenaje in memoriam.

  > En abril compartimos otra nueva publicación, un artículo sobre el uso de las cuevas en Cantabria entre los siglos V y X en la revista Kobie, que recoge un estado de la cuestión bastante actualizado sobre el tema.

  > En mayo acompañamos a Silvia Carnicero hasta Valdeolea para realizar un estudio sobre el terreno de unos esqueletos de época visigoda que se conservan in situ en el Arqueositio Cántabro-Romano de Camesa-Rebolledo.

  > En junio empezó a tomar forma la excavación en Riocueva de este año, con la resolución provisional del permiso y la subvención, aunque hubo que esperar unos meses para poder empezar la campaña. Y se inauguró la exposición permanente del MUPAC, con "nuestro" anillo entre las piezas más destacadas.

  > En julio nuestro amigo Alberto Gómez nos contó las peripecias del tesorillo de Ambojo, un descubrimiento casual que acabó convirtiéndose en una novela policiaca.

  > En agosto hubo boda... ¡no todo va a ser Arqueología!

  > En septiembre presentamos los resultados sobre nuestras investigaciones en la cueva de La Garma,  y otras cuevas usadas con fines funerarios en Cantabria en época visigoda, en el 19 Encuentro Anual de la European Association of Archaeologists (EAA) celebrado en Pilsen (República Checa). Además, comenzó oficialmente la campaña de 2013 en Riocueva.

  > En octubre estuvimos muy ocupados excavando en Riocueva cada fin de semana, realizando interesantes descubrimientos, que se alternaban con tediosas sesiones de criba y jornadas de duro trabajo en el interior de la cueva. También tuvimos tiempo para acercarnos a Vitoria para presentar la ponencia "Una aproximación a la vida e identidad de los cántabros de los siglos VII-VIII d. de C. a partir del registro funerario" en un coloquio internacional sobre identidades y arqueología funeraria de los siglos V-VIII.

  > En noviembre, más Riocueva,  con nuevos hallazgos, visita oficial y el esperado regreso de los murciélagos.

  > En diciembre tocaba cerrar la campaña de excavación en Riocueva y empezar con los trabajos post-excavación, que nos tendrán ocupados en los meses venideros.

Muchas gracias por visitarnos y por leernos, os esperamos el año próximo...



    26 dic. 2013

    Vive deprisa, muere joven... y dejarán tu bonito cadáver en una cueva (2)

    Es muy probable que, si Ignacio Barandiarán hubiera conocido los textos que pongo a continuación, la reflexión con la que concluía su trabajo sobre Cueva Foradada (y con la que yo cerré la primera entrada de esta serie) hubiese tenido otro final:

    p. 282: “y las mismas viruelas hicieron un grandísimo estrago de niños, y gente moza en el Perú el año 1567 en que murieron más hembras, que varones, y ninguno murió, que pasase de treinta años, ni aquejaron a nadie, que hubiese nacido en Europa”
    p. 334: [sobre Quito] “El año 1587 estremeció toda esta tierra con un grandísimo temblor; y luego el año siguiente la peste de viruelas corrió con grandísima mortandad de Cartagena hasta Chile, por espacio de mil y doscientas leguas, haciendo un miserable estrago de niños, y de mancebos hasta de edad de treinta años, (ya de esta edad se hirieron pocos) y mató más mujeres, que hombres, y no tocó a hombre nacido en Europa”


    Indígenas americanos enfermos de viruela, en una ilustración de la época (imagen sacada de aquí)


    Estos dos párrafos, extraídos de la Descripción de todas las Provincias, Reynos, Estados y Ciudades principales del Mundo, sacada de las Relaciones Toscanas de Juan Botero Benes, describen una situación que podría aplicarse perfectamente a las cuevas sepulcrales que hemos visto en la entrada anterior, con una mortalidad restringida casi completamente a la franja de edad situada entre los 0 y los 30 años. En el caso de los textos la responsable fue la viruela, no en su primera llegada a la zona (que no sería mucho después de la conquista castellana, en los años 30 del siglo XVI), sino en una segunda oleada. Y la "edad tope" de los fallecidos se explicaría fácilmente por esa misma circunstancia: porque serían los nacidos en el lapso de tiempo transcurrido entre ambas "visitas" del virus (los españoles, que la habían sobrevivido en su infancia, pues en Europa era una enfermedad endémica desde hacía siglos, tampoco se vieron afectados. Por si alguien no lo sospecha a estas alturas, una de las características de la viruela es que, quien la pasa y sobrevive, queda inmunizado de por vida). Por todo ello, cuando redacté mi trabajo de final de máster en 2008, me pareció (gracias a uno de estos párrafos) que la viruela (en forma de segunda o tercera oleada de una epidemia) podía ser una buena candidata para estar detrás de esos "enterramientos" en cueva tan peculiares. La huella arqueológica (en forma de sepulturas, muy probablemente múltiples) que pudo dejar en Sudamérica en la segunda mitad del siglo XVI no debió diferir mucho de la que se observa, por ejemplo, en Las Penas o en Cueva Foradada, por citar dos de los casos más significativos.

    Otra imagen de nativos americanos muertos por una epidemia (sacada de aquí)

    Hay que mencionar, llegados a este punto, que la idea de una epidemia como responsable de los depósitos de cadáveres en cuevas en época visigoda ya rondaba por nuestras cabezas desde tiempo atrás (por la mía al menos desde la excavación de Las Penas, en la que tuve la inmensa suerte de colaborar), pero teníamos el mismo problema que Barandiarán: no encontrábamos la forma de explicar que no hubiese individuos maduros y seniles y que todos los muertos estuviesen por debajo de los 30-35 años. Ya en sendos trabajos del año 2006, Silvia Carnicero por un lado y Mariano Luis Serna, Ángeles Valle y yo mismo por otro (la ficha del broche damasquinado de Las Penas, en el catálogo de la exposición Apocalipsis. El ciclo histórico de Beato de Liébana), lo barajamos como posibilidad, aunque sin ir más allá. Al igual que ocurrió un año después, en otro artículo que publicamos los dos responsables de este blog. Sin embargo, textos como los que hemos visto más arriba ofrecieron poco después una buena solución al problema y abrieron la puerta al planteamiento de una hipótesis de trabajo (en mi opinión) sólidamente fundamentada; que ya era bastante más de lo que teníamos hasta entonces.

    Imagen de una de las últimas personas infectadas de viruela, en los años 70 del siglo XX, en Bangladesh (sacada de aquí)

    Ahora, la epidemia ya era una explicación perfectamente válida. La viruela era una buena opción, por los motivos antes señalados, aunque no había menciones a ella en época visigoda y eso le restaba algunos puntos. ¿Podía abrirse el abanico y buscar más candidatos? ¿Había alguna enfermedad epidémica de la que hablasen las fuentes de la Tardoantigüedad y la Alta Edad Media y que hubiese tenido una especial incidencia en época visigoda? Y, si la hubo, ¿podría llegar a matar de forma tan selectiva, en términos de edad, como sabemos que en ocasiones mataba la viruela?

    Para salir de dudas y conocer las respuestas a estas preguntas tendréis que esperar (no mucho) a la tercera y última entrada de esta serie. Lo sé, sólo iban a ser dos, pero me ha pasado como a Peter Jackson con El Hobbit y no he podido evitar estirar el asunto hasta convertirlo en una trilogía.

    21 dic. 2013

    Felices Fiestas





    Os deseamos a todos unas Felices Fiestas y que el próximo año
     reparta igual o mejor fortuna que el que termina. 

    Gracias por visitarnos y leernos un año más.

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    José Ángel y Enrique
    Proyecto Mauranus

    18 dic. 2013

    Riocueva 2013, episodio 19: adiós, Riocueva, adiós

    Esta mañana Helena y yo nos hemos acercado hasta la cueva para cribar unas 20 bolsas de sedimento que aún quedaban allí y, de esa forma, terminar (de una vez por todas) con el trabajo de campo de la campaña de 2013. La ausencia de Enrique, explicable por motivos laborales, explica a  su vez por qué la calidad de las fotos de esta entrada es tan mala: porque las he hecho yo con mi móvil (y sólo se ven bien en él, cosas de la manzana mordida) y no él con su cámara.

    Helena cribando, a media mañana (cuando he caído en la cuenta de que había que hacer alguna foto)

    Más de Helena con la criba, ahora ya hacia el final de la jornada

    El tiempo ha acompañado (la mañana era luminosa y no demasiado fresca), así que todo ha sido mucho más fácil. Y en cuanto a los resultados de la criba, sólo merece la pena mencionar el hallazgo de un par de huesos humanos infantiles (de manos o pies: yo no soy el experto en esos temas), algún fragmento ínfimo de cerámica y lo que parece un pequeño (más bien minúsculo) aplique de cobre o bronce, partido en dos trozos.

    La última tierra de 2013, a punto de pasar los filtros y despedirse de nosotros para siempre

    Y yo dudando hasta el último momento si coger el polar que Enrique se dejó olvidado y del que, por alguna extraña razón, se avergüenza

    Es un poco frustrante (y cabreante) pegarte más de tres horas meneando los cedazos para obtener tan magra recompensa, pero, por otro lado, me llena de orgullo y satisfacción (como al rey) comprobar que la excavación se ha realizado con unos altos estándares de calidad. Que, como ya dije hace semanas, excavamos muy bien y con mucho cuidado; y apenas se nos pasa nada por alto (eso o cribamos muy mal, que es la otra posibilidad).

    Una última foto antes de irnos, para cerrar la campaña

    Y así quedó la cueva, cerrada a cal y canto y esperando el regreso del Sr. Tasugo

    Al final, cerca de las dos de la tarde, hemos recogido los bártulos, cerrado la verja y abandonado el lugar. Es posible que ya nunca volvamos a excavar en Riocueva (o sí, quién sabe), así que la cosa ha tenido su puntito emotivo, aunque muy "a la cántabra"; es decir, para adentro y sin que se note. Por una parte tenía muchas ganas de terminar con esta fase de los trabajos, porque estos dos meses y pico han sido realmente agotadores. Pero, por otra, la posibilidad de no volver más a este yacimiento que tantas alegrías nos ha dado desde 2010 (y las que le quedan por darnos) me ha puesto un poco triste. En cualquier caso, es un asunto zanjado y ahora toca centrarse en el trabajo de gabinete y de laboratorio. Hay un informe que redactar, un montón de materiales que procesar, varias analíticas que realizar y alguna que otra sorpresa que encontrar.

    Adiós, Riocueva, adiós

    Podría terminar con un "y esto es todo, amigos", pero mentiría. Esto no es todo. Queda aún mucho por hacer y seguiremos informando puntualmente de todo ello. Stay tuned.





    16 dic. 2013

    Riocueva 2013, episodio 18: en la línea de flotación

    Seguimos con los trabajos de post-excavación. El sábado tocaba flotar. Yo sé que muchos de los lectores habituales del blog no saben de qué va esto y están muy intrigados. No sé si con lo que vean aquí se van a cumplir sus expectativas o, por el contrario, va a desaparecer la magia. La flotación es una técnica de procesado de sedimento que permite recuperar con facilidad los macrorrestos vegetales presentes en el yacimientos arqueológico. Se llama así porque, al sumergir el sedimento en una cantidad suficiente de agua, los restos vegetales literalmente "flotan" y eso hace que se separen de la tierra, las piedras, los huesos, la cerámica y demás contenido del sedimento, que no flota. Así, en teoría, parece fácil. El único inconveniente para no hacerlo en casa es que, al margen de que lo pondríamos todo perdido, es que el proceso se optimiza y se agiliza utilizando una "máquina de flotación".

    La "máquina" en cuestión
    Por fortuna, nos han prestado temporalmente las instalaciones del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria en Omoño (Cantabria), máquina de flotación incluida. Y, como no, Inés, la arqueobotánica que colabora con nuestro proyecto "se ha ofrecido voluntaria" para dirigir la operación (gracias, gracias, gracias). El día amaneció soleado y eso hizo más llevadera la tarea. No pudimos terminar con todo lo que teníamos previsto, pero estuvimos muy cerca.

    Todo el equipo (menos el que hace la foto) manos a la obra
    Por no aburrir con los detalles, diré que la operación es simple. Se llena el bidón de agua y se coloca dentro una malla fijada con unas pinzas (rudimentario, pero efectivo) para que la tierra que se vierte dentro no se vaya al fondo. Bajo la vertedera del bidón se coloca otra malla, mucho más fina, que será donde se depositen los restos que flotan, trocitos de carbón o semillas carbonizadas, habitualmente. Y así, bolsa de tierra tras bolsa de tierra, hasta completar la veintena larga que hemos desplazado desde la cueva hasta el almacén del IIIPC. Con imágenes se entiende algo mejor...

    Echando la tierra dentro de la máquina
    El agua va rebosando y depositando en la malla fina todo lo que flota
    Si se mira con atención, se ven los trocitos de carbón y las semillas arrastrados por el agua
    Lo que no flota se va al fondo del bidón y se recoge para seleccionar su contenido cuando esté seco
    La verdad es que el resultado es esperanzador. En algunas de las muestras se veían semillas carbonizadas a simple vista. Hasta ahora en Riocueva han aparecido bastantes restos, siempre del mismo tipo de cereal: panizo (Setaria italica) y mijo (Panicum miliaceum). Esperamos que los restos de la flotación aporten alguna novedad interesante. Es la primera vez que se hace un muestreo sistemático con flotación en un yacimiento arqueológico de esta época en Cantabria. Suele ser habitual flotar sedimentos de niveles prehistóricos y cada vez son más los yacimientos de cronologías posteriores que incorporan este procedimiento, muy útil para la reconstrucción del paisaje vegetal y de las actividades económicas de cualquier etapa del pasado. En el caso de Riocueva, el asunto va más allá, ya que tratamos de averiguar el papel simbólico de los macrorrestos vegetales en el depósito sepulcral. Ahí es nada...  Sospechamos que el cereal que hemos encontrado y que esperamos encontrar está relacionado con la alimentación de las personas que fueron enterradas en la cueva, pero también con otro tipo de costumbres. Próximamente, los resultados.

    12 dic. 2013

    La pizarra figurada de San Vicente de Río Almar (4): ¿... o es el Jinete Pálido?

    [viene de 1, 2 y 3]


    Entonces, si la figura montada de la pizarra de San Vicente de Río Almar no es la "Mujer sobre la Bestia Escarlata" del Apocalipsis (17, 3-4), ¿quién es?



    Hay una posible respuesta sin salir del último libro de la Biblia, unos pasajes antes del que ya hemos visto. Concretamente en Apocalipsis 6, 7-8:

    "(7) Et cum aperuisset sigillum quartum, audivi vocem quarti animalis dicentis : Veni, et vide. (8) Et ecce equus pallidus : et qui sedebat super eum, nomen illi Mors, et infernus sequebatur eum, et data est illi potestas super quatuor partes terræ, interficere gladio, fame, et morte, et bestiis terræ."
    "Y cuando se abrió el cuarto sello oí la voz del cuarto ser diciendo: ven y mira. Y ahí había un caballo pálido y quien se sentaba sobre él, cuyo nombre era Muerte. Y el infierno le seguía. Y le fue dado poder sobre las cuatro partes de la tierra para matar con la espada, el hambre, la muerte y las bestias de la tierra"

    Antes de nada, conviene hacer algunas precisiones sobre este texto. En primer lugar, que el adjetivo "pallidus" (el original griego dice algo así como "Xloros") se refiere a la palidez (algo verdosa) de los cadáveres, lo que es bastante congruente con lo que se cuenta después acerca de su jinete. En la mayor parte de las versiones, quien sigue al citado jinete es "Hades" (o "el Hades"), que es el nombre que aparece en la versión griega (en la Vulgata latina, donde se habla de "infernus", parece que se pierde esa personalización en el dios infernal que parece más cercana al espíritu del texto o, al menos, a cómo se interpretó posteriormente, como veremos más adelante). Y en algunas versiones el nombre del jinete ("Mors", "Thanatos" en el original) se traduce como "peste" o "pestilencia", igual que el "morte" de la última frase como "peste" o "enfermedad", aunque no alcanzo a entender por qué. Finalmente, resulta curioso ver cómo parte de esa última frase se traduce siempre (o al menos es lo que he encontrado en las varias versiones de la Biblia que he consultado) como "la cuarta parte de la tierra" (que sería algo así como quartam partem terrae) cuando no es lo que dice el texto latino. Se ve que quien lo tradujo del griego al latín pensó (opino que con buen criterio) que el sentido era más global que el "tetarton tes ges" ("la cuarta parte de la tierra") que se recogía en el escrito original heleno. Y que los traductores a las lenguas actuales no lo ven de esa manera y prefieren el de este último.

    Volviendo al tema: el texto describe una escena en la que se ve a un jinete, de nombre más que evocador ("Muerte"), al que sigue el infierno. Veamos ahora algunos ejemplos de cómo se ha representado gráficamente durante la alta Edad Media.

    Los cuatro jinetes en el Beato de Valcavado (Imagen sacada de aquí)

    Los cuatro jinetes en el Beato de Ginebra (Imagen sacada de aquí)

    Los cuatro jinetes en el Beato de Girona

    Como puede apreciarse en las ilustraciones que acabamos de ver (todas procedentes de beatos), ese cuarto jinete es el único que aparece acompañado de otro personaje que siempre se sitúa inmediatamente detrás de él. ¿De quién se trata? Pues, obviamente, de Hades. Del señor de los infiernos, transformado en demonio por los autores cristianos de los dibujos. Es verdad que su aspecto es siempre monstruoso (peludo, alado en muchos casos e incluso escupiendo fuego) y que eso no cuadra con lo que vemos en la pizarra de San Vicente de Río Almar, pero también lo es que, según algunos autores (Yarza, 1979), la imagen que tenemos actualmente del demonio, con ese aspecto horrible y esos atributos antes mencionados, sufre una serie de transformaciones muy importantes durante la Tardoantigüedad y la Alta Edad Media. Resumiendo mucho, las representaciones de Satán pasaron del aspecto más o menos normal (un humano con barba y vestido con pieles, como en el caso del folio nº 41 del Sacramentario de Drogo, del siglo IX) a las del monstruo (alado, y/o peludo, y/o cornudo, etc.), con una etapa intermedia en la que mantenía su forma humana pero iba adquiriendo algunos rasgos diferenciadores, como el distinto tamaño y el color negro. Y ese aspecto último, tan alejado de los rasgos humanos, se explicaría en el caso hispano, según ese mismo autor, por la influencia islámica, por la imagen del demonio y del infierno transmitida en algunos hadices.

    Imagen del demonio, con aspecto humano, tentando a Cristo en el Sacramentario de Drogo (Fuente:  http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b60000332/f91.zoom)

    Conviene no perder de vista que la presencia de Hades o de la personificación del infierno acompañando al cuarto jinete parece que también es otra particularidad de las representaciones hispanas del Apocalipsis, ya que no se observa en otros ejemplos europeos incluso más antiguos que los beatos y que han sido señalados como una posible inspiración para ellos. Ni en el Apocalipsis de Valenciennes (del siglo IX) ni en el del Bamberg (más tardío pero que deriva claramente del anterior) aparece, como se puede comprobar en las ilustraciones que siguen a continuación.

    Tercer y cuarto jinetes en el Apocalipsis de Valenciennes (Imagen sacada de aquí)

    El cuarto jinete en el Apocalipsis de Bamberg (Imagen sacada de aquí)

    Para terminar, si la figura que asoma sobre la cabeza del presunto Hades y que los publicadores de la pizarra interpretaron como una serpiente fuera en realidad ese animal, esa identificación de aquél como el demonio se vería reforzada, ya que los ofidios son uno de los varios animales asociados a esa divinidad griega y, por extensión y como es conocido, al diablo cristiano (aunque tampoco habría que olvidar la herencia judía en ese sentido).

    Por tanto, una explicación alternativa para lo representado en la pizarra de San Vicente de Río Almar sería la siguiente: se trataría no de la mujer sentada sobre la bestia escarlata sino del "Jinete Pálido"...



    No, no. Éste "Jinete Pálido" no. El último de los cuatro del Apocalipsis, seguido del demonio/Hades. Al tratarse de una representación más antigua que las archiconocidas de los beatos, habría algunas diferencias importantes con éstos (la forma de sentarse sobre el caballo y el carácter "humanizado" del diablo, sobre todo), aunque la idea principal, fiel a la literalidad del texto bíblico, sería la misma (y, por tanto, estaríamos ante uno de los modelos en los que pudo basarse la iconografía apocalíptica de los siglos X-XI en la Península).

    De ser correcta esta nueva interpretación (y ahora mismo no me parece que lo sea. O al menos no más correcta que cualquier otra), ¿en qué lugar queda el objeto que ha dado origen a toda la serie (y a la anterior)? ¿Podemos saber qué era y para qué servía el "ceñidor"/"descarnador"/loquesea? Pues, sinceramente, no. Podríamos conjeturar y conjeturar: como en la pizarra lo lleva "puesto" La Muerte y suele aparecer en tumbas, quizá tenga que ver precisamente con eso, con los muertos... Pero el argumento es tan, tan circular que da algo de vergüenza manejarlo. Así que lo dejaré aquí de momento. Empecé esta serie de entradas hace más de un año y me sentía obligado a terminarla aunque, como ya dije hace unos meses, no estuviese muy convencido de lo que acabo de contar. Espero que haya servido al menos para dejar claro que la primera interpretación del dibujo dista mucho de poder aceptarse como definitiva (y que cojea por varios sitios, por algunos mucho). Y que el tema sigue abierto y el premio (identificar de una vez por todas la escena y el objeto, en el orden que se prefiera) sigue esperando.

     







    8 dic. 2013

    Riocueva 2013, episodio 17: flecos

    Hace un par de semanas anunciábamos el final de la campaña de excavaciones en Riocueva, pero eso no quiere decir que hayan terminado nuestras visitas a la cueva. Hemos dejado algunos flecos que nos han obligado a volver un par de veces más y todavía regresaremos una vez o dos. ¿El motivo? La criba. Es lo que tiene no haber llevado las tareas al día...

    Aplicándose en la tediosa labor de cribado
    No es la primera vez que le dedicamos sesiones monográficas a esta noble tarea en previsión de la llegada del mal tiempo, que tardó, pero llegó. Por fortuna, en los últimos días ha dejado de llover y las nubes han dado paso a cielos despejados, acompañados hoy de una tremenda helada. Pero a nosotros con que no caiga agua nos vale. En el rincón destinado a cribar a veces no se sabe si hace sol o está nublado, si ha amanecido ya o está atardeciendo. Mejor, así uno se concentra en la criba y se avanza mucho más. Tanto que entre el viernes y hoy nos hemos "ventilado" tres docenas de bolsas como mínimo. Ya sólo queda una pequeña montaña en el vestíbulo. Poca cosa en comparación con el negro horizonte que se nos presentaba a mediados de noviembre. Además, como excavamos con mucho mimo y gran atención, en la criba no aparece casi nada, lo que convierte cada sesión en un continuo balanceo de tierra sin demasiados resultados. Algunos huesos, algunos fragmentos de cerámica... un objeto metálico, con un poco de suerte. Poca cosa, en general. Con algo de suerte, la semana que viene terminamos con la labor y nos concentramos en otros procesos post-excavación de los que daremos cumplidas noticias.