31 may. 2013

Nivel Cero 13: Los orígenes del género Homo. Una exploración de la innovación como motor evolutivo



La revista de arqueología Nivel Cero nació en 1992 como una publicación científica editada por el Grupo Arqueológico Attica, vinculado a la Universidad de Cantabria. Durante más de dos décadas se convirtió en un referente imprescindible para la investigación regional, ya que subsistió casi como la única publicación seriada dedicada a las etapas más antiguas de la historia humana editada en Cantabria.

Tanto José ángel como yo hemos formado parte del Grupo Arqueológico Attica y del comité editorial de la revista Nivel Cero durante años. Hace ya un tiempo que la asociación cesó su actividad, pero hemos decidido conservar la cabecera de la revista y convertirla en una publicación digital, a la espera de mejores tiempos en los que pueda volver al papel.

El primer volumen de esta nueva etapa es un número monográfico sobre evolución humana titulado Los orígenes del género Homo. Una exploración de la innovación como motor evolutivo, escrito por Alberto Gómez Castanedo.

Desde el pasado lunes se puede descargar en la página de la revista Nivel Cero, donde se puede encontrar también un repositorio con muchos de los números anteriores en formato PDF.




26 may. 2013

Haciendo el nido

De vuelta a las fortificaciones de la Guerra Civil en Cantabria, aprovecho esta entrada para publicar un curioso (e interesante, además de inédito) documento gráfico de la época: el alzado y la planta de un nido de ametralladoras. Se trata de un dibujo que iba incluido en una propuesta ("Plan de fortificación en el frente de Los Tornos hasta Portillo de la Sía") de creación de una línea de resistencia, en el extremo oriental del frente sur, entre el Portillo de la Sía y el pico Zalama; y que recoge el modelo de nido de ametralladoras con el que se reforzarían las posiciones defensivas en ese sector. El plan de fortificación era muy ambicioso y contemplaba la construcción de 44 nidos de este tipo, 5 blocaos, 4 km de trincheras, 40 refugios, 2 posiciones artilleras, 8 "nidos antiaéreos", 1 refugio para un cañón antitanque y 2 "tambores para dinamiteros"; además de pasos y caminos cubiertos y alambradas.

(AGMAV, C.686, Cp. 13, D. 1 / 14)

Como puede observarse en el dibujo, el nido estaría semiexcavado en el terreno y constaría, básicamente, de paredes de mampostería (con una tronera abocinada hacia afuera en la frontal y un acceso con forma de paso cubierto en la trasera) y un techo formado por una gruesa placa de hormigón armado colocada sobre rollizos de madera; todo ello cubierto de tierra y cesped. Rollizos, hormigón, tierra y cesped crearían una cubierta "a prueba", capaz de soportar el impacto de proyectiles de artillería e incluso de bombas de aviación (imagino que dependiendo del tamaño de éstas...).

El plano del nido, aunque muy detallado (es lo mejor que he podido encontrar para Cantabria hasta la fecha, aunque seguro que hay más, muertos de asco en algún archivo), tiene algunos errores graves de diseño. Si, como parece, estaba destinado a que se emplazara en él una ametralladora, el techo sería demasiado bajo y no tendría sentido una banqueta (o "bloque soporte") tan elevada respecto a la cota del suelo. El arma dibujada es una ametralladora Hotchkiss modelo 1914, en su versión española (la reglamentaria en el ejército español en 1936), que se emplearía como recoge esta foto (de la versión original frnacesa), con su sirviente sentado sobre el sillín situado en la pata más larga del trípode (salvo que el ametrallador fuese de talla XS, no podría utilizar la máquina tal y como aparece situada en el dibujo):

  

Es posible, sin embargo, que la estructura esté bien planteada y que el error resida en el arma representada: si en lugar de una ametralladora se tratase de un fusil ametrallador como el de la siguiente foto, su sirviente podría dispararlo de pie, con las patas del bípode apoyadas en la banqueta.

 http://historiadelasarmasdefuego.blogspot.com.es/2009/03/fusil-ametrallador-hotchkiss-mod1926.html

El plan de fortificación de esa zona del frente no llegó a completarse. De hecho, apenas debió pasar de una fase muy inicial, aunque el documento menciona el comienzo de la construcción de 4 de estos nidos para batir la carretera de acceso al puerto de Los Tornos y, en la misma zona, del "refugio para cañón antitanque". Quizá los cinco lleven más de 70 años esperando a que alguien suba a echarles un vistazo...

Volviendo al plano, éste nos permite comprobar cómo era el diseño básico de este tipo de estructuras y contrastarlo tanto con las referencias documentales que manejamos como con lo que podemos observar en otros ejemplares. Y eso es aplicable tanto a los nidos como a los fortines de tipo "galería cubierta para tiradores", los más abundantes y característicos de la zona que estamos estudiando (muy poquito a poco, es cierto) en los últimos años: la costa, en particular la oriental; las líneas de contención de los ríos Agüera y, sobre todo, Asón; y algunos territorios aledaños.

El uso de rollizos de madera para los techos de los nidos aparece mencionado en varios de los documentos que hablan de las obras de fortificación de la costa durante la primavera y el verano de 1937. También ha dejado "huellas" (porque la madera ha desaparecido) en algunas de estas fortificaciones. Se aprecia muy bien en la "galería para tiradores" de Los Castros (Cicero), en donde, además, puede comprobarse cómo la escasez de materia prima provocó alguna variante sobre lo teóricamente establecido. Como se ve en las fotografías, en lugar de rollizos completos se utilizaron medios rollizos (así, con la misma cantidad, se construían los techos de dos fortines). Cómo afectaría esta merma en la madera a la resistencia del conjunto es difícil de establecer, pero puede intuirse que lo sería en buena medida: unas instrucciones para construir un refugio "a prueba" mencionan la necesidad de colocar dos filas de rollizos inmediatamente debajo de la plancha de hormigón (que debería ser de 40 cm de espesor y estar cubierta por otros 40 cm de piedras y 1 m de tierra. Casi nada). También hay casos en los que los rollizos se colocaron por encima del hormigón, aunque parecen menos frecuentes.

Interior del fortín de Los Castros (Cicero, Bárcena de Cicero)

Detalle de las "huellas" de los medios rollizos de madera en el hormigón armado del techo del fortín

Las paredes de mampostería aparecen, en todas las variantes imaginables, en la mayor parte de los nidos y fortines. Pueden ser mampuestos más o menos trabajados, sin aristas y de un tamaño medio y relativamente estandarizado; o bloques apenas desbastados y obtenidos de los afloramientos calizos de la zona en la que se construyó el nido; y siempre trabados con cemento.

Pared frontal de mampostería del nido de ametralladoras "Liencres II", en el conjunto de la Sierra de Tolío o de La Picota (Liencres, Piélagos)

Uno de los nidos de ametralladoras de Perejita (Rasines), levantado en mampostería

En cuanto a los techos de hormigón, de nuevo destaca la heterogeneidad. En la mayor parte de los casos están formados por planchas como las del plano, de grosores variables, eso sí. Sin embargo, hay algunos ejemplos en los que adquieren formas de "sombrero de seta" (no se me ocurre otra forma de llamarlo, la verdad), como en el de Primosto, en el primer sector de la "Línea del Asón". Es probable que este diseño tan peculiar responda a una necesidad eminentemente práctica: evitar tener que cubrir de piedras y tierra el nido y, a la vez, conseguir, gracias a su diseño, dificultar el impacto de los proyectiles de artillería enemigos (que "rebotarían" contra una superficie curva como ésa). En otros casos, directamente, no había hormigón que protegiera a los ocupantes del nido.

 
Nido de ametralladoras de Primosto (Adal-Treto, Bárcena de Cicero)

Oculto por la maleza, uno de los nidos de ametralladoras de Vivero (Cicero, Bárcena de Cicero), con una gruesa plancha de hormigón armado como cubierta

Finalmente, no abundan los casos en los que se observe que los nidos o fortines estén cubiertos por piedras y/o tierra, aunque eso pueda deberse, sencillamente, a la erosión sufrida en los últimos 70 y pico años. El de Arenillas (que ya tuvo su entrada monográfica en el blog) o las "galerías para tiradores" más orientales del Vivero son algunos de los pocos que conservan ese tipo de coberturas.

Entrada al nido de Arenillas (Islares, Castro Urdiales), cubierto aún por una considerable capa de tierra sobre la que crece la hierba.

Entrada a uno de los fortines de Vivero (Cicero) que aún conservan la cubierta de tierra y hierba

La principal conclusión que puede obtenerse de este rápido repaso es que los nidos de ametralladoras (y otro tipo de fortificaciones para infantería) construidos en Cantabria durante los 13 meses de dominio republicano responden a un mismo patrón general y, por tanto, comparten una serie de características (recogidas en planos de las obras como el que ha dado pie a la entrada, por cierto). Y que, pese a ello, la flexibilidad a la hora de hacer los nidos (y demás) fue tal que puede decirse que cada unidad encargada de fortificar un sector del frente (o de la costa) construyó sus propios tipos, distintos de los del resto y muy parecidos entre sí. Los hay grandes, pequeños, de planta cuadrada, circular, rectangular con un lado redondeado, con una tronera, con dos, con techos altos o bajos, semienterrados o que sobresalen sobre el nivel del suelo, solitarios o formando pareja con fortines de otros tipos, etc. Las características del terreno, la disponibilidad de materiales y transportes, la cualificación de la mano de obra y de los mandos, las prisas... Todos son factores que, sin duda, influyeron para que se diera esta multiplicidad de tipos que (hablo por mí) alegra tanto la vista a quienes nos dedicamos a buscar y, en la medida de lo posible, estudiar estos restos.

21 may. 2013

The (Medieval) Walking Dead (5): quebradores de cabeza(s)

Después de bastantes meses alejado de él (no del todo en realidad, como recordarán los lectores fieles del blog) vuelvo con esta entrada al siempre sugerente tema de los "muertos vivientes medievales", concretamente para hablar de una variante de una de las formas clásicas de acabar con ellos: la destrucción de su cabeza.

Tanto las propias citas medievales (algunas en Caciola, 1996) como los ejemplos de época moderna y contemporánea recogidos en la bibliografía sobre el tema  (básicamente en Barber, 1988) dejan claro que, si quieres terminar con la amenaza de un "retornado", lo primero que debes hacer es abrir su tumba (o, en su defecto, visitar el lugar en el que reposa su cuerpo) y cortarle la cabeza; algo que parece sencillo pero que no lo es tanto: hay que tenerlos muy bien puestos para hacerlo (¿o no?). Si eso no funciona siempre quedan otros recursos más expeditivos, como quemarlo (y este dato podría ser importante), aunque suele valer con la decapitación. Las dos cosas, en el orden en el que las he citado, también son frecuentes. La fijación por la cabeza parece indicar que es en ella donde reside la fuerza "vital" (vaya un contrasentido) del revenant y separarla del cuerpo se convierte en algo obligado: si no hay cabeza no hay "muerto viviente" y todo el mundo puede volver a sus quehaceres y respirar tranquilo (ya hemos visto en otra ocasión cómo los "retornados" no se dedican precisamente a pasear por las noche y asustar a los niños de los contornos, que también, sino que siembran el terror entre los vivos y propagan epidemias que diezman a la población). Por lo general, una vez seccionada la cabeza, con enterrar ésta en otro lugar o simplemente con situarla a los pies del cadáver debería valer. Rápido y limpio.

La variante consistente en aplastar el cráneo con una gran piedra (u otro objeto pesado y contundente, añadiría yo) no parece que haya gozado de gran predicamento entre aquellos valientes decididos a terminar para siempre con esas incómodas amenazas de ultratumba, aunque tampoco es por completo desconocida en la literatura al respecto. Así, Barber (1988: 79) señala, por ejemplo, que en la Krajina "existía la costumbre de arrojar una piedra pesada sobre la cabeza del sospechoso de ser un vampiro" (la traducción es mía).

Acercándonos más a nuestro ámbito de estudio (la arqueología) hay que comenzar diciendo que los hallazgos que han sido interpretados en clave "vampírica" o "revenántica" suelen consistir en tumbas con muertos decapitados (o mutilados de alguna otra forma), con piedras en la boca, dispuestos en decúbito prono, inmovilizados con grandes piedras o clavados (sí, con clavos metálicos) al suelo. Es raro encontrar cráneos aplastados, aunque hay algunos ejemplos muy significativos, como el de la foto:

Aspecto del cráneo del sujeto inhumado en una de las tumbas de la necrópolis de Modrá (República Checa) (Fotografía sacada del blog Magia Posthuma)

O este otro, en el que además de aplastarle la cabeza con una gran piedra también hicieron lo propio con los pies, inmovilizando completamente al difunto:

Enterramiento altomedieval de la necrópolis de Na Týnici (Bùdec, República Checa) (Stefan y Krutina, 2009)

Llegados a este punto, el siempre astuto lector del blog estará pensando algo así como "ya, todo esto está muy bien, pero son cosas del centro-oriente de Europa y todo el mundo sabe que en esas latitudes el asunto de los vampiros ha sido muy típico hasta hace cuatro días. ¿Y aquí? ¿Qué hay de lo de aquí?". Pues bien: aquí, en la Península, también hay algunos casos que parecen claros, como veremos brevemente a continuación, antes de meternos con "nuestros" muertos cavernícolas cántabros. Silvia Alfayé (2009) recoge numerosos ejemplos peninsulares de época antigua (y también alguno extrapeninsular altomedieval) en su magnífico trabajo dedicado a estos temas, por lo que es más que recomendable leerlo para ir poniéndose en situación (hay algún caso de aplastamiento de cráneo y también mutilaciones varias e inmovilizaciones de cadáveres). Existen otras referencias dispersas por la bibliografía que remiten a contextos protohistóricos, algunas de ellas con cabezas aplastadas de forma intencionada (un ejemplo canario aquí y otros peninsulares aquí y aquí). No es este el lugar para entrar en detalles, así que me limitaré a señalar algunos casos llamativos de cronología medieval.

Encontramos lo que parece un buen ejemplo de este tipo de práctica en un enterramiento infantil (realizado en el interior de una vivienda, como era habitual) de la aldea altomedieval catalana de Sant Miquel de la Vall (Antes en Lleida, ahora en Alt Pirineu i Aran). En palabras de su publicador, "se aplastó intencionadamente el cráneo y se trató de inmovilizar el muerto en el subsuelo, como en un intento de inmovilizar asimismo su espíritu, de acuerdo con resabios paganizantes" (Riu, 1982: 13). El cráneo de otro niño enterrado en la misma vivienda, aun sin piedra sobre él, también parecía presentar evidencias de haber sido aplastado.

Imagen del enterramiento infantil de Sant Miquel de la Vall (Riu, 1982)

 Dibujo del enterramiento infantil de Sant Miquel de la Vall (Riu, 1982)

Otro tanto parece haber ocurrido con el "muerto fundacional" de la cámara subterránea utilizada como lugar de enterramiento (quizá colectivo en un principio pero claramente múltiple después) en Contrebia Leucade (Aguilar de Río Alhama, La Rioja), como ya comenté en la entrada dedicada a tan interesante conjunto funerario.

Inhumación con pedrusco sobre la cabeza en Contrebia Leucade (Fotografía: Hernández Vera et alii, 2007)

Existen más referencias peninsulares de cronología medieval, pero terminaré por ahora con un último ejemplo, esta vez de rito islámico: un enterramiento descubierto en el casco urbano de Alhama de Murcia y en el que la cabeza del inhumado aparecía aplastada por una gran piedra (Ramírez Águila, 1998).

Enterramiento islámico de la calle La Corredera (Alhama de Murcia) (Ramírez Águila, 1998)

Llegando a Cantabria y, más concretamente, a las cuevas con uso funerario en época visigoda, conviene detenerse en primer lugar en La Garma (Omoño, Ribamontán al Monte), en su archiconocida "Galería Inferior". Y conviene hacerlo por dos motivos principales: porque fue el primer yacimiento en el que se pudo observar ese "fenómeno" por parte de sus responsables (aunque la ausencia de paralelos conocidos lo dejó en un mero comentario) y, sobre todo, porque es el único que, gracias a sus excepcionales características, se encuentra apenas alterado. Ninguno de los cráneos de los cinco individuos depositados en la "Galería Inferior" se conserva intacto. De hecho, todos están hechos trizas, incluso en los casos en los que el resto del esqueleto se ha conservado relativamente bien. Además, en uno de ellos (quizá en dos) todo apunta a que la piedra utilizada para tan macabra tarea sigue en el lugar en el que la dejó el "quebrador", junto al fruto de su trabajo.

Imagen del cráneo destrozado del individuo nº 1 de la Galería Inferior de La Garma

Imagen de los restos del individuo nº 3 de la Galería Inferior de La Garma. La mancha blanquecina son los restos casi hechos polvo de su cráneo, junto al (y debajo del) bloque con el que presumiblemente fue machacado aquél (Fotografía: Etxeberria y Herrasti)

El segundo yacimiento donde se detectó un comportamiento extravagante relacionado con los cráneos de los muertos fue la cueva de Las Penas (Mortera, Piélagos). Durante su excavación pudo comprobarse cómo las calaveras (que hasta entonces no habían aparecido junto al resto de los cuerpos) parecían haber sido agrupadas en una pequeña galería lateral (bautizada por ello como "Galería de los Cráneos"), hechas trizas con algún objeto contundente (sólo se recuperaron pequeños fragmentos) y quemadas. Es muy probable que en el momento de la quema, que se hizo con el hueso ya seco, también se quemasen los abundantísimos granos de cereal recuperados en ese mismo lugar, uno de los cuales proporcionó una fecha de Carbono 14 que, aunque coincide en gran medida con las obtenidas de huesos humanos y los restos de cuero de un cinturón, podría ser varias décadas posterior. En otra entrada vimos que la quema de grano donde hay muertos puede responder a una práctica necrofóbica, de origen precristiano, que fue perseguida por la iglesia durante la Alta Edad Media, tal y como queda patente en numerosos libros penitenciales ya desde el siglo VII. Es muy probable pues que, en Las Penas, se realizase a la vez que la destrucción de los cráneos, formando parte de un mismo ritual.

Imagen de la excavación de la Galería de los Cráneos de Las Penas. Junto a otros restos humanos y algunos objetos metálicos se observa la presencia de fragmentos de cráneo quemados, identificables en la foto por su color negruzco (Fotografía: Serna y Valle) 

Finalmente, hay que reseñar que, en la excavación que dirigimos en 2011 en Riocueva (Hoznayo, Entrambasaguas) los autores de este blog, obtuvimos serios indicios de que en su interior había tenido lugar algo muy parecido a lo de Las Penas. No localizamos ningún cráneo, pero sí que encontramos numerosos fragmentos quemados. De hecho, todos los fragmentos de cráneo que recuperamos habían sido sometidos a la acción del fuego con distintos grados de intensidad, tal y como revelaban sus coloraciones, que iban del negro parduzco al gris casi blanco. En este caso la quema parece que no se llevó a cabo en una única zona ni fue tan selectiva, ya que también había otros huesos quemados (quizá porque estuviesen cerca de los cráneos cuando alguien encendió la lumbre). La ausencia de un nivel de carbones de cierta entidad nos permite sospechar que para hacer el fuego, que tuvo que alcanzar los 600 grados centígrados, se utilizó alguna sustancia inflamable (quizás algún tipo de aceite o resina). Como ocurría en el caso anterior, un conjunto de cereal carbonizado (en esta ocasión en un saquito o similar) acompañaba a los huesos, por lo que puede hacerse extensible a Riocueva lo señalado en las últimas líneas del párrafo dedicado a Las Penas.

Fragmentos de cráneo quemados, junto a otros restos humanos y de fauna, en Riocueva.

Relacionar estos tres casos cántabros con los que hemos visto más arriba y con su explicación "necrofóbica" resulta muy tentador (entre otras cosas porque es realmente difícil encontrar una interpretación alternativa para este tipo de comportamiento y porque la repetición hace que pueda excluirse la explicación casual debida a extraños procesos postdeposicionales de origen natural). En el estado actual de nuestras investigaciones yo estoy casi absolutamente convencido de que la destrucción (y quema en dos de los  casos) de los cráneos de los muertos localizados en La Garma, Las Penas y Riocueva tuvo como fin la eliminación de la potencial amenaza que, por el motivo que fuera, suponían aquéllos para la comunidad a la que pertenecían en vida. Sería sólo una de las varias medidas que parecen haberse tomado en ese sentido, entre las que destacan su propio depósito en zonas muy interiores de cuevas, de acceso complicado (complicadísimo en el caso de La Garma); o la quema de grano junto a (o sobre) ellos. Quizá otra prueba más, en este caso cántabra, de lo arraigada que llegó a estar en la Edad Media la idea de que algunos muertos, en determinadas situaciones, podían volver a caminar entre los vivos. Y no precisamente para hacer el bien.

18 may. 2013

Día Internacional de los Museos (2013)

El año pasado por estas fechas dedicamos una entrada al Día Internacional de los Museos, que se celebra cada 18 de mayo. 365 días después, vuelvo a conmemorar la fecha, esta vez con una propuesta un poco más local que la de 2012: vitrinas y espacios dedicados a la Antigüedad Tardía y la Alta Edad Media de los museos españoles. De nuevo la muestra se reduce a los museos que he visitado, de modo que seguro que faltan muchos muy interesantes que espero incorporar al repertorio en un futuro no muy lejano. Los recojo en orden cronológico de visita, indicando la fecha de la misma, por si alguno de los centros ha cambiado su exposición, ha cambiado sus vitrinas o, simplemente, ha cerrado... Espero que las imágenes que recojo a continuación animen a nuevos "clientes"... ¡los museos siempre esconden secretos fascinantes, visitadlos!

Museo de Ávila, año 2002
Museo de Ávila, año 2002

Museo de Salamanca, año 2003
Museo de Salamanca, año 2003
Museo Arqueológico Regional (Alcalá de Henares), año 2003
Museu d'Arqueologia de Catalunya (Barcelona), año 2004
Museo Numantino (Soria), año 2005
Museo Arqueológico de Osuna, año 2005
Museo de la Catedral de Córdoba, año 2007
Museo Histórico Municipal de Priego de Córdoba, año 2008
Museo Histórico Municipal de Priego de Córdoba, año 2008
Museo Nacional de Arte Romano (Mérida), año 2009
Museo Nacional de Arte Romano (Mérida), año 2009
Museo de Zamora, año 2009
Museo de Zamora, año 2009
Museo de León, año 2009
Museo de León, año 2009
Museo Arqueológico de Córdoba, año 2011
Museo Arqueológico de Córdoba, año 2011
Arkeologi Museoa (Bilbao), año 2013
Arkeologi Museoa (Bilbao), año 2013
Cumplo así la promesa que hice el año pasado y de nuevo os deseo ¡feliz Día Internacional de los Museos! Para el año que viene espero descender un escalón más y ofreceros un reportaje sobre el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria. Confío en que esté abierto para entonces...


14 may. 2013

Visita de médico (forense)



Hacía ya algún tiempo que Pedro A. Fernández Vega, director del MUPAC, nos había invitado a estudiar cuatro sepulturas de época visigoda que han excavado recientemente en el yacimiento de El Conventón, más conocido como Camesa-Rebolledo (Valdeolea, Cantabria). Por fin, hoy he encontrado un rato para acercarme en compañía de Silvia Carnicero Cáceres, médico forense y antropóloga, y echarle un vistazo. En realidad, he de reconocer que todo el trabajo lo ha hecho ella (gracias, Silvia). Mientras trataba de extraer toda la información posible de unos muertos que se resisten a abandonar su última morada, yo daba el enésimo paseo por el yacimiento acompañado de Lino Mantecón Callejo, responsable del taller de empleo Ager Iuliobrigensium I. Siempre hay miles de preguntas que hacer, pero el yacimiento se empeña en no responder...

Silvia analizando con detenimiento una de las sepulturas
La verdad es que no podíamos dejar pasar esta oportunidad, probablemente sean las primeras sepulturas de época visigoda que se excavan en Cantabria en más de 20 años, que se dice rápido. Aunque es un conjunto pequeño, aporta datos interesantes: uno de los individuos portaba un anillo, otro había sido enterrado en un ataúd de madera del que se conservan los clavos y restos de madera mineralizada, y la datación de 14C que ha proporcionado el que portaba el anillo es algo más antigua que las fechas del siglo VII que habían proporcionado otras sepulturas similares del mismo yacimiento... Y hasta aquí puedo contar. Espero que pronto podamos reflejar los resultados del estudio en una publicación conjunta con el equipo que desde hace años trabaja en la excavación. El Conventón es uno de los yacimientos más interesantes para estudiar el tránsito entre la Antigüedad y la Edad Media en Cantabria y siempre ha atraído nuestra atención, es una suerte poder aportar algo a su mejor conocimiento.

Un detalle del "usuario" del ataúd
Como premio por portarnos bien y no pisar ningún hueso, nos mostraron algunos de los últimos hallazgos realizados durante las tareas de limpieza y acondicionamiento del yacimiento. Entre lo más interesante, un sarcófago decorado con un motivo de retícula. Un lugar que nunca defrauda, sin duda.

La parte mejor conservada del sarcófago decorado

8 may. 2013

¿Un gancho de huso en el castillo de Aiztxiki?

En nuestra reciente visita al Arkeologi Museoa de Bilbao, con la excusa de visitar la exposición temporal "Vasconia, tierra intermedia", aprovechamos para volver a mirar con calma una pieza que forma parte de la exposición permanente en la que ya nos habíamos fijado hace un tiempo. Se trata de un gancho de hierro procedente del castillo de Aiztxiki (Abadiño, Vizcaya), colocado en una vitrina junto con varias puntas de proyectil y acompañado de la leyenda "Puntas de flechas y saetas. Hierro. Siglos XII-XIII". La primera vez que lo vi, en compañía de José Ángel, ya comentamos sorprendidos lo mucho que se parecía a un gancho de huso similar a los encontrados en diversas cuevas de Cantabria, tanto por su forma, como por su tamaño.

El gancho, tal y como está expuesto en el Arkeologi Museoa
De hecho, los primeros ejemplares encontrados en Cantabria también fueron interpretados como puntas de proyectil, a pesar de tener el extremo rematado en forma de gancho. Sin embargo, tanto los ganchos cántabros como éste de Aiztxiki son diferentes de las puntas de ballesta. Se puede apreciar a simple vista en el caso del ejemplar vizcaíno, en la fotografía superior, donde aparece acompañado de tres virotes con punta de sección cuadrada.

Detalle del posible gancho de huso del castillo de Aiztxiki
No disponemos de muchos más detalles sobre las actuaciones arqueológicas realizadas en el castillo de Aiztxiki que la breve reseña publicada en Arkeoikuska (1994) y aún no se ha completado el estudio del yacimiento, pero nos ha parecido interesante llamar la atención sobre la similitud de este objeto con los ganchos de huso. En caso de que este objeto metálico sea parte de un instrumento usado para hilar y date efectivamente del siglo XII, nos estaría informando de la perduración que tuvieron los ganchos de huso en el norte de la península Ibérica. De todos modos, seguimos a la caza y captura de paralelos para estos ganchos, seguro que fueron usados en otros muchos lugares...

4 may. 2013

Sarcófagos vs instrumentos musicales

Estas semanas atrás he estado preparando el breve capítulo de mi tesis doctoral dedicado a las representaciones iconográficas relacionadas con el cementerio medieval que se conservan en Cantabria. Necesariamente breve porque los ejemplos no son muchos, en todos los casos escultura románica. Es más, hasta hace no mucho sólo conocía uno, un capitel de Santa María de Bareyo, que forma parte de una representación de las Tres Marías visitando el sepulcro vacío de Cristo, en el que aparece un sarcófago.

Capitel con representación de sarcófago de Santa María de Bareyo
En su momento le pregunté a M. A. García Guinea por la presencia de esta temática en el románico regional y me comentó que en Santillana del Mar había un canecillo en el que aparecía un hombre sosteniendo un sarcófago. Efectivamente, eso parecía en la fotografía que recogía la Enciclopedia del Románico en España. Me acerqué una mañana para fotografiarlo y la verdad es que no me planteaba muchas dudas. Efectivamente, parecía un hombre sosteniendo un sarcófago.

Canecillo de Santillana del Mar con "hombre sosteniendo sarcófago"
De momento, hasta ahí llegaba la lista de representaciones. Dos, nada más. Buscando paralelos a través de internet me encontré con que había otra representación en Cantabria que se había interpretado como "hombre sosteniendo un sarcófago". Era otro canecillo, esta vez en la cabecera de la iglesia de San Juan Bautista de Villanueva de la Nía. Lo descubrí gracias a un hilo del foro Caminando entre románico en el que se debatía sobre esta representación allá por 2009.

Canecillo de San Juan Bautista, Villanueva de la Nía (Foto: covaccc)
Según la Enciclopedia del Románico en España, este canecillo de Villanueva de la Nía representa a un hombre sosteniendo un sarcófago y tiene estrecha relación con la representación arriba mencionada de Santillana del Mar. En el foro Caminando entre románico covaccc proponía una interpretación alternativa: no era un sarcófago sino un instrumento musical, un arpa-salterio en opinión de F. Porras Robles, especialista en organología medieval. Ante la duda, me puse yo mismo en contacto con F. Porras Robles, quien ha atendido amablemente a todas mis consultas sobre el tema y me ha ayudado a entender estas representaciones un poco mejor (¡gracias, Fasutino!). En mi última visita a Valderredible me detuve en la iglesia de San Juan Bautista y fotografié con detalle el canecillo. Es cierto, el objeto que sostiene el personaje entre las piernas tiene algunos detalles propios de un instrumento musical y poco habituales en un sarcófago: cuerdas, clavijas, etc. y el personaje que lo sostiene apoya su cabeza como lo haría alguien sobre la caja de resonancia de un instrumento musical. 







A mi modo de ver, y como ya había escrito M. A. García Guinea, ambas representaciones son muy similares. Pero claro... si ahora el canecillo de Villanueva de la Nía es un músico con un arpa-salterio entre las piernas ¿podría suceder lo mismo con el de Santillana del Mar? En este caso no aparecen cuerdas, el objeto es más voluminoso, pero sí hay unos motivos en la parte de arriba del "sarcófago" que podrían interpretarse como clavijas. Teniendo en cuenta la forma resumida y esquemática con la que se ha representado un arpa en otro canecillo que procede del mismo muro, sin cuerdas y con aspecto de objeto macizo, todo es posible... 

Detalle del objeto objeto de Santillana del Mar ¿son clavijas?
Arpista de Santillana del Mar (Foto: Enciclopedia del Románico)
Sobre el ejemplar de Santillana del Mar yo sigo sin decidirme. Según la opinión de F. Porras Robles, mitad y mitad. El objeto de Villanueva de la Nía es un arpa-salterio, aunque la manera de representarlo sea un poco chocante, ya que este instrumento no tiene un hueco. El de Santillana del Mar, sin embargo, si podría ser un sarcófago. Demasiado voluminoso y con atributos poco definidos para ser un instrumento musical. Mis dudas siguen ahí, por eso me he decidido a compartirlas con vosotros, visitantes. ¿Alguien puede aportarme algún paralelo para la temática "hombre sosteniendo un sarcófago" en la escultura románica? Se lo agradecería infinitamente... Yo hasta ahora no he dado con ninguno. Si es un tema común, el hombre de Santillana del Mar seguirá siendo portador de un sarcófago, si no lo es... bueno... pues quizá esté tañendo y me quede sólo con una representación segura de carácter funerario en mi repertorio. Los músicos sí forman parte de la iconografía habitual del románico, quizá los "porta-sarcófagos" no...