29 oct. 2012

Las cuevas artificiales de San Pantaleón (La Puente del Valle) y su carácter funerario


La peña de San Pantaleón (La Puente del Valle, Cantabria) alberga uno de los conjuntos de tumbas excavadas en la roca, construcciones semirrupestres y cuevas artificiales más espectaculares de la península Ibérica. He de decir que el lugar me causó impresión la primera vez que lo visité con sólo 7 años y sin saber demasiado bien lo que era todo aquello, y me sigue sorprendiendo cada vez que acerco por allí. De hecho, la ultima vez que visité la peña lo hice acompañado de Carlos Lamalfa Díaz, director de las últimas excavaciones allí realizadas, y me mostró un detalle en el que no había reparado después de haber pasado por encima unas cuantas veces. El detalle en cuestión es que hay al menos dos tumbas "marcadas" con una línea cincelada en la superficie de la roca que nunca se llegaron a excavar. En el interior de la línea de una de ellas se ha dibujado una cruz, probablemente para indicar el carácter sagrado del espacio delimitado.

Tumbas "marcadas" sobre la roca que no se han llegado a excavar
Cruz grabada sobre una de las tumbas "marcadas"
Uno de los elementos más característicos de este conjunto son las tres pequeñas cuevas artificiales de planta cuadrangular que se abren en diferentes puntos del farallón rocoso. Una de ellas (Cueva 1) ha perdido una parte importante de la bóveda de cubierta, pero conserva intacta la zona inferior. Se han excavado dos huecos de forma rectangular, uno con las proporciones y las dimensiones de una tumba y otro el doble de ancho, con una ancha ranura en la zona que correspondería con la cabecera y otro en la zona de los pies que sirve como encaje para colocar un separador dividiendo en dos el hueco, a modo de tumba bisoma. Las otras dos (Cueva 2 y Cueva 4) se conservan completas, con una boca de acceso remata en arco de medio punto. También en su interior se ha realizado un rebaje, en ambos casos para conformar un hueco de planta rectangular, con una ranura vertical en la zona que correspondería con la cabecera y otra en la zona de los pies, que sirve como encaje para colocar un separador dividiendo en dos el hueco, a modo de tumba bisoma. El eje más largo de las estructuras, que correspondería con el eje longitudinal de las tumbas, está orientado hacia el E, como es habitual en las sepulturas medievales.

Vista de la Cueva 1 desde la parte superior
Boca de acceso a la Cueva 2
Interior de la Cueva 2
Boca de acceso a la Cueva 4, bajo la iglesia semirrupestre
Interior de la Cueva 4
Un trabajo reciente publicado por D. Vega Almazán sugiere que estas tres cuevas fueron utilizadas inicialmente como "piscinas bautismales", conforme a la tradición visigoda, y que "pudieron haber sido reutilizadas en época medieval con el fin de disponer del agua necesaria para el funcionamiento de una ferrería que existió en el lugar". En mi opinión, y como ya consideró en su momento R. Bohigas Roldán, lo más probable es que tuvieran un uso funerario. ¿Qué argumentos sustentan esta interpretación? Fundamentalmente tres:

- La propia morfología de las cuevas y de los rebajes que se practican en el interior de las mismas. La longitud, anchura y profundidad es semejante a la de las tumbas. Lo mismo sucede con la orientación, en todos los casos hacia el E. El separador vertical y la cubierta de los huecos pudo ser de losas de piedra o de planchas de madera. En San Pantaléon este sistema de separador vertical encajado en una ranura no es exclusivo de las estructuras excavadas dentro de cuevas artificiales, hay al menos un caso en la zona occidental de la necrópolis.

Tumba doble con ranura de encaje para separador
- El contexto, ya que en San Pantaleón lo que aparece fundamentalmente son estructuras relacionadas con la iglesia construida en la plataforma superior y en su mayoría tienen carácter funerario. De hecho, por su disposición, la Cueva 4, situada en el extremo occidental de la peña, puede interpretarse como una auténtica cripta que queda bajo los pies de la iglesia, con la que comparte su eje de orientación. En la parte N del farallón rocoso hay además otros conjuntos de tumbas, algunas antropomorfas, que se disponen aprovechando el abrigo de la pared vertical sin llegar a tener forma de auténticas cuevas.

Tumbas excavadas en un rebaje del farallón rocoso
- Las estructuras similares que aparecen en otros conjuntos rupestres del valle del Ebro. En la zona alavesa son las cuevas que L.A. Monreal Jimeno denomina Las Gobas 2 (Laño, Álava) y Santorcaria 5 (Laño, Álava), dos cuevas artificiales abovedadas de planta más o menos cuadrangular en cada una de las cuales se han excavado tres tumbas orientadas hacia el E, las que más se parecen. En la iglesia rupestre de San Pedro de Argés (Burgos) hay un cubículo artificial, que ha perdido el techo, en el que hay dos tumbas antropomorfas en una disposición semejante a la que se observa en San Pantaleón.

Tumbas en cubículo a los pies de la iglesia rupestre de San Pedro de Argés (Burgos)

27 oct. 2012

Cueva Güerta (Alesga, Asturias). El enterramiento de época visigoda en cueva que nunca fue tal

No es raro encontrar menciones a Cueva Güerta (Alesga, Asturias) en trabajos que tratan del uso de las cuevas asturianas en la Alta Edad Media (algunos ejemplos aquí o aquí). En la mayor parte de los casos se cita como el lugar en el que se descubrió un enterramiento que proporcionó un jarrito de bronce muy conocido, así como una "espada corta" que resultó destruida en el mismo momento del hallazgo. Y, ya de paso, suele ser interpretado como un lugar ocupado esporádicamente (??), bien por hispanovisigodos refugiados que llegan huyendo de la invasión árabe de 711 (la interpretación mayoritaria hasta la fecha), bien en el marco de la extensión de nuevas prácticas económicas hacia espacios considerados hasta entonces como marginales.

Boca de Cueva Huerta (Fotografía: Asturnatura.com)

Sin embargo, y como queda bastante claro desde su primera publicación, Cueva Güerta no sólo no albergaba dicho enterramiento en su interior sino que, hasta la fecha al menos, no debería ser incluida dentro de la lista de cavidades asturianas con yacimiento altomedieval. Ni sepulcral, evidentemente, ni de ningún otro tipo (al menos de momento: la cueva es muy, muy larga y sigue siendo explorada por espeleólogos). ¿Por qué? Pues porque el hallazgo no se produjo dentro de la cueva, sino "cerca de la entrada", al exterior. ¿Cuánto de cerca? Pues no lo sabemos, pero sin duda en algún lugar sobre el que pasa la actual carretera, ya que tuvo lugar durante las obras de construcción de ésta.

Jarrito descubierto en las inmediaciones de Cueva Güerta (Según Fanjul, inédito)

En realidad, el que debería ser llamado "yacimiento cercano a Cueva Güerta" consistía en una tumba de lajas, ubicada en una zona próxima a la caverna y que quedó al descubierto durante las obras de construcción de la carretera, en los años 30 del siglo XX. En su interior y como ya se ha dicho, un esqueleto humano, un jarrito de bronce (de esos que suelen apodarse "litúrgicos" aunque no lo sean necesariamente) y una presunta espada corta de hierro de la que no existen fotos, dibujos ni descripción.

A la vista de los escasos datos disponibles, lo más probable es que nos encontremos ante evidencias  de una necrópolis que, en principio, no tendría ninguna relación con el medio subterráneo ni con el uso sepulcral de algunas cuevas en época visigoda. Ya Avelló Álvarez (1985) señaló la existencia en las cercanías (a unos 500 m.) de los restos de un monasterio altomedieval con su correspondiente necrópolis, de un despoblado y de una fortificación también de esa época. Sin embargo, el hecho de la cercanía a la cueva y de la presencia en cuevas (conocida desde antiguo) de objetos de época visigoda, hizo que, de inmediato, se estableciese una infundada relación entre la tumba y la caverna, creando una especie de pequeño "mito" arqueológico que aún perdura. En un trabajo reciente (e inédito), A. Fanjul sostiene la posibilidad de que la tumba estuviera asociada a algún edificio religioso, lo que parece plausible.

En cuanto a la tumba en sí, los escasos datos disponibles acerca de sus características hacen que podamos considerarla como "excepcional", ya que proporcionó dos elementos que no suelen aparecer en las sepulturas de ese momento (siglos VII-VIII d. de C.): el jarrito de bronce y la presunta "espada corta". La presencia en tumbas de esos dos objetos (no digamos juntos) es bastante rara, aunque sí que se conocen algunos ejemplos. Para el jarrito, por ejemplo, una impresionante "copia" en cerámica procedente de la necrópolis de Piña de Esgueva. Para la "espada corta" y más allá de los scramasaxes de las necrópolis de tipo norpirenaico vasco-navarras, la de El Puerto de Santa María, recuperada del interior de una tumba, donde acompañaba a un jarrito de cerámica (aunque de un tipo que no tiene nada que ver con los de bronce); lo que constituye un magnífico paralelo para el caso que estamos viendo en esta entrada.

"Espada corta" del Puerto de Santa María (Según Giles Pacheco, 2000), del mismo tipo del que podría haber sido la de Alesga

En conclusión y para acabar: Cueva Güerta, al contrario de lo que se sigue sosteniendo, no tuvo un uso sepulcral en época visigoda. Y hay una necrópolis en sus inmediaciones que sigue esperando que alguien la "redescubra" y la excave.


14 oct. 2012

Hachas dobles de época visigoda. ¿Herramientas o armas?

Siguiendo con la serie dedicada a las hachas de época visigoda, le toca el turno a las hachas dobles, aunque ni aparezcan en cuevas (salvo quizá en Montou, aunque el dibujo  no es muy claro y por eso no lo trataremos aquí) ni contemos aún con ningún ejemplar cántabro.

Este tipo de objetos son conocidos desde hace mucho tiempo y, aunque en algunas ocasiones han sido interpretados como armas, las que han sido publicadas en época reciente lo han sido como herramientas; concretamente como dolabrae de origen tardorromano. En la Península se conocen unos cuantos ejemplares, de los que veremos una amplia selección un poco más abajo en esta misma entrada. En cuanto a lo que dicen las fuentes escritas, las Etimologías de San Isidoro, como siempre, vuelven a ser nuestra principal guía para poner nombre (y especificar uso) a estas piezas. El pasaje que el obispo hispalense dedicó a las hachas es el siguiente.

Securis vocatur eo quod ea arbores succidantur, quasi succuris. Item securis quasi semicuris; ex una enim parte acuta est, ex altera fossoria. Haec apud veteres penna vocabatur; utrimque autem habens aciem, bipennis. Nam bipennis dicitur quod ex utraque parte habeat acutam aciem, quasi duas pinnas. Pennum autem antiqui acutum dicebant; unde et avium pinnae, quia acutae. Et ecce nomen quod reservavit antiquitatem; quia veteres pennas dicebant, non pinnas. Haec et dolabra, quod habeat duo labra; nam securis simplex est. Dextralis dexterae habilis. 

Ascia ab astulis dicta quas a ligno eximit; cuius diminutivum est asciola. Est autem manubrio brevi ex adversa parte referens vel simplicem malleum, aut cavatum, vel bicorne rastrum.

Tras leerlo no me queda muy claro qué es cada cosa: dice primero que los securis también podrían llamarse semicuris porque tienen un lado afilado y otro para cavar, y luego que son de hoja simple, cayendo en una aparente contradicción. ¿Será que securis y semicuris eran cosas distintas y que las segundas tenían un lado afilado y otro con forma de azada? Quizá las semicuris (como las bipennis, con dos hojas afiladas) sean tipos concretos de dolabrae, que sabemos por el propio Isidoro que, al contrario que las securis, tenían dos extremos o filos. Completan la lista las dextralis (o pequeñas hachas que se manejaban con una sola mano) y las asciae, azadas o azuelas.

En una pizarra inscrita del siglo VII d. de C. procedente de Diego Álvaro (Ávila), aparece mencionada una de esas dolabrae de las que nos habla Isidoro y quizá también dos dextralis, en un contexto de trabajo agrícola:

(…) uadamus / ad fragis, ad uinias p[o]stas et pono te ibi in fragis et le- / uaui de domo Desideri p[---]rales duos, dolabra una (Velázquez Soriano, 2004: 219-234)

Los ejemplares de hachas dobles de época visigoda que hemos recopilado pueden dividirse en dos grandes tipos: las que tienen un filo vertical y otro horizontal y las que presentan dos filos horizontales, aunque de distinto tipo.

Las primeras (hachas de Deza y Vadillo) se caracterizan por tener el extremo opuesto al del filo (que es en "media luna") con forma de azuela o azada. Si tenemos en cuenta el texto de Isidoro que hemos visto más arriba, se trata claramente de dolabrae, y quizá, si nuestra interpretación es correcta, de  las que podríamos denominar semicuris, ya que uno de sus extremos sirve para cortar y el otro para cavar.



Hacha de Deza (Soria) (Según Dohijo, 2011)


Hacha de Vadillo (Soria) (Según Dohijo, 2011)


Las segundas, mucho más numerosas (Sant Julià de Ramis, Puig Rom, Castillo de los Monjes, Morcuera, Santa María de Matallana y Contrebia Leucade) presentan dos extremos afilados: uno principal , casi siempre simétrico y en la mayor parte de los casos con forma de "media luna"; y otro secundario, mucho más estrecho. En este caso, podríamos hablar de bipennis, ya que los dos lados de la hoja han sido diseñados para cortar.


Hachas de Sant Julià de Ramis (arriba) y Puig Rom (abajo) (Girona) (Según García y Vivó i Codina, 2003)

Hacha del Castillo de los Monjes (La Rioja) (Según Tejado, 2010)

Hacha de Morcuera (Soria) (Según Dohijo, 2011)

Hacha de Santa María de Matallana (Valladolid) (Según Crespo, 2009)

Hacha de Contrebia Leucade (La Rioja) (Según Hernández Vera et alii, 1996)


Tanto el diseño de las piezas como la mención de la pizarra de Diego Álvaro parecen indicar una función como herramientas, más que como armas. Para reforzar esa imagen contamos, además, con una evidencia directa, de época visigoda: una ilustración perteneciente al "Pentateuco Ashburnham" en la que se aprecia cómo dos bipennis del mismo tipo que las que acabamos de ver son utilizadas en tareas de construcción, concretamente para cortar la paja con la que se están haciendo ladrillos de adobe.


Sin embargo y pese a que parece claro que estas hachas dobles son útiles y no armas, no puede descartarse que llegasen a ser utilizadas en combate. Quizá, al tratarse de instrumental agrícola y/o forestal, en manos de las levas de campesinos y esclavos obligados a movilizarse como tropas de a pie en caso de guerra. E incluso existe la posibilidad de que, pese a todo lo que pueda parecernos, algunos de los ejemplares que hemos visto hayan sido armas y no herramientas. En la imagen inferior (del "Beato de Las Huelgas", del siglo XIII, muy posterior en el tiempo a la época visigoda) puede verse cómo un hacha del mismo tipo es empuñado por un guerrero cubierto por casco y hauberk o algo similar. 

(Imagen tomada de aquí)

El hecho de que los ejemplares de Sant Julià de Ramis, Puig Rom o el Castillo de los Monjes procedan de contextos claramente militares (castra o asentamientos fortificados en altura) podría apoyar esta interpretación, aunque de momento sea meramente hipotética.

8 oct. 2012

Quidam in regione Cantabriae Mauranus nomine...

Llegados a este punto en la vida del blog (y del Proyecto), con más de 10.000 visitas ya, creo que ha llegado la hora de contar la historia de quien le ha dado nombre y el porqué de su elección. Para aquellos poco familiarizados con las fuentes escritas tardoantiguas en las que se menciona a Cantabria o a los Cántabros, hay que decir que Mauranus es el protagonista cántabro de un milagro (post-mortem) de San Martín, ocurrido presuntamente en el siglo VI d. de C. y contado por Gregorio de Tours en su hagiografía del santo compartidor de capas con los pobres. La historia (sacada de aquí y en un perfecto latín) es como sigue:

40. De Maurano muto. (VMIV40) 40. Quidam in regione Cantabriae Mauranus nomine mane a lectulo consurgens, dum de domo egreditur, visum est ei quasi ab aliquo percussus fuerit in cervicem. Qui protinus ruens in terram, factus est tamquam mortuus, ac per triduum solo spiritu vivens, tamquam mortuus putabatur. Quarta autem die apertis oculis, nihil poterat loqui. Ablata enim ei fuerat fandi facultas. Auditis enim beati Martini miraculis, unum triantem nautis porregit, innuens cum supplicatione, ut eum ad beati antistitis templum deferrent. Quibus abeuntibus, ille ad domum suam reversus, vidit ante pedes suos aureum in similitudine triantis. Quo adsumpto pensatoque, unius solidi appensus est pondere. Quod ille cernens, dixit intra se: 'Reddidit mihi virtus beati Martini meritum pro fenore, quod eius templo direxi'. Et accensus desiderio, voluit in unam atque aliam navem conscendere, sed a parentibus est retentus. Reperta autem tertia nave, retenere penitus non potuit. Qua ascensa, cum inpellente vento altum mare ingressi fuissent, os eius virtus sancti antistitis reseravit. Qui, extensis ad caelum manibus, locutus est, dicens: 'Gratias tibi ago, omnipotens Deus, qui me hoc iter sulcare iussisti. Iam enim, priusquam templum sancti tui videam, eius beneficiis sum refertus'. Quibus navigantibus, Burdigala urbe adpulsi sunt; egressusque hinc de navi, ad basilicam sancti accedens ac votum suum exsolvens, quae scripsimus ab ipsius ore relata cognovimus.

Una versión al castellano del texto (libre pero bastante fiel, aunque esté feo que lo diga yo) sería la siguiente:

[Sobre el mudo Mauranus] Un tal Mauranus, de la región de Cantabria, al ir a salir de casa un día por la mañana cayó fulminado y quedó como muerto. Estuvo comatoso tres días y al cuarto, cuando despertó, resulta que había perdido el habla. Como se ve que no le gustaba nada lo de ser mudo y habiendo conocido la fama de milagrero que tenía San Martín (de Tours), intentó acercarse a la iglesia en la que estaban sus reliquias. Para ello fue a comprar un pasaje en un barco, pero no le llegaba el dinero y tuvo que volverse a su casa, con tan buena suerte que en el camino se encontró una moneda de oro muy gorda. El segundo intento de viajar a Francia lo frustró su familia, pero a la tercera consiguió embarcarse rumbo a Burdeos y, al rato de hacerse a la mar, recuperó el habla (gracias a la intervención divina, por supuesto). Siguió su viaje, llegó a la iglesia del santo (supongo que en Tours), cumplió su voto e incluso se lo contó al propio Gregorio, que estaba por allí. Y colorín, colorado, el cuento de Mauranus se ha acabado.

Parece una historia sin demasiada importancia, pero si hacemos una lectura atenta enseguida descubrimos que nos está dando un montón de información útil acerca de la Cantabria de época visigoda. Por partes:

- que Cantabria, en el siglo VI y tuviese la extensión que tuviese, tenía costa (al contrario de lo que siguen afirmando algunos investigadores, que para esas fechas la circunscriben al sur de la Cordillera y dejan la costa "pa prau")

- que en esa costa había puertos que seguían habitados (esos núcleos de origen romano que muchos consideran completamente abandonados para esas fechas porque hasta hace muy poquito no se han empezado a identificar contextos y materiales del siglo V d. de C. en adelante)

- que a esos puertos llegaban regularmente barcos que navegaban desde la costa atlántica francesa (siguiendo con toda probabilidad la misma ruta comercial inaugurada tras la conquista romana y caracterizada por la navegación de cabotaje entre el sur de Francia -Burdigala- y Galicia)

- que los habitantes de esos núcleos portuarios eran cristianos (nada de paganos recalcitrantes que serían cristianizados en fechas tan tardías como el siglo VIII d. de C. y de manos de los refugiados hispanogodos que huían de los musulmanes)

- que estaban al corriente de lo que sucedía al otro lado de los Pirineos (muy alejados, por tanto, de la imagen de aislamiento que tanto éxito tuvo en la historiografía hasta hace unas décadas)

- que tenían nombres romanos y hablaban latín (poco más hay que decir aquí, salvo que un nombre como "Mauranus", con esa raíz "Maur-" puede ser un buen paralelo para otros posteriores, como el del rey asturiano "Mauregato", sin tener que recurrir a fantasiosas etimologías, como el famoso "maura capta" y demás sinsentidos)

- y que hacían sus transacciones comerciales con moneda (quizá ya poca, pero moneda al fin y al cabo)

En resumen: que la Cantabria del siglo VI, lejos de la imagen que nos han estado vendiendo hasta hace algunos años, no era un lugar aislado, cerrado al mundo exterior y habitado por unas gentes que vivían de forma parecida a como lo hacían sus antepasados en la Edad del Hierro; sino que, en realidad, era un territorio en el que se vivía y se pensaba de forma muy similar a como se hacía en cualquier otro lugar de la Europa occidental o del mundo mediterráneo. Y por eso decidimos bautizar así a nuestro proyecto, porque estábamos convencidos (y cada vez lo estamos más) de que Cantabria no fue un sitio al margen entre los siglos V y VIII d. de C., de que la Historia no pasó de largo por esta tierra, sino que fue un trozo más del mundo occidental (con todas las particularidades que se quiera) y que compartió muchas más cosas con sus territorios vecinos de lo que cree gran parte del público interesado por estos "siglos oscuros".

Y ahora que ya lo sabéis, tendremos que mataros...










4 oct. 2012

La arqueología como excusa (una vez más)

Es tan común utilizar los "imprevistos" hallazgos arqueológicos que se producen en el transcurso de la ejecución de obras para justificar retrasos que debería tener su propia entrada en un diccionario de excusas. Y los medios de comunicación suelen servir con tanta frecuencia de irreflexivo altavoz de este recurso torticero que al final la opinión pública acaba asumiendo esta idea como cierta, cuando en la mayoría de los casos no es más que una forma de esconder la falta de planificación de quienes licitan, promueven y ejecutan las obras. Al final, todo se acaba resumiendo en una visión negativa de los restos arqueológicos y de la propia labor de los arqueólogos, ya que en este planteamiento en el que se emplea "la Arqueología como excusa", hallazgos y profesionales son presentados como un obstáculo, como los causantes de  los retrasos y, en último término, como los que provocan que cualquier obra demore innecesariamente su plazo de entrega y multiplique exponencialmente su precio original.

No es mi intención de abordar aquí el problema con un enfoque general, ya que daría para escribir un libro, sólo me voy a limitar a proponer una reflexión sobre un caso reciente que me toca por proximidad, geográfica y "de género": la iglesia de Santa María de Castro Urdiales. Hace más de un mes se publicaban en la edición impresa de El Diario Montañés informaciones sobre los hallazgos arqueológicos realizados en el transcurso de las obras. Los trabajos, dirigidos por el arqueólogo J. Marcos, han sacado a la luz parte de la necrópolis medieval y han permitido identificar elementos muy poco habituales en nuestro país, como las vasijas-incensario. Además, aportan otros datos de gran interés sobre la evolución del lugar en el que se ubica la iglesia gótica y sobre la propia historia del edificio.

Noticia publicada en El Diario Montañés el 18 de agosto de 2012
Hoy mismo se ha publicado una noticia en la prensa anunciando un retraso en las obras de restauración del edificio... achacable, por supuesto a la Arqueología, esa diva ingrata. Por si deciden volver a redactar la entradilla, costumbre habitual en la prensa digital, os dejo una imagen de la publicación original en la que he subrayado en amarillo el texto de la injusta acusación.

Noticia publicada en eldiariomontanes.es el 4 de octubre de 2012
No conozco los entresijos del procedimiento concreto en este caso, sólo dispongo de las informaciones publicadas en la prensa, pero estoy convencido de que, si las cosas se han hecho bien, la Arqueología poco o nada tiene que ver en esa necesidad de alargar los plazos. De hecho, no es el primer retraso que se denuncia en esta restauración y meses atrás el "culpable" parecía otro, tal y como se pudo leer en la prensa local. Tampoco es mi intención posicionarme en este caso que, insisto, utilizo a modo de ejemplo. Pero seguro que el hecho de que una iglesia es un yacimiento arqueológico no entraba en "los planes" de nadie (salvo en los del arqueólogo, que lo sabe y no me cabe duda de que habrá intentado hacérselo saber también al resto de los implicados en el proyecto). Lo que pretendo es llamar la atención sobre una cuestión de fondo, concretamente referida al caso de la realización de obras en edificios históricos de carácter religioso.

¿De verdad alguien pensaba que el subsuelo de una iglesia medieval iba a estar vacío? Realmente, el enfoque debería ser el contrario cuando se aborda una actuación en un lugar como este. Como lo más probable cuando hacemos "un agujero" en una iglesia o su entorno es que nos encontremos "algo" y, sobre todo, que nos topemos con su cementerio (interior en la Edad Moderna, exterior en la Edad Media...) o con las estructuras de otra iglesia más antigua... ¿no es mucho más útil considerar que todas las iglesias son un yacimiento arqueológico? Así no se extrañaría nadie de que aparezca "una necrópolis" o cualquier otra cosa propia del entorno en el que se trabaja. Sería también la manera de enfocar una planificación de tiempo y recursos realista. Existe la misma probabilidad  de encontrar restos arqueológicos en el entorno o en el interior de una iglesia, que de toparse con una tubería, un cable o cualquier otra canalización si se hace una zanja atravesando una calle de una ciudad cualquiera. No lo he calculado, pero debe de rondar el 95,5%. Y es un hecho cierto... , un hecho que no se puede obviar, no es una suposición, ni una estimación, ni una circunstancia, ni siquiera una hipótesis o una tendencia en interpretación del Patrimonio. Repito, la probabilidad es alta porque los restos en la mayor parte de los casos están ahí (y nadie ha ido a meterlos debajo por la noche ni nada parecido). Eso convierte a la Arqueología en una realidad (que no se quiere asumir) más que en una eventualidad y así debería ser tratada... de hecho así es tratada en otros lugares. Ejemplos como la catedral de Vitoria o la iglesia de El Salvador en Sevilla, en los que la Arqueología forma parte de la intervención (una intervención integral, que se llama) y no un mero accesorio, o la solución a una eventualidad.

En Cantabria nos cuesta entender esto... Rara es la obra que se hace en una iglesia y cuenta con algún tipo de actuación arqueológica. Total, para qué, todo el mundo sabe que la Arqueología lo único que puede hacer es retrasar la ejecución. Quizá para alguien en particular esa estrategia de "arriesgarse" (a pasar por alto que seguramente habrá restos) y "lamentarse" (de que han surgido imprevistos) sea la más eficiente. Ya lo dice la prensa... y el círculo puede volver a cerrarse una y otra vez sobre sí mismo, tomando casi como una cuestión de fe argumentos que justifican el maltrato de una profesión y la falta de consideración hacia los testimonios materiales del pasado.

2 oct. 2012

Por tierras de Francia

Como avanzamos días atrás, hemos pasado este fin de semana en tierras francesas presentando los resultados de la excavación de Riocueva y dando a conocer nuestras investigaciones sobre el fenómeno de las cuevas sepulcrales de época visigoda en Cantabria y en el conjunto de la península Ibérica en el 7º Colloque International de Saint-Martin-le-Vieil. El aperitivo a nuestra intervención en el coloquio fue una visita a la villa amurallada de Carcassonne. Estuvimos acompañados por Luis María Gutiérrez Soler, de la Universidad de Jaén, invitado al coloquio para presentar sus trabajos en las cuevas artificiales de Giribaile (Jaén).

Los responsables del Proyecto Mauranus a los pies de la murallas de Carcassonne
Aprovechamos para agradecer desde aquí la invitación y la buena acogida que nos ofrecieron nuestros anfitriones, la centenaria asociación Amicale Laïque de Carcassonne y la asociación local Les Creuzels de Saint-Martin-le-Vieil. Todo el mundo nos felicitó --está mal que lo digamos nosotros, pero así fue y así lo contamos-- por nuestro trabajo, cosa que agradecemos infinitamente, sobre todo viniendo de personas de reconocido prestigio como la arqueóloga medieval Marie-Elise Gardel, directora del coloquio, o el reputado prehistoriador Jean Guilaine, encargado de la presidencia del evento.

No nos extenderemos en más detalles sobre nuestra participación y sobre el intenso fin de semana de trogloditismo medieval, ya habrá ocasión en los días venideros. Sólo un par de retazos: estuvimos visitando las cuevas artificiales o creuzels que hacen famoso al pueblo en el que se celebraba el coloquio, una estructuras excavadas y utilizadas desde la Alta Edad Media; y como agradecimiento por nuestra participación en el evento recibimos un obsequio que incluía una botella de vino de Cabardès en cuya etiqueta figuraba ¡una estela discoidea medieval! Difícil de superar...

Marie-Elise Gardel durante la visita guiada a "Les Creuzels"
Yo no soy de beber mucho vino, pero hay etiquetas irresistibles
Se despidieron de nosotros deseándonos "bonne recherche!" (buena investigación) y esperamos que su deseo se cumpla. Ni que decir tiene que si nos invitan de nuevo, volveremos.