31 ago. 2012

La pizarra figurada de San Vicente de Río Almar (2): ¿Sin cofia, sin boca y sin monta "a la amazona"?

Uno de los elementos que permitió a sus publicadores identificar a la figura que aparece sobre el caballo como una mujer (y permite seguir haciéndolo a quienes vuelven a estudiar la pieza años después) fue la supuesta cofia que cubre su cabeza, ya que se trataría de una prenda exclusivamente femenina. Sin embargo, la forma con la que aparece representada hace que me surjan serias dudas acerca de esa identificación, principalmente porque la prenda del dibujo rodea toda la cabeza, como puede observarse en la siguiente imagen y difiere de los tocados de los siglos VI-VIII d. de C. Al menos de los que yo conozco, vía grupos de recreación, reconstrucciones y alguna ilustración de la época.


Detalle de la cabeza de la figura montada de la pizarra de San Vicente de Río Almar (según Santonja y Moreno, 1991-1992)


Damas con tocado en el Pentateuco Ashburnham o "Biblia de Tours" (siglos VI-VII)

Recreación de vestimentas femeninas hispanovisigodas y merovingias (Foto: Clan del Cuervo)

Reconstrucción del atuendo de la "Dama de Grez-Doiceau" (Dibujo: B. Clarys)

Lo representado en la pizarra no parece corresponderse con prendas de ese tipo, así que habría que buscar otra explicación para ello. ¿Cuál? Quizá ésta: no sería una cofia ni un tocado femenino, sino la parte que cubre la cabeza de un sudario o mortaja (y/o una barbillera, que es el paño con el que se envolvían las cabezas de los muertos para sujetarles las mandíbulas). Las imágenes de muertos para épocas tempranas no es que sean muy abundantes, pero haberlas haylas. Y sí se observa que, en la muy alta Edad Media, los muertos son sepultados con la cabeza envuelta pero con la cara descubierta. Veamos un par de ejemplos (que, como todos los demás que tienen que ver con muertos, me ha proporcionado amablemente la otra mitad de este blog):


Imagen de entierro en la Biblia Bizantina

Imagen de entierro en el Psalterio de Stuttgart (siglo IX)

Además, en la iconografía medieval (tanto temprana como posterior) los resucitados y "aparecidos" (fantasmas, "revenants" y demás familia) son representados vistiendo el sudario, pero con la cara descubierta, aunque fueran enterrados con ella tapada. De nuevo, algunos ejemplos:

Detalle de la resurrección de Lázaro en un mosaico de Ravena (siglo VI)

Detalle de la "cantiga del revenant", con éste aparecido (siglo XIII)

Llegados a este punto, hay que preguntarse: ¿es una cofia y, por tanto, quien la viste una mujer? O, por el contrario, ¿lo que viste la figura que monta el caballo es parte de un sudario y nos encontramos ante la representación de un muerto? Quedémonos con esta última idea y volvamos a la cabeza. 

Uno de los rasgos que más llaman la atención en el rostro representado en la pizarra es la ausencia de boca. No parece que se trate de un olvido por parte del artista, puesto que ha marcado incluso las pupilas y contaba con espacio libre suficiente en la parte baja del rostro para hacerlo. ¿Y a qué se debe esa ausencia? La verdad es que no está muy claro, pero sí que podría haber una buena explicación para ella en una ilustración perteneciente a un "beato". En realidad, a la única página conservada del que se considera como el más antiguo de todos ellos: el "protobeato de Silos", del siglo IX d. de C.

Escena del 5º sello en el "protobeato de Silos"

En ella, que narra la apertura del 5º Sello del Apocalipsis, se ven las cabezas de los mártires y ninguna tiene boca (se fijan en ello tanto Santonja y Moreno en la nota 46 como Cid en su trabajo sobre la miniatura de la "Apertura del Quinto Sello", quien también hace referencia al tema de las pupilas que veremos a continuación). Ni siquiera la que se supone que pertenece a Cristo (que también fue un mártir a su manera), de mayor tamaño, nimbada y que ocupa una posición central justo bajo el altar. Por tanto, podría proponerse que, en la tradición más antigua, las ilustraciones del Apocalipsis representaban a los muertos sin boca, aunque la ausencia de más hojas de este códice hace que sea imposible saber con seguridad si este curioso tratamiento se daba en él a todas las figuras humanas o sólo a las de los difuntos. En cuanto a las pupilas, únicamente la cara de Cristo cuenta con las dos, mientras que las cabezas de los mártires tienen, como mucho una y se supone que esa ausencia también es un rasgo que define a los muertos. ¿Por qué Cristo entonces, que también murió, las tiene? Quizá porque murió y resucitó (es decir, está vivo, también a su manera), mientras que los mártires aún esperan a hacerlo (y de eso va ese pasaje apocalíptico, de sus "ganas" de resurrección.

Finalmente, el último argumento manejado para defender la feminidad de la figura sobre el caballo en la pizarra es que, supuestamente, aparece montando "a la amazona". Es decir, sentada con las dos piernas hacia el mismo lado, en una pose típica de las mujeres, que no montaban a horcajadas. Mi opinión es que las propias características del dibujo de la pizarra impiden precisar si se trata de alguien montando de esa manera o si, por el contrario, tiene que ver con la propia representación, no demasiado realista. Existen más ejemplos de la época y veremos alguno en futuras entradas de este hilo, pero, por ahora, nos quedaremos con éste, en el que el jinete es, indudablemente, de sexo masculino y que guarda algunas curiosas similitudes con el que nos ocupa:



Recapitulando: hay elementos suficientes en la representación de la presunta mujer de la pizarra para considerar que lo que cubre su cabeza no es una cofia o tocado femenino y que no monta "a la jineta", por lo que el tema de su sexo dista mucho de estar claro. Y también para proponer que podría tratarse de una figura ataviada con indumentaria fúnebre, con rasgos faciales de cadáver (aunque con un importante matiz) y que monta un caballo, sin que pueda establecerse que lo haga de ninguna forma en concreto.

En la siguiente entrada trataremos de responder a la pregunta de si se trata en realidad de "la mujer que cabalga sobre la bestia".





28 ago. 2012

La pizarra figurada de San Vicente de Río Almar (1): algunas preguntas

El otro día, pensando una vez más en los dichosos "descarnadores-ceñidores-loquesean" y en la pizarra figurada de San Vicente de Río Almar, me vinieron a la mente algunas preguntas (quienes no conozcan la historia pueden seguirla, por orden, aquí, aquí y aquí).

Dibujo de la pizarra de San Vicente de Río Almar (según Santonja y Moreno, 1991-92)


¿Y si la figura que monta el caballo no fuese una mujer ni lo que cubre su cabeza una cofia? 

¿Y si la escena representada no fuese la de la mujer sentada sobre la bestia escarlata, sino otra? 

¿Y si esa escena también fuera apocalíptica? ¿Y si tanto el jinete como su acompañante tuvieran nombre conocido?

¿Y si el "ceñidor" antiguamente conocido como "descarnador" no fuese un elemento de la indumentaria al uso? ¿Y si esa fuera la causa de que la inmensa mayoría de los recuperados en actuaciones arqueológicas lo hayan sido en contextos de un tipo muy concreto?

Las respuestas a algunas de estas preguntas ni son fáciles de encontrar ni lo suficientemente rotundas como para zanjar el debate, pero sí que permiten perfilar las líneas generales de una interpretación bastante sugerente en mi opinión. Aunque no sea definitiva ni de lejos. 

En breve, la primera de esas respuestas.


22 ago. 2012

San Millán y el sensacionalismo


Hace un par de años publicamos un artículo en el que expresábamos nuestro punto de vista crítico sobre la hipótesis planteada por el estadounidense G. Kaplan acerca de una supuesta estancia de San Millán (473-574) en Valderredible y su relación con el desarrollo de la arquitectura rupestre. Esta hipótesis, publicada como artículo y como libro con el título El culto a San Millán en Valderredible, Cantabria: Las iglesias rupestres y la formación del Camino de Santiago, tuvo su eco en la prensa y ha alcanzado cierto éxito sobre todo en el ámbito local, hasta el punto de que son muchos los vallucos convencidos de que el mismo San Millán que fundó el monasterio de La Cogolla en La Rioja, pasó una larga temporada en Valderredible, cosa de la que no hay pruebas ciertas.

Muerte y sepultura del santo (Arqueta de San Millán, vía CVC)
La obra de G. Kaplan defendía principalmente tres ideas
  •  San Millán se retiró a Valderredible tras ser separado del cargo que le habían encomendado en la iglesia de Berceo. En esta comarca cántabra desarrolló parte su actividad, murió, recibió sepultura y allí permaneció su sepulcro hasta que en el siglo X fue trasladado a San Millán de la Cogolla.
  • El oratorio de San Millán y su sepultura se ubicaron en alguna de las iglesias rupestres de Valderredible, que fueron construidas en el siglo VII, tal y como evidencia la modulación de sus arcos de herradura.
  • La peregrinación a Valderredible para visitar las reliquias de San Millán entre los siglos VII y IX, que tiene como destino las iglesias rupestres, está en la génesis del Camino de Santiago que pasa por la comarca.
Como argumentamos en el mencionado artículo, "las tres ideas principales que sustentan su tesis están lejos de haber sido demostradas con los argumentos puestos en juego. No existe prueba alguna que permita certificar que San Millán vivió retirado en Valderredible, donde murió y se conservaron sus reliquias hasta su traslado al monasterio de San Millán de la Cogolla, en La Rioja. De hecho y como hemos tratado de exponer en este trabajo, existen numerosas evidencias de todo tipo que certifican todo lo contrario: que vivió, murió y fue sepultado en el territorio de la actual Rioja. Consecuentemente, tampoco puede haber constancia de que su oratorio y su tumba se localizasen en alguna de las iglesias rupestres de Valderredible, ni de que éstas fuesen construidas por los miembros de su comunidad durante el siglo VII. Y no la hay, como creemos haber demostrado en las líneas precedentes. Y finalmente, no puede demostrarse que haya existido un foco de peregrinaje en esa zona y basado en esas reliquias; ni que ese foco haya sido “precursor” –y luego parte integrante– del primitivo Camino de Santiago".

Sin embargo, convencido de la certeza de sus especulaciones y seguramente espoleado por el entusiasmo con que fue acogida su idea en algunos círculos regionales, desarrolló y complemento su tesis defendiendo un origen valluco de la lengua castellana en el libro Valderredible, Cantabria (España): Cuna de la Lengua Española. Aunque sus investigaciones filológicas cuentan con el aval de haber sido recogidas en revistas como Revista de Estudios Hispánicos o Medievalia, el mero hecho de partir de la base no demostrada de la residencia de San Millán en Valderredible en el siglo VI nos hace sospechar que nos encontramos de nuevo ante especulaciones recubiertas de un ténue barniz científico. Nuestra cautela deberá ser refrendada por una análisis riguroso de sus propuestas que nosotros, como arqueólogo que somos y no filólogos, no somos capaces de afrontar.

Ambas teorías, al parecer indisolubles, transpiran ese regusto sensacionalista que suele acompañar a la investigación estadounidense en el ámbito de la Historia, la Arqueología y disciplinas afines. Es habitual que desde "el otro lado del charco" nos lleguen ideas extraordinarias sobre lo que sucedió en Europa hace mucho, mucho tiempo que suelen esconder. en un enunciado muy atrayente, demasiada especulación como para ser tenidas por una investigación seria y rigurosa. Demasiados puntos en común, en ocasiones, con la prensa sensacionalista.

Aunque parece que en Cantabria el tema de San Millán ha dejado de tener interés y se ha ido diluyendo a la par que desaparecían de la escena pública sus valedores políticos, una noticia reciente ha vuelto a poner en contacto al eremita riojano con el sensacionalismo. Parece que una persona tan extraordinaria como relata la Vita redactada por San Braulio no puede pasar desapercibido ni después de casi 1500 años bajo tierra...

El titular que devuelve a San Millán a la primera plana por la puerta grande (del sensacionalismo) es el siguiente: Los restos del campo de trabajo de Ocón prueban la visita de San Millán de la Cogolla en el siglo VI. Aunque la noticia no desarrolla ni una línea sobre la información del titular y se limita a reflejar la visita de un político a un yacimiento arqueológico (sí, de nuevo un político), el mensaje es claro: San Millán estuvo allí. Nosotros mismos hemos defendido que los restos documentados en Parpalinas (Ocón, La Rioja) pueden ponerse en relación con el Parpalines donde se realizó el exorcismo de la Vita Sancti Emiliani, pero desde esa afirmación al rotundo "prueban la visita de San Millán" hay un salto tremendo que sólo se puede salvar con el impulso de algún hallazgo extraordinario. Aguardaremos la publicación de resultados... Seguramente aquí el investigador no ha afirmado nada semejante, porque a veces los periodistas toman algunos comentarios y suposiciones como palabra cierta.

Expulsión del demonio de la casa de Honorio en Parpalines (Arqueta de San Millán, vía CVC)
Echando un poco la vista atrás descubrimos que San Millán siempre han sido el reclamo de las excavaciones realizadas en ParpalinasUn campo de trabajo rastrea las huellas de San Millán, situando a los participantes en la actuación arqueológica "literalmente tras las huellas del santo". ¿No será mucho más razonable presentar la información así: Sylvia Sastre i Riba y Mª Teresa Antoñanzas visitan el campo de trabajo arqueológico de Parpalinas, en el Valle de Ocón (aunque repitan lo de las huellas del santo...), dejando que el santo descanse tranquilo y los arqueólogos desarrollen su trabajo sin personalizar? Sobre todo, porque puede llegar a ser frustrante perseguir una sombra con la certeza de que nunca vas a llegar a atraparla...



20 ago. 2012

Damasquina, que algo queda (y 4): raros y dudosos

Para terminar con la serie de entradas dedicadas a los broches de cinturón de época visigoda con decoración damasquinada conocidos en la Península Ibérica y Septimania (partes 1, 2 y 3 aquí, aquí y aquí, respectivamente) veremos algunos ejemplos que se salen de la norma; bien porque su cronología es anterior a la de los que hemos visto hasta ahora, bien porque morfológicamente son muy diferentes o bien porque su estado fragmentario impide hacer precisiones que vayan más allá de su mera identificación.

Comenzamos con el broche de Gereñu (Álava), recogido junto a una espada larga de un solo filo, dos puntas de lanza y un fragmento de herradura, todo ello asociado a restos humanos. Se trata de una pieza de pequeño tamaño, formada por una placa semicircular articulada a una hebilla ovalada y que ha sido interpretada recurrentemente como un fragmento de un broche liriforme. Sin embargo, en la revisión llevada a cabo por J. Pinar Gil (2009) este autor ha demostrado que, en realidad, se trata de una pieza de cronología algo anterior (finales del siglo V d. de C.) y con abundantes paralelos en otras zonas de Europa.


Broche de Gereñu (Álava) (según Pinar Gil, 2009)

Algo posterior, ya de la segunda mitad del siglo VI d. de C., sería este ejemplar de hebilla de hierro con decoración damasquinada procedente de la necrópolis navarra de Buzaga, cerca de Pamplona. Se trata de un yacimiento funerario, caracterizado por la presencia de armas en los enterramientos y los objetos de adorno personal de tipo merovingio-aquitano, que abarca una horquilla cronológica de entre mediados del siglo VI y finales del siglo VII d. de C. (si no es que llega a las primeras décadas del VIII d. de C., como sucede con los cementerios del mismo tipo de Pamplona y, muy probablemente, de Aldaieta) (Azkarate, 2007). Esta pieza, de innegable filiación norpirenaica, se correspondería con la fase inicial de uso de la necrópolis.

Hebilla de Buzaga (Fotografía: www.euskara.euskadi.net)

Los fragmentos de placas de hierro (presumiblemente liriformes o en forma de U) del Museo Arqueológico de Barcelona (Almagro Basch, 1944) y del Castillo de Los Monjes (Tejado Sebastián, 2011) presentan restos inequívocos de decoración damasquinada, aunque su estado de conservación no permite encuadrarlos con seguridad en ninguno de los tipos sobre los que hemos tratado en las dos entradas anteriores. En cualquier caso, parece que nos encontramos ya con producciones hispanovisigodas de los siglos VII-VIII d. de C., como parecen apuntar tanto la morfología de ambas como el contexto arqueológico en el que fue recuperada la segunda de ellas.

Placa conservada en el Museo de Barcelona (Fotografía: Almagro Basch, 1944)

Placa del Castillo de los Monjes (La Rioja) (Fotografía: J. M. Tejado Sebastián)

En los casos de uno de los broches de Nueva Carteya (Córdoba) (Palol, 1957) y del de Las Eras de Peñarrubia (Málaga) (Serrano y Alijo, 1992), la mala conservación de la decoración damasquinada nos deja con las mismas dudas que en los dos anteriores, aunque en esta ocasión las piezas se conserven completas, pudiendo apreciarse con claridad su perfil en forma de U. En el caso malagueño, donde es visible pare de la orla perimetral formada por pequeños círculos recortados en el latón, resulta obligado pensar en el la placa del broche de Las Penas, dado su acusado parecido formal.

Broche de Nueva Carteya (Córdoba) (Fotografía: Palol, 1957)
Broche de Las Eras de Peñarrubia (Según Serrano y Alijo, 1992)

Y en cuanto a la placa completa del Castillo de los Monjes (La Rioja) (Tejado Sebastián, 2011), esa completa ausencia de decoración puede hacer que existan dudas acerca de la existencia en ella de damasquinados (aunque yo estoy convencido de los tuvo ¿Por qué si no iba a ser la placa de hierro y no de bronce?), aunque su forma remite sin ningún género de dudas al mundo de los broches de cinturón hispanovisigodos con placas liriformes. Incluso podría afinarse un poco más y relacionar esa placa con las pertenecientes a un tipo que hemos individualizado en un trabajo reciente y que se caracteriza por un cuerpo central romboidal muy acusado, con las esquinas superior e inferior muy marcadas en el perfil (Fernández Vega et alii, 2010).

Broche del Castillo de los Monjes (La Rioja) (Fotografía: J. M. Tejado Sebastián)

Finalmente, hay que señalar la existencia de un ejemplar que, aunque comparte cronología de los siglos VII-VIII d. de C., responde a tipologías norpirenaicas: un broche de San Julià de Ramis (Girona). Esta pieza, caracterizada por un perfil dentado muy peculiar y una hebilla muy diferente a las de los ejemplares hispánicos coetáneos, presenta (o presentaba en el artículo que he manejado. Desconozco si se han publicado novedades al respecto en la monografía a la que no he tenido acceso) únicamente restos de bronce o cobre en tres puntos de la placa de hierro; correspondientes quizá a la unión a ésta de otros tres umbos de ese mismo metal que se han perdido. Todo apunta, no obstante, a que pudo contar con algún tipo de decoración damasquinada.


Broche de San Julià de Ramis (Girona) (Según García Jiménez y Vivó i Codina, 2003)



A continuación, la bibliografía utilizada en la redacción de esta serie. Como está sacada de varios trabajos y no me apetece perder tiempo dándole forma, veréis que hay distintos tipos de entrada. Espero que sepáis disculparlo.



ALMAGRO BASCH, M. (1944): “Las series griegas no ampuritanas del Museo Arqueológico de Barcelona”, Memorias de los Museos Arqueológicos Provinciales 4, pp. 62-64

ARIAS CABAL, P., ONTAÑÓN PEREDO, R., GUTIÉRREZ CUENCA, E., HIERRO GÁRATE, J. A. y PEREDA ROSALES, E. (en prensa): “El broche de cinturón de tipo visigodo de la Galería Inferior de La Garma” en ARIZAGA BOLUMBURU, B., MARIÑO VEIRAS, D., DÍEZ HERRERA, C., PEÑA BOCOS, E., SOLÓRZANO TELECHEA, J. A., GUIJARRO GONZÁLEZ, S. y AÑÍBARRO RODRÍGUEZ, J. (Coord.) Mundos medievales: espacios, sociedades y poder. Homenaje al profesor José Ángel García de Cortazar, Santander 

AZKARATE, A. (2007): “Necrópolis de Buzaga” en HURTADO ALFARO, M. A. (Coord.): La tierra te sea leve. Arqueología de la muerte en Navarra, pp. 195-198

ESCUDERO REMÍREZ, C. (2003): "Conservación de yacimientos y materiales arqueológicos. ¿Qué hacemos con lo excavado?", Patrimonio 12, pp. 24-34

FERNÁNDEZ VEGA, P. A., BOLADO DEL CASTILLO, R. y HIERRO GÁRATE, J. A. (2010): Una nueva placa liriforme procedente del yacimiento arqueológico de Santa Marina (Valdeolea, Cantabria), Kobie 14,  Bilbao

GARCÍA JIMÉNEZ, G. y VIVÓ I CODINA, D. 2003 Sant Julià de Ramis y Puig Rom: dos ejemplos de yacimientos con armamento y equipamiento militar  visigodo en el Noreste peninsular, Gladius XXIII, Madrid, pp. 161-190

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, R. y FERNÁNDEZ MATALLANA, F. (2007): “Nuevas placas de cinturón procedentes de la ciudad visigoda del Cerro de la Almagra (Mula, Murcia)”, Mastia 6, Murcia, pp. 165-179.

GONZÁLEZ SALAS, S. 1945 El castro de Yecla en Santo Domingo de Silos (Burgos), Ministerio de Educación Nacional, Madrid.

KOTARBA, J., CASTELLVI, G. y MAZIÈRE, F. 2007 Carte Archeologique de la Gaule, 66: Les Pyrénées Orientales, Paris.

PALOL, P. (1957a): “Bronces con decoración damasquinada en época visigoda”, Actas del V Congreso Nacional de Arqueología, Zaragoza, pp. 292-305.
PALOL, P. (1957b): “Los objetos visigodos de la Cueva de Los Goros (Hueto Arriba-Álava)”, Boletín de la Institución Sancho el Sabio1-2/I, Vitoria, pp.73-84.
PÉREZ RODRÍGUEZ-ARAGÓN, F. 1999 Un broche de cinturón damasquinado de época visigoda procedente de Monte Cildá (Olleros de Pisuerga, Palencia), Sautuola VI, Santander, pp. 453-456

PINAR GIL, J. (2009): “El hallazgo de Guereñu-Ozábal. Nuevos datos sobre el mundo funerario del territorio alavés en la Antigüedad Tardía”, Actas del Congreso “Medio siglo de arqueología en el Cantábrico oriental y su entorno”, pp. 925-952

RIPOLL LÓPEZ, G. (1998): Toréutica de la Bética (siglos VI y VII D.C.), Reial Acadèmia de Bones Lletres, Barcelona.
SERNA GANCEDO, M. L., VALLE GÓMEZ, A. y HIERRO GÁRATE, J. A. (2005): “Broches de cinturón hispanovisigodos y otros materiales tardoantiguos de la cueva de Las Penas (Mortera, Piélagos)”, Sautuola XI, Santander, pp. 247-277.
SERRANO RAMOS, E. y ALIJO HIDALGO, F. 1992 Una necrópolis de época hispano-visigoda en las eras de Peñarrubia (Málaga), en Actas del III Congreso de Arqueología Medieval Española, Oviedo, 27 Marzo-1 Abril 1989. II. Comunicaciones, Oviedo, pp. 110-120

TEJADO SEBASTIÁN, J. M. (2011): "Castros militares altomedievales en el alto valle del Iregua (LA Rioja, España). Una realidad poco común", Arcehologia medievale 38, pp. 137-182

VALLE, M. A.; MORLOTE, J M.; SERNA, A. y MUÑOZ, E. (1998): “La cueva del Portillo del Arenal (Velo, Piélagos, Cantabria). El contexto arqueológico de las manifestaciones esquemático-abstractas”, En el final de la Prehistoria

VIGIL ESCALERA, A. (2011): "Is it really relevant the ethnicicty of our historical subjects?, Arqueología y Territorio Medieval 18, pp. 45-53








16 ago. 2012

Asueto estival, vol. 3: Pla dels Albats

Para cerrar la trilogía de visitas durante las vacaciones, nos acercamos a la necrópolis de Pla dels Albats (Olèrdola, Barcelona). Probablemente no fuese en origen más que un barrio periférico de la villa medieval de Olèrdola, pero la historiografía le ha acabado por dar la posición relevante que merece. Está fuera de la muralla y del recinto del enclave de Olèrdola, pero es imprescindible la visita. Es quizá una de las necrópolis de tumbas excavadas en la roca más famosas de la península Ibérica, siempre aparece citada como ejemplo de cementerio "especializado", por la alta concentración de tumbas infantiles que aparecen.

Conjunto principal de tumbas, la mayor parte antropomorfas
Detalle en el que se aprecian los acusados rebajes para encajar las cubiertas
Es el cementerio medieval de la iglesia de Santa María, hoy en ruinas, aunque ese topónimo fue desplazado desde antiguo por otro que describe el lugar de una forma mucho más gráfica: Pla dels Infants, o "Llano de los Niños". Con el tiempo, la denominación tomó un matiz más culto y pasó a ser Pla dels Albats o "Llano de los niños muertos antes de tener uso de razón". Porque ese es el significado más ajustado de la palabra catalana albat, un término que no tiene traducción directa al castellano y que deriva del término latino albatus (vestido de blanco). Es la denominación que recibían los menores de 8 años en la Edad Media, a quienes se consideraba incapaces de haber incurrido en pecado mortal por no estar en pleno uso de razón. Algunos estudiosos consideran que los albats recibían un tratamiento funerario específico y se les enterraba en zonas determinadas del cementerio, preferentemente en zonas próximas al altar. La abundancia de tumbas infantiles en esta necrópolis se ha interpretado en ese sentido, considerando que era el lugar de descanso preferente para los albats y de ahí la denominación culta con la que actualmente se conoce al paraje. Es cierto que entre las más de 100 tumbas visibles también hay buenos ejemplos de tumbas de adulto, pero son  mayoría las infantiles, algunas correspondientes por su tamaño a individuos de muy corta edad, o al menos son las que más llaman la atención.

Otra perspectiva del sector central, con tumbas de adulto e infantiles
Tumba antropomorfa infantil





14 ago. 2012

Resaca mediática

Después de un fin de semana un tanto ajetreado por la publicación en prensa de los resultados de las excavaciones realizadas en la cueva de Riocueva en la campaña de 2011, volvemos a la normalidad. Ahora ya son muchos más (no sólo vosotros, fieles lectores de este blog) los que conocen el Proyecto Mauranus, aunque sólo sea por su cara más vistosa.

Como no todos habrán tenido la oportunidad de ver la versión "en papel" de la noticia, colgamos aquí lo que han publicado El Diario Montañés y Alerta, los dos principales diarios de Cantabria. Especial atención merece la versión de El Diario Montañés, ya que es el único medio que se ha preocupado de ampliar la información de la nota de prensa, poniéndose en contacto con nosotros.


La verdad es que estamos encantados con la repercusión que ha tenido la noticia, y aunque han sido muy pocos los medios de difusión nacional que se han hecho eco, vivir en la "era de la información" permite una difusión que hace algunos años era impensable. Cualquiera que se asome a un buscador de Internet y "pregunte" por Riocueva o por el Proyecto Mauranus va a conseguir información con suma facilidad.

La presencia en los medios nos facilita las cosas a la hora de solicitar financiación y siempre es una buena carta de presentación. Aunque la aportación económica del Gobierno de Cantabria ha permitido desarrollar hasta el momento la investigación sin muchos aprietos, necesitamos resursos económicos para cubrir algunas necesidades del trabajo de campo. En otros aspectos, la falta de dinero se suple con ilusión, muchas horas de trabajo en los ratos libres que nos dejan nuestras otras ocupaciones y la colaboración desinteresada de un buen número de investigadores (gracias a todos). Además, se ha generado un flujo importante de visitantes al blog, muchos de los cuales probablemente no conocía nuestro trabajo hasta ahora. Desde que se publicó la noticia el sábado, las visitas se han triplicado.

Hemos retirado el dossier para medios de comunicación (si alguien lo quiere, que lo pida) porque suponemos que ya ha cumplido su función. El que quiera saber más sobre los resultados de nuestros trabajos en Riocueva, que se pase por el blog. A partir de ahora, podemos contar muchas más  cosas sobre la campaña de 2011 de las que hemos avanzado aquí o aquí. Y en cuanto empecemos la nueva campaña, os iremos informando puntualmente del desarrollo de los trabajos.

Gracias a los que han hecho y hacen posible cada día este proyecto. Gracias también a todos los que nos han felicitado y a los que se interesan por nuestro trabajo. Y a los que sólo nos siguen por la prensa, intentaremos ofrecerles más titulares... Saber que no estamos solos nos empuja a seguir adelante en esto de la Arqueología.

11 ago. 2012

El anillo de Riocueva

¡Por fin! Nos hemos estado guardando la gran noticia 10 meses, pero ya lo podemos gritar a los cuatro vientos....

¡¡Un anillo de oro!!

Hemos contado aquí algunos detalles sobre la excavación que realizamos en 2011 en la cueva de Riocueva, pero a la espera de que el yacimiento estuviese convenientemente protegido y de que el Gobierno de Cantabria, que financia las actuaciones arquelógicas, nos autorizase a comunicarlo, no habíamos dicho nada del anillo.

Os lo mostramos aquí en exclusiva, con un par de imágenes que no han publicado los medios todavía.



Aquí algunos enlaces de la presencia en medios:

http://www.eldiariomontanes.es/20120811/local/cantabria-general/hallado-anillo-epoca-visigoda-201208111218.html

http://www.20minutos.es/noticia/1561885/0/

http://www.europapress.es/cantabria/cantabria-infinita-00662/noticia-hallado-anillo-oro-epoca-visigoda-cueva-riocueva-entrambasaguas-20120811115400.html

http://www.teinteresa.es/cantabria/santander/Hallado-anillo-visigoda-Riocueva-Entrambasaguas_0_753524986.html

La nota de prensa fue redactada por nosotros y la han respetado bastante, de modo que remitimos a su lectura para ampliar información. En los próximos días contaremos más sobre este sorprendente hallazgo.

10 ago. 2012

Asueto estival, vol. 2: Sant Miquel d'Olèrdola

Hacía tiempo que me apetecía conocer el lugar que da nombre a las tumbas "olerdolanas", Sant Miquel d'Olèrdola, y al final, de un día para otro y sin apenas planificarlo, allí nos plantamos una mañana de julio. Por si alguien a estas alturas no lo sabe, las tumbas antropomorfas excavadas en la roca fueron bautizadas a mediados del sigo XIX como tumbas "olerdolanas", ya que fue en este lugar donde se documentaron por primera vez, aunque fue A. del Castillo a partir de 1968 quien popularizó esta denominación.

Las tumbas de Olèrdola según A. de Laborde (1806)
Enclavado en un paraje espectacular que domina los paisajes del Penedès, en el extenso yacimiento de Sant Miquel d'Olèrdola se superponen ocupaciones y estructuras de la Edad del Hierro, la época romana y la Edad Media. Aunque nuestro interés principal era visitar los vestigios de época medieval, también recorrimos con calma el resto de las estructuras conservadas en el yacimiento, entre las que destacan las viviendas y silos tallados en la roca, la cisterna y la muralla de época romana, la propia iglesia de Sant Miquel, con algunos elementos prerrománicos, la torre romana y lo poco que queda del castillo medieval.

El "barrio ibérico" y la muralla romana
Muros, silos y cantera de época romana
Muralla medieval con la iglesia de Sant Miquel al fondo
Las tumbas excavadas en la roca se concentran en la zona de la cabecera de la iglesia y en la zona sur. La mayor parte tienen el característico contorno antropomorfo, con la cabecera y los hombros de formas rectas. Otra característica destacada es el rebaje para permitir el encaje de la tapadera.

Cabecera de la iglesia prerrománica y tumbas excavadas en la roca
Sector sur de la necrópolis de tumbas excavadas en la roca
Tumbas ubicadas más allá del muro que circunda la iglesia
Hay un par de casos en los que se ha colocado una tumba infantil a los pies de una tumba de adulto. La tumba infantil se dispone prácticamente perpendicular a la de adulto, con una orientación bastante desviada de la que es habitual en este tipo de cementerios.

Tumba antropomorfa de adulto con tumba infantil a los pies
Las excavaciones recientes, ligadas a la restauración de la iglesia de Sant Miquel, han permitido documentar algunas tumbas excavadas en la roca que conservaban los restos humanos en su interior. Una pequeña exposición temporal (De Sancti Michaelis a Sant Miquel) instalada en el centro de interpretación que hay al pie del yacimiento permite conocer algunos detalles sobre esas intervenciones, finalizadas en 2008. Uno de los datos más relevantes es la cronología de uso de algunas tumbas que se ha podido establecer en el siglo X gracias a las dataciones de Carbono 14.

7 ago. 2012

Paradoja equina subterránea (episodio 3)

En la anterior entrada dedicada a los esqueletos de animales en conexión anatómica de la cueva del Portillo del Arenal (nótese, aunque sea un spoiler de lo que se va a contar aquí, que no decimos ya "caballos") insistíamos en la necesidad de que un especialista en fauna examinase con detalle los restos óseos. Nos ha costado más tiempo del deseable cuadrar las agendas, pero al fin este sábado hemos conseguido visitar la cueva en compañía de J. Yravedra Sainz de los Terreros, arquezoólogo y tafónomo para que le echase un vistazo a los esqueletos.

Ha sido una visita breve, pero intensa. El acceso hasta la boca ha sido tan complejo como acostumbra, o quizá más en una época del año en la que la vegetación espinosa está en su pleno esplendor. A mí, particularmente, las zarzas, hiedras y escajos me han dejado una huella importante. Una vez allí, el acostumbrado ritual de descenso con escala hasta la Galería de los Derrubios y "a pulso" hasta la Galería de los Caballos para contemplar el particular fenómeno, poco frecuente en contextos hipogeos: esqueletos completos de herbívoros en conexión anatómica. Es más frecuente encontrar osos u otros carnívoros que utilizan las cuevas como refugio, pero los herbívoros, salvo en el caso de trampas naturales, no suelen aparecer así.

La sorpresa ha sido mayúscula para nosotros tras la inspección del primer esqueleto, al que llamamos con anterioridad Caballo nº 1. Este animal, que descansa plácidamente sobre su costado derecho e incluso ha sido portada de un libro, no es un caballo. La identificación del arqueozoólogo ha sido rápida y ha estado exenta de dudas, sólo con ver el primer hueso se ha mostrado convencido: Cervus elaphus. Por el tamaño y la ausencia de cornamenta debemos suponer que es una cierva. Ya en su momento, cuando recogimos algunos huesos de las extremidades delanteras durante la toma de muestras realizada en 2010 dentro del Proyecto Mauranus (financiada por el Gobierno de Cantabria), los identificamos con ayuda de un atlas anatómico como correspondientes a un ciervo, pero ni se nos había pasado por la cabeza que el resto del esqueleto fuese de un cérvido.

El arqueozoólogo examinando el cérvido anteriormente conocido como Caballo nº 1
La identificación del Caballo nº 2 no ha variado, sigue siendo una équido. Este ejemplar es el que ha sido datado por Carbono 14 en 9950±50 BP. Sí ha podido precisar el arqueozoólogo que se trata de un potro de no más de seis meses de edad y que podría haber pesado vivo no más de 150 kg. Muestra evidencias de la acción del agua en algunos puntos, pero no suficientes para plantear que el caballo haya llegado hasta ahí arrastrado por una fuerte corriente. Le preguntamos si era posible determinar si era doméstico o salvaje, pero con los datos que pudo recoger no parece viable. Sí nos indicó que, con esta datación, se refuerza el argumento de quienes creen que el caballo no desapareció de la península Ibérica al final de Pleistoceno para aparecer milenios después ya como la versión doméstica que llega hasta nuestros días.  Junto a su cabeza reposaba otro pequeño herbívoro que ha sido identificado como una cría de cabra

Una lección magistral sobre la anatomía del Caballo nº 2
La visita de J. Yravedra nos ha aclarado algunas dudas sobre los restos óseos conservados en la Galería de los Caballos (debería cambiar el nombre, justicia, por el de Galería del Caballo, la Cierva y la Cabritilla), aunque la pregunta clave sigue sin poder ser respondida satisfactoriamente. No sabemos cómo han llegado hasta este lugar los animales de los que se han conservado los esqueletos. Por más vueltas que damos por este piso del sistema kárstico, no vemos ningún lugar en el que situar una antigua boca que hubiese permitido el acceso de las bestias por su propio pie. Tampoco hay ningún punto en el techo en el que se aprecie un agujero que sirviese como trampa natural. 

Seguimos pensando que la mano del hombre ha tenido algo que ver en la entrada de los animales en esta zona profunda de la cueva. En el paso por el que se desciende se ha roto una gruesa estalactita de forma intencional para facilitar el tránsito ¿quizá para permitir el descenso de los animales depositados en el piso inferior? El arqueólogo E. Muñoz insiste en que tiene que haber una relación entre esa estalactita rota y los esqueletos. Aunque es una operación no exenta de complejidad, por ahora parece más verosímil la opción de que alguien llevó hasta allí los animales y los colocó de forma intencional sobre el suelo de la cueva. 

2 ago. 2012

Asueto estival, vol. 1: Villa Fortunatus

Aunque todos los años intento reservar una semana al descanso veraniego de antigua escuela (playa, piscina, siesta, etc.), siempre acabo seducido por alguna visita cultural en esos días. En este caso han sido un par de pequeñas incursiones a lugares que había dejado escapar o no había tenido tiempo de visitar durante mis anteriores incursiones vacacionales en el bajo valle del Ebro.

El primero de los lugares que he tenido oportunidad de visitar es el yacimiento arqueológico bautizado como Villa Fortunatus en Fraga (Huesca), una espectacular villa romana sobre la que se construyó en el siglo V una basílica paleocristiana con baptisterio y necrópolis. Después de dar un par de vueltas por el pueblo a la búsqueda de una señal que nos indicase el camino, tuvimos que recurrir al GPS de toda la vida (preguntar en la gasolinera) para localizar el yacimiento, escasamente señalizado. Allí nos recibió Paco, el guarda y guía, quien nos atendió exquisitamente, extendiéndose en las explicaciones y respondiendo a todas las preguntas que le planteamos.

Una visita agradable, a pesar del asfixiante calor que hacía dentro de la nueva cubierta de la que ha sido recientemente dotado el enclave, cercano a los 40º.  Conviene señalar que, a pesar del calor y de que no haya podido integrarse bajo la cubierta la zona de las termas, la obra confiere buena protección a los restos arqueológicos y la pasarela facilita el tránsito y la contemplación de las estructuras.

Vista del patio central y de la estructura de cubierta de la villa
El elemento más destacados de la villa romana, construida en el siglo II d.C. y reformada en época bajoimperial, son sus mosaicos, muchos de ellos conservados in situ  en muy buenas condiciones. Por desgracia para el visitante, las decoraciones musivarias más relevantes han sido trasladadas al Museo de Zaragoza, por lo que no se pueden contemplar en su contexto ni el calendario agrícola, ni el mosaico decorado con un crismón en el que figura la inscripción FORTV NATVS que da nombre actualmente a la villa. Además, llama la atención la amplitud del patio central en torno al que se organizan las estancias, de unos 300 m2.

Mosaico con la inscripción FORTV NATVS, Museo de Zaragoza (Foto: Wikipedia)
Mosaico conservado en el yacimiento
Sin embargo, lo que siempre ha reclamado mi atención sobre este lugar es el edificio que se instala sobre las estancias occidentales de la villa en torno al siglo V: una basílica para el culto cristiano. Orientada hacia el NE, para adaptarse a la disposición de los muros romanos sobre los que se asienta, tiene tres amplias naves, cabecera cuadrangular al exterior y semicircular al interior, iconostasis y baptisterio a los pies del templo. Algunos aspectos concretos, como la superposición de estructuras, la disposición elevada de la zona del ábside o la ubicación de sepulturas en zonas interiores del edificio a cotas relativamente bajas hace compleja la interpretación del edificio, que podría tener al menos dos fases de construcción, llegando con modificaciones hasta el final de la época visigoda.

Vista parcial de la basílica
Las dos zonas más singulares de la basilica son su capilla mayor elevada, que conserva en el centro el pie del altar monolítico con el habitual hueco para las reliquias, y el baptisterio a los pies de la basílica. La elevación del ábside en relación en el resto del edificio y la existencia de unas escaleras que aparentemente descendían hacia el interior de esa cabecera sobrelevada hicieron suponer en su momento que existía una cripta, pero lo cierto es que la plataforma del ábside es maciza y que las escaleras pertenecían a la fase romana y no tenían nada que ver con el edificio de culto. En cuanto al baptisterio, es una pequeña piscina que está en el exterior de la basílica, rodeada por cuatro columnas. Tendría en origen un aspecto muy similar al de la cercana basílica de Bovalar (Serós, Lérida), conservado en el Museu d'Història de Catalunya, con columnas y arcos sosteniendo la cubierta. En la zona del baptisterio se ha reutilizado una ara romana, colocada del revés.

Detalle de la plataforma del ábside, con el tenante de altar
Baptisterio
Dentro de los muros de la basílica y a su alrededor se disponen sarcófagos y tumbas de lajas que forman parte de la importante necrópolis asociada al templo. Por desgracia, muchas de las sepulturas fueron desmanteladas durante las excavaciones antiguas, pero los restos conservados permiten hacerse una idea e la extensión e importancia del espacio cementerial vinculado con este centro de culto que, si en inicio pudo dar servicio a los habitantes de la villa, seguramente con el tiempo atendió las necesidades espirituales de una población más extensa ya en época visigoda.

Tumba de lajas colocada en una de las habitaciones de la villa romana
Las excavaciones más recientes, que han contribuido decisivamente a profundizar en el conocimiento de este singular yacimiento, fueron llevadas a cabo por F. Tuset y confiamos en que pronto se publiquen los resultados.

1 ago. 2012

Una lanza curiosa

Hace unos años, me hicieron llegar la fotografía de una curiosa punta de lanza de hierro y me pidieron una opinión sobre ella. La pieza en cuestión, que apareció en el fondo de una sima (en un lugar del alto Asón o del alto Miera cuyo nombre no recuerdo) junto a un cráneo de oso y se conserva en el MUPAC, es ésta:


Como puede observarse, se trata de una punta de lanza de hierro de gran tamaño (algo más de 70 cm. de longitud), con una hoja muy desarrollada y de tendencia alargada y unas aletas o alerones muy característicos en su extremo proximal.

Su morfología, especialmente esas aletas, me hizo pensar en un principio que podríamos estar ante una punta de lanza de cronología altomedieval. Concretamente, ante una lanza de caballería de tipo carolingio, de entre finales del siglo VIII y el X. Ese tipo de armas, que parecen derivar de las lanzas de caza tardorromanas y sus evoluciones tardoantiguas, forman parte de la panoplia de los caballeros francos al menos desde el reinado de Carlomagno.

Lanza de caballería con alerones representada en el Salterio de Stuttgart (siglo IX)

Lanzas de tipo franco procedentes de los Balcanes (según Bekic, 2003)

Sin embargo, el tamaño de la pieza (demasiado grande en comparación con la mayor parte de los ejemplares altomedievales, aunque haya algunos de longitud similar) y, sobre todo, el contexto (una sima en un entorno de montaña caracterizado por el relieve calizo, muy poco adecuado para el uso de caballería pesada y alejado de posibles frentes de batalla al menos desde el siglo VIII) hicieron que descartase casi totalmente esa posibilidad.

Intrigado por el asunto, pregunté al recreacionista medieval (y novelista) Yeyo Balbás por armas de asta medievales con alerones y me puso tras la pista de una publicación cuyo nombre tampoco recuerdo y de la que saqué esta tabla:


En ella podemos ver cómo la mayor parte de las lanzas de ese tipo son altomedievales y que las más tardías (que era mi segunda opción) no eran muy parecidas, aunque en algunos casos contaban con hojas largas y alerones muy marcados.

Por tanto, si no era una lanza de caballería franca ni una lanza de guerra bajomedieval, ¿qué diantres podía ser aquéllo? Tuve que completar todo el círculo y llegar al origen del asunto para encontrar una explicación satisfactoria. La lanza apareció en una sima junto a restos esqueléticos (al menos un cráneo) de algo parecido a ésto:

Coño, el oso en persona una vez más (Fotografía de J. Lafargue sacada de aquí)

Y, si bien es cierto que quizá las dos cosas hayan caído por separado y en épocas diferentes a la torca, resulta más sencillo pensar que ambas están relacionadas. Máxime cuando las lanzas de caza, ya desde época tardorromana, presentan unos alerones muy característicos destinados a hacer de tope e impedir que el animal, al ser ensartado, se deslice hasta el cazador y le alcance con sus zarpas, colmillos o lo que sea. Existen numerosas representaciones de lanzas de ese tipo usadas para cazar jabalíes y osos en la Baja Edad Media y a inicios de la Edad Moderna. Sirvan como ejemplo estos dos grabados alemanes del siglo XVI:



Pero, para poder sostener esa identificación de la pieza (una lanza de caza medieval o moderna) hacía falta algún paralelo más cercano en el espacio. Y a falta de objetos de museo, encontré unas curiosas representaciones gráficas que hablan por sí solas y que demuestran a las claras el uso de ese tipo de armas venatorias en el norte de la Península Ibérica hasta fechas tan tardías como el siglo XVIII:

Portada del tomo de la obra "Escudos de Cantabria", de M. C. González Echegaray, dedicado a la Merindad de Trasmiera (Fotografía sacada de aquí)

Escudos asturianos del siglo XVIII (Fotografías: G. Fernande Gutierri, 2010)

En conclusión: creo que se trata de una lanza utilizada para cazar osos (de ahí su gran tamaño y sus alerones) con una cronología amplia que iría desde la Alta Edad Media hasta finales de la Edad Moderna (aunque yo me inclino por una fecha tardía). Y que su dueño, el día que la uso por última vez, se quedó sin lanza y sin oso, porque éste se la llevó con él a su tumba subterránea. Descanse en paz (el oso, claro).