30 jun. 2012

¿Otra muela mágica?

Cuando escribía la entrada sobre las "muelas mágicas", al hablar de los fragmentos de molinos rotatorios presentes en la cueva de Las Penas, un recuerdo incompleto me asaltaba: había más en alguna otra cueva similar, pero no conseguía recordar en cuál. Lo cierto es que pensé en Cueva Foradada (Sarsa de Surta, Huesca), tan parecida en casi todo a Las Penas, pero revisé la publicación y no encontré ninguna mención a fragmentos de molino; ni en la "cámara sepulcral" ni formando parte del muro que la sellaba. Así que creí que estaba mezclando cosas y me olvidé del asunto. 

Sin embargo, la semana pasada encontré la cueva en cuestión. Estaba repasando algunas publicaciones, en uno de esos ratos en los que me planteo si merece la pena seguir investigando estas cosas o es mejor olvidarse y centrarse en otras ocupaciones más mundanas (trabajo, niña, etc.), cuando di con ella. Estaba relativamente cerca y es uno de los grandes clásicos del género: la cueva de Los Hornucos, en Suano (Campoo de Suso, Cantabria).

Boca de la cueva de Los Hornucos (Suano)

Descubierta y excavada por Carballo en los años 30 del siglo XX, proporcionó numerosos materiales de época visigoda (también prehistóricos, tardorromanos y medievales, aunque en menor medida), muchos de ellos desaparecidos desde hace décadas. La cueva merece una entrada monográfica, así que no me extenderé demasiado ahora. Únicamente hay que señalar que su descubridor interpretó los materiales hispanovisigodos de la sala más exterior como evidencias de su uso habitacional por parte de poblaciones refugiadas en la zona tras la invasión árabo-bereber de 711, y los restos humanos diseminados por todo el interior como enterramientos prehistóricos. Esa interpretación ha sido la que ha perdurado hasta hace muy pocos años, cuando P. A. Fernández Vega (2006) planteó la posibilidad de que esos muertos (o al menos una parte) estuviesen relacionados con los objetos altomedievales. Yo, que hasta entonces seguía a Carballo, soy ahora partidario de la tesis de Fernández Vega; mucho más después de haber visitado la cavidad y comprobado que es del todo inhabitable. Y de haber releído al ilustre arqueólogo gallego y "redescubierto" aspectos que en su momento pasé por alto o no supe interpretar.

J. Carballo dirigiendo los trabajos en la primera sala de la cueva en 1935

El que interesa a esta entrada es la existencia de un muro que cerraba la entrada (¿de qué me suena?), construido con grandes piedras de la zona. Entre éstas, formando parte de la estructura (que dejaba pasar el río que nace bajo la boca), se localizó un fragmento de molino de mano circular; concretamente, casi la mitad de una solera o meta.

Imagen del diario manuscrito de J. Carballo en el que se recoge el hallazgo de la pieza, que se dibuja a un lado

Puede que se trate sólo de una casualidad, pero un fragmento de muela en un muro que sellaba la entrada a una cueva con restos de época visigoda hace que inmediatamente venga a mi cabeza el caso de Las Penas. De ser correcta la interpretación que planteé para los restos de molinos de esa cavidad, tendríamos un nuevo argumento para sostener el posible uso sepulcral de Los Hornucos: la existencia de medidas "necrofóbicas" (muro de cierre y presencia en él de objetos "protectores") serían la prueba de la presencia de muertos en el interior. Si eso es así y algunos de los enterramientos de las zonas profundas de la cueva tienen relación con los materiales presentes en la primera sala, nos encontraremos ante una nueva modalidad de cueva con uso sepulcral en época visigoda. En este caso, no se introduce en la cueva a los muertos presuntamente "problemáticos" y se les deposita allí junto con sus cosas, sino que se llevan primero los cadáveres a una zona interior, se meten después los que podrían ser sus objetos de uso cotidiano, que se dejan en la entrada; y, finalmente, se sella la boca, tanto física como "mágicamente". 

Es una hipótesis sugerente, que habría que contrastar con una intervención arqueológica de cierto calado, pero que podría verse reforzada por otro de esos detalles que cuenta Carballo que encontró en Los Hornucos y que no he sabido descifrar hasta hace muy poco. Pero de eso hablaré en el próximo The (Medieval) Walking Dead.





BIBLIOGRAFÍA:


CARBALLO, J. 1935 La caverna de Suano (Reinosa), Altamira 3, Santander, pp.233-252.

FERNÁNDEZ VEGA, P. A. 2006 De `Los Cántabros´ al final de Cantabria: arqueología en siglos oscuros, en FERNÁNDEZ VEGA, P. (Coord.): Apocalipsis. El ciclo histórico de Beato de Liébana, Catálogo de la Exposición, Santander, pp. 71-89

BARANDIARÁN, I. 1973 Restos visigodos en la cueva Foradada (Sarsa de Surta, Huesca), Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón, IX, Zaragoza.

SERNA GANCEDO, M. L., VALLE GÓMEZ, A. y HIERRO GÁRATE, J. A. 2005 Broches de cinturón hispanovisigodos y otros materiales tardoantiguos de la cueva de Las Penas (Mortera, Piélagos), Sautuola XI, Santander, p. 247-277.








28 jun. 2012

San Miguel de Aguayo, arqueología bajo cero (1)

Para combatir el agobiante calor de estos últimos días, viene bien pensar en cosas refrescantes. ¿Y qué hay más refrescante que la nieve? La verdad es que nieve y arqueología no son buenas compañeras, pero hay veces que el peor escenario posible puede llegar a empeorar y esta fue una de ellas.

Entre finales de 2010 y principios de 2011 llevamos a cabo una excavación de urgencia en la necrópolis altomedieval de El Campo, en San Miguel de Aguayo (Cantabria). La actuación estuvo dirigida por J. A. Hierro Gárate (coautor de este blog) y contó con la colaboración de Silvia Gómez Arce, Helena Paredes Courtot, Rafael Bolado del Castillo y un humilde servidor. Y todos, sin excepción, pasamos mucho frío. Entre otras cosas porque en el rincón en el que excavamos nunca (ni en invierno, ni en verano) daba el sol. Como el glorioso imperio español del siglo XVI, pero al revés.

Para evocar aquel tiempo no tan lejano en el que el termómetro marcaba negativo, el gorro de lana era nuestro mejor aliado y nuestros pies entumecidos tenían la misma temperatura que el famoso helado de color rosa, os dejo aquí una selección de fotografías.

Amanecer "de postal" en San Miguel de Aguayo
Bajo la nieve se intuyen un par de tumbas de lajas
Una vista de conjunto de la necrópolis cubierta de nieve
Esto era lo que había debajo de la nieve (y de la tierra)
Tumbas de lajas escarchadas
Más tumbas de lajas escarchadas
Visibilidad nula, lo que brilla es el reflectante de la chaqueta de alguien excavando
Aunque asome el sol al fondo, en nuestro sombrío rincón hacía mucho frío
Eso que brilla en el fondo de la tumba es hielo (sí, no son cristales rotos)
A pesar de tener que luchar contra los elementos, y teniendo en cuenta que lo que primero fue nieve, tierra helada o escarcha, terminó siendo un barro tan pegajoso como el que se encontró el ejército alemán en el frente del este durante la II Guerra Mundial, los resultados de la la excavación fueron bastante satisfactorios. En los próximos días iremos desvelando los secretos de esta necrópolis que esperaba agazapada en el corazón de un pequeño pueblo de la Cantabria montañosa.

24 jun. 2012

Cine visigodo (1): coronas bizarras

Sería el año 85 u 86 y la Peña "El Juncu" de mi pueblo, de la que mis padres y familiares cercanos eran por entonces miembros muy activos, organizaba los domingos unas proyecciones de cine en los bajos del Ayuntamiento, en lo que ahora es el salón de plenos. Las pelis eran cutres a más no poder y sólo recuerdo haber visto allí "El guerrero rojo", infame subproducto hecho con los restos de otro infame subproducto: "Conan el destructor" (a veces, en sueños, imágenes terroríficas de un Tintín pesadillesco asaltan mi memoria, pero no estoy seguro de que tenga algo que ver con aquel "cine" de pueblo...). Como mi padre era uno de los que ponían las pelis, por mi casa solía circular un catálogo con todas las que ofertaban los señores que alquilaban el proyector y siempre me quedé con ganas de ver una, cuya carátula me tenía fascinado. Ésta:


La sinopsis hablaba de un aventurero que tenía que encontrar cuatro coronas mágicas visigodas (sí, sí, visigodas) y, claro, a mi mente preadolescente le daba por imaginarse a una especie de Indiana Jones (por esas fechas vi "En busca del arca perdida" en video, por cierto) a la española, con trampas, reliquias y fantasmas. Obviamente, de arqueología de época visigoda cuando aquello, ni papa. Pero aun así, la cosa motivaba. Lamentablemente, nunca trajeron la película y eso que me consta que mi insistencia no cayó en saco roto y se pidió. Lástima.

Pasaron muchos años, a mí me dio por la arqueología de época visigoda (que es un mal vicio como cualquier otro) y un buen día, mi cerebro inconsciente decidió desenterrar uno de los muchos recuerdos inútiles que guarda con empeño digno de mejor causa: "El tesoro de las cuatro coronas". Y de regalo, quién era su protagonista femenina: la sin par Ana [García] Obregón (que también salía en "Bolero" con Bo Dereck, truño erotico-festivo-cañí y olé; en "Policía", otro clásico hispánico olvidado, junto a Emilio Aragón; o en aquel episodio inolvidable del "Equipo A"; entre otras muchas joyas). Una película sobre tesoros visigodos, aventureros audaces y con Ana Obregón tenía por fuerza que ser canela en rama, así que decidí buscar en la red. Busqué pues y no tardé en descubrir que se había convertido en un filme de culto... de culto para los amantes del cine-basura patrio, pero de culto al fin y al cabo. Y que la película, aparte de sus ya descritos encantos, tenía una banda sonora firmada nada más y nada menos que por Enio Morricone (se ve que tenía muchas facturas que pagar) y que, agarraos, se rodó en 3D (y por eso, supongo, nunca llegó al cine de la peña "El Juncu", que no estaba preparado para tanta modernidad). En un 3D cutrongo de la época, por supuesto, del que se veía con aquellas gafas de cartón y papel celofán azul y rojo (las mismas que mi madre no quiso comprarme en 1984 para ver "Fort Ti" en TVE1. Aún se la guardo...).

Volviendo a la película, quien quiera verla puede hacerlo en YouTube, aunque con un enorme pero: está en diez trozos y hay que tragarse los comentarios de varios expertos en frikismo y bizarrías cinematográficas varias. Lo cierto es que tiene su gracia, pero no dejan que la película pueda apreciarse como dios manda. Y es una lástima, porque la cosa promete ser una experiencia inolvidable (no quiero pensar lo que tuvo que ser verla en su momento en 3D...). Si algún alma caritativa la tiene en formato digital, lee esta entrada y me la pasa le estaré eternamente agradecido. De momento, una imagen para abrir boca: ésta es una corona hispanovisigoda (la foto se la he robado, en este mismo blog, a E. Gutiérrez Cuenca) como las que forman el tesoro que da nombre y argumento a la película. 


Antes de que nadie se mofe por adelantado, que conste que las coronas de la peli están muy logradas. Pero mucho.Y para terminar, un enlace sólo para cinéfilos con mucha, mucha clase. En un formato hecho para el arte. Que lo disfrutéis.


20 jun. 2012

Respalacios, una necrópolis bajo la autovía (y 3)

Sin duda una el hallazgo más relevante realizado durante la excavación de la necrópolis de Respalacios  fueron las estelas utilizadas para señalizar algunas de las tumbas. No es habitual la recuperación in situ de los elementos de señalización de sepultura utilizados en la Edad Media, la mayoría han llegado hasta nosotros completamente descontextualizados.

Por una parte, se han podido documentar un número importante de lo que se conoce como "estelas anepigráficas", colocadas en la cabecera de las tumbas. Se trata de bloques de piedra, habitualmente de forma rectangular o triangular, que simplemente se clava en el suelo a modo de cipo. Reciben el nombre de anepigráficas porque no tienen inscripción ni decoración, aunque es más su forma que esta característica lo que las distingue de las estelas discoideas. Como veremos, hay estelas discoideas que tampoco tienen decoración ni inscripción. En Respalacios se han identificado casi una docena de posibles "estelas anepigráficas".

Dos tumbas con posibles "estelas anepigráficas"
Otras dos tumbas con posibles "estelas anepigráficas"
Por otra parte, en la excavación aparecieron cuatro estelas discoideas, tres de ellas decoradas. Al margen de su interés para los estudiosos de las estelas medievales (es casi una disciplina propia dentro de la Arqueogía Medieval), lo más destacable es que todas ellas han aparecido en contexto y, lo que es aún más relevante, de una de ellas se ha documentado su posición original. Como recoge J. Menchón en su artículo de síntesis sobre las estelas medievales en contexto, no son muchos los casos que se conocen en la península Ibérica. 


Estela 1 (sin decoración) en el momento de su hallazgo
Como se puede apreciar, la Estela 1 no está decorada (Foto: GAEMarqueólogos) 
Disco de la Estela 2 in situ
Estela 2, decorada con una cruz en una de sus caras (Foto: GAEMarqueólogos) 
Hallazgo de la Estela 3
Estela 3, decorada con una cruz en una de sus caras (Foto: GAEMarqueólogos)
La Estela 4 en contexto
Estela 4, con decoración en ambas caras (Foto: GAEMarqueólogos)
El vástago de la Estela 2 estaba clavado en su posición original, en la cabecera de la Tumba 55. Era una de esas tumbas de doble cubierta de las que hablamos en la anterior entrada y la estela quedaba a la vista, al nivel de la cubierta superior. Aunque el disco apareció desplazado de su sitio, sobre la tierra que cubría la tumba, ambos fragmentos encajan perfectamente y no hay ninguna duda de que forman parte de la misma estela. Como dato llamativo, la cruz que decora la estela no quedaba a la vista desde lo que habitualmente consideramos el "anverso", sino que estaba en la cara contraria a la tumba. No sabemos a qué responde esta colocación, quizá estuviese reutilizada de forma inapropiada, o esa era una forma habitual de colocar las estelas.

Tumba 55, con el vástago de la Estela 3 clavado en la cabecera
Para establecer una cronología de estas estelas nos encontramos con los mismos obstáculos que a la hora de determinar el momento en el que estuvo en uso el cementerio. No disponemos de dataciones de Carbono 14 y sólo podemos establecer hipótesis a partir de paralelos formales que, en muchos casos, tampoco están fechados con seguridad. Fueron talladas y utilizadas entre los siglos VIII y XII, sin que sea fácil hacer mayores precisiones. Algunos rasgos característicos, como las molduras del perfil del disco, presentes también en una estela de El Conventón de Rebolledo, permiten suponer que son de un momento temprano de la Alta Edad Media.


Hasta aquí llega de momento la serie de entradas dedicadas a este extenso cementerio medieval. Los resultados de esta excavación están recogidos en el artículo "Actuaciones arqueológicas en la ermita y la necrópolis medieval de Respalacios (Villordún, Cantabria)", publicado en la revista Sautuola.

19 jun. 2012

Aire nuevo

Cuando empezamos con este asunto del blog no le dedicamos demasiado tiempo al aspecto externo, fuimos de cabeza a crear contenidos, contenidos y más contenidos. Es cierto que las opciones de personalización de esta plataforma no son demasiadas y que las plantillas suelen ser poco atractivas, de manera que optamos por el aspecto más neutro posible, dentro de unas líneas de diseño que fuesen acordes con lo que contamos. Después de más de 5.000 páginas vistas por cerca de 700 visitantes (el 70% son muy fieles, por cierto, y vuelven una y otra vez), ha llegado la hora del diseño. Que tampoco espere nadie gran cosa, pero toca retocar un poco el aspecto del blog.

Para empezar, toca elegir un nuevo logotipo. Para el blog y para el proyecto en general... Aquí están las propuestas y esperamos vuestra ayuda elegir. Ya sea a través de comentarios, o votando en la encuesta que está ahí a la derecha, todas las opiniones son bien recibidas. Era de justicia que la imagen del proyecto saliese de Riocueva, nuestro principal activo científico en la actualidad. Por eso, se ha utilizado la silueta del hebijón de base escutiforme que apareció en la campaña de 2011.


Hasta ahora hemos estado usando un logotipo que, a mí por lo menos, no me acababa de convencer. Ni siquiera lo he colocado en la cabecera del blog, a la espera de una idea mejor y de tiempo para desarrollarla. Para los curiosos, el motivo cruciforme reproduce el que aparece en el broche damasquinado de la cueva de Las Penas.


Una buena manera de ver cómo funciona el logotipo es utilizarlo en algún soporte. Aquí están los diferentes modelos en unas camisetas. Alguna se hará realidad este verano, sin duda...


De propina, el diseño de camiseta que me pedía el cuerpo para la campaña de excavación que, si todo sale según lo previsto, pondremos en marcha en Riocueva este año.




15 jun. 2012

Damasquina, que algo queda (3): geometrías liriformes

El segundo gran grupo de broches de hierro de época visigoda con decoración damasquinada es aquél formado por los que que lucen motivos geométricos de diverso tipo y pelaje. Aunque, como veremos, pueden hacerse algunas distinciones en función de esos motivos, todos ellos comparten una característica común que les diferencia de los que vimos en la entrada anterior: todos son trasuntos, más o menos logrados, de los broches liriformes de bronce coetáneos. Si las placas con decoración zoomorfa sólo compartían morfología con las de los broches de bronce típicos del Nivel V de Ripoll, éstas que veremos a continuación, además de la forma, repiten decoración; eso sí, dentro de la enorme variedad que caracteriza a la que adorna los broches liriformes.

En cuanto a la técnica utilizada, encontramos que se repite la del grupo anterior (el recorte en una gran lámina de latón que cubre la superficie de hierro de las figuras representadas y el embutido de hilos de plata en el hierro de las zonas recortadas para dibujar los detalles) aunque, en esta ocasión, también existe una variante significativa: el uso de pequeñas placas de latón recortadas ya con su forma y que se colocan sobre el hierro, dejando el embutido de hilos de plata para rellenar las zonas no chapadas (en realidad, son dos variantes de una misma técnica).

La morfología, por su parte, es bastante uniforme (con las lógicas variaciones) y se caracteriza por los perfiles acusadamente liriformes, con estrangulamientos centrales más o menos marcados (excepto en el caso de La Garma, de cuyo ejemplar habrá entrada monográfica en un futuro) y extremos distales circulares con o sin apéndice; aunque parece que la ausencia de éste se debe más a roturas o pérdidas que a un diseño diferente al del resto.

Finalmente y como ya se ha dicho, la decoración es básicamente la misma que podemos encontrar en las placas liriformes de bronce: almendriformes, segmentos de círculos, líneas sinuosas, etc. Merece una atención especial la presencia de motivos radiados ocupando la mayor parte de los extremos distales circulares: florones, hexapétalas o grandes ruedas. Sólo escapan a esa norma uno de los ejemplares de Nueva Carteya y el de La Cañadilla, que comparten entre sí otras similitudes decorativas, como puede apreciarse en las imágenes.


Broche de Nueva Carteya (Córdoba) (Fotografía: Palol, 1957)

Broche de La Cañadilla (Valladolid) (Fotografía: C. Escudero Remírez, en Revista Patrimonio 12)
Broche de El Pelícano (Madrid) (Fotografía: Vigil-Escalera Guirado, 2011 )

Broche del Portillo del Arenal (Cantabria) 

Tercer broche de Nueva Carteya (Córdoba) (Fotografía: Palol, 1957)

Broche del Castillo de los Monjes (La Rioja) (Fotografía: J. M. Tejado Sebastián)

Broche de La Garma (Cantabria) 

Acerca de sus procedencias, como ocurría con los del grupo anterior , existe una gran variedad. Hay contextos en cueva (Portillo del Arenal y La Garma), necrópolis (La Cañadilla, Nueva Carteya), asentamientos fortificados en altura o castra (Castillo de Los Monjes) o aldeas (El Pelícano). Geográficamente, de nuevo se observa una gran dispersión, con hallazgos en Andalucía, el centro peninsular y la cornisa cantábrica. Y, finalmente, la cronología de sus contextos vuelve a llevarnos a finales del siglo VII y, sobre todo, al VIII d. de C. Vamos, nada nuevo ni diferente en relación con los anteriores.




12 jun. 2012

Respalacios, una necrópolis bajo la autovía (2)


Si en la anterior entrada realizamos una descripción general del cementerio y de su organización espacial, en esta ocasión vamos a mostrar las características más destacadas de las tumbas que lo componen.

El autor de la entrada dibujando unas tumbas (Foto: GAEMArqueólogos)
Las tumbas que se han excavado son todas de lajas, con la caja de planta rectangular o, más raramente, ligeramente trapezoidal. Están construidas con losas de arenisca del entorno, una materia prima de gran calidad que ha permitido conformar piezas de hasta 3-4 cm de grosor y 230x100 cm de tamaño máximo. Son bastante frecuentes la cubiertas monolíticas, empleadas en un tercio de las tumbas. La impresión general es que se ha intentado construir con el menor número de lajas posible: una en la cabecera, una en los pies, una en cada lateral y una de cubierta, aunque hay casos en los que la cubierta está compuesta por media docena de lajas o más. Existen algunos casos en los que sólo se colocan las lajas de cabecera y de los pies, quedando los laterales sin delimitar o delimitados por algunos bloques que no definen la caja por completo.

Tumbas con cubierta monolítica
Una característica singular en la conformación de algunas tumbas es la utilización de una doble cubierta, con la inferior colocada directamente sobre la caja y la otra encima, bien apoyada directamente sobre la primera, o separada de ella por una capa de tierra de espesor de espesor variable que en algunos casos llega a los 30-40 cm. En ocasiones la laja de cabecera o de los pies sobresale de la caja y sirve de apoyo para la cubierta superior. Hay 25 tumbas con doble cubierta.

Proceso de excavación de una tumba con doble cubierta
Por otro lado, se ha identificado una tumba geminada: dos cajas que comparten una laja central que sirve como cierre lateral interior para ambas. Aunque no es un tipo de estructura excepcional, tampoco es habitual. La construcción simultánea no implica necesariamente que se trate de dos sepulturas realizadas al mismo tiempo, pero es muy probable que fuese así. También es probable que existiese un vínculo familiar entre las personas enterradas.

Tumba geminada después de su excavación
Ya hemos hablado en otras ocasiones sobre la costumbre de fijar la cabeza del difunto de manera que dirija su mirada hacia el cielo o hacia el horizonte, orientado hacia el este. El uso de orejeras para sujetar la cabeza es poco frecuente, sólo aparece en 12 tumbas. En dos de los casos se han colocado bloques cuadrangulares que encajan en las esquinas superiores de las tumbas, dando al interior de la caja una silueta antropomorfa. En otra tumba aparece una piedra a modo de almohadilla craneana. Aunque es una tema en estudio, parece que el empleo de elementos para sujetar la cabeza en las tumbas se hace más común en momentos avanzados de la Alta Edad Media, al menos en Cantabria. En líneas generales, parecen más frecuentes a partir de los siglos X-XI que en el periodo anterior.

Cabecera con orejeras para encajar la cabeza del difunto
Es difícil establecer con seguridad una cronología para este cementerio. Todo parece indicar que pudo tener sus orígenes en los siglos VIII-IX y que dejó de utilizarse antes del siglo XII. Las características en común que tiene Respalacios con El Conventón de Rebolledo (también conocido como Camesa-Rebolledo), un cementerio en el que sí se han podido realizar algunas dataciones absolutas, son el principal argumento para sostener esta cronología temprana.

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Los resultados de esta excavación están recogidos en el artículo "Actuaciones arqueológicas en la ermita y la necrópolis medieval de Respalacios (Villordún, Cantabria)", publicado en la revista Sautuola.

9 jun. 2012

El oso en persona

La que es, sin ningún género de duda, la mejor representación gráfica de un oso que haya creado nunca una mano humana se encuentra (mejor dicho, se encontraba hasta que se la llevaron de malas maneras a los "States") en la iglesia soriana de San Baudelio de Berlanga (quien no la conozca no tiene perdón de Dios; al menos no del dios de los cristianos). En esa pintura del siglo XII (la iglesia es del XI, la decoración pictórica un siglo posterior) el concepto "plantígrado" aparece ante nosotros en todo su esplendor. Una joya incomprendida del arte románico y, por qué no decirlo, universal.

Interior de la iglesia de San Baudelio de Berlanga

Amaya, extasiada, mirando al techo. Al fondo, junto a la puerta, la impronta del oso.


La historia de las pinturas y su expolio es un claro ejemplo de lo que era este país (que ya no se llama "este país", que se llama España) hasta no hace tanto tiempo. Afortunadamente, en ese sentido nos hemos civilizado bastante y todo ha cambiado a mejor: son mejores los curas y obispos, los funcionarios de todo tipo y pelaje y, sobre todo, somos mejores (en general) los ciudadanos. A falta de la imagen original, hay una reconstrucción virtual bastante buena y que nos permite imaginar cómo de espectaculares fueron las pinturas.

6 jun. 2012

Respalacios, una necrópolis bajo la autovía (1)

Entre los años 2003 y 2004 tuve la oportunidad de trabajar con GAEMarqueólogos en la excavación de una extensa necrópolis medieval localizada durante las obras de construcción de la Autovía de la Meseta en el paraje de Santibáñez (Molledo, Cantabria).

Plano de la necrópolis de Respalacios (GAEMarqueólogos)
La superficie excavada fue de unos 500 m2 y se dejaron al descubierto 228 tumbas, así  como los cimientos y el suelo de un edificio religioso que fue construido en la Edad Moderna. Únicamente se excavaron por completo 155 tumbas y los trabajos se detuvieron justo antes de abordar la excavación de la zona del edificio religioso para determinar si estaba superpuesto a uno más antiguo en torno al cual habría surgido el cementerio medieval, aunque es una hipótesis verosímil. Es una de las necrópolis de tumbas de lajas de la región en la que se ha podido excavar una mayor superficie, lo que ha permitido conocer datos interesantes referidos a la organización del espacio cementerial.

Vista general de la necrópolis antes de levantar las cubiertas de las tumbas
Vista general de la necrópolis después de levantar las cubiertas de las tumbas
Lamentablemente, los procesos postdeposicionales provocaron la destrucción de los restos humanos. Sólo en una tumba se pudieron recuperar algunos dientes. En el resto no quedaba ni rastro de los esqueletos, disueltos por la acción erosiva del agua en una tierra ácida y poco permeable.

Detalle de algunas tumbas llenas de agua de lluvia

Una de las características más destacables de esta necrópolis, en la que sólo se han documentado tumbas de lajas (hay un par de ejemplares que se podrían caracterizar como "de murete", pero son la excepción que confirma la regla) es la ausencia de estratigrafía vertical. En toda la extensión excavada no hay ninguna tumba que se superponga a otra. Los muros de la ermita de la Edad Moderna, en cambio, sí se superponen a las tumbas. La expansión de la necrópolis responde a un modelo ya observado en otros cementerios contemporáneos y que denominamos "crecimiento extensivo", propio de la época altomedieval.

Tumba 118, bajo el muro de la ermita

También se ha podido comprobar, gracias a la gran superficie excavada, que las tumbas se adaptan a la topografía del terreno. Esto se comprobó sobre todo en la zona de marcada pendiente situada al W de la ermita. Las tumbas se disponían formando escalones bien ordenados en hileras longitudinales, quedando en parte condicionada su orientación a la forma de la ladera.

Tumbas en disposición escalonada, adaptadas a la ladera

Otro aspecto de interés en la organización interna del cementerio es la contentración de tumbas inmediatamente al E la ermita. Si la hipótesis que manejamos durante la excavación es correcta, esas tumbas se concentraban en torno a la cabecera de la iglesia altomedieval que suponemos que está bajo los cimientos del edificio de la Edad Moderna. En los cementerios medievales, caracterizados por la inhumación ad sanctos, esta zona era considerada un lugar de prestigio. En ocasiones, como parece que sucede en Respalacios, era ocupada preferentemente por inhumaciones infantiles.

Concentración de tumbas en la zona de la cabcera de la ermita

En sucesivas entradas iremos conociendo otras características de la necrópolis de Respalacios. Descubriremos algunas particularidades de la forma de las tumbas y mostraremos cómo se señalizaban, entre otras cosas.
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Los resultados de esta excavación están recogidos en el artículo "Actuaciones arqueológicas en la ermita y la necrópolis medieval de Respalacios (Villordún, Cantabria)", publicado en la revista Sautuola.