31 may. 2012

Una necrópolis merovingia: Lagny-sur-Marne

Tengo debilidad por la arqueología del otro lado de los Pirineos, lo reconozco. Tanto por lo que sale, como por cómo se saca. El video es de una excavación de urgencia realizada por el Inrap entre 2010 y 2011 en Lagny-sur-Marne, muy cerca de París. Aparecieron 235 sepulturas de los siglos V-VI, acompañadas de los clásicos ajuares merovingios: broches de cinturón, fíbulas, pendientes, anillos, collares de cuentas de pasta vítrea, etc.


 

Es una buena forma de motivarse para afrontar la campaña de 2012 en Riocueva. Ya sé que los esqueletos no están tan enteros, ni los ajuares son tan espectaculares, pero ¿y si algún rincón de la cueva esconde sopresas como las del video? Ya queda menos para averiguarlo...

29 may. 2012

Modo borrador

El pasado fin de semana he retomado el estudio de los materiales la excavación realizada en la cueva de Riocueva en la campaña de 2011. Curiosamente ha sido sacar las cajas y salir la convocatoria para la campaña de 2012, es probable que sea la recompensa a mi titánico esfuerzo. Se agradecerá no tener que excavar en otoño, que el tiempo no es bueno y los días son cortos. Tanto que lo normal era salir de la cueva de noche. El camino de regreso era lo más parecido a una procesión de la Santa Compaña que se ha visto por estas tierras... Confiemos en que este año al final del verano se haya resuelto toda la burocracia y podamos enfocar la campaña con más continuidad.

La cuestión es que he tenido oportunidad de volver a mirar la cerámica con algo más de paciencia y cariño que durante la operación convergencia y con otros ojos, los de dibujante, que te hacen entender las vasijas un poco mejor. Y los resultados han sido ciertamente interesantes. Lo que en principio parecía una miserable colección de fragmentos con más o menos forma, en los que la gama de colores era tan extensa como se pueda imaginar combinando el producto de una cocción irregular en hornos rudimentarios y la acción diferencial de la humedad y el sedimento en los 1300 años que han pasado desde que fueron depositadas, comenzó a convertirse en algo mucho más comprensible a los ojos de un humano medio.

Sabíamos desde el principio que no había restos de más de media docena de vasijas, pero pasar de la mera intuición a la fehaciente demostración ha llevado su trabajo. Lo peor de todo es que estaba solo y le podía dar la tabarra a nadie con mis "éxitos". Una de las claves del éxito ha sido que se han podido completar los remontajes. En su momento abandonamos el proceso por saturación, convencidos de que ya no era posible casar más fragmentos. Pero por suerte, casualidad o buen hacer, se han conseguido unir algunas piezas claves que permiten reconstruir la forma de tres vasijas completas y la parte superior de una cuarta.

Como aún no he tenido tiempo de pasar los dibujos a limpio, pero sé que los lectores habituales del blog estáis siempre ávidos de novedades, ofrezco un adelanto de las vasijas en modo borrador. La verdad es que ,con tanto dibujo por ordenador y tanta tecnología, el dibujo arqueológico va perdiendo ese regusto que tienen las ilustraciones clásicas. En mi humilde opinión, la versión a lápiz siempre es la más bonita...

Vasija 1, ollita con piquera

Vasija 2, ollita de borde vuelto

Vasija 3, ollita decorada con líneas onduladas incisas


Y, por cierto, sin novedad en relación con el repertorio formal de la cerámica de época tardoantigua en Cantabria. Seguimos teniendo sólo ollas. Bastante completas, pequeñas y coquetas... pero ollas al fin y al cabo.

27 may. 2012

Comienza la cuenta atrás para Riocueva 2012

Pues eso, que mañana empieza oficialmente la carrera para llegar a la excavación de 2012 en Riocueva. Aún no hemos terminado de digerir los resultados del año pasado y ya tenemos que ponernos a organizar lo de éste, pero así es este negocio (el único en el que se pierde dinero, por cierto). Como aperitivo y recordatorio, una foto de 2011:


Seguiremos informando según avance el proceso. Stay tuned!

23 may. 2012

Cabeceras

Una de las características más llamativas de las tumbas excavadas en la roca de época altomedieval es la forma de sus cabeceras. Es la parte que le confiere su peculiar perfil antropomorfo, pero no todas son iguales. Recogemos aquí un pequeño muestrario* de diferentes necrópolis de Cantabria en el que se puede apreciar esa variabilidad.

Santesteban (Arroyuelos)
San Juan Bautista (Villanueva de la Nía)
Matahaces (San Cristóbal del Monte)
Santa Leocadia (Castrillo de Valdelomar)

Peñota (Susilla)
Respenda (Quintanilla de An)
Santa María de Valverde (Santa María de Valverde)
San Pantaleón (La Puente del Valle)
¿Por qué son tan variadas las formas de las cabeceras? Es difícil dar una respuesta. Durante mucho tiempo se pensó que su diversidad formal respondía a una evolución tipológica que de desarrollaba a lo largo del tiempo, de manera que dependiendo del tipo de cabecera la tumba se podía atribuir a un momento cronológico concreto. También se planteó una diversidad "regional", diferenciándose una región oriental, caracterizada por las cabeceras cuadrangulares, y una región occidental, caracterizada por las cabeceras semicirculares y ultrasemicirculares. La forma de estas últimas, similar a la de los arcos de herradura, fue incluso atribuida a gentes mozárabes. Hipótesis poco sólidas en general para las que, sin embargo, no hay alternativas que aporten una explicación general.

Lo único cierto es que durante toda la Edad Media existe una especie de obsesión por inmovilizar la cabeza del difunto cuando se le coloca en la tumba. En las tumbas excavadas en la roca se recurre a dar forma a la cabecera y, en los casos más extremos, a excavar una oquedad occipital en la que encaja la cabeza. En los sarcófagos se utiliza el mismo recurso. En las tumbas de lajas, esos cajones de piedra tan habituales en las necrópolis medievales de Cantabria, la solución son las orejeras, unas piedras colocadas junto a la cabeza que la sujetan. El difunto tenía así la mirada fija en el horizonte o en el cielo a la espera del Juicio Final.

Sarcófago infantil de la iglesia de San Cristóbal del Monte

Tumba de lajas con orejeras de Santa María de Somera (Loma Somera)
Resulta curioso que esta preocupación por la correcta colocación de la cabeza de los difuntos es algo que comparten cristianos y musulmanes en la Edad Media. Lo he podido comprobar leyendo hace poco Los cementerios musulmanes de "Qurtuba" de M. T. Casal (este artículo es una versión más resumida). En ocasiones se colocan cantos rodados, trozos de ladrillo o almohadillas de arcilla para fijar la posición de la cabeza del difunto mirando hacia La Meca, de manera semejante a lo que se hace en las tumbas cristianas para fijar la posición hacia el este.


*Las fotografías que ilustran esta entrada se han realizado durante la actuación arqueológica “Documentación de necrópolis excavadas en la roca de Valderredible y Las Rozas de Valdearroyo", desarrollada en 2011 con la autorización de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte de Cantabria.


21 may. 2012

"Patenas" y jarritos de bronce de época visigoda. Litúrgicos, sí, pero no sólo

En el año 2008, cuando presenté mi trabajo de investigación de Máster, uno de los miembros del tribunal me preguntó, entre otras varias cosas, por qué había entrecomillado el adjetivo "litúrgico" al hablar de los famosos jarritos de época visigoda (se pueden ver algunos buenos ejemplos de jarritos de bronce de ese tipo conservados en museos españoles aquí y aquí). Mi respuesta fue que, al igual que sucede con las cucharillas, creía que ese tipo de recipientes podía tener otro tipo de usos, más allá de los relacionados con las diferentes ceremonias religiosas con los que han sido vinculados tradicionalmente. Vamos, que a los usos "litúrgicos" podrían sumarse otros de carácter "civil". La cosa no fue a mayores, aunque me quedó la sensación de que mi respuesta no fue demasiado convincente, en gran parte porque no pasaba de ser una percepción personal apoyada únicamente en el ya citado ejemplo de las cucharillas y en algunos de los contextos (subterráneos y sepulcrales) de los que procedían varios de los jarritos. Y así dejé el tema, en mi interminable "cola de tareas", esperando tener un rato algún día para mirarlo con cierto detenimiento.

Ese día llegó la semana pasada, cuando estaba dándole un vistazo al Salterio de Stuttgart  y, oh sorpresa, pude comprobar cómo, en al menos tres ilustraciones, aparecían jarros de ese tipo en diferentes situaciones y con distintos usos. Después, un repaso al artículo de L. J. Balmaseda Muncharaz (1997) sobre los jarros (y patenas, de las que también hay buenos ejemplos aquí y aquí) conservados en el Museo Arqueológico Nacional (MAN) me proporcionó los elementos que me faltaban para poder escribir esta entrada. Ese trabajo será la referencia a seguir en la interpretación del uso de estos objetos porque, como comprobaremos una líneas más abajo, sus principales conclusiones son más que acertadas.

Tras estudiar las piezas conservadas en el MAN, Balmaseda hace un repaso de las interpretaciones tradicionales acerca del uso de jarritos y patenas; a saber: bautismal (formulada por Gómez Moreno y basada en ilustraciones altomedievales como la del Antifonario de la Catedral de León, aunque en ese dibujo en concreto no queda nada claro que se trate de un jarro de ese tipo), eucarístico (según Ferrandis) o relacionado con la ordenación de diáconos y subdiáconos (en opinión de Palol). Hay que señalar que, en los tres casos, se señalan como apoyos las inscripciones que adornan algunas de las piezas.

Imagen de bautismo del Antifonario de la Catedral de León (siglo X)

Vistas estas interpretaciones, y sin descartar que los jarritos hayan podido tener alguno de esos usos (el bautismal, por ejemplo, pero no en época visigoda, cuando el bautizo se realizaba por inmersión, sino más tardíamente), Balmaseda hace sus grandes aportaciones al debate:

- Descarta completamente y de forma muy convincente que las que conocemos como patenas sean tales, ya que ni aparecen acompañando a los cálices (como deberían, ya que siempre forman pareja con ellos) ni están hechas en materiales preciosos, al igual que aquellos (el ejemplo de la patena de Valcabado, del siglo X y de plata sobredorada, sería un buen ejemplo de ese tipo de objetos). A ello además se podría añadir que las pretendidas patenas de bronce hispanovisigodas siempre llevan un asa (aunque muchas lo hayan perdido y hayan llegado hasta nosotros sin ella), cuando es notorio que ese tipo de objetos carece de ella (sólo hace falta ir un domingo a misa para comprobarlo...).

- Identifica, también de forma muy convincente, el urceolum y el aquaemanile que, según la Epistula ad Leodefredum (una fuente escrita hispanovisigoda de finales del siglo VII o inicios del VIII d. de C.), debía sostener el subdiácono durante el lavatorio de manos con jarrito y "patena", respectivamente.Y por ello los interpreta como conjuntos destinados a hacer aguamanos (interpretación que refuerza con la mención de la inscripción ELLANI AQUAMANUS presente en una de esas "patenas" conservada en el Instituto Valencia de Don Juan).

- Y, finalmente, también contempla la posibilidad de que algunos jarritos se hayan usado como vinajeras, como recipientes para contener el vino y el agua utilizados durante la misa.

En conclusión: los jarritos se usarían, en solitario, para contener y servir líquidos (agua, vino, etc.). Y,  acompañados de los recipientes tradicionalmente conocidos como "patenas", para hacer "aguamanos". Ambas cosas son propias de la liturgia cristiana, pero no sólo: en el mundo "civil" también se hacen lavatorios de manos (a nobles por parte de sus criados, por ejemplo, antes y después de las comidas) y, por supuesto, también se sirve vino. Por tanto, creemos más que probable que ambos objetos hayan podido tener un uso no religioso, como elementos de vajilla o servicio de mesa de cierto lujo. Veamos a continuación varias ilustraciones del Salterio de Stuttgart donde puede apreciarse con cierta nitidez tanto lo expuesto por Balmaseda en su artículo como esto último que acabamos de decir.

Escena de lavatorio de manos en contexto religioso y en la que puede observarse el uso conjunto de urceolum y aquaemanile

Escena en la que un jarrito sin asa es utilizado como contenedor de líquidos (probablemente vino), también en contexto religioso y del que se bebe directamente

Escena en la que un jarrito es utilizado para servir líquidos (también probablemente vino) en un contexto "civil" (a un noble que vive en un palacio)

Las imágenes, de época carolingia (siglo IX), hablan por sí solas y no sólo certifican la veracidad de los dos usos propuestos por Balmaseda y su extensión más allá del ámbito religioso, sino que, además, son un magnífico ejemplo de la existencia de este tipo de jarros en otras zonas de Europa (por si el hecho de que muchas veces se les llame "hispanovisigodos" hubiera hecho que algún lector pensase que son exclusivos de la Península Ibérica). Esa presencia más allá de los Pirineos es conocida de antiguo (de hecho, el origen último de este tipo de objetos suele situarse en el Egipto copto), pero conviene recordarla aquí, así como los contextos arqueológicos en los que suelen recuperarse: formando parte de ajuares funerarios (incluso en tumbas femeninas); como en este caso francés, en el que se cita una función relacionada con ritos de purificación con agua en las comidas o en los banquetes fúnebres (lo que vienen siendo distintos tipos de "aguamanos"). 

Centrándonos en la actual Cantabria, conocemos varios hallazgos de jarritos y aguamaniles (nos olvidaremos desde ya del término "patenas" para denominar a estos últimos). Se trata de un jarro y posibles restos de un aguamanil en Cudón, de un mango del segundo de estos objetos en Los Hornucos, de otro jarro en algún lugar de Limpias (desaparecido) y de los posibles restos de otro más en San Román de Moroso. Los dos primeros proceden de cuevas, del tercero se desconoce su origen y el último, sólo un fragmento que podría corresponderse con el cuello de uno, se encontró en un cementerio; aunque fuera de contexto. Si ampliamos el territorio a la Cantabria de época romana, hay que añadir, en Asturias, el jarro de la mina "El Milagro" y los varios ejemplares descontextualizados de la zona de Onís; y, en en norte de Palencia, el procedente de una cueva indeterminada del complejo de La Horadada.


Jarros de Cudón (según Alcalde del Río, 1934), La Horadada y "El Milagro" (Fernández Vega, 2006)


En los casos procedentes de contextos subterráneos, estos jarros han sido el principal argumento manejado para sostener el carácter eremítico de las ocupaciones de las cuevas en época visigoda. Sin embargo, el hecho de que ahora pueda defenderse un uso no exclusivamente religioso de jarros y aguamaniles lo cambia todo y permite buscar explicaciones más acordes con la norma general observada en los contextos mejor estudiados: su carácter sepulcral. No nos encontramos, pues, ante evidencias de cuevas convertidas en iglesias o cenobios (lo que, por otra parte, ya dejaban ver bien a las claras sus nulas condiciones de habitabilidad), ni los restos humanos asociados a algunos de los jarros (como ocurría, por ejemplo, en Cudón) han de pertenecer, necesariamente, a monjes o sacerdotes. Puede tratarse, perfectamente y como ocurre con otros muchos objetos que aparecen en este tipo de yacimientos, de piezas de uso cotidiano que acaban en el interior de las cuevas acompañando a los cadáveres allí depositados. Y de esa forma las interpretaremos a partir de ahora.



18 may. 2012

Día Internacional de los Museos (2012)

Cada 18 de mayo se celebra el Día Internacional de los Museos y para contribuir a la conmemoración presento aquí mi top ten de visitas imprescindibles (venga, lo dejo en nueve, que esta semana ando algo liado...) para entender un poco mejor la Tardoantigüedad y la Alta Edad Media.

Para ser más honesto en mis opiniones y recomendaciones, sólo he incluido museos que he visitado, de modo que si alguien echa alguno de menos, será que aún no he tenido tiempo de ir a verlo... El listado no tiene ningún orden especial, aunque si sólo me dejasen volver a visitar uno de los museos sin duda eligiría el primero.


1. The British Museum (Londres). Sin discusión, la Room 41: Europe 300-1100 es una de las salas de museo que más me impresionado en mi vida. Con ataque de síndrome de Stendhal incluido... Es probable que el ajuar de Sutton Hoo tuviese bastante que ver en el asunto. Siguiendo la tónica habitual de esta institución, tienen absolutamente de todo. El que haya visitado con detalle el BM sabrá de qué hablo.


2. Museo Arqueológico Nacional (Madrid). Unas coronas visigodas como las del Tesoro de Guarrazar no se ven todos los días... Aún no han terminado las obras y no sé qué sorpresas nos depararán los espacios dedicados a la Edad Media en el nuevo montaje expositivo, pero seguro que no defraudará al visitante.


3. Musée de Cluny (París). No podía dejar de incluir en la lista este "hermano menor" de los museos parisinos, dedicado de forma monográfica a la Edad Media. Quizá sea más conocido por el tapiz de La Dama y el Unicornio, pero esconde muchas más joyas. Por ejemplo, dos coronas del Tesoro de Guarrazar, además de un buen puñado de broches de cinturón merovingios, cerámica, armamento, etc.


4. Musée des Antiquitées Nationales (Saint-Germain-en-Laye). La sala dedicada a la Premier Moyen Âge conserva espectaculares ajuares de tumbas merovingias procedentes de excavaciones antiguas. Los objetos procedentes de las "tumbas de jefe" de Lavoye o de la basílica de Saint-Denis se encuentran entra los más impresionantes de Europa.


5. Museo Copto (El Cairo). La comunidad cristiana egipcia recogió en su tradición artística la rica herencia de época romana y desarrolla creaciones propias de gran personalidad. Escultura, pintura y los imprescindibles tejidos coptos son las señas de identidad de este museo, un lugar en el que se respira una calma difícil de encontrar en las calles de El Cairo. La fotografía es del exterior del edificio porque los coptos, muy celosos de su patrimonio, no permiten que se hagan fotografías en el interior del museo.


6. Musée de Saint Raymond (Toulouse). El museo de la capital del antiguo reino visigodo de Tolosa integra una parte de la necrópolis de los siglos VI-VII hallada en el solar sobre el que se asienta. Aunque su punto fuerte es la espectacular colección de escultura romana de la villa de Chiragan, el espacio más atractivo es el sótano, con un buen número de sarcófagos y otros objetos de interés.



7. Museo de los Concilios y de la Cultura Visigoda (Toledo). Aunque es un museo más bien pequeño y no demasiado espectacular, a mi modo de ver porque ha sido injustamente desatendido durante décadas, contemplar los espectaculares frescos que adornan las paredes de la antigua iglesia de San Román y poder ver los ajuares de la necrópolis visigoda de Carpio de Tajo son motivos suficientes para justificar la visita. Aunque los hay más afortunados que yo, según veo por la red (las últimas fotos, al final de la página), cuando lo visité no estaba permitido hacer fotografías.


8. Museo de Arte Visigodo (Mérida). En la actualidad es una "sucursal" poco frecuentada del Museo Nacional de Arte Romano y parece ser que no tardará mucho en tener una nueva sede más adecuada. Es la mejor colección de escultura de época visigoda que hay actualmente en España y merece un lugar más digno, aunque quizá se eche de menos ese aire de "almacén visitable" que tiene ahora.


9. Museo Nazionale di Ravenna (Rávena). En una ciudad en la que cada rincón se esconde un retazo de su pasado tardoantiguo, el museo no es precisamente lo que más impesiona, ni lo que más huella deja, pero es una visita imprescindible. Entre otras cosas, porque es paso obligado para acceder a la iglesia de San Vitale y al Mausoleo de Gala Placidia. La colección "lapidaria", sobre todo los sarcófagos, tiene gran interés. Quizá el objeto más destacado sea el Díptico de Murano. En el interior no permiten hacer fotografías.

Lo dicho, ¡feliz Día Internacional de los Museos! El año que viene volveré con más...

17 may. 2012

Cuestión de ollas

Aunque en Cantabria el gran estudio sobre la cerámica de época visigoda está por hacer (tirando de tópico...), cada vez están mejor definidas sus características gracias a los hallazgos y estudios más recientes.

La cerámica de época altomedieval fue objeto de atención durante la década de 1980 y se publicaron un buen número de trabajos en los que se definieron sus principales atributos formales y tecnológicos, así como su evolución desde los siglos VIII-IX hasta la época bajomedieval. Incluso se han identificado algunos centros de producción y en los últimos años se ha logrado afinar su atribución cronológica gracias al empleo de la datación absoluta. El momento inmediatamente anterior, sin embargo, únicamente fue objeto de un ensayo de síntesis en el trabajo de R. Bohigas y A. Ruiz "Las cerámicas visigodas de poblado en Cantabria y Palencia", aunque la labor investigadora en este campo no ha tenido continuidad.

A partir de la década de 1990 se han multiplicado los hallazgos y las atribuciones de material cerámico a la Antigüedad Tardía, en la mayor parte de los casos procedente de cuevas, muchas de ellas con contextos sepulcrales de esta época (Las Penas, Portillo del Arenal, Riocueva, etc.). Ante la ausencia de estratigrafías y de otros elementos que contribuyan a fijar la cronología, se ha tenido que recurrir a al datación directa del material empleando la termoluminiscencia. Por desgracia, es una técnica efectiva para determinar una atribución genérica, pero poco útil para definir con precisión el momento de producción de las vasijas, ya que el margen de error es algo elevado para establecer cronologías en época histórica. En cualquiera caso, en los últimos años se ha progresado de manera significativa en la caracterización de las producciones cerámicas desarrolladas durante los siglos VI-VIII.

Existen algunos ejemplos de cerámica fina tipo terra sigillata tardía (Forma 37 t con decoración de grandes círculos) cuya datación podría llegar hasta el siglo VI en Flaviobriga (Castro Urdiales), en el entorno de la iglesia de San Andrés de Rasines o en Santa María Hito, aunque es preferible englobarlos en la romanidad tardía. No obstante, en la cueva de Los Hornucos aparece un fragmento de cerámica de este tipo junto con hallazgos más tardíos, lo que plantea la necesidad de profundizar en el estudio de las últimas producciones cerámicas de época romana en Cantabria para aclarar algunas dudas.

Tabla de formas de la cerámica común de los siglos VI-VIII en Cantabria


Pero, insistimos, la mayor parte de las vasijas que se datan a partir del siglo VI son ceramica común y concretamente ollas fabricadas a torneta y con cocciones irregulares. Hay alguna orza y alguna tinaja, pero siguen siendo formas cerradas, con el cuerpo de tendencia globular y el fondo plano, muy similares a las ollas.

Olla con asa de la cueva del Portillo del Arenal (Foto: Archivo CAEAP)
Olla de la cueva de Cudón fechada en torno al siglo VII (Dibujo: A. Serna)
Vista frontal y lateral de una olla con vertedera de Riocueva,  finales del siglo VII o principios del siglo VIII
Olla de la cueva de Las Penas, comienzos del siglo VIII (Dibujo: A. Serna)
Ya sea sin asa o con asa, en ocasiones con pico vertedor, con el labio biselado o plano, con la pared lisa o decorada con ondas, la olla es la forma predominante en el repertorio cerámico. No se conocen botellas, platos, cuencos... ni siquiera jarras. Y los últimos hallazgos siguen apuntando en la misma dirección, como sucede en Riocueva. Por el momento, a la espera de encontrar algún poblado u otro tipo de contexto en el que haya alguna forma diferente, nos tenemos que conformar con lo que nos ofrecen las cuevas: ollas, ollas y más ollas.



14 may. 2012

Hace ya una década (2.0)



En el II Encuentro de Historia de Cantabria, celebrado en Santander entre el 25 y el 29 de noviembre de 2002, presentamos un póster que planteaba la atribución a época visigoda de las fases más antiguas de las necrópolis de Santa María de Hito, Camesa-Rebolledo y Santa María de Retortillo (Iuliobriga). Nos hubiese gustado tener la oportunidad de poner en común con otros investigadores y con el público asistente nuestro punto de vista, pero las intervenciones públicas quedaron reservadas a las ponencias y comunicaciones "por encargo" en las que se presentaban muy pocas novedades y se repetían demasiados tópicos. Nos tuvimos que conformar con malpresentar nuestro póster a unos pocos interesados improvisando una charla en el pasillo y con participar en algunos de los debates. Además, la mala suerte quiso que ni siquiera nos invitasen a incluir nuestro póster en las actas del Encuentro. Un tanto desilusionados, lo dejamos guardado en un cajón y no lo publicamos hasta 2007.

Diez años después las ideas principales de nuestra propuesta siguen siendo válidas y las nuevas evidencias han venido a reforzar nuestros argumentos.

He decidido reeditar la entrada para añadir un documento gráfico de incalculable valor: el poster pasillero y los autores del mismo 10 años más jóvenes... Lo más triste de todo es que si decidiesen hacer un nuevo Encuentro de Historia de Cantabria ahora mismo, estoy seguro de que nos volverían a condenar al pasillo. ¡Lástima!

A la izquierda J.A. Hierro, en el centro el póster, a la derecha E. Gutiérrez




Se puede descargar aquí una versión en PDF del póster:


 Se puede descargar aquí una versión en PDF de la publicación:

 


13 may. 2012

Salterios de Stuttgart y Utrech y Pentateuco "Ashburnham" (o Biblia de Tours)

Estos tres documentos excepcionales (del siglo IX los dos primeros y de algún momento entre finales del VII y la segunda mitad del VIII el tercero) están digitalizados y pueden consultarse en la red. Aquí el primero, aquí el segundo y aquí el tercero; imprescindibles los tres para cualquier interesado en la historia y la arqueología altomedievales.

Tres ejemplos de sus ilustraciones, para abrir boca y poner los dientes largos a quienes no los conozcan aún:

Ilustración del Salterio de Stuttgart (Imagen: DFG-Viewer)

Ilustración del Salterio de Utrech (Imagen: Universiteit Utrech)

Ilustración del Pentateuco "Ashburnham" (Imagen: Gallica. Bibliothèque Numérique)




10 may. 2012

Damasquina, que algo queda (2): animalucos

Como había que hacerlo de alguna manera y ésta parece la más sencilla, hemos dividido, siguiendo a Palol (1957), los ejemplares de broches de cinturón con decoración damasquinada del territorio peninsular y Septimania en tres grandes categorías. La primera (y que ocupa esta entrada) es la de las piezas con motivos de animales. Las otras dos son las formadas por placas con decoración (más o menos) geométrica y la que incluye los ejemplares raros y difíciles de clasificar, respectivamente. Vayan por adelantado las disculpas por la desigual calidad de las imágenes que ilustran este texto (y extiéndase a las dos entradas sobre este tema que faltan): se ha hecho lo que se ha podido para encontrarlas y en algunos casos no ha sido en las mejores condiciones. Pero es lo que hay.

Curiosamente, todos los broches con decoración figurada (los ejemplares de Loja, Los Goros, Montou, de algún lugar de Madrid y conservado en el MAN, La Almagra, Yecla de Silos, Monte Cildá  y Las Penas) presentan motivos animales. Concluir de qué bichos se trata ya es otra cuestión, como veremos. 

La mayor parte de ellos (los cinco primeros de la lista anterior) tienen una serie de características comunes que permiten agruparlos sin demasiada dificultad: un extremo distal circular muy marcado en el perfil de la placa, con un apéndice y en cuyo interior se dibuja uno de esos animales mirando a la izquierda; y un cuerpo central rectangular, más o menos estrangulado, en el que aparecen entre dos y cuatro cuadrúpedos similares más. En todos los casos la técnica utilizada ha sido la misma y ha consistido en el chapado de la placa con una fina lámina de latón dorado en la que se han recortado las figuras, cuyos detalles se han señalado embutiendo hilos de plata en el hierro. A continuación hemos propuesto una ordenación cronológica para las piezas, atendiendo a la decoración de sus cuerpos centrales. Quizá la más antigua de todas sea la de Loja, en la que el número de animales es de cuatro y el situado más a la izquierda tiene la cabeza girada, mirando a la derecha. En las de Los Goros y Montou, por su parte, el número de animales se ha reducido hasta llegar únicamente a dos, de los que el más cercano a la zona de articulación de la hebilla mantiene esa postura diferente: en el primer caso con la cabeza girada y en el segundo con todo el cuerpo orientado hacia la derecha. Finalmente, en los ejemplares del MAN y de La Almagra, la composición se ha simplificado bastante y los dos únicos cuadrúpedos presentes miran ambos hacia la izquierda.


Broche de Loja (Granada) (Fotografía: De la Torre Castellano en Ceres, Colecciones en Red)

Broche de Los Goros (Álava) (Fotografía: Euskomedia)

Broche de Montou (Pyrénées Orientales) (Fotografía: Kotarba et alii, 2007)

Broche conservado en el MAN (Madrid)

Broche del Cerro de la Almagra (Murcia) (Fotografía: González Fernández y Fernández Matallana, 2007)

¿Cuáles son los animales representados? ¿Ciervos? ¿Gacelas? ¿Grifos? ¿Caballos? ¿Perros? Imposible asegurarlo, aunque, no sería extraño que todos (que son todo lo dicho antes y a la vez nada de ello) remitan a algún tipo de simbología cuyo significado se nos escapa: sería demasiada casualidad un motivo tan similar y recurrente si no hubiese algo detrás. En cuanto a su procedencia, la del de Loja se desconoce, los de Los Goros y Montou proceden de sendos hallazgos en cueva, mientras que para el conservado en el MAN se ha barajado que tenga su origen en alguna necrópolis, aunque sin que haya plena certeza. Finalmente, del del cerro de La Almagra se sabe que se localizó en el interior de una ciudad, aunque sin mayores detalles. 

Bastante alejado de las características del grupo que acabamos de ver, tanto morfológica como decorativamente, el broche de Yecla de Silos es un caso único dentro de los de este tipo. La placa tiene forma de U ligeramente estrangula y todo su perfil está recorrido por numerosos apéndices (más grande el del extremo distal) que le confieren un aspecto "dentado". En cuanto a la decoración, una orla perimetral con roleos recorre toda la placa y enmarca una composición simétrica de dos animales enfrentados a un arboriforme. No nos entretendremos demasiado acerca de este motivo y sus paralelos, pero sí que merece la pena señalar su parecido, salvando las distancias, con los del broche de hueso de la necrópolis de Santa María de Hito, tradicionalmente considerado mozárabe pero para el que hemos propuesto (y antes y después que nosotros otros investigadores) una fecha de época visigoda. Únicamente hay que mencionar que, de nuevo en este caso, resulta imposible identificar de qué animales se trata, aunque podría tratarse de algún tipo de cánido (¿lobos? ¿perros?). 

Broche de Yecla de Silos (Burgos) (Fotografía: González Salas, 1945)

Este broche procede de un asentamiento en altura de tipo castro (aunque ahora mismo no recuerdo si realmente apareció en la cumbre fortificada o en una de las casas localizadas en un cañón situado a sus pies).

Tanto la pieza de Monte Cildá como la de Las Penas pueden considerarse como a medio camino entre las que presentan decoración animal y las que tienen motivos geométricos. La primera tiene el perfil típico de los broches liriformes de los siglos VII-VIII, así como unas características divisiones internas y unas orlas con decoración geométrica que lo relacionan indudablemente con ese tipo de producciones. Sin embargo, comparte con el primer grupo de broches damasquinados que acabamos de ver la presencia de un cuadrúpedo inclasificable en su extremo distal circular. Su decoración se completa con una cruz en la zona proximal.

Broche de Monte Cildá (Palencia) (Fotografía: Pérez Rodríguez-Aragón, 2006)

El broche fue recuperado durante las excavaciones llevadas a cabo en Monte Cildá, un emplazamiento fortificado de tipo castro.

La de Las Penas, por su parte, presenta semejanzas con la de Yecla de Silos, pues tiene un marcado perfil en U y la decoración de su cuerpo central consiste en un único animal (¿carnero?) enfrentado a un arboriforme. Como elemento novedoso vemos en esta ocasión que en la zona distal la decoración ha marcado un espacio circular (inexistente en el perfil) en el que se enmarca una cruz potenzada. La presencia de este símbolo cristiano la relaciona tanto con el ejemplar de Monte Cildá como con alguno de los que veremos en una próxima entrada. Sobre esta pieza, sus características morfológicas y su decoración trataremos en una entrada monográfica, en la que daremos a conocer algunos detalles muy interesantes y que no han sido publicados ni mencionados antes. Únicamente queda señalar que fue recuperada en un contexto sepulcral en cueva.

Broche de Las Penas (Cantabria) (Fotografía: Serna y Valle)

Para terminar, dos breves valoraciones de conjunto. La primera, a riesgo de ser pesado, la cronología del siglo VII avanzado o ya del VIII de todas estas piezas. La segunda y quizá más importante (y que se repite en el resto de broches con decoración damasquinada), su dispersión geográfica por todo el territorio del Reino de Toledo, desde el sur-sureste (Loja, La Almagra) hasta el norte (Los Goros, Yecla, Cildá, Las Penas), pasando por el centro (la del MAN) y llegando hasta el sureste de Francia (Montou). Sin relación directa, por tanto, con las producciones damasquinadas merovingias de las que vimos algunos ejemplos en la primera entrada de la serie.










7 may. 2012

Testimonios de época visigoda en Cantabria (2)


Durante muchos años hablar del poblamiento de Cantabria en época visigoda era prácticamente motivo de anatema. Una nebulosa fantástica de cántabros independientes y beligerantes contra el visigodo invasor, que recuperaron su autonomía y sus modos de vida de la Edad del Hierro, empañaba cualquier interpretación histórica sobre el periodo. Incluso en los lugares en los que era indiscutible la presencia de evidencias de ocupación correspondientes a este periodo se buscaban complicadas piruetas que permitiesen evitar todo lo que sonase lejanamente a visigodo, godo, germánico o cualesquiera otros apelativos que estuviesen en relación con el tema. En parte por el errado concepto étnico saturado de tópicos que rondaba la cabeza de los investigadores al emplear el término "visigodo".

Un buen ejemplo de esta tendencia es el yacimiento conocido como Camesa-Rebolledo (Valdeolea). Fue objeto de varias campañas de excavación entre 1981 y 1986 bajo la dirección de M.A. García Guinea, por entonces director del Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, que permitieron documentar un edificio de época romana sobre el que se había instalado una necrópolis y una iglesia durante la Tardoantigüedad y la Alta Edad Media.

Tumbas de época visigoda excavadas en el suelo romano (Foto: Archivo del Instituto Sautuola)
Las tumbas de la fase más antiguas de la necrópolis, a pesar de que fueron rapidamente identificadas y diferenciadas de las más recientes, que formaban parte de una necrópolis medieval más "clásica", nunca fueron atribuidas a época visigoda. Estaba claro que por su forma y su emplazamiento, ocupando zonas concretas de las ruinas del edificio romano, no podían catalogarse como estructuras propias de una necrópolis medieval como otras muchas de la región. Pero ya fuese por la ausencia de "fósiles guía" acompañando a las sepulturas (no había broches de cinturón, ni fíbulas, ni jarritas, ni otros elementos característicos de las necrópolis visigodas como los que aparecían en la no muy lejana necrópolis de Herrera de Pisuerga...), o por la animadversión mencionada a todo lo que sonase a visigodo, lo cierto es que se buscaron diversos subterfugios para denominar lo que a ojos de cualquiera era evidente: que había una fase en la necrópolis de época tardoantigua, con muchos puntos en común con las necrópolis visigodas del resto de la península Ibérica.

Primero se habló de una ocupación "medieval arcaica" a la que se dio una cronología entre los siglos VIII y IX, a la espera de dataciones radiocarbónicas que lo confirmasen. Fue considerado como el cementerio de una comunidad que "prestaba escaso interés al rito de la inhumación", y tildado de "excepcional y atípico". Después, contando ya con una datación radiocarbónica (585 d. de C. sin calibrar, lo que equivale a una fecha en torno al siglo VII), se considera que no hay ningún vínculo entre este cementerio y las "necrópolis de los campos góticos", y que el cementerio pertenece a un comunidad hispanorromana "posiblemente con un fuerte sustrato social y cultural indígena", sin contactos con las "comunidades germánicas" de la meseta Norte.

Por fortuna, en los últimos años se han dado las circunstancias apropiadas para que la primera fase de necrópolis instalada sobre el edificio de época romana pueda definirse e interpretarse dentro de un marco histórico más acorde con lo que se observa en el registro arqueológico. Quizá uno de los momentos clave en este proceso ha sido el del hallazgo del objeto que abre esta entrada. Se trata de un hebijón de bronce de base escutiforme que formaba parte de un broche de cinturón de época visigoda. Aunque fue hallado fuera de contexto durante unos trabajos de restauración, su atribución cronológica es indiscutible y suma otro argumento de peso para ubicar en su momento preciso la necrópolis de época visigoda existente en el yacimiento.