9 abr. 2012

¿Una cueva para vivir? Lo dudo mucho...

Cada vez que hemos entrado y salido de la cueva de Riocueva nos hemos acordado de quienes se niegan a admitir siquiera la posibilidad de que, en época romana, visigoda o medieval, las cuevas se usasen para algo más que para vivir.


Boca y vestíbulo de Riocueva. Al fondo, a la izquierda, está el laminador.

Quizá la boca y el vestíbulo de Riocueva sirvieron como refugio ocasional a alguien en algún momento de la Edad Media, como evidenciarían algunos fragmentos de cerámica aparecidos en estas zonas. Eso sí, sin poder ponerse de pie, porque la altura es de escasamente un metro en la parte más alta. Pero accecer a la zona profunda, al lugar donde aparecen restos de época visigoda, ya es otro asunto. Hay que pasar por un laminador de más o menos 50 cm de alto y 50 cm de ancho. Sí, toca arrastrarse. Son sólo un par de metros de recorrido, pero ni siquiera una persona pequeña cabe a gatas, imprescindible el "cuerpo a tierra". Para completar el cuadro, cuando llueve hay una filtración de agua que forma un charquito justo en medio del paso.


El laminador desde el vestíbulo. La persona que hace de escala no está agachada por placer...

Como muestra de la escasa comodidad del acceso, dejamos aquí esta angustiosa escena. Su protagonista no es el hombre más ágil de Europa, pero no creemos que transitar con frecuencia este angosto paso sea un punto a favor de la elección de la cueva como hábitat.


Banda sonora: Gustav Holst The Planets Mars, the Bringer of War (The Planets op. 32, 1916). 

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